Una corte de fantasmas


Amaba tanto a su mujer que no permitió que saliera nunca más de la casa; pero ella, al borde casi del desquiciamiento, se enamoró perdidamente de sus fantasmas. Cuando el hombre lo supo, enloqueció de manera definitiva; pero ella no pudo percatarse de su agonía: no se daba abasto en complacer a su numerosa corte de seres imaginarios, que no la dejaba reposar un minuto.


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