Ciencia

América Latina, el dorado de los dinosaurios

Septiembre, 2022

Los descubrimientos paleontológicos de primer nivel se han multiplicado los últimos años en América Latina, hasta el punto de que la región ha llegado a ser calificada de “fábrica de dinosaurios”. Para Miriam Pérez de los Ríos, estos progresos científicos se explican por un aumento del interés por esta disciplina y por el aporte decisivo de los nuevos métodos de investigación. Laura Berdejo ha conversado con ella.

Paleontóloga, doctora en antropología biológica e investigadora en la Universidad de Chile, Miriam Pérez de los Ríos está especializada en la evolución de los hominoideos del Mioceno (hace entre 23 y 5 millones de años) y forma parte del comité director de la Asociación Chilena de Paleontología. Su investigación se centra en la identificación de las relaciones filogenéticas entre especies a través del estudio de cráneos fósiles.

Geóloga y paleontóloga, hemos buscado a Miriam Pérez de los Ríos pues los descubrimientos paleontológicos de primer nivel se han multiplicado en los últimos años en América Latina, hasta el punto de que la región ha llegado a ser calificada de “fábrica de dinosaurios”.

Para ella, estos progresos científicos se explican por un aumento del interés por esta disciplina y por el aporte decisivo de los nuevos métodos de investigación.

—¿Qué significan los recientes hallazgos efectuados en América Latina?

—América Latina y, en especial el cono sur, posee una gran relevancia para la interpretación del origen y la evolución de los dinosaurios. En la región de la Rioja, en Argentina, un país con una larga tradición paleontológica, se han efectuado descubrimientos capitales. Uno de los dinosaurios más antiguos que se conocen, el Eoraptor lunensis, hallado en 1991, vivió en la región hace unos 230 millones de años. Actualmente equipos brasileños tratan de encontrar en la zona fronteriza un ejemplar más antiguo.

“El registro de estos animales es numeroso durante todo el Mesozoico (250 a 66 Ma). Existen restos en los cinco continentes hasta su extinción masiva a finales del Cretácico, hace 66 millones de años. Los ejemplares hallados en la región abarcan todo su paso por la tierra y se extinguieron al mismo tiempo que sus congéneres del resto del planeta.

“Sin embargo, las excavaciones llevadas a cabo en el cono sur latinoamericano han permitido el descubrimiento de restos de titanosaurios (los dinosaurios más grandes), pertenecientes a especies únicas como el Chilesaurus diegosuarezi, uno de los pocos terópodos herbívoros conocidos, o de los dinosaurios más australes, representados por un enorme saurópodo hallado en Torres del Paine, en Chile”.

—¿Influyen estos descubrimientos en lo que sabemos de los dinosaurios a escala planetaria?

—Por supuesto que influyen, ya que en paleontología es fundamental la comparación de los especímenes que se descubren con aquellos ya publicados para establecer su posición filogenética, es decir, sus relaciones familiares con el resto de dinosaurios. Excavaciones complementarias y la comparación con restos conocidos permite comprender su evolución y evaluar, a través de la observación de los cambios morfológicos, cómo se ha producido la especiación.

“Fue así como el Museo Nacional de Historia Natural de Chile pudo demostrar, el año pasado, que unos restos hallados en el desierto de Atacama, en el norte del país, hace unos 30 años, pertenecían a una nueva especie de titanosaurio: el Arackar licanantay”.

Arackar licanantay, un dinosaurio único en su especie.

—¿Cómo explicar esta sucesión de descubrimientos en América Latina en los últimos años?

—Estos últimos descubrimientos ponen en evidencia el desarrollo que se está dando a nivel latinoamericano en el estudio de ciencias como la paleontología. Tradicionalmente, Argentina ha liderado el conocimiento del registro fósil en esta región por el elevado interés y la presencia de paleontólogos de referencia como José Fernando Bonaparte, descubridor de más de 20 especies, o Rodolfo Casamiquela, especialista en huellas de estos grandes saurios.

“En el resto de países, como Ecuador, Colombia, Chile, Brasil o Perú, se ha producido una explosión de conocimiento en las últimas décadas gracias al trabajo de diversos equipos asociados a universidades y centros de investigación, algunos de ellos asociados a equipos internacionales, principalmente estadounidenses”.

—¿Influyen en la frecuencia de hallazgos la evolución de las técnicas de estudio?

