El escritor Oscar Wilde. / Retrato de Napoleón Sarony. (Wikimedia Commons)

Oscar Wilde, a 120 años de su muerte

“Antiguamente existía la tortura; hoy existe la prensa, que la sustituye”

Lo condenaron y humillaron por su homosexualidad. Salió de la cárcel envejecido y hundido. Poco después, el 30 de noviembre de 1900, en una habitación del antiguo hotel parisino D’Alsace, fallecía, solo, el escritor Oscar Wilde, a los 46 años de edad, bajo el anonimato que le había conferido el nombre de Sebastian Melmoth (sobrenombre que utilizó con la intención de pasar inadvertido). En este 2020 se cumplen 120 años de aquella fecha, que quedaría marcada en el calendario de efemérides literarias más importantes. Aquí recordamos al autor de obras universales como El retrato de Dorian Gray, o La importancia de llamarse Ernesto


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Fallecido a los 46 años de edad en París el 30 de noviembre de 1900, aún resuenan, en el mundo contemporáneo, las palabras de Oscar Wilde, a quien, curiosidades de la vida, un siglo después de su muerte, en diciembre de 2000, el imperio británico “exoneró” de su homosexualismo convirtiéndolo, ahora sí, en un ilustre literato, como si antes del “perdón público” Wilde hubiese pasado inadvertido en la historia mundial de la escritura.

Pero precisamente de estos ambiguos e hipócritas pormenores está lleno el mundillo intelectual.

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Oscar Wilde —nacido en Dublín, Irlanda, el 16 de octubre de 1854—, al  entablar una entonces inútil demanda contra el marqués de Queensberry (el padre de su notorio amante Alfred Douglas), fue derrotado en el tribunal y recluido dos años en la célebre prisión de Reading. “El 18 de febrero de 1895 Oscar Wilde es el triunfador absoluto —dice José Emilio Pacheco—. Sólo él entre todos los autores tiene al mismo tiempo en el West End de Londres dos obras: The Importance of Being Earnest y An Ideal Husband, que se representan con gran éxito y lo llenan de dinero. Tres meses después, el 25 de mayo, Wilde sufre condena a dos años de trabajos forzados, ve deshacerse a su familia, pierde su casa, se convierte en un paria, lo privan de libros y papel de escribir, lo obligan a pasar el tiempo en labores que se vuelven tormentos: acarrear piedras, dar vueltas interminables a una manivela y sobre todo hacer estopas deshilachando sogas mojadas en alquitrán”.

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La sociedad entera, que hasta ayer lo aplaudió, “ahora se obstina en deshacerlo como hombre y como escritor —dice Pacheco en el prólogo al libro La balada de la cárcel de Reading, que en traducción de Hernán Bravo Varela publica la Editorial Ácrono—. Nadie, ni siquiera en éste su centenario [el libro salió a la luz en México en el año 2000], sabe por qué el gran comediógrafo se obstinó en vivir, en vez de escribir, su propia tragedia y someterse a tres procesos. Bien pudo haberlos evitado si no demanda al marqués de Queensberry ni se mete en la lucha a muerte entre el siniestro marqués y su hijo lord Alfred Douglas. El hecho es que Wilde fue destruido por Inglaterra y por la prisión. Las consecuencias últimas del castigo lo alcanzaron en París el 30 de noviembre de 1900”.

Empero, Wilde todavía pudo escribir dos grandes textos: De profundis y La balada de la cárcel de Reading, firmados ambos con su número de prisión: C.3.3.

Dice José Emilio Pacheco, él poeta de alta representatividad, que La balada de la cárcel de Reading es el mejor poema de Wilde, “escrito en una forma narrativa y popular, equivalente anglosajón del romance español y del corrido mexicano. Como todos sus libros, resulta fácil de leer aunque no se tengan muchos conocimientos del inglés, pero al mismo tiempo presenta inmensas dificultades para su traslado al español”.

