Intermedio

Las canciones son una muestra significativa tanto de nuestra fragilidad como de nuestra vulnerabilidad: Ismael Serrano

Se presenta el viernes 4 de noviembre en el Teatro de la Ciudad.

Octubre, 2022

Apúntelo en la agenda: el cantautor madrileño Ismael Serrano se presenta en concierto el viernes 4 de noviembre, a las 20:30 horas, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris (Donceles 36 en la Ciudad de México). En esta entrevista con el periodista Mario Bravo, el también autor del poemario Ahora que la vida (2015) aborda temas medulares en su quehacer artístico. Entre otras cosas, dice aquí: “Ahora que vivimos en el escapismo permanente y que la música fundamentalmente propone desconectar de la realidad, el cantautor plantea hacer una inmersión en dicha realidad. A veces simplemente el compromiso del cantautor consiste en saber a qué le canta: cuando le cantamos al amor, ¿desde qué lugar lo hacemos?”. Con Ismael Serrano es la siguiente conversación.

Un videoclip a finales del siglo XX

Corría el año de 1999 o 2000, no lo preciso bien; lo que sí recuerdo, con nitidez, es al adolescente de 15 años de edad recostado en la cama de sus padres, sin deberes ni futuro, cambiando de canal a través del control remoto como si buscara que el mar o una mirada cómplice brotaran por la vieja pantalla del televisor. Repentinamente algo despertó su interés en la programación del Canal 28, hoy ya desaparecido: allí, un videoclip musical presentaba a un muchacho cantando por las calles de un barrio popular, sujetando una guitarra entre sus manos y caminando al encuentro con rostros de gente trabajadora.

Al adolescente de días grises que se detuvo a escuchar aquella canción, momentáneamente una frase le arrebató de su ensimismamiento: “Y la vida me parece una fiesta a la que nadie se molesta por invitarme”. Eso sucedió antes del auge de Internet y del predominio de YouTube o Spotify; se entiende, entonces, que a finales del siglo XX si en televisión encontrabas algún video musical que te llamase la atención, lo más aconsejable era confiar en el azar y esperar varias horas para, con mucha fortuna, volver a mirarlo.

Es curioso cómo trabaja la memoria. No evocamos con nuestros ojos, sino que siempre —al menos eso me sucede a mí— vemos la escena del pasado desde la mirada de una tercera persona… siendo un testigo que observa todo con la eficacia de quien sabe ya el final del cuento. El caso es que rememoro a ese adolescente y al mundo en donde todavía la muerte no se había llevado a los abuelos ni a mi madre, una vida antes del viaje a Chiapas donde Marcos me firmó aquella biografía de Guevara, esa vida antes de las aulas universitarias y, también, anterior al Café Bar-Británico en San Telmo. Un tiempo —hoy vetusto— que no presagiaba ninguna pista de cómo los recuerdos de mi padre volarían como papeles al viento. Días y noches anteriores incluso a las mudanzas, a la caída del cabello, anteriores a Cheever, Pessoa, Forn y Spinetta, así como a La eternidad y un día y Cinema Paradiso.

Antes del amor en los ojos de un perro.

Esa vida —¿otra vida?— antes del suicidio de Vanessa, de la lealtad a prueba de bombas y la amistad de Víctor. Antes del periodismo. Una vida previa a descifrar que el amor también es compartir, todas las noches, una cobija en el invierno. Y, cómo pasar por alto, que todo ello ocurrió previamente al virus que nos hizo aprender a descifrar miradas.

Ese adolescente no lo supo —no había manera de saberlo—, pero aquel mediodía él inició un diálogo mientras se diluían los meses restantes de aquel siglo XX problemático y febril.

Ha llovido mucho desde entonces. Casi veinte años después, el adolescente convertido en hombre ha charlado con aquel cantautor quien, recargado en un muro y con guitarra en mano en aquel viejo videoclip, pregonaba a los transeúntes que se hallaba vencido por viejos fantasmas y nuevas rutinas.

“Revelas tus puntos débiles a través del ejercicio de composición”

Al inicio de esta conversación sostenida con Ismael Serrano (Madrid, 1974), la cual se llevó a cabo a través de una videollamada, externé al artista mi interés por charlar sobre cuatro grandes postales o imágenes recurrentes que hallo en su quehacer musical: su persistencia en reflexionar sobre la importancia de la memoria, el paso inexorable del tiempo, su visión acerca de la realidad actual de América Latina en el plano social y político, así como la insistente tensión mostrada en sus canciones en torno a la frágil y aparentemente fugaz condición de felicidad en la vida humana.

