El periodista Jon Lee Anderson. / Foto: Editorial Sexto Piso.

Jon Lee Anderson y la espiral (rota) latinoamericana

Crónicas de una década.

Jon Lee Anderson nació en California, en 1957. Es un periodista especializado en temas políticos, especialmente en conflictos y guerras. Es colaborador habitual de The New Yorker e imparte cursos en diversos centros educativos del mundo. Es autor de varios libros, el más reciente de ellos: Los años de la espiral. Crónicas de América Latina. Con el periodista y cronista es la siguiente conversación.


Desde algún punto de Francia, la voz del cronista estadounidense llega sin interrupción: Jon Lee Anderson es un periodista “continuamente fascinado por el mundo, por ciertos lugares y sus problemas”, dice. “Me siento vinculado a sus realidades y es lo que sé hacer. En ese sentido, me importa mucho América Latina: es una región con la cual mantengo lazos afectivos muy grandes y me importa su suerte”, añade. Estamos charlando con él, pues semanas atrás puso en circulación su más reciente libro: Los años de la espiral (Sexto Piso).

En este volumen, que aclara no es antológico, reunió veinte piezas periodísticas largas y veintiún cortas originalmente publicadas en inglés en The New Yorker, todas dedicadas a América Latina y escritas entre 2010 y 2020. “Nos dimos cuenta que en la última década me había dedicado casi por completo a América Latina, a partir de mediados de la década, cuando Obama y Raúl Castro hicieron su distensión. En una sola década había reunido un montón de trabajos y había seguido muy de cerca el compás, el barómetro, la vida y quehaceres de la región de una forma muy distinta a los anteriores. Había sido una década tan dramática como fugaz, con grandes cambios en que también la relación con Estados Unidos caló hondo. Con un Obama que a mediados de la década trató de cambiar la política norteamericana en la región, seguido por un Donald Trump que lo revirtió por completo con una actitud beligerante y matona. Entonces sucede que yo tengo crónicas y perfiles que, más o menos, no en forma científica, en forma quizás idiosincrática, pero bastante abarcadora, ofrecen una narrativa de esa historia”.

Y ahora, continúa, “llegamos a un impasse, en el final de Trump, y dentro de una pandemia en un umbral muy incierto y con un futuro más inquietante e indeciso que nunca, con ciertos patrones de comportamiento bastante alarmantes, con un auge del populismo y del autoritarismo de derechas y ante la constatación de que la izquierda, en términos prácticos, ha fracasado”.

Así pues, como aclara en el prólogo de este volumen de más de 700 páginas donde da un bosquejo de una década decisiva en América Latina, reunió perfiles, crónicas, artículos de opinión, obituarios y reportajes sobre temas contemporáneos. Y hay textos sobre Cuba, Venezuela, Haití, México, Colombia, Nicaragua, Perú, Bolivia, Chile, Brasil, Panamá y Argentina. Con personajes que van de Obama a Andrés Manuel López Obrador, pasando por situaciones como el terremoto de Haití.

El título, explica el periodista, deriva de que la segunda década de este siglo XXI estuvo caracterizada por la volatilidad, así como por la desaparición o decadencia de tendencias anteriores y la llegada de nuevas, no todas positivas. Un periodo confuso, le llama. Una época que se mueve como en espiral.

“Es una década que empezó con la izquierda y terminó con la izquierda en declive. Para los latinoamericanos es un poco la radiografía de la degradación de la democracia como un modelo a seguir y como un modelo en práctica”. Para él, no obstante, tampoco se trata del fracaso total del modelo de izquierda. “No es tan blanco y negro, no creo que sea el fracaso absoluto. Hay una manera de mirar a Raúl Castro aceptando el ramo de olivo de Obama, como diciendo ‘bueno’. Lo aceptó porque fracasó el socialismo en Cuba. Hasta cierto punto es cierto eso, pero a la misma vez Obama aceptó la existencia de Cuba comunista y aceptó en ofrendar el ramo de olivo a Cuba, aceptó que Estados Unidos no siempre había actuado con elegancia, con derecho, y aceptó que Estados Unidos había sido un país intervencionista y beligerante en la región.

