Los latidos del rocanrol en México

Los sesenta hace sesenta años

Paradojas de la vida: hace medio siglo mientras científicamente el hombre alcanzaba uno de sus máximos objetivos al pisar la Luna, en su planeta Tierra libraba en ese mismo años, 1969, una incomprensible batalla contra el comportamiento juvenil, que modificaba a cien por hora los modelos convencionales de la vida con una música, el rock, cuyo valor intrínseco estribaba en su naturaleza aparentemente indomeñable. ¿Qué pasaba en México en ese tiempo, musicalmente? Víctor Roura nos acerca a esos años, los sesenta, justamente cuando el desarrollo juvenil caminaba con lentitud mientras que las instancias represoras lo hacían a grandes zancadas…


Los sesenta finalizan en 1971

Paradojas de la vida: hace medio siglo mientras científicamente el hombre alcanzaba uno de sus máximos objetivos al pisar la Luna, en su planeta Tierra libraba en ese mismo años, 1969, una incomprensible batalla contra el comportamiento juvenil, que modificaba a cien por hora los modelos convencionales de la vida con una música, el rock, cuyo valor intrínseco estribaba en su naturaleza aparentemente indomeñable.

Mientras la ciencia corría apresurada en 1969, los controladores de la humanidad en ese entonces apaciguaban las formas de rebeldía de la manera más burda posible: mediante palos y vejaciones.

Mientras los científicos apreciaban más de cerca su próxima conquista lunar, el 68 acababa de dejar su profunda huella en el mundo terrenal. Los roqueros pedían a gritos una apertura libertaria, pero los gobernantes, ortodoxos, provenían de las ideas autoritarias de su pasado inmediato: la Segunda Guerra Mundial había acabado apenas dos décadas atrás, y Estados Unidos se enfrascaba, aún, en una incomprensible contienda en Vietnam, detestada por los nuevos músicos.

Había, sí, una visible contradicción en los hombres de este reino: mientras se luchaba por alcanzar la Luna, que es decir la búsqueda afanosa de territorios vírgenes, en su propia órbita no deseaban sino continuar la vida con reglas y ordenanzas añejamente establecidas. En este sentido el rock, por supuesto, venía a interrumpir su tranquilidad. En los sesenta mientras los científicos modificaban la historia en el espacio, el rock cambiaba la ruta de la humanidad en su planeta.

¿Qué pasaba en México en ese tiempo, musicalmente? (Durante los dígitos 60-69, es decir de los sesenta, que no cataloga estrictamente la década de los años sesenta, que de manera oficial va de 1961 a 1970, por eso hablo de los sesenta, no de la década de los sesenta.) Hace sesenta años, justamente, el desarrollo juvenil caminaba con lentitud, mientras las instancias represoras lo hacían a grandes zancadas:

Los científicos en 1969, en efecto, pisan la Luna en representación de un astronauta con apellido jazzero: Neil Armstrong (1930-2012), pero las sociedades, que miran asombradas por televisión la proeza de la ciencia, no pueden controlar la “rebeldía” terrenal personificada en los músicos de rock. Los sesenta roqueros en México finalizan curiosamente en 1971, en el primer año de la década de los setenta, con la realización del Festival de Avándaro, primera y última congregación roquera masiva, cuyos participantes jamás supieron los motivos de dicha reunión.

