Maradona: ese hombre al borde del abismo

Diego Armando Maradona. El Diez. El Diego. El ser humano. El mito. La Leyenda… El periodista Mario Bravo Soria se adentra a la figura del futbolista argentino. “¿Cómo y dónde debemos colocar su paso por este mundo? ¿En la inobjetable victoria o en la aparentemente inútil belleza? Alguien que fue victorioso en los registros más altos y, asimismo, varias veces perdedor tanto en el futbol como en la vida, ¿dónde será situado tras el análisis que la Historia haga de él?”. Lejos ya de la inmediatez propia del fallecimiento de Diego Maradona, y también ya con bastante distancia de las opiniones rápidas que llovieron a cántaros durante aquel 25 de noviembre pasado y en días posteriores, Mario Bravo nos entrega este mosaico de voces, las cuales nos hablan de este hombre gustoso de hacer equilibrismo al borde del abismo.


Hubo una vez un hombre que, al hallarse sobre una alfombra verde, milagrosamente, se convertía en una divinidad; sin embargo, apenas daba un paso por fuera de dicha superficie, una colección de vicios y pecados se le agolpaban encima de su cuerpo, uno tras otro, sin falta y con perseverancia… apoderándose de su voluntad, como si de una peste bíblica se tratara.

Este rito se repetía durante todos los días con sus noches, desde que los pájaros dejaban sus nidos y hasta que la oscuridad licenciaba a los gatos para salir a patrullar el barrio. Él, que de niño conoció las tribulaciones propias de la pobreza, mutaba de ser Dios a un hombre ordinario. Habitaba en el territorio dulcísimo de la libertad, similar a cuando siendo niños jugábamos hasta que caía la noche y nuestra madre solía gritarnos para ir a cenar; pero —siempre existe un pero en la condición humana—, desde esa libertad migraba sin freno de emergencia directo a la prisión férrea y solitaria que construye, tan sólidamente, la desesperación de no saber convivir con nosotros mismos a partir de que las luces se apagan… ahí cuando solamente queda la presencia de nuestro humano cuerpo… ¡tan frágil!

Millones de personas en todo el mundo, algunos desde su respectiva butaca como quien presencia una obra teatral con cientos de representaciones a cuestas y, otros —la gran mayoría— a través de la televisión, solían presenciar tal acto de alquimia. No sé si aquel era el mejor o el peor empleo del mundo: 90 minutos de condición divina, tiempo suficiente para tocar el cielo con las manos y disputarle un espacio a Buda, Cristo, Mahoma, Lennon, Borges, Guevara y demás divinidades; pero —otra vez ese maldito pero…—, al cabo de ese corto periodo, aquel hombre siempre era expulsado de tal sitio privilegiado para pasar a habitar el barrio de la soledad, donde la tristeza era maquillada por la euforia, sin un diván a la mano para reflexionar acerca de la autodestrucción y el daño a propios y extraños.

Curiosa redición de los mitos griegos.

La historia de este hombre bien pudo haber sido parte de la narrativa propia de la antigua Atenas, siendo tan similar al mito de Sísifo, con la sustancial diferencia de que nuestro personaje referido aquí en este escrito, sí era capaz de colocar su pesada carga en la cima de la montaña. Su castigo no era fracasar en el intento, sino lograr su encomienda con la habilidad y gracia de un bailarín de ballet o de un pintor del Renacimiento… sin embargo… una vez alcanzado su objetivo y detrás de la ovación masiva, todo se le derrumbaba como si de un castillo de naipes se tratara… y así, debía volver a empezar, siempre, desde el fango al cielo, para caer otra vez y estrellarse de nueva cuenta, sin remedio ni paracaídas de emergencia, contra el infierno.

Ese hombre se llamó Diego Armando Maradona.

El día después… / Diego Armando Maradona (1960-2020).

