Marzo, 2026
Ya está en cartelera Llamarse Olimpia, filme de la productora convertida en cineasta Indira Cato, ganador de múltiples premios, que documenta el caso de Olimpia Coral, víctima de violencia sexual digital y activista por los derechos de las mujeres. Se puede leer en la sinopsis: “Olimpia Coral Melo nunca buscó convertirse en ícono feminista. La humillación al ver un video íntimo suyo viralizado la llevó a querer abandonar su propio nombre. Durante trece años, luchó por impulsar una ley contra la violencia sexual digital en México. Ahora, mientras la Ley Olimpia se expande con fuerza por toda Latinoamérica, ella deberá reconciliarse con sus heridas y reapropiarse del nombre que la vergüenza le quiso arrebatar”. Estefania Ibañez ha conversado con la directora de cine.
Antes de 2014, en el lienzo de Indira Cato la perspectiva de género no acaparaba el primer plano. Tras animarse a pincelar —en su vocación y en su persona— esta considerada herramienta conceptual, se abrió una gama de tonalidades que ha motivado su creatividad. Con dicho instrumento creativo creó Llamarse Olimpia (México, 2025), su primer filme como directora documentalista.
La filme, que inició proyecciones en las salas de la Cineteca Nacional el pasado seis de marzo, ofrece un pedacito del colorido paisaje que es la vida de la activista Olimpia Coral Melo, de 35 años, originaria de Huauchinango, Puebla, quien es superviviente de violencia sexual digital y fundadora de la organización Defensoras Digitales.
El documental de 75 minutos traslada a los espectadores a diferentes escenarios. Dos de los principales son la reconciliación de la militante con su nombre y su travesía emocional de 13 años —colmada de embates personales y políticos—, en la que impulsó la aprobación de la Ley Olimpia, que es un “conjunto de reformas a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida Libre de Violencia y al Código Penal Federal”.
El recorrido visual incluye imágenes donde la urbanización y la naturaleza hacen buena mancuerna; convida cómo es la vida de Olimpia en la Ciudad de México y, con cierto tono poético, muestra los rincones entre árboles donde la activista solía pasar sus años de infancia y juventud.
De manera transparente, invita a ver diferentes estados emocionales que vive la figura principal: se la ve emocionada, sonriente y solidaria con otras mujeres, sólo que también se la ve en momentos donde el cansancio y el enojo la abrazaron.
En charla, Indira confiesa por qué ahora le gusta colaborar con más mujeres y comparte detalles de su proceso emocional al dirigir esta pieza que se estrenó el 11 de junio de 2025 en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), donde fue galardonada con el Premio Mezcal a Mejor Película.

El camino del dolor al orgullo
Hace 17 años, Olimpia sufrió violencia física y psicológica en pareja. Las acciones escalaron al grado que la persona con quien compartió su romance propagó por internet un video íntimo con contenido sexual de ambos, pero en el que sólo se mostró el rostro de ella.
La filmación inmediatamente se viralizó, lo que desató una sarta de burlas, ofensas y estigmatización hacia la también defensora de derechos: sufrió depresión y pensamientos suicidas; además de una brutal vergüenza por tener ese nombre del que sólo quería despojarse.
Al conocer este episodio y familiarizarse con él, la directora Indira reunió a un equipo, principalmente femenino, para contar la historia y aportar un granito de arena en la reconciliación de Olimpia con su nombre.
Para la cineasta fue fundamental narrar dos perspectivas —Olimpia personal y Olimpia luchadora—, pues considera un dato feroz que el trabajo de la activista y su vida personal lleven la misma denominación.
—Claro que la primera reacción es querer cambiarse el nombre —nos dice Indira— para querer deshacerse de esa identidad que le está haciendo daño socialmente . Y que no sólo sea: ‘bueno, ya sané eso y ya puedo hacer las paces con tener mi nombre’. Sino que, además, su nombre se vuelva ahora este orgullo, este motivo, esta bandera de lucha que va a defender a muchas otras.