Así, al comienzo de un diálogo que se extendió por tres cuartos de hora, formulé mi primera pregunta al autor de discos como La traición de Wendy (2002), Naves ardiendo más allá de Orión (2005), Sueños de un hombre despierto (2007) y Acuérdate de vivir (2010).

—A través de la música, ¿qué es eso que Ismael Serrano busca que no sea olvidado?, ¿qué inquietud guarda usted con el acto de recordar?

—Tiene que ver con varias cosas: mi educación, por ejemplo, pues he sido educado en un entorno donde la cultura de la memoria está muy presente… la memoria histórica… la memoria colectiva, familiar e individual. Allí hay un cierto compromiso político y un orgullo de clase. Mis padres vienen de familias humildes… somos muy conscientes de que le debemos mucho a la construcción del Estado de Bienestar. La identidad tiene que ver con la memoria: somos en tanto que recordamos y somos en tanto que somos recordados.

“No sólo es vanidad al apelar que otros te recuerden, sino que también guarda relación con la fugacidad del tiempo. La memoria es lo que te permite restaurar la identidad en momentos de fragilidad.

“Las canciones también son una muestra muy significativa tanto de nuestra fragilidad como de nuestra vulnerabilidad. La música es tan terapéutica que, al final, acabas proyectando en ella todas tus debilidades. Uno es algo más que todo eso; pero revelas tus puntos débiles a través del ejercicio de composición. La memoria forma parte de mi cultura: eres consciente de que perteneces al bando de los vencidos. Quizás el vencido tenga mejor memoria que el ganador, pues éste tiende a imponer el olvido”.

—Usted nació a mediados de la década de los setenta en una España que estaba a punto de despertar de esa pesadilla que fue el franquismo, el cual (como toda dictadura) obligó a olvidar. Alguna vez entrevisté a su padre, el poeta y periodista Rodolfo Serrano. Él me platicó que el abuelo paterno de usted fue un republicano a quien le tocó perder en la Guerra Civil Española. Aunque, sinceramente, no creo que realmente haya un ganador en una guerra…

—Sí, como bien dices, no hubo ganadores claros en la guerra; pero muchos de quienes combatieron en el bando nacional no dejaron de ser perdedores. Por ejemplo, mi abuelo materno: él volvió a su pueblo creyendo que se comería el mundo, sin embargo siguió siendo tan pobre como era antes y viviendo al margen. Por parte de mi padre, mi abuelo fue peón de albañil y republicano; por otro lado, en mi familia materna fueron trabajadores del campo. Mi madre nació a la luz de un candil en una casa de aperos, sin asistencia médica mientras afuera diluviaba y los ríos se convertían en un torrente que no permitía pasar los carros de bueyes para llegar hasta el médico. Acabó naciendo casi en un pesebre.

“Yo me crié en Vallecas, un barrio de trabajadores al sur de Madrid. Allí fueron a parar muchos inmigrantes venidos de toda España en tiempos en los cuales las calles eran de tierra y de retrete compartido. No llegué a conocer eso, pero sí un barrio con un entorno vecinal familiar, pues la convivencia se sostenía por los vínculos de solidaridad entre vecinos. Todos estábamos comprometidos en la vida del otro. Vivir en Vallecas imprime conciencia de clase y conciencia política. En la convivencia vecinal se tejen redes de solidaridad: ¡eso determinó mi mirada y mi forma de hacer canciones!”

Ismael Serrano en una imagen promocional.

“La nostalgia tiene un componente reaccionario”

—Usted en sus letras, invariablemente, menciona mucho el tema del pasado no como una nostalgia sino como un mapa o una ruta para encarar el futuro. Elías Canetti decía: “Narrar y narrar hasta que nadie muera”. Yo le pregunto si es posible que una canción o la música misma sean capaces de que nuestros muertos permanezcan presentes de alguna manera. ¿La música y el arte permiten que no olvidemos a aquellos que incluso perdieron una guerra?

—Gran parte de la tradición de la canción de autor consiste en eso, por algo se le decía canción testimonial. Ahora que vivimos en el escapismo permanente y que la música fundamentalmente propone desconectar de la realidad, el cantautor plantea hacer una inmersión en dicha realidad. A veces simplemente el compromiso del cantautor consiste en saber a qué le canta: cuando le cantamos al amor, ¿desde qué lugar lo hacemos?