Un animal de dos cabezas: eficacia y belleza

Nuestras sociedades occidentales, capitalistas y patriarcales aplauden al vencedor y suelen desdeñar a quien es derrotado. Nada tiene que enseñarnos el perdedor, parecen afirmar con soberbia quienes de tanto ganar se han olvidado incluso de cómo era su reflejo ante el espejo antes de ser los números uno. Se suele soslayar que la derrota es una escuela más efectiva y pedagógica que la dulce victoria. Quienes desean el triunfo sin reparos ni condescendencias se despojan de la belleza, pues asumen que ésta estorba o ralentiza el camino al tan bastardeado éxito.

Tal como dijo el filósofo Walter Benjamin, habría que cepillar la historia a contrapelo, así veríamos que los perdedores no siempre han sido eso, derrotados: nadie puede derrotar a la belleza, porque, aunque efímera ante los sentidos, es eterna en la memoria. A diferencia de la utilitaria victoria, olvidada apenas cuando el más reciente ganador reclama su sitio en el pódium.

Y con respecto al personaje que nos interesa en este reportaje, me refiero a Maradona, ¿cómo y dónde debemos colocar su paso por este mundo? ¿En la inobjetable victoria o en la aparentemente inútil belleza? Alguien que fue victorioso en los registros más altos y, asimismo, varias veces perdedor tanto en el futbol como en la vida, ¿dónde será situado tras el análisis que la Historia haga de él? Ángel Cappa (Bahía Blanca, Argentina, 1946), entrenador de futbol y graduado de la carrera en Filosofía y con estudios en Psicopedagogía, nos comparte su visión acerca de este aspecto:

—Hace varios años dije que el futbol es como un animal de dos cabezas: eficacia y belleza. Es artificial separarlas para analizarlo. Todos buscan la eficacia y algunos eligen prescindir de la belleza, que es como prescindir del juego. No les interesa el juego, sólo el resultado. La historia del futbol nos dice que quienes más han conseguido la eficacia (Maradona, por ejemplo) lo hicieron desde la belleza del buen juego. Y, por lo tanto, han ganado dos veces y nos han llenado el alma de fantasía y de ilusiones. En ese sentido Maradona es un emblema.

“Un artista que se dedicó a jugar al futbol”

Por su parte, Fernando Signorini (Lincoln, Argentina,1953), preparador físico de Diego Maradona en clubes como Sevilla y en la propia selección argentina, nos comparte su mirada en torno a la disputa entre eficacia y belleza, en la cual Maradona pareciera salir bien librado:

—Yo creo que hay una relación directa y proporcional entre ese talento que le acompañaba, capaz de transformar al futbol en un hecho artístico. Por eso más de una vez opiné que él no era un atleta que jugaba al futbol, sino un artista que se dedicó a jugar al futbol… y se expresaba como tal. Hacía del hecho estético algo que realmente emocionaba. Siempre te ibas de la cancha con alguna jugada que se transformaba en inolvidable, cosa que es muy difícil de encontrar en el futbol de hoy, puramente atlético con tanto miedo a la derrota. Diego si tanto miedo tenía era a no pasarla bien dentro de una cancha. Era común verlo con la lengua de fuera… como un chico que está por disfrutar del postre preferido… ¡y su postre preferido era la pelota!

Un personaje de Roberto Arlt

El cruce entre el legado de Diego Maradona y la estética no se reduce únicamente, al parecer, al ámbito de sus actos dentro de una cancha de futbol; según la escritora y periodista Cecilia Szperling (Buenos Aires, Argentina,1963) existe una evocación literaria que emana de la figura del mítico futbolista recientemente fallecido:

—Para mí Maradona es un personaje de la literatura argentina, ciento por ciento. Primero podría pensar en un personaje de Roberto Arlt en Los siete locos [1929], como esos personajes que quieren trascender… quieren hacer el gran robo, pero no lo logran. En el sentido de que Maradona es el personaje que tiene todo para el triunfo, sin embargo, lo agarran… y eso evoca el momento en el cual pronuncia la frase: “Me cortaron las piernas”, cuando una enfermera lo toma de la mano en un estadio norteamericano y lo lleva a hacerse un análisis de sangre, que él y toda Argentina sienten que es injusto.