“Me parecía que era pasar por todo lo imaginable, lo más doloroso y ahora lo más enorgullecedor. Para mí, resumía o compactaba el proceso político y personal que ha tenido Olimpia en esto, y cómo los dos están absolutamente entretejidos”.
La ética, el respeto y la empatía, entre otros valores, se convirtieron en el estandarte del equipo. Indira no pretendía incomodar a ninguna de las personas que aparecen en la cinta, como también se puede ver a la madre de Olimpia, a la rapera y compositora Prania Esponda y a la activista Marcela Hernández Oropa, quienes dieron consentimiento de su aparición.
—Hacer documentales es un acto, en sí mismo, intrínsecamente invasivo porque te estás metiendo en la vida de alguien, en su casa y en sus cosas, y le estás poniendo una cámara encima —explica la directora—. Hay que entender que es delicado y que no todo el mundo estaría tan dispuesto a navegar ese viaje.
Pese a que la realización de este proyecto audiovisual fue cobijado por la honestidad, el grupo de colaboradoras entró en consciencia con relación a que cualquiera podía cometer un “error inocente” al contar la historia.
—Justamente hablamos de violencia desde la imagen y desde la representación de los cuerpos. Además de muchísimo trabajo detrás de una fotógrafa que se cuestiona cómo registrar los cuerpos; de una investigadora que también está todo el tiempo cuestionando nuestros propios discursos, porque, claro que tenemos buenas intenciones, pero también estamos aprendiendo —resume la directora.

Otra perspectiva
Si bien es un documental que retrata la dolorosa contienda de Olimpia —seleccionada en 2022 “como una de las 100 personas más influyentes del mundo en la lista de la revista Time”—, por no revictimizar a quienes padecen agresión digital y por exigir justicia, para la directora fue indispensable no visibilizar contenido específico relacionado a esa violencia.
—Hay cosas muy pasadas por la teoría, pero también creo que hay cosas muy desde la tripa y desde la intuición que nos era orgánico plantear. Una cosa que nos parecía una obviedad era que no íbamos a reproducir las violencias contra las que estábamos luchando. A lo largo del proceso hubo comentarios (¡nunca internos, siempre externos!) de ‘oye, por qué no muestras imágenes porno aunque no se distingan bien’.
“Hay muchísimas cosas que reflejan que somos un equipo de mujeres conscientes o inmersas en temas de género, pero, bueno, ésa es una de ellas, lo no gráfico del documental. Es una película que quiere abordar desde el cuidado, desde la empatía”.
Una de las características de la cinta es que no señala a víctimas o victimarios, lo que hace es dar pie a repensar que cualquier ser humano puede ser cómplice de este tipo de ataques, incluso si no comparten fotos o videos íntimos sin consentimiento.
—Para mí el antagonista de esta película es la sociedad en la que vivimos. No es un tipo con cara horrible de macabro, sino que es mucho más complejo —comenta la cineasta—. A todo el mundo nos toca cuestionarnos cómo habitamos las redes, porque es algo nuevo y estamos en adaptación. Igual que haciendo la película, puede haber buenas intenciones y no necesariamente buenos resultados.
La directora comenta que el documental significa un espacio más para brindar voz a las personas afectadas por violencia digital —que a nivel mundial afecta a 40 % de las mujeres, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas—; pero no desea exhibir agresores: “No les vamos a dar voz ni siquiera para que los odiemos”, puntualiza Indira.

Red de apoyo
Llamarse Olimpia aborda temáticas diversas: violencia sexual digital, daños psicológicos, revictimización, la urgencia de medir el uso de las redes sociales y el internet, entre otros. Para poder sobrellevar el impacto emocional, Indira se tomó fuerte de la mano de todas las mujeres con las que colaboró.
