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Es importante tener enemigos en este oficio: Günter Wallraff

El «periodista indeseable» ha llegado a las ocho décadas de vida.

Octubre, 2022

Nació en octubre de 1942 con el nombre de Hans-Günter Wallraff. Sin embargo, desde hace cinco décadas los lectores y el mundo editorial —y, sobre todo, el mundo del periodismo— lo conocen como Günter Wallraff… O, mejor aún: como el «periodista indeseable» (que es, además, el título de uno de sus más famosos libros). Este reportero alemán hizo del disfraz una técnica de investigación. Así entró a la redacción de Bild, para conocer la “cocina” del diario sensacionalista, o vivió el día a día como un turco indocumentado en Alemania, con los riesgos que eso implicaba. En este octubre de 2022, el maestro del disfraz ha llegado a las ocho décadas de vida. A manera de celebración, Sergio Raúl López ha recuperado esta conversación con él: habla el periodista incómodo más famoso del mundo.

Resulta paradójico, pero cierto. Para que el trabajo del mayor y más radical de los periodistas encubiertos funcione, es menester que abandone los disfraces, los acentos de inmigrantes y los empleos oprobiosos para volver a ser él mismo y narrar, ahora sí desde el pedestal del oficio, los aconteceres de su experiencia.

El alemán Günter Wallraff (Burscheid, 1942) ha de despojarse de toda mascarada y mostrar su rostro, su persona, para resultar creíble, para volverse un mito del periodismo contemporáneo de investigación, un fenómeno de masas lectoras.

Cierto, se le mira muy serio, adusto casi, pero también muy tranquilo, con su nariz ganchuda, su bigote duro y entrecano, sus rasgos firmes y las arrugas rectas, sus anteojos ligeros y su prominente calvicie con orejas al aire. De pronto rememora a un Woyzzek contemporáneo, tal y como Klaus Kinski lo intepretó en el cine. Pareciera imposible que este hombre, tan identificable, tan fácil de describir, haya logrado, una y otra vez, infiltrarse en todo tipo de grandes corporativos, pese a que se distribuyeron ampliamente los famosos “perfiles-Wallraff” entre los departamentos de contratación de una gran cantidad de empresas privadas y gubernamentales. Pero siempre lo ha logrado, si hemos de creer sus escritos.

La más importante de sus apariencias, empero, es la que le permite recorrer el mundo sin pelucas ni lentes de contacto oscuros, la del “periodista indeseable” —título de uno de sus libros de mayor éxito—, gracias a la cual ofrece conferencias y cursos sobre el método empleado para sus largos reportajes y del que es el ejecutor más famoso y quizás el único de esa escuela. La de encarnar otra identidad, otra personalidad, para vivir/sufrir, en carne propia, las desventajas de pertenecer a cierto grupo social o de ser obrero de alguna gran empresa que explote a los trabajadores.

Cierto, sería imposible concebir que un periodista pueda destinar años completos de su vida si a cambio no existiera una sociedad como la alemana dispuesta a comprar masivamente los libros que son producto de tales aventuras, pues no sólo es un escritor de largo aliento, sino de métodos peligrosos y que requieren una dedicación absoluta durante meses, años incluso. Que exigen ganar el dinero suficiente como para emprender una defensa legal contra sus investigados. Por ello es una bendición que haya logrado tan grandes ventas.

Sus textos relatan estas temerarias andanzas, tan románticamente atractivas que incluso le llevaron al encarcelamiento y la tortura por la policía secreta griega cuando se encadenó a un poste en la plaza Sintagma de Atenas para protestar contra la violación de los derechos humanos por parte de la dictadura militar que lo confundió y luego trató como a un opositor interno. A la vez que un periodista, es un héroe de distintas causas sociales, de los oprimidos.

A diferencia del periodismo tradicional, que basa su accionar en el contacto con la sociedad, en la investigación de documentos, en la entrevista, en la interrogación incómoda, este alemán trabaja por su cuenta y a su modo. Primero, fue empleado de grandes empresas alemanas y relató su experiencia para un periódico sindical, Metal, entre 1963 y 1965, que posteriormente serían recopilados en el libro Reportajes industriales. También colaboraría para el Hamburger Morgenpost y la revista de sátiras Pardón. Desde 1968 trabaja para la revista Konkret de Hamburgo.

Desde entonces, generó una extraña solidaridad entre la cúpula empresarial para compartirse las mencionadas carpetas sobre su perfil, para evitar mayores denuncias y daños de parte de este escritor.

Pero no pudieron detenerlo. Otra transformación fue el papel del turco Ali Levent Sinirlioglu, con la cual aceptó los trabajos peor pagados y menos reconocidos, desde ser empleado de McDonald’s o lavar porquerizas sin sueldo, hasta prestar su cuerpo para experimentos médicos, por lo que enfrentó tratos racistas y peyorativos por su acento de inmigrante y color oscuro de ojos y cabello.

Otra de las afortunadas denuncias suyas fue convertirse en otro tipo de reportero, ejercer el oficio desde el sensacionalismo, como Hans Esser para la redacción del diario amarillista Bild y poner en evidencia los métodos poco éticos de que se valen para crear información sensacionalista y vender millones de ejemplares. El trabajo resultante, Primera plana. El hombre que fue Hans Esser en Bild, fue objeto de un largo juicio por parte del grupo editorial de Axel Springer, responsable de la publicación, que intentó prohibir el libro. En trabajos sucesivos, Wallraff dio la palabra a las víctimas de la información publicada en dicho diario en el volumen Testigos de la acusación. La descripción de Bild, en 1979, y finalmente entró en contacto con gente cercana a la publicación en las últimas décadas para Manual Bild. Del manual Bild a la caída del Bild.