Pacheco recuerda que “los dos traductores fundamentales” de Wilde: Ricardo Baeza y Julio Gómez de la Serna, trasladaron La balada… “en excelente prosa castellana. León Mirlas intentó algo semejante al versículo o al hexámetro”, pero Guillermo Valencia, “el poeta modernista de Ritos”, logró, hasta donde José Emilio Pacheco sabía, la única versión que conserva el metro y la rima. “Sin embargo, cada época y cada generación lee de manera diferente los mismos libros. Las traducciones deben renovarse sin tregua. Al hacerlo prolongan la vida de sus originales. Los autores vuelven a nacer gracias a las nuevas versiones”. De ahí que Pacheco diera la bienvenida a la traducción de Hernán Bravo, nacido en la Ciudad de México en 1979.

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Hay pasajes memorables en el largo poema, si bien el más conocido es el del séptimo sexteto:

Aunque el hombre mata lo que ama,
que cada uno de ellos escuche lo siguiente:
algunos lo hacen con mirada amarga,
otros con palabra aduladora.
El cobarde mata con un beso,
¡el valiente lo hace con la espada!

El poema, compuesto de 654 versos octosílábos, es de una sincera crudeza si comprendemos los dolorosos momentos que vivía, en el supuesto deshonor, el poeta derrotado:

Yo no sé si las leyes están  bien
o si están mal.
Todo lo que sabemos los reclusos
es que el  muro es muy fuerte,
y que cada día es como un año,
un año cuyos días son muy largos.

Pero esto sí lo sé: que cada ley
que los hombres han hecho para el hombre,
desde que el primer hombre arrebatara la vida a su hermano
y empezara el triste mundo,
no  hace más que quitar el grano y conservar la paja
con perverso  cedazo.

Esto también lo sé —y sería bueno
que todos lo supieran—:
que cada cárcel que construye el hombre
está hecha con ladrillos de vergüenza,
y sitiada por rejas para que no vea Cristo
cómo el hombre mutila a sus hermanos.

Con rejas emborronan la benévola luna
oscurecen el bondadoso sol,
y hacen bien en esconder su infierno,
¡porque en él se hacen cosas
que el Hijo de Dios ni el hijo de los hombres
deben mirar jamás!

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De la portentosa obra de Oscar Wilde, Carlos Vallejo Carpintero ha extraído 630 aforismos que dan una idea del perfil de este hombre que, en vida, fue severamente “ajusticiado” por sus contemporáneos por el solo hecho de no ser como los demás. La importancia de llamarse Oscar Wilde (Diana, 1998) está dividido en ocho capítulos temáticos, mismos que nos aproximan al pensamiento lúcidamente irreverente del autor de El retrato de Dorian Gray.

Cientos de sentencias dejó Wilde en su corta vida. Vallejo Carpintero sólo hace una breve antología, de la cual extraigo  una cincuentena:

⠀⠀⠀1. Cualquiera puede hacer historia; sólo un gran hombre puede hablar de ella.

⠀⠀⠀2. No he escrito jamás una obra para un actor o una actriz determinados. Esa faena es propia del jornalero literario y no del  artista.

⠀⠀⠀3. Los únicos personajes reales son los que no han existido jamás.

⠀⠀⠀4. Vivo la poesía que no puedo escribir y los otros escriben la poesía que no se atreven a realizar.

⠀⠀⠀5. En los mejores tiempos del arte no existían los críticos de arte.

⠀⠀⠀6. Todo retrato pintado con sentimiento es el retrato del artista, no del modelo, quien es meramente el accidente, la ocasión.

⠀⠀⠀7. El verdadero artista no tiene en cuenta para nada al público, que  no existe para él.

⠀⠀⠀8. El arte no debe intentar ser popular; el público es quien debe intentar hacerse artista.

⠀⠀⠀9. El arte es lo único serio en el mundo y el artista jamás lo es.

⠀⠀⠀10. Lo único que el artista no puede ver es lo obvio y lo único que el público puede ver es lo evidente; el resultado es el juicio  crítico del periodista.

⠀⠀⠀11. Los hijos empiezan por amar a los padres, más tarde los juzgan y rara vez los perdonan.

⠀⠀⠀12. Es algo verdaderamente monstruoso el comportamiento de la gente que se dedica a divulgar, a espaldas del prójimo, cosas que son absoluta y completamente ciertas.

⠀⠀⠀13. Para ingresar en la alta sociedad se debe dar de comer a la gente, divertirla o escandalizarla.

