Nocturno: azul y oro (1872). / Obra de James McNeill Whistler - Art Institute of Chicago.

Se consagra la palabra del poeta

El Día Mundial de la Poesía, propuesto en 1999 por la UNESCO, se celebra cada 21 de marzo con el propósito de consagrar a la poesía, sin duda una de las expresiones más elevadas de la lengua y la cultura: un territorio universal. Nos sumamos a esta efeméride con esta selección de poemas, los cuales han sido tomados de los libros: En concreto (Xilitla) de Sergio Briceño; Ese cuerpo no soy yo de Verónica González; Acampando en la sala de Óscar Tagle; Más allá de la bruma de Álvaro Mata Guillé; Estación gentuza de Luis Flores; Canciones para adolescentes fumando en el claro del bosque de Manuel Becerra; y La muerte deshabitada de Frida Varinia. Como lo dijo Goethe: el mundo es tan rico y profundo y la vida tan diversa que nunca faltan ocasiones para escribir poemas.


Antes podía nadar
Sergio Briceño González

Antes podía nadar

Subir por estos muros
o cambiar de color

Fundirme a tu coraje

Asumir el tono de tu dicha
o tu esperanza

Cambiar de piel hasta tener tu piel
y que no me sintiera cuando respiro en tu nuca

Antes podía volar

Plantarme en la mita de una cañada
sin moverme

Agitar las aletas para huir del arpón
o percibir la sangre en tus latidos

Antes usaba los caninos para masticar

Hoy solo siento

Hoy solo escribo

Esta es la habitación donde me quemaron viva
Verónica González Arredondo

Esta es la habitación donde me quemaron viva
alguien lanzó ácido a mi rostro
otro
gasolina
un más prendió el cerillo
cerraron la puerta
no pudieron matarme
por las noches me invade el humo
soy este pedazo de carne que camina
lejano olor a incendio

en esta habitación vivimos todos

ocurre mientras camino que escribo
Óscar Tagle

ocurre mientras camino que escribo
ejemplares híbridos de prosa miscelánea
poemas de la brevedad y de largo aliento
en un ejercicio de lentitud
una pequeña práctica con buen tranco

sin preocupación por el rumbo o la distancia
con algo muy cotidiano un asunto subjetivo
escribir sin saber si se va a terminar empapado
en sudor
una muchacha desnuda por dar una calada a las imaginerías
[era de sonrisa fácil y sonrisa vertical difícil]
resolver las calamidades del pensamiento íntimo
en la reescritura

mientras se cocina más que un estado del sueño
una especie de soledad interior en que te la juegas un poco
prosificación y metrificación de las brochetas internas
en las que se aclara que lo último en escribir es
la primera línea

Más allá de la bruma (fragmento)
Álvaro Mata Guillé

Mathías
partió hace algún tiempo, 
como Eunice lo hizo en los adentros del Neva 
y Jorge desvaneciéndose en el fuego del polvo 
en el aire, Carlos, 
se fue en una tarde, 
en una noche, 
en el sótano, en el frío, 
en el aliento. 

Eunice 
se desdibujó en el ahogo, 
en el polvo de Jorge entre los gatos, Mathías 
balanceándose en el columpio, 
arriba de la cornisa; Carlos 
volaba con su paraguas de alas naranja, 
tomaba un té, 
brincaba por los tejados

·

Lo escrito 
quedó en algunos libros, 
en notas dispersas, 
en los nombres que deletreaban las voces

;

el silencio, las brujas, 
el pasillo, 
enclaustrados como fantasmas en los cuartos, 
en el viento, 
en la bruma 

Partiterro
Luis Flores Romero

Atención a todos los envenenados:
repten, amen, lámanse y háganse lengua,
practiquen toda clase de sismos, cataclismos

y milagren hasta abrirse paso entre las
ínsulas extrañas. Entren con urgente
vertical entrega, tráguense con se recíproco, 

trépense en las carnes, luego miren cómo el tiempo
viborea entre sus carnes. Ah, desvergonzados:
surjan y desvirguen al fantasma de la castidad;

castíguense como si le cantaran a los astros la
canción del fondo de la tierra. Ya se rozan,
punzan y se gozan la víbora del tiempo. Son

el son con que se endulzan, son la sola lengua,
la sed con que se endiablan en las oscuridades,
la lengua con que hablan las deidades gratis

de la fornicación. Dialóguense con lengua sola,
y el tiempo que los lama, y ustedes chillen
y acuchillen el calor, y denle un trópico fragante

a sus espacios lúbricos, a sus espasmos fáciles.
No esperen más. Habrán de bifurcarse: son
una sola lengua, una sola lengua de serpiente. 

El cuerpo de mi hija se compone
Manuel Becerra Salazar

El cuerpo de mi hija se compone
de agua y de fiebre. De madrugada
la sonrisa cumple su oscuro oficio.
A la hora del frío y del mercurio
retrocede la mano de la madre
como el mar de la bahía.
Entonces hay que poner paños húmedos.
Sobre sus flecos negros la coronan
la fiebre y el deshielo,
las coyunturas cálidas, la llaga
en el rencor por la vida.
Junto a mí, enfermo y pequeño
su cuerpo le hace de ángel y vuelve del delirio
con flores en las manos. Pienso en esos momento
en la poesía y la alquimia
y mi hija me señala un cerro a lo lejos
colmado de pequeñas aldeas y me dice:
mira, un cementerio de barcos.

Un instante en el silencio
Frida Varinia
para José Emilio Pacheco

Cuando muere un poeta
los demás mueren un poco también

Cuando muere un poeta
en todos renace su palabra
y su transparencia
se hace grande, serena, universal

Somos la carne del verso
su autor la savia infinita
que circula cada vez que se dice
cada vez que se habla
suena —campanas en el desierto—

Se consagra la palabra del poeta
somos ahora un poco autores
por haber sido parte de la Poesía

El poeta nos incorpora al mundo
como sello de agua
sobre el papel de la vida diaria
marca de fuego en el tatuaje
de las permanencias sagradas

Y señala en camino de regreso…

Publicado originalmente en la revista impresa La Digna Metáfora, marzo de 2019.

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