“Esa sensación de que siempre hay un lado b o lado oscuro… de desdicha, también es muy borgiana; por ejemplo, como Funes el memorioso, que tiene el don de la memoria, pero, a la vez, la carga y el peso de no poder olvidar, pues está obligado a recordar permanentemente…”

Una sociedad seducida por los perdedores

Cecilia Szperling no duda en resaltar ese rasgo que Maradona tuvo, simultáneamente, a su faceta de futbolista ganador: también estamos en presencia de un ser humano con intensos momentos de caída, como quien tras el inobjetable triunfo, repentinamente, pierde a la suerte de su lado y entra en una espiral de infortunio:

—Pienso mucho en la literatura cuando pienso en Maradona y también en una especie de destino argentino que está en nuestros autores. Por ejemplo, Osvaldo Lamborghini cuando habla de “la llanura de los chistes”, de nuestra literalidad en relación a cómo es la vida y ese lado de desgracia, ese lado en contra que siempre nos seduce: nos gusta más el perdedor. En ese sentido, Maradona es el héroe completo, porque es un héroe que triunfa y es un héroe que pierde.

La grieta

Siguiendo la exposición de posturas en torno a Maradona y su legado más allá de lo futbolístico, centrándonos en el plano cultural, social, simbólico e ideológico; la periodista deportiva Marion Reimers (Ciudad de México,1985) si bien coincide en lo expresado por la escritora argentina Szperling acerca de las luces que posee la figura maradoniana dentro de una cancha de futbol, también es muy certera al señalar la dualidad que habitó en la estampa que Diego Maradona encarnó como deportista, misma que se ha expandido a otros ámbitos pues funge como un referente ideológico y político de varios sectores sociales, tanto en la Argentina como en otras partes del planeta.

César Luis Menotti dice que el futbol es un hecho cultural, siendo así… ¿cuáles son los rasgos que Maradona posee para ser reivindicado como estandarte no sólo futbolístico, sino de ciertas causas sociales y modos de vivir la vida? ¿Por qué pareciera que el personaje trascendió a la imagen del futbolista y ha sido reapropiado por ciertos grupos empobrecidos, populares y subalternizados? Atendamos a las reflexiones de la periodista Reimers:

—Lo menciona muy bien Marcelo Bielsa: Maradona representó todo lo que muchos queríamos ser y no podíamos ser, ahí creo que fue donde el personaje trascendió a la persona y eso es muy valioso, le dio esperanza a mucha gente. Siento que la gran mayoría de las perspectivas que usted me está planteando, tienen ya a Maradona visto como una figura que se va hacia un sólo sitio; a mí me parece que es la complejidad misma: Maradona es la grieta. Me remito al texto que escribí en el diario El País, creo que ahí queda mucho más claro ya que no me gustaría caer en estas tendencias.

El escritor y entrenador de futbol campeón de liga con el club Real Madrid, nos referimos a Ángel Cappa, reafirma la tesis de su maestro Menotti al aseverar que el deporte en el cual Maradona ha sido un ídolo mundial, mantiene una evidente ligazón con la cultura misma:

—El futbol es un hecho cultural si entendemos la cultura en su aspecto amplio. Es decir, un hecho que tiene relación con las costumbres, los valores y la historia. El futbol nació (al menos en Latinoamérica) en los barrios empobrecidos, marginados, donde es un medio de expresión y comunicación. Maradona es un “producto” de esa cultura que nunca abandonó. Él es, además, el sueño cumplido de varias generaciones de argentinos: ser Maradona.