1960

⠀⠀⠀⠀⠀Bill Haley (1925-1981) nos visita. La televisión —justo a los diez años de su invención—alienta a los rocanroleros por medio de su programa Discotheque Orfeón a Go Go. (Finalmente, la empresa discográfica Orfeón patrocinaba esta serie televisiva porque, con ello, acuciaba a los expectantes espectadores a la compra de tal o cual álbum sonoro que se programaba como novedad musical). Los jazzistas, como Chilo Morán (1930-1999) o Tino Contreras (1924) también tocan rock. Los entretenimientos nocturnos comienzan débilmente a transformar sus rostros. En el Follies, los Rebeldes del Rock se presentan el 2 de octubre. Los diarios, cuando le dedican algún espacio a este ritmo, lo hacen sólo para augurarle una pronta desaparición. O, si la nota es gratificante, por arreglo económico con los ejecutivos de las disqueras. Siguen haciéndose películas que muestran a los jóvenes como unos seres desorientados, inútiles, si no van agarrados de la mano de los mayores. Los Locos del Ritmo aparecen en el filme Limosneros con garrote. Se inventan bailes, como el epilepsio, mismo que hasta Resortes aprendiera para ejecutarlo en una película de la época. La tele empieza a identificar al joven sólo por su alegre relajo. Diversión es sinónimo de Cultura Juvenil. Se graban ya varios clásicos: “Melodía de amor”, “Rock del angelito”, “Siluetas”, “Confidente de secundaria”, “La  plaga”, “Yo no soy rebelde”, “Tus ojos”, “Colina azul”, la inmensa mayoría de ellos versiones en español del inglés original, con sus aclamadas excepciones, como la pieza del baterista de Los Locos del Ritmo Rafael Acosta: “Tus ojos”. Comienzan a circular los discos de los Apson Boys, de los Belmonts, Blue Caps, Boppers, Los Carrión, Los Black Jeans, Crazy Boys, Teen Tops, Locos del Ritmo, Rebeldes del Rock, Hitters, Hooligans, Los Llopis, Loud Jets, Rockin Devils, Rogers, Sinners. Manolo Muñoz es el primer solista rocanrolero, al abandonar a los Gibson Boys. Sólo uno que otro grupo, como ya se apuntó, compone piezas originales. Las copias, o fusiles, o versiones, del anglosajón, por imposición de los directores artísticos de las discográficas, continúan. Empero, las canciones de los mexicanos son las primeras en consolidarse en el mercado roquero hispanoamericano. Son los modelos a seguir.

1961

⠀⠀⠀⠀⠀De noviembre de 1959 a diciembre de 1961, Federico Arana cuenta una producción aproximada, en el mercado local, de 3, 226 boleros, 2,232 canciones rancheras y sólo 239 piezas rocanroleras. Sin embargo, el nuevo ritmo está en pleno auge. La televisión lo exalta. Aparecen infinidad de conjuntos, además de los ya establecidos. Todos ellos, fugaces, atienden sólo el llamado mercadológico de los empresarios artísticos: Rockins, Rippers, Salvajes, Twisters, Blue Caps, Beatniks, Seventeens, Spitfires, Glyder’s, Wizards, Chipp’s, Sparks, Play Boys, Jiggers, Silver Rockets, Pepe y los Zips, Supersecos, Luckers, Jockers…

Alberto Vázquez, Angelica María, César Costa y Enrique Guzmán.

1962

⠀⠀⠀⠀⠀Los directores artísticos buscan nuevas fórmulas para proseguir generando dinero con la música de moda, pues en México, como se aprecia, este género no nace por la osadía juvenil sino por las instrucciones cómplices de los emporios económicos tanto de la televisión como de las compañías grabadoras. Fijan su atención, entonces, en los cantantes de las agrupaciones para convertirlos en solitarios baladistas, como Paul Anka (1941), Neil Sedaka (1939) o Perry Como (1912-2001) e inician el periodo de los solistas nacionales: Manolo Muñoz (1941-2000) comenzó cantando con los Gibson Boys, Enrique Guzmán (1943) abandona a los Teen Tops, Johnny Laboriel (1942-2013) se distancia de Los Rebeldes del Rock, Paco Cañedo (también perteneciente a la generación de los nacidos en los años cuarenta, si bien la fecha de su nacimiento hasta este momento es inlocalizable) deja a los Boopers, César Costa (1941) se separa de los Black Jeans, Ricardo Rocca (1945) se despide de los Hooligans. Surge Fabrizio (1940). Polo (Leopoldo Sánchez Labastida, 1945-1974) hace una meteórica carrera de solista pues, al no seguir las indicaciones de sus directores artísticos, es desechado de los grandes planes. Cantaba con los Apson y falleció, ahogado en una piscina en Mérida, durante una gira con los Rebeldes del Rock. Alberto Vázquez (1940) es impulsado aun sin haber tenido previamente un grupo musical de respaldo. En el terreno femenino participan Angélica María (1944), Julissa (1944), María Eugenia Rubio (1933-2013), las Hermanas Jiménez (María Elena falleció 45 años después, sobreviviéndole Elvira), Mayté Gaos (1943), Emily Cranz (1942), Queta Garay (1935-1980), Leonorilda Ochoa (1938-2016).

