Una biografía y una alabanza: Quino, Mafalda y Umberto Eco

Cosas sobre el bien y el mal…

“No tiene importancia lo que yo piense de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí, dicen que dijo un día el gran Julio Cortázar sobre la pequeña niña. Y sí: todos la amaban. Rebelde, feminista y contestataria, Mafalda es, de acuerdo con la descripción de su autor, Quino, “una niña que intenta resolver el dilema de quiénes son los buenos y quiénes los malos en este mundo”. La pequeña nació en los creativos y convulsos años sesenta, y, más de medio siglo después —tras acompañar al menos a tres generaciones—, sigue muy viva. Umberto Eco, el semiólogo, filósofo y gran novelista italiano, escribió el prefacio para la primera edición en Italia de la pequeña niña que apareció bajo el título de Mafalda, la contestataria, publicada en 1969. Transcribimos aquí la breve autobiografía que escribiera Joaquín Salvador Lavado Tejón (alias Quino), y también las palabras que Umberto Eco le dedicó a Mafalda, que, dicho sea de paso, en su insatisfacción vital sigue muy actual: vigorosamente creadora, atrayente, rebelde, impredecible.


Quino: una autobiografía

Un negro se lamentaba
a la orilla del mar:
¡Quién fuera blanco!
(lloraba), aunque fuese
catalán.

Al son de esta nana nace, en 1932, en Mendoza (Argentina) un bebé llamado Joaquín Salvador Lavado Tejón, «Quino», de padres andaluces.

Quino.

Como papá y mamá son españoles, «todos los españoles son personas estupendas».

Pero a los cuatro años (1936) el pequeño Quino descubre que andan por ahí unosespañoles malísimos, que están matando a los españoles buenos.

Alemanes, italianos, curas y monjas son personas malísimas porque están de parte de los españoles malos.

En cambio hay catalanes que han dejado de ser malos y ayudan a los españoles buenos.

1939: ¡Sálvese quien pueda! Han ganado los malos.

Pero el pequeño Quino ya va a las escuela y allí aprende que los que son buenos de verdad son los argentinos.

Para intentar deshacer el embrollo, el pequeño Quino se pone a dibujar, en silencio.

Hablando se arriesga uno a decir cosas equivocadas sobre el bien y el mal.

Hacia finales de 1939 el panorama se complica: los ingleses, que eran malísimos porque habían robado las Malvinas y Gibraltar, ahora son buenos porque defienden al mundo de la agresión alemana, italiana y nipona (1941).

También los norteamericanos son buenos.

En 1945 Quino empieza a estudiar dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza.

En 1954, tras enterarse de que los italianos, los alemanes y los japoneses no son al fin y al cabo tan malos, y que los ingleses, los norteamericanos y los franceses tampoco son tan buenos, se traslada en Buenos Aires, donde empieza a publicar sus viñetas.

En 1960, Quino se casa con Alicia, de origen italiano, y decubre la bondad de ese pueblo estupendo.

Su carrera como dibujante humorístico se afirma con Mundo Quino (1963), su primer libro, y en 1964 nace Mafalda, una niña que intenta resolver el dilema de quiénes son los buenos y quiénes los malos en este mundo.


§§§


Umberto Eco: Mafalda, la contestataria

Mafalda no es solamente un personaje de historieta más; es, sin duda, el personaje de los años setenta. Si para definirla se ha utilizado el adjetivo “contestataria”, no ha sido para alinearla en la moda del anticonformismo a toda cosa: Mafalda es de verdad una heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es.

Para entender a Mafalda es necesario establecer un paralelo con ese otro gran personaje cuya influencia, evidentemente, no le es ajena: Charlie Brown.

Charlie Brown es norteamericano; Mafalda es sudamericana. Charlie Brown pertenece a un país próspero, a una sociedad opulenta en la que trata desesperadamente de integrarse, mendigando solidaridad y felicidad. Mafalda pertenece a un país lleno de contraste sociales que, sin embargo, quiere integrarla y hacerla feliz, pero ella se niega y rechaza todas las ofertas. Charlie Brown vive en un universo infantil propio del que, en sentido estricto, están excluidos los adultos (con la salvedad de que los niños aspiran a convertirse en adultos). Mafalda vive en un continuo diálogo con el mundo adulto, un mundo al cual no estima, no respeta, se opone, ridiculiza y rechaza, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres. Charlie Brown ha leído, evidentemente, a los revisionistas freudianos, y anda en busca de una armonía perdida; Mafalda, con toda probabilidad, habrá leído al Che.

En realidad Mafalda en materia política tiene ideas muy confusas: no logra entender lo que sucede en Vietnam, no sabe por qué existen pobres, desconfía del Estado y está preocupada por la presencia de los chinos. Sólo una cosa sabe claramente: no está conforme.

La rodea una pequeña corte de personajes mucho más “unidimensionales”: Manolito, el chico plenamente integrado a un capitalismo de barrio, absolutamente convencido de que el valor esencial en este mundo es el dinero; Felipe, el soñador tranquilo; Susanita, que se desespera por ser mamá, perdida en sueños pequeño burgueses. Y luego están los padres de Mafalda, que, como si no les bastara lo duro que resulta aceptar la rutina cotidiana (recurriendo al paliativo farmacéutico del “Nervocalm”), se ven agobiados con el tremendo destino de tener que encargarse de la Contestataria.

El universo de Mafalda no es sólo el de una América latina urbana y desarrollada: es también, de modo general y en muchos aspectos, un universo latino, y eso la vuelve más comprensible que muchos otros personajes de las historietas estadounidense; además ella es, en último análisis, un “héroe de nuestro tiempo”, algo que no parece una calificación exagerada para el pequeño personaje de papel y tinta que Quino nos propone.

Ya nadie niega hoy que el cómic (cuando alcanza niveles de calidad) es un testimonio sobre el momento social: y en Mafalda se reflejan las tendencias de una juventud inquieta, que asume el aspecto paradójico de una disidencia infantil, de esquemas psicológicos de reacción a los medios de comunicación de masas, de urticaria moral provocada por la lógica de la Guerra Fría, de un asma intelectual causado por el Hongo atómico.

Ya que nuestros hijos van a convertirse —por mérito nuestro— en otras tantas Mafaldas, sería prudente que la tratemos con el respeto que merece un personaje real.

Textos tomados de la página oficial de Quino.

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