“La voz de los que no tenían voz…”

Existe algo muy peculiar dentro del proceso de reapropiación por parte de ciertos sectores sociales en torno a la figura de Maradona. Sus simpatizantes meterían las manos al fuego por él, pero son sabedores de que estamos ante un ídolo imperfecto, no inmaculado, una especie de ángel caído o desterrado del paraíso. Maradona ha sido un señor bajito de estatura, regordete, proveniente de una villa, que se enganchó, lamentablemente, al tema de las adicciones… aunado a su patriarcal modo de relacionarse con varias de sus parejas sentimentales. ¿Será que en nuestras sociedades estamos hambrientos de referencias más humanas, sin el peso de la supuesta perfección fabricada por la lógica del consumo capitalista, tal como Maradona lo fue, es y será?

Dicha interrogante ha sido contestada por el preparador físico Fernando Signorini, que además fue un íntimo amigo de Maradona:

—Él también fue de condiciones sociales muy precarias y difíciles. Alguna vez dijo: “Yo también viví en un barrio privado… privado de luz, de agua, de todas las necesidades básicas para tener la vida digna”. Esa es su manera de ir en contra del poder cuando había injusticias; le hacía honor a esa frase de Óscar Wilde que decía: “Una de las mayores virtudes de los seres humanos es su capacidad para rebelarse ante las injusticias que se cometan”, y él lo hacía a través del futbol. Por eso creo que se ha transformado en un ícono, era la voz de los que no tenían voz… la voz de los explotados por el sistema. Creo que eso lo transformó en el mito viviente que era y en la leyenda que ya comenzó a ser.

Una contradicción en sí mismo

En la trinchera opuesta a la reflexión de Signorini se encuentra Marion Reimers, quien coloca sobre la mesa un elemento que desde la muerte de Maradona ha sido un aspecto de amplia discusión: esos yerros que el mítico futbolista cometió en su vida personal, al grado de incurrir en lo que la periodista mexicana no duda en denominar como delitos:

—Maradona era una contradicción en sí mismo. Al final, me parece que él no enarboló enormemente las causas… era un poco veleta, iba de un lado para el otro. Hablaba de la Revolución cubana, pero se movía en un Ferrari… no es nada criticable; sin embargo, al final es una contradicción, tal como existió en el interior de la lucha comunista: primero aboliremos la lucha de clases y luego nos preocuparemos de las mujeres.

“No podemos olvidar que Maradona no fue únicamente un golpeador, sino además fue un hombre que abusó de niñas. Yo no diría que sólo fueron excesos o torpezas… ¡son delitos!; no obstante, él ha significado una movilización popular muy importante por la reivindicación que le dio al pueblo después de la Guerra de las Malvinas.

“El futbol es una construcción cultural de las clases populares”

Fernando Signorini acompañó a Maradona durante la preparación física previa al Mundial de México 1986, en el cual el capitán del seleccionado argentino cumplió uno de los sueños que desde niño ya expresaba abiertamente. Signorini reflexiona así en torno a la relación que su famoso y entrañable amigo mantuvo con el poder:

—Él siempre fue claro. No reparaba en absolutamente nada que se opusiera al tratar de ser dilatorio cuando consideraba que una causa era justa, por eso trató de hacer un sindicato mundial de futbolistas para oponerse al poder de la FIFA y de las Federaciones nacionales que trataban de hacer lo que ellos quisieran con los jugadores… convertirlos en un negocio.

“Creo que en la Argentina y en Latinoamérica el futbol es una construcción cultural de las clases populares, un hecho mucho más ligado a lo artístico que a lo científico; hoy Cristiano Ronaldo, Lionel Messi y todos los jugadores que vinieron después de Maradona, tuvieron la pauta de los riesgos que se corren cuando uno se enfrenta al poder. Podrán aparecer jugadores maravillosos y sabrán que el poder es impiadoso. Diego en su parte futbolística y en su vida real, cuando abría la boca, el poder no es que temblara, pero hacía una mueca de desagrado… como diciendo: “antes o después te haré pagar por cada una de este tipo de irrespetuosidades”, porque un tipo así no le conviene al medio, un tipo tan rebelde… porque puede crear imitadores…y eso al poder no le conviene. Para mí es irrepetible en ese sentido”.