1963

⠀⠀⠀⠀⠀A pesar de que se continúa impulsando a las agrupaciones, los programadores de radio (instados, o comprados, siempre por las compañías de discos) empiezan a dar preferencia a los solistas. Los conjuntos se van de gira hacia el sur de América, aprovechando su amplia difusión por esos lugares. Obtienen éxitos. Son recibidos como grandes rocanroleros. En el Auditorio Nacional, el 12 de octubre, se efectúa el Primer Festival de la Juventud.

1964

⠀⠀⠀⠀⠀Imperio de la balada rocanrolera. “Payasito”, de Enrique Guzmán, o “Mi pueblo”, de César Costa, son ejemplos a seguir. La radio emplea sus espacios para programar, preferentemente, el rocanrol de años anteriores. Esto es, selecciona las piezas ya aceptadas y hace a un lado las nuevas grabaciones. Ni hablar de que puedan ser escuchadas canciones de bandas inglesas o estadounidenses.

1965

⠀⠀⠀⠀⠀La balada moderna suple con éxito al rocanrol. Los Solitarios, Los Baby’s, Roberto Jordán (1943), Las Moskas, Malú Reyes (1950), La Tropa Loca o Los Chijúas interpretan música menos vigorosa, menos rítmica y se acercan a los círculos musicales de los boleros pero con aparatos eléctricos. Le bajan el sonido, sin querer o queriendo, al rock and roll. Los Tepetatles es un grupo de rock comandado por el futuro cineasta Alfonso Arau. Editan su único disco. El (supuesto) humor voluntario es introducido al rock. Incluyen letras de Carlos Monsiváis y de Chava Flores, jocosas las segundas mientras que Monsiváis mostraba su incompetencia para estas situaciones. (Por más que escucho el disco, aún hoy no le hallo gracia ni forma.) El 30 de enero, la Secretaría de Gobernación manda clausurar los cafés cantantes. Los grupos ven cerradas sus fuentes laborales. Represión a los músicos y, consecuentemente, al público de rock.

Emily Cranz, Manolo Muñoz, las Hermanas Jiménez y María Eugenia Rubio.

1966

⠀⠀⠀⠀⠀En el Auditorio Nacional se efectúa el espectáculo denominado Ritmos 66. Participan los Belmonts, los Dug Dug’s —banda de Durango creada en 1960 por el guitarrista Armando Nava—, Javier Bátiz (1944), Hilda Aguirre (1948), los Yaqui, los Ovni y Chucho Zarzosa (1919-2008), entre otros. Pese a su programación radiofónica, la práctica del rocanrol se va extinguiendo por la ausencia de fuentes laborales. Se repiten incontables veces las mismas piezas y no se difunden las nuevas, en una clara estrategia empresarial, por lo que varios grupos se desalientan e inician su retiro de los escenarios. (Por ejemplo, los Dugs Dug’s, que ya compone piezas originales en español, jamás es programado en la radio nacional.) El rockcito, como lo nombraba el novelista José Agustín (1944), va dejando de ser un negocio, a cambio de la movida económica que deja la balada. Los pocos sobrevivientes obedecen punto por punto las indicaciones de los directores artísticos tanto de las discográficas como de la industria de la televisión, que los animan a interpretar baladas modernas o canciones rancheras o boleros. Lo que fuera, menos rock.