“Es verdad que soy un tipo obsesionado con la memoria y, a veces, me da miedo porque la nostalgia tiene un componente reaccionario, pues nos hace pensar que todo pasado fue mejor. La memoria es, como bien has dicho, un mapa que nos permite situarnos de cara al futuro. No quiero anclarme en el pasado, pero es necesario en estos tiempos en que parecemos condenados a repetir los mismos errores. Ahora que la ultraderecha en Europa supone una amenaza palpable y muy preocupante, es obligado entender lo que esa ultraderecha significa en la historia de la humanidad.

“Muchas veces me acuerdo del disco Mediterráneo de Joan Manuel Serrat, el cual se podría decir que no es un disco combativo políticamente ni militante; pero habla del Mar Mediterráneo como un espacio común donde convergen las miradas y los sueños de mucha gente. Habla del pueblo blanco que se va vaciando… y de la infancia como un territorio común. A mí eso me parece un compromiso con el nosotros… en un momento en que, como mucho, hacemos canciones de amor sin dejar de hablar de la deuda que el otro tiene con nosotros cuando nos deja y nos rompe el corazón”.

—Entiendo que no necesariamente se debe hacer panfleto para abordar cuestiones políticas y sociales en el arte…

—Reivindico el panfleto que, me parece, ¡de vez en cuando no está mal hacerlo en un contexto donde todo es tan tibio…!

The Walking Dead y la desconfianza en el otro…

—Usted, si bien constantemente ve por el espejo retrovisor, también refleja una mirada al futuro no siempre esperanzadora, sobre todo desde sus inicios y hasta el año, quizá, de 2014 con el lanzamiento de su disco La llamada. No sé si su visión cambió con la llegada de la paternidad; pero en la mayoría de su discografía uno halla a un Ismael Serrano mirando al futuro con dudas, temores y miedos, pues pareciera advertirnos que no necesariamente encontraremos ese Paraíso Perdido al cual nos prometieron retornar. ¿Qué ocurre con ese transcurrir del tiempo, el cual daba la impresión de que en muchas ocasiones le perturbó?

—Sí, no sé si he sido tan pesimista. A veces hay un empeño por contar esa otra parte de la realidad que uno siente que es omitida por el relato hegemónico, y eso te deja del lado que pudiera parecer pesimista. Uno alerta acerca de todo aquello que podría pasar en el mundo y eso es un ejercicio de soberbia; pero también forma parte de la tradición del cantautor y del compromiso que tengo con la realidad. Aunque también hay un empeño constante por abrir ventanas a la esperanza. A ver, cuando uno es joven se es muy arrogante y crees conocer todas las respuestas. Ya con el paso del tiempo te flexibilizas y eliminas prejuicios… es verdad que, con la paternidad, me he hecho más permeable y con ella reafirmé mi fe en el ser humano… Eso no te hace ser un inconsciente, pues sé que mis hijos se pueden enfrentar a muchas dificultades; sin embargo, señalarlas no tiene por qué hacerte perder la fe.

“En el pesimismo hay una intención política en muchos aspectos. Eso tiene relación con el relato del hiperindividualismo y del emprendedor, ese hombre que se hace a uno mismo como si los fracasos fuesen sólo responsabilidad nuestra. En el pesimismo hay una intención política que invita a resignarnos. Nos dicen que es estéril fortalecer las instituciones y el Estado de Bienestar, generar mecanismos de solidaridad, resolver la desigualdad: ¡hay que abandonar y salvarse uno mismo!

“Trato de rebelarme ante eso y quizá de allí me viene el empeño de abrir ventanas a la esperanza en los últimos discos. Yo era muy fan de The Walking Dead, me encantaba porque la ciencia ficción y el terror me gustan mucho, pero me di cuenta que la serie era terriblemente reaccionaria: el mensaje permanente era que no confíes en el otro, pues el enemigo no eran los zombis, sino que el enemigo era el extraño que aparecía, a quien había que ponerle a prueba y, por lo general, siempre traicionaba al grupo. Para mí, el auge de The Walking Dead tiene que ver con el trumpismo y con un relato de la desconfianza en el otro… de quien viene de afuera… del extranjero…”

“Damos por perdidas batallas que aún están en disputa”

Existen demasiadas similitudes entre la actualidad española y la vieja conocida realidad latinoamericana. Puntualmente en el caso de la perversión fabricada desde los medios de comunicación hegemónicos, a nuestro entrevistado le refiero el bochornoso Ferrerasgate, caso de manipulación mediática desde el canal de televisión La Sexta, en el cual durante el año de 2016 se construyó y difundió una narrativa mentirosa para dinamitar la reputación de dos integrantes del partido español Podemos: tanto Pablo Iglesias como Juan Carlos Monedero. Así, conversando sobre flaquezas éticas del periodismo tanto allá o aquí, interrogo a Ismael Serrano sobre cómo ve la actualidad latinoamericana y sus paralelismos con la España de hoy en día:

—Entendiendo que cruzará nuevamente el Océano Atlántico para realizar su próxima gira por México, le lanzo una pregunta desde este lado del planeta con la intención de saber si comparte o no el aire de esperanza con la llegada tanto de Gustavo Petro como de Francia Márquez al frente del gobierno de Colombia, así como su visión sobre Gabriel Boric en Chile y no sé si usted haya mirado a la distancia el proceso mexicano, sin olvidar a Bolivia y Alberto Fernández en Argentina o las próximas elecciones en Brasil: ¿Ismael Serrano cómo mira esos procesos en América Latina?

—Lo miro expectante y con esperanza. Me resulta curioso cómo, cuando se opina acerca de estos presidentes que vienen de la izquierda, en muchos de los medios de comunicación acaba hablándose de polarización, pues les convierten en fanáticos y les posicionan en un extremo. Hace un rato platicábamos de cómo el pesimismo es desmovilizador… muchas veces con mi hermano Daniel charlo acerca de que debemos escribir el Manual de autoayuda para gentes de izquierda: ¡hay una sensación de que damos por perdidas batallas que aún están en disputa! Eso tiene que ver con el relato hecho desde los medios: dibujan el caos y el apocalipsis para evitar que nos demos cuenta de que todavía podemos cambiar las cosas.

“En España gobierna la izquierda… una izquierda si quieres descafeinada, pero no deja de ser un gobierno de izquierdas en muchos sentidos y las encuestas no registran un giro a la derecha al cien por cien; sin embargo, hay una tendencia al desánimo y se dan por perdidas batallas que están en disputa. Eso guarda relación con unos medios de comunicación implacables en ese sentido. Hay muchos paralelismos entre América Latina y España: desde la judicatura se toman decisiones para apartar de la política a ciertas personas o incluso cómo, desde los medios de comunicación, se hacen eco de fake news para destruir la reputación de ciertas personas.

“Veo que hay una guerra sin cuartel contra estos gobiernos de izquierda. Yo tengo muchas esperanzas en ellos, pero el margen de maniobra será muy estrecho. Ya lo dijo Pepe Mujica en su momento: ‘Una cosa es llegar al gobierno y otra es tener el poder para llevar a cabo los programas políticos’. Eso es lo preocupante: podría aparecer un escenario de lawfare y una suerte de golpe blando como el que se dio tanto en Brasil como en Bolivia”.

—Ismael, esas batallas no perdidas me parece que también deben disputarse desde los movimientos sociales. Es irrenunciable tomar el poder estatal porque desde ahí se deciden las políticas públicas para empobrecer o favorecer a los sectores populares y a la clase media; pero también los movimientos de resistencia o antagonismo deben estar allí en la pelea. Usted le ha cantado al zapatismo de Chiapas, ¿cómo lo mira hoy en día desde Europa?, ¿desencantado?, ¿aceptando que ellos no prometieron una revolución a la antigua usanza, sino hacer otra política?

—Sí, el zapatismo representó un hito en muchos aspectos. Era pionero en el movimiento altermundista… en su forma de organización e incluso en su expresión política, porque rompía con el formalismo de la izquierda que era correoso y difícil de conectar… ¡aún sigue la izquierda empeñada en esas formas que dificultan el comunicarse con mucha gente!

—Había poesía en la prosa de Marcos…

—Sí, el subcomandante Marcos era un personaje diferente a lo que estábamos acostumbrados. El zapatismo fue un movimiento social que expresaba no querer llegar al poder, sino pretendían la autonomía y generar espacios de resistencia a la globalización. Yo participaba mucho en la red que, desde España, apoyaba al zapatismo.

“Creo que la realidad se ha degradado tanto que, desde España, dejamos de mirar a América Latina y empezamos a vernos a nosotros mismos porque, en muchos aspectos, nos hemos latinoamericanizado… y no precisamente en la mejor parte, sino en la precariedad. Aunque guardando las distancias porque, cuando les hablo a mis amigos argentinos sobre la crisis española, se ríen en mi cara pues les refiero acerca de una inflación de 10 por ciento y para ellos eso es un chiste. En España el crecimiento de los salarios está a la cola en Europa con respecto a otros países; sin embargo, padecemos una inflación galopante. Los empleos han subido un 2.5 por ciento y la inflación un 10 por ciento: ha quedado deslucida toda la apuesta que hizo este gobierno progresista por mejorar la vida de los trabajadores.

