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Ola de calor y de récords: todo apunta a que 2023 será el año más cálido jamás registrado

Julio, 2023

El planeta está atravesando una intensa ola de calor que no da tregua. Las autoridades han elevado a roja la alerta en muchos lugares debido a la persistencia de estas altas temperaturas. Los eventos extremos, cada vez más marcados, están abandonando toda lógica estadística y están llevando al límite nuestra capacidad de reacción. Da lo mismo el mes: marzo, abril, mayo… Tras el junio más caluroso desde que hay registros, en el mes de julio se ha alcanzado el día con la temperatura media mundial más alta y la semana más calurosa. Todo apunta a que 2023 será el año más cálido jamás medido.


Récord de temperatura diaria, semanal, mensual… y pronto anual

Eduardo Robaina


Es verano y hace calor, pero no el de siempre. Los datos están por encima de cualquier vago recuerdo, dudosa hemeroteca o intento de manipulación. El calentamiento del planeta por culpa de los combustibles fósiles, la deforestación y otras actividades humanas está elevándose incluso con mayor rapidez de la que especialistas y estudios estimaban.

El mes de junio de 2023 ya ha pasado a ser el junio más caluroso a nivel global en 173 años (en 1850, época preindustrial, comenzaron los registros modernos). Así lo han corroborado hasta cuatro organismos internacionales de referencia como la NASA, el servicio europeo Copernicus, la agencia estatal estadounidense NOAA y la organización californiana Berkeley Earth. No hay lugar a dudas.

El anterior récord, que data de 2019, ha sido superado por un amplio margen: más de medio grado en comparación con la media de 1991-2020 y 0,18 ºC respecto al periodo 1850-1900. Según Berkeley Earth, la anomalía de la temperatura media mundial en junio fue aproximadamente 1,47 ºC superior a la media de 1850-1900. Para obtener este dato se tiene en cuenta tanto la temperatura del aire como la de los océanos. Por separado, las cifras son igual de preocupantes.

El mes de junio también fue para los océanos el junio más asfixiante desde que hay registros. Con una anomalía media estimada de 1,12 ºC, atrás queda el récord de 2016. Y no sólo eso: la anomalía de temperatura oceánica registrada en el sexto mes de este año es la mayor observada para cualquier mes del año. Es decir: nunca antes se había registrado en ninguno de los doce meses del año tal diferencia de temperatura media.

Desde la Organización Meteorológica Mundial señalan que esto afectará a la distribución de la pesca y a la circulación oceánica en general, con efectos en cadena sobre el clima. “No se trata sólo de la temperatura de la superficie, sino que todo el océano se está calentando y está absorbiendo energía que permanecerá allí durante cientos de años”, apunta el máximo organismo en materia de tiempo, clima y agua.

Teniendo sólo en cuenta la temperatura del aire, junio de 2023 fue el segundo junio más caluroso desde 1850. Aun así, desde Berkeley Earth explican que existe un margen de incertidumbre que hace que empate con junio de 2022 como el junio más caluroso desde que hay registros. Lo que sí es ya oficial es que los 5 junios más calurosos registrados son los de los últimos 5 años.

Los datos hacen referencia a la temperatura del aire a 2 metros de altura. La línea roja representa 2023. La línea negra resaltada representa 2016. El resto de líneas representan la evolución de la temperatura, año a año, desde 1940. // Imagen: climatica.lamarea.com | Fuente: ERA5.

Una semana nunca vista

Durante los primeros días de julio, la temperatura media diaria a nivel mundial alcanzó valores inéditos. Nunca antes se había registrado más de 17 ºC, pero el 4 de julio sucedió. El Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) estableció una temperatura media diaria de 17,04 ºC, mientras que la Universidad de Maine, en Estados Unidos, registró 17,18 °C. Un día antes, el 3 de julio, se había superado el récord de temperatura global diaria, fijado el 13 de agosto de 2016.

Estos valores de temperatura no se obtienen con el método tradicional (observaciones en superficie) que usan los países en su día a día, es decir, mediante estaciones meteorológicas en tierra y con barcos y boyas sobre el océano. Para lograr la temperatura media de todo el planeta se recurre a los reanálisis, una herramienta que emplean Copernicus (a través de ERA5), la Universidad de Maine, la Agencia Meteorológica de Japón (con JRA-3Q) o la propia Organización Meteorológica Mundial.