“Entonces, es el fracaso del modelo de un civismo incipiente que se permitió hace cinco, seis años, tanto en Colombia como en Cuba con Estados Unidos debido a unos políticos semiiluminados y otros un poco más que convergieron en el poder en el tiempo dentro de una América Latina que era democrática por primera vez en mucho tiempo, no en manos de déspotas o regímenes militares. Lo triste es que fue muy efímero, fueron como dos o tres años de este momento de esperanza. Yo los viví muy de cerca y justamente desde que subió Trump todo se ha vuelto color de hormiga y se ha vuelto a retroceder en casi todo en la región. No solamente por Trump. Es una época realmente confusa, pero si tuviera que resumir la suerte de la izquierda diría que no están extintos todavía, pero están en vías de extinción en una región donde las ideas de izquierda sólo tienen un futuro dentro de un marco democrático y tienen que buscar sus demócratas interiores y reconstruirlos, porque la mayoría de los regímenes que hemos visto que ostentaban el izquierdismo, por decirlo así, también  fueron muy caracterizados por despotismo, caudillismo, cultos a la personalidad y la corrupción. Y por algo no están hoy en día. Eso no deja en virtud a la derecha. No, la derecha ha florecido en el vacío que dejaron ellos”.

El fracaso se ha dado por varias razones. Dice Jon Lee: “Izquierdistas ex guerrilleros, socialistas que llegaron al poder por las urnas en países en donde el modelo de política económica era capitalista y tuvieron que capitanear o hacer alianzas con el gran capital en sus países y en algunos casos se corrompieron y viven en contradicción de sus propios ideales, pocas excepciones han salido airosos de eso, como Pepe Mujica. Algunos me hablan de Andrés Manuel López Obrador, pero llega recién, hace dos años, es un poco el caso excepcional, además es el país excepcional por tener frontera con Estados Unidos y tener obligadamente que aceptar una política de contención y apaciguamiento con el país y con el gobierno más nefasto en la región en este momento, que es el de Trump. Me gustaría ver cómo rearticula su discurso Andrés Manuel teniendo a Joe Biden en el poder. La verdad es que no creo que la Cuarta Transformación ha podido despegar; sin embargo, en parte, en gran medida, le doy el beneficio de la duda a Andrés Manuel de que no lo ha podido hacer más allá de que insiste en que sí debido a la presencia de Donald Trump en el poder y al hecho de que él y su gobierno ha tenido que plegarse a sus voluntades y exigencias. No ha podido ni puede elegir una política verdaderamente soberana bajo esas condiciones. Yo me he quedado en vilo y a la espera de que el hombre y las cosas que él me manifestó en campaña se manifiesten de verdad en algún momento de su mandato. Hasta ahora sólo he visto mañaneras”.

Con la pandemia aún sin ceder, el presente y el futuro de la región no se ven halagüeños. “Objetivamente hablando, lo tendremos todos mucho más difícil de ahora en adelante porque si la región ya tenía altos índices de pobreza, injusticia social, desigualdad, desempleo, inseguridad pública, los más altos índices de homicidio en el mundo, narcotráfico, éxodo, migración, eso se  está agudizando —reflexiona Jon Lee—. En este momento está en el limbo porque estamos todos como suspendidos en el aire, las consecuencias finales de todo esto no las hemos visto todavía ni parciales: yo creo que el año próximo va a ser decisivo en términos de las consecuencias de la pandemia”.

Aunque la crisis sanitaria tiene un punto de ventaja, considera el periodista. “Hasta cierto punto ha puesto el botón de pausa. Eso, aunque por un lado mina economías y para la actividad, sirve de oportunidad para que los ciudadanos perciban con claridad la verdad de sus gobernantes y sus gobiernos. Si uno tiene algo de autoritario y demagogo y quedó escondidito antes, dentro de la pandemia ha sido tan claro como el sol mismo en el comportamiento de los mandatarios, de la forma que actuaron o no en prevención de la pandemia hacia sus ciudadanos, si es que les importó, si tienen empatía humana. Hemos visto cómo Trump, cómo Bolosonaro, se comportaron mal y desdeñaron la pandemia, y son los dos países con más mortalidad que hay en el mundo. Vimos cómo en México Andrés Manuel restó importancia a la pandemia al principio, menos mal al mes, mes y medio, cambió el mensaje de uno de desdén a uno de prevención. Pero yo creo que de todas maneras México ha sentido las consecuencias de ese desdén inicial. Todos los mandatarios, todos los gobiernos, pueden argumentar que no estaban preparados para esto, cierto, pero hay algunos que han sido mucho peores que otros. En ese sentido, la pandemia, y ojalá el electorado, los votantes, la ciudadanía, comprendan bien la lección que nos está dando la pandemia: la diferencia entre la falsedad del discurso y la sinceridad, entre la verdad y lo falso queda de manifiesto. Si todos hemos estado un poco confundido con estos reclamos y acusaciones de fake news y falsedad y todo eso, la pandemia en realidad está separando la ficción de la no ficción. Es cuestión de mirarlo como es”.

Jon Lee Anderson. / Foto: Sexto Piso.

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