Abril, 2026
“Sin periodismo, los sucesos del mundo contemporáneo serían casi incomprensibles”, escribió Omar Raúl Martínez. Periodista en primer lugar, aunque también académico e investigador, quiso el destino que falleciera justo el Día Mundial de la Libertad de Prensa, el 3 de mayo de 2016. Hoy lo recordamos al cumplirse una década de su partida. Y es que, en esta especie de libertinaje que vive el periodismo mexicano de la actualidad, su reflexiones en torno a la ética del oficio y la autorregulación mediática son más necesarias que nunca. Nacido en 1965, Omar Raúl Martínez dedicó gran parte de su (corta) vida al estudio de los medios de comunicación y a reflexionar, analizar y cuestionar el ejercicio del periodismo. Y, sobre todo, a repensar el sentido mismo del oficio: “La dinámica del periodismo pocas veces permite a sus hacedores reflexionar con detenimiento sobre los porqués y los caminos de su propio quehacer”, escribió. Fue autor y coautor de numerosas obras, entre las que destacan Semillas de periodismo, Manuel Buendía en la trinchera periodística, Apuntes para una historia de la televisión mexicana o Análisis y testimonios de la Libertad de Expresión en México. Uno de sus textos más conocidos es Códigos de ética periodística en México, en el que se examinan los avances y retos de la autorregulación mediática. Hoy recordamos al periodista, pero también al pensador del periodismo.
Omar Raúl Martínez / Víctor Roura / Maricarmen Fernández Chapou
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Hace una década, el 3 de mayo de 2016 (justo el Día Mundial de la Libertad de Prensa proclamado por la ONU 23 años atrás, en 1993, para recordar siempre la Declaración de Windhoek sobre la libertad de prensa emitida en 1991 por periodistas africanos), falleció Omar Raúl Martínez, con medio siglo de vida (nacido en 1965), entonces presidente de la Fundación Manuel Buendía. Para recordar al periodistas transcribimos las “Palabras introductorias” del propio Omar Raúl Martínez a su libro Esencia del periodismo (Fundación Manuel Buendía, 1999); luego, los aforismos periodísticos de Víctor Roura que Omar Raúl Martínez incluyera en su libro antes citado; y en cuarta vía recuperamos el artículo que la académica y periodista cultural Maricarmen Fernández Chapou publicara en el periódico cultural La Digna Metáfora número 35, de mayo de 2016.
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Palabras introductorias
Omar Raúl Martínez
Sin periodismo, los sucesos del mundo contemporáneo serían casi incomprensibles. Sus mayores afanes son el registro, la develación, el esclarecimiento, la denuncia, el entendimiento, la crítica y el debate de los acontecimientos públicos y de interés social.
Nacido y desarrollado a partir del fértil auge de los medios de comunicación, el periodismo puede concebirse como una expresión de la opinión pública. Con el advenimiento de la prensa, fuéronse compartiendo informaciones, penurias, juicios, satisfacciones, anuncios, y poco a poco ideas políticas. De esa suerte, comenzó a tomar tenuemente la forma de un vehículo y proyector no sólo de lo que hacía y le ocurría tanto a la gente como a los poderes político y económico, sino además de lo que pensaban en torno a determinados temas.
En esos linderos se fue perfilando el concepto de “opinión pública”, el cual nacería como tal hasta la Revolución Francesa y que engarzó y amplió su connotación desde los foros impresos.
Así pues, en perspectiva, la semilla del periodismo condensa el trinomio medios-opinión pública-democracia, con lo que se erige como un ejercicio público eminentemente político y de proyección histórica.
Los medios masivos de comunicación desenvuelven ya una tarea protagónica, pues a la vez significan espejos y catalizadores de los cambios sociopolíticos, huéspedes acompañantes e intrusos en la vida cotidiana, e intermediarios entre la sociedad civil y los distintos poderes. Entre sus funciones medulares, entretienen sobremanera con tintes de frivolidad y recurrente carga banalizadora, intentan instruir sin éxito y recurriendo a lenguajes y formatos inapropiados, y desarrollan una actividad informativa y de análisis coyuntural paulatinamente menos restrictiva y de mayores vuelos críticos, aunque a veces cayendo en el aberrante infoespectáculo que todo lo deforma por razones comerciales. Esta última función —la periodística— se asocia y gana cauces gracias justamente al despertar de una opinión publica cada vez más inquisitiva y participativa, menos crédula y con mayor visión de exigencia democrática.