Los reanálisis, como nos explica el científico del clima Zeke Hausfather, “incorporan toda la información climática disponible sobre docenas de variables procedentes de satélites, globos meteorológicos, aviones y observaciones en superficie”. Estos datos, añade, “se introducen en un modelo meteorológico que se ejecuta hacia atrás en el tiempo para predecir la temperatura (y otras variables climáticas) de cada hora en cada lugar”. Por tanto, los productos de reanálisis son una mezcla de observaciones y modelos.

Durante las últimas semanas, el reanálisis más compartido ha sido el de la Universidad de Maine, ya que dispone de una web didáctica que cada día actualiza, mediante una gráfica, la temperatura media mundial. Su reanalizador se basa en datos de salida de modelos de los Centros Nacionales de Predicción Ambiental (NCEP, por sus siglas en inglés) de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA).

Datos diarios de temperatura superficial del mar promediados sobre el dominio 60°S-60°N (es decir, todo el océano excepto las regiones polares) desde 1979 hasta 2023. / Gráfico: climatica.lamarea.com | Fuente: ERA5 – Copernicus.

Desde los NCEP cuentan para este reportaje que los datos de salida empleados por la universidad estadounidense “no son adecuados para ser utilizados como sustituto de las temperaturas reales de la superficie ni de los registros climáticos”. Tras consultar a varios especialistas, si bien todos coinciden en que hay que tomar con precaución las cifras absolutas, el reanálisis hecho desde la Universidad de Maine no está muy lejos de la realidad.

Como explica Zeke Hausfather, que trabaja como investigador en la Berkeley Earth, los especialistas de Maine emplean un producto de reanálisis más antiguo que el usado por Copernicus, lo que explica en parte por qué cada uno obtiene una temperatura diferente. Sin embargo, el hecho de que los dos organismos obtengan los “mismos resultados en cuanto a días récord me hace confiar más”, puntualiza. Similar postura a la del reconocido climatólogo Michael Mann: “Hay que ser prudentes porque es un producto de reanálisis, pero sospecho que produce estimaciones que se acercan mucho a la respuesta correcta”, nos explica.

Otra de las diferencias entre los reanálisis de Copernicus y la Universidad de Maine y, por tanto, de las temperaturas diarias obtenidas, está en la forma de medición. Carlo Buontempo, director del Servicio Copernicus de Cambio Climático, lo explica así: “Las cifras del reanálisis del NCEP son medias diarias basadas en datos de 6 horas (4 valores por día), mientras que las del ERA5 se basan en datos horarios (24 valores por día)”. Si bien esta forma de recoger datos no implicó grandes diferencias en los récords de 2016, en los de 2023 sí ha habido un ligero desfase de, por ejemplo, 0,12°C el lunes 3 de julio y de 0,14°C el martes 4 (a continuación se ofrece una tabla donde se compara la semana récord).

Tanto el reanálisis de la Universidad de Maine como el de Copernicus coinciden en que el 6 de julio fue el día con la temperatura diaria a nivel mundial más alta jamás medida. El organismo americano registró 17,23 ºC, mientras que el organismo europeo registró 17,09 ºC.

Dos organismos diferentes registraron temperaturas nunca antes medidas durante esos días. Los datos obtenidos por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, al usar herramientas de reanálisis modernas, se consideran más precisos. El 6 de julio se alcanzó la temperatura media mundial más alta hasta la fecha. // Tabla: climatica.lamarea.com | Fuente: ERA5 e Instituto de Cambio Climático de la Universidad de Maine.

Más allá de cuál será finalmente el valor exacto (que lo acabará determinando la OMM como ente superior), lo que sí está claro es que la primera semana de julio pasa a la historia. Aunque no por mucho tiempo. Varios especialistas del clima ya han avisado de que lo más seguro es que en las próximas semanas se supere el récord de temperatura media diaria a nivel mundial.

Desde la OMM respaldan, con los datos preliminares, que estos primeros días de julio han sido la semana más calurosa jamás registrada. Esta situación inédita está impulsada por el calentamiento global inducido por los gases de efecto invernadero y por El Niño, un fenómeno que se da cada ciertos años y que calienta las aguas del Pacífico.

Christopher Hewitt, director de Servicios Climáticos de la OMM, considera que “estamos en un territorio desconocido” por lo que “podemos esperar que caigan más récords a medida que El Niño se desarrolla más”. Esta es una noticia preocupante para el planeta, señala el especialista.