¿Maradona escapó a la fagocitación del capitalismo?

Hoy en día miramos a atletas descomunales como Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, quienes a la par de realizar actos maravillosos dentro de una cancha de futbol, sus cuerpos se han convertido en marcas que venden millones de dólares alrededor de todo el mundo: desde zapatillas deportivas hasta hojas de afeitar, celulares o lociones… todo puede venderse si tales deportistas avalan al producto. El capitalismo fagocitó al futbol en muchos sentidos, transformando a los jugadores en vendedores, escaparates y mercancía, todo ello simultáneamente. ¿Maradona con toda su irreverencia, su actitud contestataria y los múltiples errores y excesos cometidos habrá logrado esconderse y huir de tal lógica propia de la economía de mercado? Ángel Cappa reflexiona al respecto:

—Podemos decir que Maradona nunca abandonó a su clase social y en ese sentido no entró en la trampa que el sistema les pone a quienes surgen de la clase trabajadora o marginada y llegan a la fama rodeados de dinero: la trampa del supuesto ascenso social. Por eso abrazó la causa de los oprimidos y apoyó a Cuba, a Venezuela, a los líderes como Fidel Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y a todos los que defienden las reivindicaciones populares. También a las Madres de la Plaza de Mayo, a los palestinos y a las luchas de los pueblos donde sea. Eso le generó el odio de las clases dominantes que no pudieron domesticarlo.

—De hecho —añade, finamente, Signorini—, creo que la sociedad de hoy se está perdiendo en este mundo de gente que prefiere ser muy poco contestataria porque sabe los riesgos que corren; cada uno acepta que su cerebro sea colonizado y que el sistema, el cual es perverso, piense por ellos. Creo que hay una gran parte de la sociedad mundial que prefiere ser parte del rebaño manejado por el poder; no se puede comprender cómo esta sociedad ha aceptado que el 1 por ciento de la sociedad mundial sea el que detente casi el 85 por ciento de la riqueza, con millones y millones de personas bajo la línea de la pobreza, sin absolutamente ninguna posibilidad.

“Diego, que era uno de ellos, tuvo también la suerte de haber sido dotado por la naturaleza con ese talento descomunal para jugar al futbol, que en este momento representa uno de los mejores argumentos para la estupidización y la manipulación de masas… cuando en realidad el futbol como deporte fue creado como un argumento para que mañana seamos mejores en comparación con lo que somos el día de hoy”.

“El halo de ese último ídolo bohemio…”

¿Realmente estamos ante un ídolo tan humano como para cometer los mismos errores que cualquiera de nosotros realizaríamos a diario? ¿Maradona huyó de la lógica de mercado capitalista que se apropia de los deportistas de alto rendimiento y les convierte mercancías? ¿Estamos frente a un rebelde que incluso lo fue ante el dios del dinero? Marion Reimers no esquiva las preguntas y afirma tajantemente:

—La figura de Maradona es muy compleja, ahí puedo entender que ese pueda ser tu punto de vista. Creo que, evidentemente, se le sometió y él se sometió a la lógica mercantilista, y sí fue expropiado por las fuerzas del capital una y otra vez… Fue convertido en una marca. Lo que pasa es que todavía tiene el halo de ese último ídolo bohemio, romántico, del pueblo… lo cual narrativamente nos hace pensar que no se circunscribió a eso, pero dicha mirada es una romantización de un personaje que no corresponde a muchas situaciones que vimos en la realidad.