—Diría que la frecuencia de los hallazgos no depende tanto de los métodos de estudio, que siguen siendo bastante tradicionales, como de la creación de equipos locales con alta formación científica. En los últimos años, muchos de los jóvenes científicos que se fueron a estudiar sus doctorados a Estados Unidos o Europa están regresando a sus países de origen y han comenzado a desarrollar proyectos de investigación con fauna fósil local. Esto ha permitido no sólo el hallazgo de nuevos materiales en prospecciones en zonas no exploradas y bastante aisladas (como en Patagonia o en áreas de las selvas tropicales), sino también el “redescubrimiento” de material que permanecía olvidado en museos nacionales o locales a la espera de que algún paleontólogo o paleontóloga le devolviera a la vida.

“Es cierto que las técnicas en laboratorio también han permitido evidenciar nuevos caracteres de los fósiles que antes eran imposible de evaluar, como las cavidades internas de los cráneos o el oído interno, a través de tomografías computarizadas. El estudio del crecimiento de los huesos también hoy es posible gracias a los estudios histológicos, que analizan la estructura de los tejidos vivos. Nuestros conocimientos sobre la locomoción y la mordida de los animales han progresado igualmente gracias al análisis de elementos finitos (FEA por sus siglas en inglés: Finite Element Analysis), un método de cálculo numérico que permite, entre otras cosas, representar un comportamiento mecánico”.

—¿Cómo se presenta el panorama de la investigación paleontológica en América Latina en tiempos poscovid?

—El contexto sanitario internacional significa un desafío para cualquier investigador que tenga que realizar tareas en terreno y en laboratorio. Muchos de los equipos se encuentran con las salidas al campo canceladas debido a que sus participantes internacionales no pueden asistir, a que las financiaciones se encuentran suspendidas o a que muchas de las instituciones que apoyan económicamente dichos trabajos han tenido que asignar sus presupuestos a tareas de lucha contra la pandemia.

“Además, también los museos e instituciones científicas han cerrado sus puertas, por lo que las colecciones donde se encuentran los fósiles a analizar son inaccesibles. Igualmente, los congresos de paleontología han tenido que reformular su sistema y han tenido que realizarse de forma remota, lo que condiciona el intercambio de especialistas a meras charlas grabadas y se pierde la retroalimentación y discusión, que son fundamentales en ciencia. Supongo que, como cualquier científico o científica, anhelo el momento en que podamos volver a encontrarnos con nuestros colegas y con el material de estudio”.

Miriam Pérez de los Ríos en una imagen de 2019. / Foto: Juan Pablo Peña (Fundación Añañuca).

—Si un departamento de investigación como el que usted trabaja tuviera que hacer una “dream list” en términos de material y capacidades de aquí a cinco años, ¿que pediría?

—Desde mi punto de vista, las necesidades de cualquier núcleo de investigación son básicamente las mismas: financiamiento, voluntades y equipos bien formados. Un equipo no puede hacer su trabajo, por mucho que desee profundamente revolucionar la paleontología nacional o regional, si no tiene instituciones que avalen y apoyen sus proyectos.

“Asimismo, muchas veces el desconocimiento de algunos de los evaluadores locales de las propuestas de investigación sobre paleontología provoca que no se evalúen positivamente y que finalmente haya líneas de investigación que no puedan llevarse a cabo, a pesar de que a nivel global son interesantísimas.

“Por último, la escasez de especialistas en los países de Sudamérica ha provocado un lento desarrollo de la materia. Afortunadamente, estos colegas están comenzando a formar localmente a nuevos científicos, por lo que en unos 5 a 10 años podría darse una explosión de conocimiento de gran relevancia internacional. Sería fundamental poder apoyar este desarrollo humano con equipos de primer nivel que no existen en la región o que no están certificados a nivel internacional y cuyos resultados, por lo tanto, no son aceptados por una parte de la comunidad científica.

“A pesar de todo, la paleontología es una disciplina en pleno auge en América Latina. Varios lugares son actualmente objeto de estudio, especialmente en Argentina, en la región de Neuquén, o en Chile, donde se está estudiando un lugar de huellas de dinosaurios en la zona de las Termas del Flaco, en los Andes chilenos”.

[Entrevista publicada originalmente en El Correo de la UNESCO; reproducida aquí bajo la licencia Creative Commons.]

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