El periodismo, en ese contexto, representa una arista de la comunicación mediática que si bien pretende abrir brechas hacia destinos idealmente virtuosos en el ámbito social, ha olvidado o soslayado la posibilidad de reivindicar, analizar, cuestionar, indagar y profundizar las razones, objetivos, intersticios, rutas y prospectivas de su propia naturaleza. Y es que la dinámica del periodismo pocas veces permite a sus hacedores reflexionar con detenimiento sobre los porqués y los caminos de su propio quehacer.
Sistemáticamente se cuestionan actuares, pareceres y pensares de ciertos personajes de la vida pública; se critican con dureza determinadas decisiones gubernamentales; se exige claridad de miras y planteamientos concretos y plausibles de ciertos grupos de la sociedad civil. Muy bien: esas constituyen algunas de las tareas del periodismo. Sin embargo, pocos periodistas asumen la misma pasión inquisitiva, cuestionadora, crítica hacia su propio quehacer: la autocomplacencia, la desidia y quizás un dejo de invulnerabilidad acaban por imponérseles.
Frente a ello, frente a las constantes desviaciones éticas y profesionales en que incurren algunos espacios periodísticos, y frente al desafío de contribuir al ensanchamiento de la democracia, hoy día resulta imprescindible incursionar en un ejercicio filosófico sobre la savia del periodismo cuyo propósito sea advertir fronteras existenciales, sociopolíticas y vocacionales; esbozar tumoraciones, vicios o deformaciones a fin de evitarlas o subsanarlas; y encaminar propuestas para el pulimento profesional. Todo ello a partir de preguntas elementales que pudiesen parecer obvias, pero en cuyo fondo subyace la necesidad de articular una filosofía que resulta ineludible reflexionar, debatir, esclarecer, vivir…
¿Qué es y para qué sirve o debiera servir el periodismo? ¿Cómo y quiénes lo ejercen? ¿Qué significa ser periodista? ¿Bajo qué parámetros ha de concebirse un auténtico informador? ¿En qué condiciones se desarrolla el ejercicio periodístico? ¿De qué manera se emplean o han de aprovecharse los géneros informativos? ¿Cómo encauzar el mejoramiento de la escritura reporteril y opinativa?
¿Qué implica la tarea de informar y comentar o desentrañar los sucesos de la vida pública? ¿Qué vicios, virtudes, avances o retrocesos se advierten en la práctica del periodismo? ¿Cómo y para qué ejercer un periodismo apegado a principios éticos? ¿Qué supone el ejercer la libertad de expresión? ¿Cuáles son las implicaciones que se dan entre el trabajo informativo de los medios masivos y los márgenes de la política?
Para responder tales y muchas otras preguntas enraizadas en tierras de la filosofía sencilla y accesible del propio oficio, nos dimos a la tarea de rescatar ideas, reflexiones y frases aforísticas procedentes de diversas fuentes, como libros, revistas y periódicos principalmente. Todo este mosaico de voces engloba de una u otra forma la esencia misma del periodismo en sus facetas diversas, y bajo la mirada de docenas de autores, la mayoría de ellos periodistas, pero sin desdeñar la visión de literatos, políticos, intelectuales y académicos, entre clásicos y contemporáneos.
Leamos, pues, pequeñas dosis que extraen esencias diversas que oscilan entre la idea germinada de la experiencia y la noción estimulada por un adentramiento filosófico del oficio, o entre los vislumbres de la crítica abierta y ejemplificante y las percepciones propositivas, o entre la reflexión académica y la óptica que trasciende el mero empirismo…
El presente volumen significa, entonces, una crestomatía diversa de visiones y concepciones que sustancian el ver, el ser y el hacer del periodismo a la luz del tiempo social.