⠀⠀⠀14. Formar parte de la alta sociedad es insoportable, pero estar excluido de ella es sencillamente una tragedia.

⠀⠀⠀15. La opinión pública sólo existe donde no hay ideas.

⠀⠀⠀16. Elijo a mis amigos por su buen aspecto, a mis simples conocidos por su buen carácter y a mis enemigos por su buena inteligencia.

⠀⠀⠀17. Los criminales de nuestros días parecen tan honrados que la gente de bien se ve obligada a parecerse a los criminales para que exista alguna diferencia.

⠀⠀⠀18. Cuando la gente nos habla de los demás, suele ser aburrida; cuando nos habla de sí misma es casi siempre interesante y si se le pudiera hacer callar con la misma facilidad con que cerramos un  libro, sería totalmente perfecta.

⠀⠀⠀19. En toda nación hay una clase social que piensa en el dinero más que los ricos: la de los pobres.

⠀⠀⠀20. Antiguamente existía la tortura; hoy existe la prensa, que la sustituye.

⠀⠀⠀21. La mayoría de la gente es otra gente. Sus pensamientos son las opiniones ajenas, sus vidas una copia y sus pasiones, una  repetición.

⠀⠀⠀22. Frecuentemente la sociedad perdona al delincuente, pero jamás perdona al soñador.

⠀⠀⠀23. No debiéramos tener secretos con las esposas, pues ellas acaban por descubrirlos; tienen un instinto maravilloso para ello. Son capaces de descubrirlo todo, excepto lo que salta a la vista.

⠀⠀⠀24. Las mujeres nos inspiran el deseo de realizar obras maestras y nos impiden siempre llevarlas a cabo.

⠀⠀⠀25. Todas las mujeres acaban por ser como sus madres y en eso consiste su tragedia. No sucede eso con los hombres y en ello consiste la suya.

⠀⠀⠀26. Cuando un hombre ha amado a una mujer hará todo por ella, excepto seguir amándola.

⠀⠀⠀27. La felicidad de un hombre casado depende de las mujeres con quienes no se haya casado.

⠀⠀⠀28. Los amantes son más felices cuando están en la duda.

⠀⠀⠀29. El anciano cree todo, el maduro sospecha de todo, el joven lo sabe todo.

⠀⠀⠀30. Solamente en el cerebro tienen lugar los grandes pecados del mundo.

⠀⠀⠀31. La amistad es más trágica que el amor, porque dura más.

⠀⠀⠀32. Los hombres se casan por cansancio y las mujeres por curiosidad; ambos quedan frustrados.

⠀⠀⠀33. Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer, mientras no la  ame.

⠀⠀⠀34. La tragedia de la vejez no consiste en ser viejo, sino en haber sido joven.

⠀⠀⠀35. En todo placer, la crueldad tiene su lugar.

⠀⠀⠀36. Los instantes más verdaderos parecen siempre un sueño.

⠀⠀⠀37. La grandeza de alguien se mide por el número de enemigos que tenga.

⠀⠀⠀38. Uno debiera ser siempre un poco increíble.

⠀⠀⠀39. Jamás las preguntas son indiscretas; las respuestas lo son algunas veces.

⠀⠀⠀40. Lo interesante no es jamás lo correcto.

⠀⠀⠀41. Un poco de sinceridad es algo peligroso y mucha sinceridad es absolutamente fatal.

⠀⠀⠀42. Para descubrir la verdad hay que inventar infinidad de mentiras.

⠀⠀⠀43. Sólo vale la pena hacer lo que el mundo considera imposible.

⠀⠀⠀44. En el alma del ignorante siempre habrá sitio para una gran idea.

⠀⠀⠀45. No hay más pecado que la estupidez.

⠀⠀⠀46. En los exámenes, el tonto pregunta lo que el inteligente no puede responder.

⠀⠀⠀47. Para la mayoría de nosotros, la vida real es la vida que no llevamos.

⠀⠀⠀48. Simpatizo con los hombres que tienen un porvenir y las mujeres que tienen un pasado.

⠀⠀⠀49. En sociedad no hay más que dos clases de mujeres: las feas y las que se maquillan.

⠀⠀⠀50. La diferencia entre un santo y un pecador es que todo santo tiene un pasado y todo pecador un futuro.

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