“Repito, es algo que menciono en mi artículo publicado en El País; y sí, efectivamente, necesitamos referencias más humanas porque, sobre todo, parece que los recientes ídolos han sido muy construidos; pero el tema de la droga es donde Maradona se hace daño a sí mismo, es un problema incluso de salud y de punitivismo que debemos de mencionar; sin embargo, siempre que se habla de sus excesos, se habla de eso y no se habla del daño que le hizo a otras personas… creo que eso es lo que debe estar en el medio: ¿cómo tratamos con el ídolo así? Insisto, me parece que hay una tendencia a hablar de Maradona (incluso en el planteamiento de estas preguntas) como ya endiosándolo, y eso es justo lo que debemos dejar de hacer”.

Argentina 2 – Inglaterra 0

Finalmente, y siguiendo la línea trazada en este reportaje acerca de indagar cómo el registro de la figura de Maradona ha escapado al plano deportivo y hoy en día habita en múltiples aristas, le pedimos a un par de nuestros entrevistados reflexionar en torno a dos anotaciones que, pareciera ser así, sintetizan mucho de la vida y obra de Diego Maradona: los goles contra los ingleses en el Mundial de México 1986… la obra hablando por el autor.

Para Ángel Cappa tales acciones ocurridas durante el 25 de junio de 1986 en Ciudad de México, no trascienden el plano de lo que en ese entonces se disputaba… un juego de futbol, sólo eso:

—Para mí no tienen el valor de la reivindicación política que le dan muchos argentinos. El futbol no repara daños sociales, políticos o económicos. Es un juego. Nada más y nada menos, ya que el juego tiene gran importancia en nuestras vidas, como el teatro, el cine, la literatura y todo aquello que nos hace la vida un poco más feliz.

Contrariamente a lo anterior, Fernando Signorini, preparador físico de la selección argentina en varias Copas del Mundo, nos comparte su disertación en torno a cómo tales anotaciones han anidado ya, según refiere, en otros ámbitos incluso socio-políticos. Así Signorini se expresa acerca del gol con la mano que Maradona realizó a los seis minutos del segundo tiempo de aquel encuentro:

—Creo que el primero tiene que ver con aquellos que menos tienen tras las trampas que el sistema les hace… ¡es inaceptable que en el tercer milenio de la era cristiana exista gente que viva en las condiciones como en las cuales Diego vivió cuando fue niño! Entonces: “como vos me hiciste trampa… yo te haré trampa a vos”. Creo que fue una manera de Diego para tomarse revancha de todas las trampas que él había sufrido y justo pasó en el partido más emblemático de la historia del futbol mundial: era Argentina contra Inglaterra en un Mundial después del tema de Malvinas… había muchas connotaciones que poco tenían que ver con el futbol.

“Se puede identificar como un acto de picardía en un primer momento, porque fue espontáneo… pero cuando anota y mira al árbitro porque hizo trampa, lo mira como diciendo: ‘¡Yo también soy capaz de hacer con el poder, lo que el poder mismo hizo conmigo!’”.

—Eso me recuerda a Walter Benjamin o al propio Frantz Fanon con la noción de que la violencia es legítima si proviene de los oprimidos contra sus opresores… —le digo a Signorini a través de la línea telefónica que nos comunica vía Ciudad de México-Buenos Aires:

—Sí, eso lo dice Fanon en Los condenados de la Tierra… claro que es legítima. Pasa hasta con la naturaleza. A un perro si lo tratas mal, un día te morderá. Son chicos que desde tiempos inmemoriales llevan en los genes esa rabia por tener que soportar toda la indiferencia y el desprecio del sistema; se expresan de esa manera. Por eso muchas veces hay que ponerse en el lugar del otro para así poder entenderlo.

“El segundo gol, creo que fue un acto de libertad individual, fue un grito como para decir: ‘¡Soy libre y si lo intentamos, podemos!’”.