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Esencia del Periodismo
Víctor Roura
El género del nuevo periodismo en México cada quien lo entiende a su manera y sólo es practicado con mayor libertad por el escritor cuando tiene algo que decir y de manera restringida por el periodista cuando: 1) recibe la oportunidad de escribir algo fuera de los lineamientos de la rutina, o 2) cuando fuera de cubrir órdenes de trabajo diarias, se da tiempo aún para escribir algo que personalmente le es afín, pero que no entra dentro del área de interés de los jefes de mayor jerarquía (es decir, lo escribe pero nadie le asegura su publicación).
En el periodismo cultural, la espontaneidad y la frescura cuentan mucho: importan más que la creatividad y el conocimiento.
Las alabanzas mutuas no son periodismo sino amiguismo.
El periodismo cultural abarca todos los rincones del humanismo. La prensa cultural no nada más es la difusión del arte. Sino, bien hecha, que es decir inmejorablemente escrita, es también una visita al alma, la crónica de los sentidos, un hurgar en las profundidades del pensamiento. La prensa cultural, a diferencia de los otros géneros, no tiene fronteras que la aprisionen.
En el periodismo lo importante es contar lo que la gente no vio: hacer patente lo invisible.
El periodista siempre tiene que dudar.
El periodista tiene que escribir lo que observa, no lo que le dicen.
En la prensa cultural, la entrevista se ha convertido en la hora feliz de las complacencias.
En la radio no se mira a quien habla.
En la televisión no se oye a quien se mira.

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El rezago de la reflexión periodística
Maricarmen Fernández Chapou
Pocas veces los periodistas se han detenido a repensar el sentido de su propio oficio. La reflexión, el análisis y el cuestionamiento sobre el periodismo ha quedado rezagado como una actividad de pocos. Uno de esos pocos fue sin duda Omar Raúl Martínez (Ciudad de México, 1965-2016) quien, desde su trinchera, nunca cesó de luchar por un ejercicio ético, comprometido y libre de la profesión. Estudioso del periodismo, académico, director de la Fundación Manuel Buendía y de la Revista Mexicana de Comunicación, se dedicó durante su vida a pensar el oficio y a promover espacios para ello en las páginas que escribía y editaba, así como en las aulas donde enseñaba. Reunió, así, una gran pluralidad de voces, algunas de ellas encontradas y polémicas pero que, decía, “contemplan aristas del oficio que los propios periodistas no queremos ver”.
Pero él siempre quiso ver, a la luz de sus referencias como Manuel Buendía, “el periodista honesto hasta la obsesión”, quien fuera para Omar Raúl “una huella significativa, estimulante y digna de seguir”. Sobre él escribió: “Su concepto de ética periodística lo aplicó rigurosamente en su oficio cotidiano, y rechazaba, implacable, el mínimo indicio de verse comprometido con los tentáculos del poder político y económico. Buendía fue uno de los pocos periodistas que se han comprometido con la libertad de expresión”.
Producto de una inquietud existencial, vocacional, profesional, social y política, Omar Raúl dedicó sus esfuerzos a responder preguntas: ¿qué es el periodismo?, ¿quién es el periodista?, ¿para qué sirve el quehacer informativo?, ¿tiene sentido hacerlo? Y teorizó sobre los binomios democracia y medios, ética y responsabilidad, o utopía y esperanza, en tiempos adversos para la libertad de expresión.
Así, desde su compilación, con obsesión de coleccionista, de pensamientos, ideas y aforismos, Esencia del periodismo, o su homenaje a Manuel Buendía desde la trinchera periodística, hasta Repensar el periodismo / Aristas del reportaje y otras reflexiones, su obra traza caminos de acceso al sentido de esta disciplina.
Como un homenaje al pensador del periodismo, a continuación se recogen algunas de sus enseñanzas aprendidas en sus cátedras, libros y conversaciones, en su propio estilo: como una compilación en orden alfabético de algunas ideas y conclusiones sobre puntos cardinales de la profesión.