“Caímos en la cuenta de que nosotros, en España, estamos en una espiral de precarización y desigualdad. Se tiene una sensación de que vivimos en un sistema que colapsa y el zapatismo ya nos anunciaba eso. El sistema colapsa y su única forma de subsistir es desde la cronificación de la crisis… que tiene que ver con el 2008, con la crisis energética y con la guerra en Ucrania: ¡el capitalismo es una cronificación de la crisis!”

“La paternidad a mí me enseñó que no todo te nombra ni todo te interpela”

En la parte final de la charla volvemos a la música: presento una última inquietud a nuestro entrevistado. Ismael Serrano reflexiona en torno a desde cuál lugar afectivo escribe actualmente sus canciones explicando qué diferencias existen, en el presente, entre el ser humano que hoy en día él es y aquel novel cantautor del ya lejano año de 1997, fecha distante que atestiguó la grabación de su primer álbum discográfico.

—Pareciera que, en su discografía, hay una suerte de incertidumbre mezclada con el temor de que la felicidad es de corta duración. En su tema “Fragilidad” puede verse esa imagen, además de estar insertada tal reflexión en la canción “Un destello de felicidad”; sin embargo, uno creería que, de un tiempo a esta parte, la paternidad y el ser ya un hombre de 48 años le sentó bien a usted. Ya no es aquel muchacho con tantos temores e incertidumbres que, de vez en vez, proyectaba en sus letras. ¿Qué tanto ha cambiado su manera de hacer canciones al acceder a esas pequeñas dosis de felicidad cotidiana y doméstica con las cuales cuenta actualmente?, ¿usted cómo se relaciona con la felicidad hoy en día?

—Creo que, a veces, es una ficción. No es que uno fuera un desdichado cuando era joven, sino que guarda relación, quizá, con la intensidad desde donde se viven las cosas. Si tú haces repaso de las canciones relacionadas con el paso del tiempo, siempre las han escrito personas muy jóvenes: “Yesterday” la escribió Paul McCartney con veintitantos años. Yo también he pensado en eso… ¿por qué escribí “Vértigo” con veintitantos años? ¿Cuál era el vértigo que podía sentir cuando la vida, en aquel entonces, era algo permanentemente aplazado? ¡Uno podía hacer lo que le saliera de las narices!

“Todo tipo que se sube a un escenario es alguien frágil y de cuadro clínico complejo. Es como un niño asustado que está lleno de miedos. Esa sensación de la felicidad como algo precario y frágil es permanente: ¡la ansiedad anticipatoria es algo muy habitual en mí! No permitirte disfrutar las cosas con la calma que merecen… eso es algo que he aprendido con el tiempo.

“A veces me pasaba en el oficio. Decía: ‘¡Has dado un concierto maravilloso!, ¿pero te has permitido ser feliz y disfrutarlo?’ Estaba tan nervioso y al pendiente de todo… ¡ahora trato de disfrutarlo de otra manera y soy más consciente! Te das cuenta de que te queda menos tiempo y no quieres perderlo con gilipolleces, al menos con más de las necesarias.

“Joaquín Sabina dice que la felicidad es una mierda para la composición, así como hacerse mayor y sentirse amado. No sé. Creo que, a veces, fantaseamos con las viejas canciones porque en ellas proyectamos lo que fuimos: no echamos de menos al autor que fue, sino que echamos de menos a quienes nosotros éramos cuando escuchábamos esas canciones. En el fondo estamos hablando de quiénes éramos nosotros. ¡Era un momento en que el futuro era algo sumamente lejano! ¡Nos creíamos dioses!

“Cuando eres joven te crees Dios y piensas que puedes cambiarlo todo. Todo te nombra y todo te interpela… nunca te pondrás enfermo y nunca te pasará nada. Luego el tiempo te enseña a que dejes de ponerte en el centro del relato. La paternidad a mí me enseñó que no todo te nombra ni todo te interpela: ya no eres el más hermoso del mundo ni poderosísimo. Te amigas con tus contradicciones porque, al principio, eres férreo e intolerante, después te das cuenta que tú tienes tus contradicciones y eso te lleva a ser más benevolente a la hora de juzgar las contradicciones de los demás. ¡A mí la paternidad me ha dado vuelta la cabeza como un calcetín y me ha enseñado muchísimas cosas!”

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