Con todo estos registros, “lo más probable es que julio de 2023 sea el julio más cálido de la historia y, con él, el mes más caluroso de todos los tiempos”, advierte Karsten Haustein, climatólogo y meteorólogo de la Universidad de Leipzig, quien enfatiza: “De todos los tiempos significa desde el Eemiense, es decir, hace unos 120.000 años”.

Si nada cambia, también será el año más caluroso desde que hay registros, puesto que actualmente ocupa 2016, cuando hubo un fuerte evento de El Niño. Según NOAA, hay más de un 99 % de probabilidades de que 2023 se sitúe entre los 10 años más cálidos registrados y un 97 % de probabilidades de que se sitúe entre los cinco primeros. Y desde el Berkeley Earth dan una probabilidad del 81 % de que 2023 pase a ser el año con la temperatura más alta jamás registrada.

Cuando más información a tiempo real hay, cuando más estudios e investigaciones se llevan a cabo, cuando más eventos extremos se producen, cuando más atención política tiene el tema, más negacionismo y cuestionamiento hay en torno al cambio climático, sus implicaciones y su causante.

“Hasta que no cesen las emisiones netas de gases de efecto invernadero, las olas seguirán siendo más calientes y peligrosas”, asegura Friederike Otto, catedrática de Ciencias del Clima del Instituto Grantham de Cambio Climático y Medio Ambiente. Para la experta, “a pesar de esta abrumadora evidencia, todavía hay poca conciencia pública de los peligros que las temperaturas extremas representan para la salud humana”.

Repito aquí las palabras que la misma Friederike Otto me dijo con anterioridad (para otro artículo): el récord de temperatura diario “no es un hito que debamos celebrar, sino una sentencia de muerte para las personas y los ecosistemas”.


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Bienvenidos al planeta de las estadísticas imposibles

Juan F. Samaniego


Alcanzar 38,8 °C en la Córdoba española no es raro. Al fin y al cabo, la provincia andaluza atesora varios de los récords de temperatura de la península Ibérica. Pero si los 38,8 °C se alcanzan en el mes de abril, la historia cambia. En medio de una ola de calor sin apenas precedentes en la primavera pasada, la estación meteorológica del aeropuerto cordobés registró el día 26 de abril de 2023 la que por ahora es la temperatura más alta de la que se tiene constancia en el territorio peninsular para un mes de abril.

Pero no fue el único lugar.

Alrededor de aquel día, también se superaron los 36,9 °C en el sur de Portugal, los 41 °C en Marrakech y Sidi-Slimane (Marruecos) y los 40 °C en Maghnia (Argelia). Y hablamos de temperaturas oficiales, medidas con termómetros que están colocados a la sombra, normalmente en una caja bien ventilada y elevados del suelo. De acuerdo con el análisis científico de la organización World Weather Attribution, este evento de calor fue tan excepcional en el área mediterránea que solo debería suceder una vez cada 400 años. Pero, si viviésemos en un planeta sin cambio climático, solo tendría lugar una vez cada 40.000 años.

Los 49,6 ℃ del verano de 2021 en Canadá. El calor repentino que se adelantó en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay en noviembre de 2022. Las altas temperaturas que se mantuvieron sin descanso durante más de dos meses en la India y Pakistán (antes de la llegada de las lluvias torrenciales) en primavera de 2022. En los últimos años, el clima del planeta se ha llenado de eventos imposibles. Los extremos, cada vez más marcados, están abandonando toda lógica estadística y están llevando al límite nuestra capacidad de reacción.

De récord en récord

No estamos preparados para alcanzar temperaturas imposibles o experimentar sequías que no salen en los libros de historia. Los países tienden a prepararse, dentro de sus posibilidades, para los eventos más extremos de los que tengan constancia. Es muy difícil prepararse para lo imposible. Con esto en mente, un equipo de científicos climáticos de las universidades de Bristol, Exeter, Oxford y Edimburgo ha intentado encontrar las zonas del planeta en las que es más probable que, en los próximos años, se experimenten temperaturas casi imposibles estadísticamente.

Tras analizar los datos históricos de 1959 a 2021, los investigadores encontraron que el 31 % de la superficie terrestre ya ha experimentado temperaturas que no encajan en lo que debería esperarse en un planeta estadísticamente normal. Es decir, en un planeta que no estuviese recargado de energía por el exceso de gases de efecto invernadero en su atmósfera. El estudio, publicado en Nature, también ha identificado varias regiones que no han experimentado un calor especialmente inusual en las últimas seis décadas, por lo que parece más probable que vayan a experimentarlo en el futuro cercano.