⠀⠀• Autocrítica: “La responsabilidad de los medios es ahora convocar a la reflexión, a la contextualización y al análisis. Y eso nos toca en principio a los periodistas. No nos hemos dado la oportunidad de reflexionar con mayor consistencia, hay un dejo de autosuficiencia y hasta de impunidad que nos hace omitir la autocrítica. Hay que ser más sensatos y por eso una parte importante de la reflexión es la de los propios periodistas, y luego poco a poco de los diferentes sectores de la sociedad”.
⠀⠀• Corresponsabilidad: “Debe haber un ejercicio de corresponsabilidad. Hay que ser autocríticos incluso desde el punto de vista empresarial; es recurrente la autocensura, la impunidad e indiferencia con tal de no comprometerse o no perder ciertos cotos de poder. Hay una excesiva falta de seriedad. Si se diera una apertura seríamos más responsables en el ejercicio del periodismo. Y es que enjuiciar lo que estamos haciendo debería ser lo más natural”.
⠀⠀• Democracia: “La democracia funda, jurídica y políticamente, las condiciones para el ejercicio del periodismo. Pero éste, a su vez, puede convertirse en instrumento dinamizador de las pautas democráticas. Es decir, si la democracia tiende a encauzar las condiciones para el ejercicio del periodismo, sólo de éste depende el que quiera y pueda convertirse en un auténtico instrumento dinamizador de las pautas democráticas”.
⠀⠀• Ética: “En mi opinión, la ética periodística es el conjunto de valores o principios de actuación deseables que hace suyos un informador para encarar los objetivos que a su entender debiera cumplir el periodismo que él valora y respalda.
“Hablar de ética supone referir móviles internos llamados valores que a su vez se manifiestan en ciertas pautas de comportamiento, o en determinadas creencias, actitudes, decisiones o preferencias personales. Pero, ojo, la ética periodística no es lo mismo que un catálogo de deberes en la cobertura mediática; constituye más bien una natural disposición a querer actuar en determinado sentido, un motor unipersonal, una búsqueda constante por ser mejor… Porque la raíz medular de la ética —recuerda Savater— no se vincula precisamente al deber ser o al deber hacer, sino al qué, por qué y para qué se quiere o se pretende hacer periodismo. O sea, subyacen arraigados motivos o valores que mueven a la acción”.
⠀⠀• Investigación: “Hay muy poca investigación y estudio del periodismo en México. Lo que se analiza más son los fenómenos político-sociales, el quehacer de los medios, y nos metemos a veces en palabrería inconceptuosa e inalcanzable que poco tiene que ver con la realidad inmediata. En cuanto a la ética periodística o el manejo del lenguaje, por ejemplo, la bibliografía es mínima y casi toda es extranjera; hasta hace unos años se empezó a incursionar con mayor detenimiento, en tanto que en países como Estados Unidos o Inglaterra comenzaron a hacerlo desde principios de siglo [XX]. Asimismo, no existen más de cinco o seis manuales sobre periodismo que son copias o adaptaciones para México de lo que se escribe en otras partes. Dentro de la investigación rigurosa lo que más hay son estudios historiográficos, pero propiamente de la realidad periodística de los últimos años no hay nada. Hay– un gran soslayo por analizar, cuestionar e historiar la propia prensa”.
⠀⠀• Utopía: “La utopía es un mapa de ruta cuyo destino —conocido y siempre distante— hace estimulante el viaje. Ciertamente utopía y esperanza van de la mano. Sin utopía no habría posibilidad de imaginar caminos para mejorar. Sin utopía nadie se rebelaría frente a las circunstancias ominosas o asfixiantes. Sin utopía sería imposible creer y crear esperanza, que a la postre son el alimento de los inconformes. La utopía es el motor de la transformación y por ende acicate para el periodismo. Pero la esperanza ni la utopía esperan: visualizan posibilidades y por tanto no admiten amodorramientos ni estrecheces”.
Omar Raúl Martínez ha dejado, con su lamentable partida, el legado de ese mapa de ruta para los periodistas que le siguen en el camino. ![]()



