Notitas culturales

Festival de la Joven Dramaturgia cumple 20 años en Querétaro

Agosto, 2022

Consolidado como uno de los espacios más representativos para la muestra del teatro que producen dramaturgos, directores y creadores escénicos jóvenes, la fiesta teatral queretana concluye este sábado 20 agosto. Entre las actividades, se ha realizado un homenaje al cofundador del festival, Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, recientemente fallecido.

20 años de existencia

Dedicado sobre todo a la dramaturgia emergente nacional y a los jóvenes (menores de 35 años) en vías de consolidación, se lleva a cabo el Festival de la Joven Dramaturgia en la ciudad de Querétaro, el cual cumple en este 2022 sus primeros 20 años de existencia.

Fundado y dirigido en sus inicios por Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (Legom) y Edgar Chías —basándose en la Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea que realizaron Luis Mario Moncada, en ese entonces director del Centro Cultural Helénico, junto con Boris Schoemann—, actualmente la dirección artística está a cargo de Patricia Estrada e Imanol Martínez, quienes han consolidado esta fiesta teatral como uno de los espacios más representativos para la muestra del teatro que producen dramaturgos, directores y creadores escénicos jóvenes.

Lecturas dramatizadas, montajes teatrales y talleres son algunas de las actividades para esta edición del vigésimo aniversario, la cual comenzó este (miércoles) 17 de agosto y concluye el sábado 20 del mes en curso.

Por lo pronto, entre las actividades que se realizaron durante la jornada de inauguración estuvo el homenaje in memoriam a Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (1968-2022), cofundador del festival y que era, es, considerado como uno de los más importantes representantes de la dramaturgia mexicana contemporánea.

En el homenaje ha participado el periodista cultural, crítico teatral y dramaturgo, Fernando de Ita. Reproducimos aquí sus palabras. (Redacción SdE)

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Esta ciudad

Fernando de Ita

Esta ciudad es importante para mí porque aquí conocí a Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio. Aquí se tendió un puente, se forjó una amistad y se cruzaron nuestros destinos. Este festival es significativo para mí porque vi cómo se hizo de la nada un escenario para la inesperada dramaturgia mexicana. Fui testigo de la necesidad que había de abrirle un cauce al caudaloso río de la imaginación postdramática. Ni siquiera Luis Enrique sabía de dónde venía y a dónde iba su teatro. Pero tuvo el coraje de hacer de su propia vida el tema de su espectáculo. Lo que hizo la diferencia fue la forma tan descarnada de adjetivar el amor contemporáneo. Con el tiempo, Luis Enrique se volvió un auténtico maestro de la composición dramática; pues al inicio del nuevo milenio solo tenía su intuición y ese odio a la Cioran en contra de la felicidad establecida.

Acaso Luis Enrique fue el último prototipo del hombre que dice la verdad: los jotos son putos, los ciegos no ven, los autistas son explotables y los guatemaltecos son como nosotros, pero en peor. Si algo fue Luis Enrique, fue ser un ironista del siglo XV, como Chaucer, capaz de hacer de la fornicación un tema de la literatura universal. Pienso en el teatro inglés porque ambos somos admiradores de Sir John Falstaff, un pícaro a la altura del arte que se burla de todo porque tiene la capacidad de burlarse de sí mismo. (Nos reímos tanto destruyendo prestigios ajenos porque sabíamos que en otra reunión semejante hacían lo mismo con el nuestro).

Con Luis Enrique tuvimos por lo menos tres sexenios de regocijo jodiendo al prójimo, sobre todo si era funcionario. No importaba el rango: nos metimos igual con la presidenta del entonces Conaculta que con el gobernador de Hidalgo y con el presidente ágrafo. Hoy extraño sus carcajadas, su cocina, su pan recién horneado, sus salsas, sus lecciones de estructura dramática, sus regaños —¡pinche De Ita!—, su generosidad y sus empresas a la Eddy y Rudy, dos personajes entrañables porque todo lo que hacen está condenado al fracaso.

Me complace haber estado con él en sus momentos de gloria, en sus triunfos y en ese calvario que fue la diálisis por tantos años. En la vida y en el teatro hay personas y personajes inverosímiles, singulares, únicos, irrepetibles. Sin duda, Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio fue uno de ellos.

Nota bene: en las imágenes de portada aparecen, en una primera instancia, Legom, y le siguen imágenes de @Rikkokhan de la lectura dramatizada “La herida del territorio”, el texto es de Imanol Martínez y la dirección está a cargo de Juan Carlos Franco. Han sido tomadas del perfil de Facebook del Festival de la Joven Dramaturgia. Asimismo, pueden descargar el programa  aquí: en el enlace.

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