Un beso durante el invierno más frío

Alguna vez caminaba por las calles de Buenos Aires durante el mes de julio, en plena temporada de invierno. A pesar de que el mediodía ya se aproximaba, en aquel día el sol se dio ciertas licencias para no aparecer ni calentar gran cosa. Mañana nublada y gris, con las mejillas casi heladas y las manos habitando lo más posible dentro de los bolsillos del abrigo.

Caminaba rumbo a Callao y Corrientes buscando una librería.

Repentinamente, miré a una pareja de jóvenes recargados en un poste de luz. Se besaban como si aquella mañana fuera perteneciente al último día de la humanidad en la Tierra.

El mundo, para ellos, desaparecía.

Continué mi camino. Compré libros e incluso discos en una tienda ubicada en la esquina de Callao y Corrientes; encontré un kiosco y el diario Página 12 lo pagué con algunas monedas que traía en el bolsillo del pantalón. Decidí caminar más para encontrar un equilibrio en mi temperatura corporal; habré llegado hasta la calle Florida, esquivando vendedores y peatones.

Era hora de volver a casa y comer pues ya pasaban de las tres de la tarde. Anduve sobre mis pasos ya cansados. Repetí la ruta ya caminada, pero en dirección opuesta.

Rumbo a la estación de subte Congreso de la línea A, tan atrapada en el pasado, tan bellamente atrapada en los inicios del siglo XX… miré a un vendedor de flores sobre la acera, así como a un indigente sobreviviendo heroicamente a aquel frío insostenible en el cuerpo, incluso algún recolector de plásticos hurgando en los cestos de basura. La vida tiene momentos que parecieran ser ventanas a otras dimensiones, a otros mundos: levanté la mirada y ahí estaban, ella y él, en la misma posición —trenzados en un abrazo— y besándose todavía, sin tregua, cerrando los ojos —como se debe besar, dicen— y conjurando al frío de un Buenos Aires muy cerca de estar bajo cero.

No sé si continúan besándose, seguramente sí… en otra esquina, ahora conjurando a la pandemia y retando a los epidemiólogos. En Argentina eso puede suceder: un beso eterno bajo el frío y la lluvia o un señor bajito de estatura y regordete, driblando aún a cuanto inglés se le ponga en su camino.

¿Quién dudará que ellos se siguen besando o que él se mantiene quitándose ingleses a su paso?

Incluso, lo creo firmemente, eso sucederá después de que venga la muerte e intente tener nuestros ojos, tal como advirtió un despechado Cesare Pavese.

Aunque, quizás, la muerte no se atreva a interrumpir ese beso y, también quizás, sea esquivada por ese señor gustoso de estar al borde del abismo.

¿El futbol es abordable desde el periodismo cultural?

Quizás algunos lectores opinarán que este reportaje debió ser publicado en las páginas de un diario deportivo. Quizás alguien asuma que la Cultura y las artes son exclusivamente las dimensiones propias para una revista cultural; así, el teatro, la literatura, la danza, la pintura, la escultura y la fotografía serían solamente los campos de interés propios del periodismo cultural.

Asumo una diferencia con tales posturas.

La figura de un ser humano como Maradona, me parece, es terreno fértil para la reflexión periodística desde el ámbito cultural, simple y llanamente porque el futbol y sus coordenadas simbólicas, sociales, ideológicas y populares —más genuinas y alejadas de la cooptación que el mercado ha hecho de tal deporte— se acercan a las que emanan de cualquier juego creado por la humanidad.

El juego como una escapatoria, momentánea, a los dolores de la vida. ¿Acaso no comparte eso el futbol con el arte? Ambos, me parecen, son excusas para que seamos felices.

Así, lejos ya de la inmediatez propia del fallecimiento de Diego Maradona y también ya con bastante distancia de las opiniones rápidas que llovieron a cántaros durante aquel 25 de noviembre pasado y en días posteriores, es que desde Salida de Emergencia quisimos charlar con varias voces respetadas y autorizadas para argumentar acerca de Maradona: un hombre gustoso de hacer equilibrismo al borde del abismo.

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