Las jugosas ganancias que estas denuncias generaron —porque el sensacionalismo funciona para uno y otro lado— le han permitido contratar a los más importantes bufetes jurídicos alemanes para enfrentar las incontables denuncias penales que se le han levantado. Además, ha creado un fondo de apoyo llamado “Solidaridad con los extranjeros”.

Con disfraz nadie le reconocerá y lo tratarán como a cualquier otro miembro de las minorías segregadas. Pero sin él, con su rostro natural, es admirado y leído, también loado, por los lectores y principalmente por los colegas, claro, que se le rinden.

A continuación habla el periodista incómodo más famoso del mundo.

Günter Wallraff. / Foto: Cadena RTL / Team Wallraff.

—Qué relación tiene su trabajo inicial con en el ámbito de la guerra fría. Claro que sin depender de los intereses de un Estado, pero usted podría tener los métodos de un espía o incluso, si vamos un poco atrás, de la resistencia antinazi en la Segunda Guerra Mundial.

—Para mí es más un juego, uno que los niños pueden hacer perfectamente y que consiste en cambiar su rol. Al cambiar y representar a otra persona, tú puedes aprender más del otro, y aquí recurro a una frase de la pedagogía: si solamente lees cosas vas a aprender, pero si lo viviste, nunca lo vas a olvidar. Cambiar los roles también es muy conveniente para desarrollar la personalidad propia porque si piensas que desde el inicio de tu educación escolar ya se va definiendo tu camino, es muy peligroso, porque nunca cambiarás tu forma de ser ni de pensar. En cambio, es muy enriquecedor cambiar los roles porque te abre nuevos horizontes.

“Además es una posibilidad permanente de aprender. Se habla mucho acerca de los cambios en la sociedad alemana, pero no solamente es conveniente leer acerca de ellos, sino sentirlos y ser un elemento crítico dentro del desarrollo de la sociedad. Muchas veces resulta que acabas pensando distinto de cómo originalmente considerabas las cosas. A veces no es tan horrible como tú pensaste, a veces es aún peor, puede pasar casi cualquier cosa, nunca lo sabes, lo importante es el juego.

“A mí me gusta mucho jugar y a veces me he dado cuenta que, sin querer, acabé también jugando con mi vida”.

—Hablando de riesgo, es también un lugar común afirmar que la especialidad de mayor riesgo es el periodismo de guerra. Se ensalza a estas figura como los grandes arriesgados, un poco locos quizá. Pero con las recientes coberturas de CNN y otros medios a modo en las invasiones estadounidenses de oriente, ya no resulta una figura tan seria. ¿Qué reflexiona en torno al periodismo de riesgo?

—Por ejemplo, yo critico mucho este periodismo de guerra que vivimos en Irak y que tenía que entrar en el territorio junto con el avance del ejército de los Estados Unidos, para mí no tiene mucho que ver con la profesión. Mucha gente define al periodismo que hago como de militancia, pero yo no lo definiría así, yo diría que es de una gente curiosa que quiere entender la realidad, y eso es lo que más importa, no si se relaciona con la militancia. Las reacciones de los poderosos a veces son muy militantes: me espiaron por teléfono, me mandaban espías a mi vida privada, eso es real y también hubo juicios en mi contra en los que el jurado estaba ya arreglado para condenarme. Yo gané todos los juicios, pero hubo muchos pleitos legales contra mí con fuertes intereses detrás. Si mis libros no hubieran tenido éxito, yo no habría tenido el dinero para pagar todos los abogados necesarios para encarar los juicios. Por suerte se vendieron muy bien y yo tuve el dinero para pagar a los mejores abogados. Pero me intentaron destruir, eso sí.

—Escribir libros es una manera de tomar independencia respecto a los medios manejados casi siempre por empresarios con intereses. Militantes, esos sí.

—Claro. Es verdad, en Alemania tenemos también a dueños de medios más plurales, gente progresista, en fin, hay de todo como en todos lados, pero tienes razón, yo siempre trabajé así. Escribí el libro, de manera independiente y ya después busqué una editorial, aunque publiqué partes del libro, durante el proceso, en medios masivos, diarios y todo eso, adelantos.

—¿Cuál es, para usted, la diferencia entre militancia y compromiso social?

—La militancia es una palabra del español, muy mexicana. Mi percepción es que en Alemania no es el gran tema. Yo, por ejemplo, como pacifista, me cuesta usar esta palabra. Desde mi perspectiva no hago militancia, sino que es un periodismo comprometido, honorable, más allá de una independencia política, hay que lograr una independencia en este terreno.

“Y es muy importante estar al lado de los más vulnerables y tomar posición a favor de ellos, pero también es muy recomendable ser independiente y no meterse en alguna corriente política sino mantener la independencia más allá de corrientes políticas”.

—El éxito de los libros no sólo le ha generado ganancias sino la posibilidad de defenderse de los juicios y crear su fundación. ¿Pero no ocurre que, además de los méritos literarios y periodísticos de sus libros, se genera una especie de morbo por conocer estas historias? ¿Qué opina de los periodistas que lo rodean, admirados? ¿No sería mejor que tuviera menos admiradores y más seguidores?

—Hay gente que están celosos de mí, periodistas que critican mi método. Tengo pocos enemigos, pero son muy poderosos. Es importante tener enemigos en este oficio y no sólo en el propio medio del periodismo. En mis fundaciones se trabaja para migrantes trabajadores, tengo una fundación para gente que ha sido víctima de la prensa lo que para mí es un compromiso y la aceptación general de mi trabajo es muy reciente. Antes solían criticarme mucho, ahora ya me aceptaron ampliamente.

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