1967

⠀⠀⠀⠀⠀Por la pantalla casera de la televisión se aprecia, por primera vez, el cabello largo en algunos integrantes de grupos rocanroleros locales: Javier Bátiz, Benny Ibarra (1944), así como un guitarrista de los Belmonts y otro de los Hitters. La prensa en general no deja de ser la detractora oficial de los jóvenes. Los califica, ahora, de homosexuales o mariguanos. Represión en las calles.

1968

⠀⠀⠀⠀⠀Tlatelolco, 2 de octubre. Es sometido el Movimiento Estudiantil. El ejército, por órdenes del presidente Gustavo Díaz Ordaz, mata a centenares (en un número aún impreciso) de personas reunidas en la manifestación situada en la Plaza de las Tres Culturas. Surge el canto nuevo. Los Folkloristas sostienen que habría que retomar nuestras raíces musicales. Por lo tanto, vislumbran en el rock mensajes “imperialistas”, “colonizadores”, dañinos para el país. Varios músicos que radicaban en el norte de la República se asilan en la capital. Comienza el segundo periodo rocanrolero de México, caracterizado por la búsqueda, ahora sí, de canciones originales; pero la mayoría de los grupos (si no es que todos) confunde la geografía y se deja llevar por sus influencias inmediatas componiendo sus canciones en inglés. De esta manera, los músicos creen estar a la altura de los conjuntos extranjeros o, cuando menos, piensan que es una forma idónea para introducirse al mercado internacional. Se extingue el programa Discotheque Orfeón a Go Go. El rock, de pronto, se torna más áspero, más cercano a los trabajos del underground californiano. José Agustín publica, mediante el Injuve (Instituto Nacional de la Juventud, que luego sería el Crea y después Causa Joven y ahora…), su Nueva música clásica y Parménides García Saldaña (1944-1982) su Pasto verde que edita Emmanuel Carballo (1929-2014) bajo el sello Diógenes. Eric Burdon (1941) y sus Animales se presentan en el Teatro Metropólitan.

1969

⠀⠀⠀⠀⠀Muchos grupos de rock proliferan por la capital. El primer rock (podríamos decir rockabilly) de los Locos del Ritmo o los Rebeldes o los Teen Tops es, de plano, oscurecido. Surge el rock duro. El heavy rock implantado por agrupaciones como Led Zeppelin, Deep Purple o Chicago. Nacen conjuntos: La Quinta Visión, Last Soul Division (LSD), Pop Music Team, la Revolución de Emiliano Zapata, El Amor, Spiders, Poly y Cía, La Tribu, 39.4, Three Souls in my Mind (dados a conocer el 12 de octubre de 1968 en una tardeada inofensiva), Enigma, Tinta Blanca, Peace and Love, Ritual. El 5 de enero, en el Teatro Acuario de Acapulco, es suspendida la obra Hair y los actores son detenidos con violencia. El 9 de marzo, en el Estadio Olímpico, se arma un escándalo mayúsculo en la presentación de los Union Gap en un concierto organizado por los Hermanos Castro en el cual también intervendrían los Byrds. Varios lesionados. A fines de junio se presenta, en el Fórum, Jim Morrison (1943-1971) con los Doors. (En Nueva York, en agosto se realiza, por tres días consecutivos, el Festival de Woodstock, que congrega, y diera a conocer, a conjuntos y solistas trascendentales en el mapamundi del rock, entre ellos al jalisciense Carlos Santana, nacido en Autlán en 1947).

1970

⠀⠀⠀⠀⠀De nuevo aparecen grupos de rock, de vez en cuando, en la televisión. Hay cientos de “tocadas” [conciertillos] en la Ciudad de México, entonces Distrito Federal. Los conjuntos cantan en inglés. El Three Souls in my Mind da a conocer su primera grabación y los Spiders, ese perfecto grupo roquero de Guadalajara, graban en inglés un estupendo álbum, intitulado Back, para la RCA Víctor. Son las dos primeras señales de un “nuevo” rock producido en México.