Al respecto dice que su red de apoyo fue “¡la equipa 100 %! Fue muy curioso pues empezamos haciendo un equipo de puras mujeres, por una cosa mucho más práctica: si vamos a ir a marchas feministas, si vamos a estar metidas con este movimiento todo el tiempo, pues es importante que podamos realmente fundirnos y estar dentro”, explica.
Conforme avanzó la grabación del documental, Indira reconoce que inesperadamente notó que surgieron otras vertientes, como darse cuenta que a las mujeres en el cine no las recomiendan tanto como quisieran.
Explica:
—No es que no haya, una vez que te pones a investigar hay un montón, pero no es la recomendación inmediata. Y como no es la recomendación inmediata, no las contratan. Y como no las contratan, después no hacen curriculum. Se vuelve este círculo vicioso eterno donde puedes tener toda la experiencia del mundo, pero no tienes suficientes largometrajes o puestos de cabeza de área. Entonces se volvió otro tipo de lucha.
La cineasta señala que la participación de muchas mujeres en el proyecto audiovisual simbolizó su primera vez como responsables de áreas, acción que las motivó en su desempeño y aportación de ideas.
—Además de que nos interesaba contar el tema y trabajar juntas con un equipo amoroso, comprensivo y con muchas características que no suelen tener los equipos de cine, sentimos que estamos avanzando juntas.
“De hecho, esto me llevó a notar algo: que no necesariamente en todos los proyectos es el mismo significado… por ejemplo, el ganar un premio”.
Hasta antes de Llamarse Olimpia, Indira formó su experiencia como productora: lo es de Hijas del maíz (2023) o Mickey (2026); sin embargo, al realizar este reto cinematográfico otras fueron las emociones y sentimientos. Entre ellos, claro, estuvo el miedo, pero nunca dejó de sentir el respaldado y las muestras de cariño.
—Tenemos el síndrome de la impostora metidísimo —confiesa—. Así que fue un alivio estar rodeada de chicas todas súper amorosas, súper comprensivas, pacientes, entendiendo que no tenemos que ser perfectas para tener valor y que podemos ser más amables con nuestros procesos.
“Fue precioso, la verdad; no cambiaría por nada del mundo la experiencia que tuve con estas chicas. Me siento muy afortunada de haber estado acompañada por un equipo tan bonito”.
El discurso del documental, y de la cineasta en sí, prioriza la voz femenina, sin embargo, no pretende minimizar la masculina, sólo invita a no bajar la guardia en cuanto a renunciar al machismo y a otras violencias que no distinguen de género.
—Ahora sí preferiría hacer películas sobre mujeres con mujeres al frente de la dirección, que era algo que hace unos años no me importaba —se sincera Indira Cato.
Y finaliza:
—Todo eso se va reajustando conforme avanzas. También hay que entender que Llévate mis amores (2014) [donde fungió como productora] empezó cuando tenía 19 años. Claro que eres otra persona, los tiempos cambian, tú cambias, vas aprendiendo, desaprendiendo y buscando. Vas prueba y error, ajustando y reencontrando tu camino. ![]()
Nota bene (1): Llamarse Olimpia está registrada por The Hollywood Reporter como una de “las 10 mejores películas en español de 2025 (hasta la fecha)”; además, obtuvo el Premio Ojo a Mejor Documental Mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2025 y fue anunciada en la Selección Oficial de Ópera Prima en DocsMX / Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México 2025. Además, obtuvo el Primer Premio del ciclo ‘Afirmando los Derechos de las Mujeres’ en el Festival de Málaga de este 2026.
Nota bene (2): La Ley Olimpia fue aprobada en el 2018 por el Congreso de Puebla y a partir de 2021 funge como ley federal: actualmente todos los estados la pueden aplicar. En los recientes años la ley se ha validado en Argentina, Ecuador, Panamá y Estados Unidos; mientras que su implementación se impulsa en Uruguay, República Dominicana, Bolivia, Colombia, Guatemala y Honduras.
Fuentes:
https://www.gob.mx/profeco/articulos/la-ley-olimpia-y-el-combate-a-la-violencia-digital



