En un lugar de San Lázaro, de cuyos diputados no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que existieron algunos de los de voto sin sustento, partido indeciso, ideología flaca y lengua corredora. Una dieta de algo más oro que talento, algo de Borgoña las más noches, dichas y placeres los sábados, Sirloin los viernes, algún vuelo de añadidura los domingos, consumían las tres partes de Hacienda…

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