1971

⠀⠀⠀⠀⠀El 15 de mayo sale a la venta el primer número de la publicación Piedra Rodante, que sería suprimida por el gobierno de Luis Echeverría ese mismo año después del halconazo el 10 de junio con la matanza de profesores y estudiantes perpetrada por órdenes del presidente de la República, hecho que fue cronicado desde su portada por este mismo periódico dirigido por Manuel Aceves. La Revolución de Emilio Zapata graba su primer disco, del cual se extrae el sencillo “Nasty sex”, pieza que abre, otra vez, las puertas para el rock local en las estaciones radiofónicas. Se programa con insistencia y es bien recibida por el público. Así, las grabaciones se multiplican. Las disqueras vuelven a permitir la entrada de los nuevos roqueros (cabellos largos y vestimentas psicodélicas) a los estudios de grabación. Ante la escasez de foros, los músicos inventan sus propios espacios: los hoyos fonquis, lugares abandonados que son reacondicionados para escuchar rock. Espacios que eran inservibles son puestos a la disposición de los roqueros. Pese a la proliferación de este género musical, las autoridades no lo ven con buenos ojos y la represión a los jóvenes es continua aunque, en ocasiones, se hace en forma disimulada. Aparecen varios discos: Cossa Nostra, Love Army, Survival, Javier Bátiz, Luz y fuerza, Tinta Blanca, Alfredo Díaz Ordaz (fallecido en diciembre de 1993), Dug Dug’s, Three Souls in muy Mind (en una canción suya se referían, osados, al hijo del presidente Gustavo Díaz Ordaz como el único que podría tocar rock dada la represión altanera de las autoridades contra los gustadores de este género musical), Peace and Love, Locos, Toncho Pilatos. En mayo ocurre un hecho sin precedentes en la historia musical del país: la banda La Comuna, liderada por el futuro poeta Alberto Blanco, recibe la orden de la directiva de su disquera Peerless, donde graba su primer disco, de aparecer cuatro veces seguidas en el programa Siempre en Domingo, conducido por el locutor periodista Raúl Velasco (1933-2006), para promover su primer acetato, invitación que, dignamente, el grupo se niega a cumplir (¡presentarse en la serie musical más corrompida de la historia nacional televisiva era un acto que La Comuna no podía permitirse!), causando la ira extrema del director de ese consorcio discográfico amenazándolos que, de no aparecer en dicho programa, destruiría las cintas grabadas de su disco… cosa que hizo al continuar negándose a caer en tales bajezas. La Comuna, finalmente, nunca pudo ver cristalizado su álbum y poco después se difuminó del espacio roquero sin que esta noticia haya salido a la luz en los grandes medios de comunicación, sostenidos económicamente, en gran parte, por esta misma industria musical. El 11 de septiembre, en la noche, se lleva a cabo en Valle de Bravo el Festival de Avándaro. Asiste un número aproximado de 500 mil jóvenes, aunque nadie tiene el número preciso. Ese fue el principio y el final. Porque después, apoyadas por el amarillismo en la prensa y en la televisión, las autoridades —que ordenaron a los directores de los medios silenciar cualquier hecho relacionado con el festival— prohíben prácticamente (sin decretarlo) el rock. La exaltación hacia los jóvenes pronto pasó a ser condena. Más represión. Editorial Extemporáneos publica el libro Avándaro, ¿aliviane o movida? La editorial Diógenes también da a conocer un libro sobre el tema con textos de Luis Carrión (1942-1997) y fotografías de Graciela Iturbide (1942). Al finalizar el año, los hoyos fonquis realmente son la única fuente laboral de los rocanroleros, sus únicos espacios de sobrevivencia que lentamente irían difuminándose de la faz urbana.

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