Las regiones en mayor riesgo son Afganistán, América Central, el este de Rusia, Europa Central y las provincias chinas de Pekín, Hebei y Tianjin. En algunas de estas regiones, además, la vulnerabilidad aumenta teniendo en cuenta la gran densidad de población que se concentra en ellas y su desarrollo económico, lo que influye directamente en su capacidad de preparación y de reacción. De acuerdo con los investigadores, estas regiones pueden pensar que “han tenido suerte” hasta ahora, pero tienen que estar listas para actuar ante eventos extremos que cada vez serán menos imposibles.

“Para el artículo usamos una técnica estadística llamada análisis de valores extremos, que se usa para calcular la probabilidad de que ocurran eventos muy raros”, explica Nicholas Leach, investigador posdoctoral en ciencia climática de la Universidad de Oxford y uno de los autores del artículo. “Según este análisis, muchas de las olas de calor récord experimentadas en las últimas décadas son muy poco probables, deberían suceder menos de una vez cada 10.000 años. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de que hay demasiados eventos estadísticamente imposibles”.

Para el investigador, analizar estadísticamente el clima es de gran ayuda, pero quedarse sólo ahí puede llevar a engaño. “Debemos prepararnos para eventos que van más allá de lo que el análisis estadístico nos dice que es posible. Debemos seguir trabajando para comprender cómo función los procesos que están detrás de estos eventos extremos”, dice. “Hacerlo nos ayudará a comprender para qué tipo de sucesos extremos debemos prepararnos, tanto ahora como en los próximos años”.

En los márgenes del 1,5 °C

En junio de 2003, el cambio climático parecía todavía algo del futuro lejano. El consenso científico alrededor de lo que estaba pasando era ya total, pero el problema todavía no se había hecho un hueco importante en las conversaciones de la gente, los medios de comunicación o las decisiones políticas. Sin embargo, el verano que estaba a punto de empezar en Europa estaría ya lleno de temperatura imposibles. Durante los dos meses siguientes de ese 2003, el continente experimentó temperaturas un 30 % más altas de lo habitual para la época del año y los termómetros llegaron a superar los 40 °C en varios puntos de Francia y Suiza, algo que, según los registros, no había sucedido antes.

Aquella sucesión de olas de calor dejó nada menos que 72.210 víctimas mortales y más de 20.000 millones de dólares en daños (concentrados, sobre todo, en la agricultura). Desde entonces, no ha vuelto a producirse un evento climático en Europa con un coste de vidas humanas tan alto. Pero las temperaturas de aquellas olas de calor de principios de siglo sí se han repetido e, incluso, superado. Para los autores del estudio, esto se debe a que, viendo los efectos de lo que había pasado en 2003, los países implementaron diferentes planes y estrategias para lidiar con las temperaturas extremas en el futuro.

Durante el último año, las temperaturas han estado por encima de la media preindustrial (de 1850 a 1900), según el último informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial y Copernicus. El Acuerdo de París marca como objetivo que la subida de la temperatura global no exceda los 1,5 °C para así lograr esquivar los peores efectos del cambio climático. Subir los termómetros uno o dos grados puede no parecer demasiado peligroso, pero los riesgos no están en las medias, sino en los extremos imposibles.

“Estas métricas a gran escala, como la temperatura media global, son útiles para entender el cambio climático porque se ven poco afectadas por el ruido que provocan las variaciones de año a año. Sin embargo, no es en el cambio de la temperatura global donde aparecen los riesgos del cambio climático”, explica Nicholas Leach. “Los riesgos se deben a cambios en los eventos extremos, en los valores atípicos de la estadística. Los impactos de los fenómenos meteorológicos extremos no suelen ser lineales, por lo que incluso pequeñas modificaciones pueden tener graves consecuencias socioeconómicas”, explica.

“Sabemos con un alto grado de confianza que el cambio climático está aumentando la frecuencia y la intensidad de ciertos tipos de fenómenos extremos, como las olas de calor”, concluye el investigador de la Universidad de Oxford. “Estos cambios hacen que las olas de calor sean más mortales de lo que habrían sido en un mundo sin cambio climático”.

[Textos publicados originalmente en “Climática”, suplemento de la revista La Marea; han sido editado para su publicación en estas páginas electrónica. Son reproducidos aquí bajo la licencia Creative Commons — CC BY-SA 3.0.]

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