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El bosón de Higgs mostró que la tipografía de la ciencia sí importa: así afecta a la percepción de lo que leemos

Hace 10 años, la fuente Comic Sans fue la elegida al anunciar este gran descubrimiento. La decisión provocó una tormenta en las redes sociales.

Julio, 2022

¿Puede un cierto tipo de fuente, un cierto tipo de tipografía, causar una controversia mundial? Sí, al parecer sí. Odiada por gran parte del mundo, la fuente Comic Sans fue la elegida hace diez años por la investigadora del CERN, Fabiola Gianotti, al anunciar el descubrimiento del bosón de Higgs. La decisión provocó una tormenta. Es más: desde entonces, la controversia perdura y ha incitado el estudio sobre cómo el tipo de letra influye en la respuesta emocional del lector.

El miércoles 4 de julio de 2012, a las 9 de la mañana, y en una sala de conferencias abarrotada en el CERN, a las afueras de Ginebra (Suiza), decenas de físicos e ingenieros sincronizaron sus movimientos en un aplauso histórico.

Tras las presentaciones de Joseph Incandela y Fabiola Gianotti —portavoces de las colaboraciones CMS y ATLAS (los dos mayores experimentos del Gran Colisionador de Hadrones o LHC)—, el por entonces director general de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, Rolf Dieter Heuer, se apropió del micrófono. “Creo que lo tenemos”, dijo ante el auditorio y los flashes de las cámaras, mientras el físico teórico británico Peter Higgs se secaba las lágrimas con un pañuelo.

Los científicos del LHC anunciaban así el descubrimiento de una nueva partícula consistente con el tan buscado ‘bosón de Higgs’, que podría explicar por qué las cosas en el universo tienen masa.

La excitación se replicó en Chicago y Melbourne, donde las imágenes arribaban a través de una transmisión en simultáneo, y en todo el mundo que las veía por internet. Sin embargo, mientras los científicos celebraban, en Twitter una conversación paralela tomaba fuerza.

Presentación del hallazgo del bosón de Higgs con Comic Sans. / ATLAS, CERN

Uno tras otro, los comentarios aludían a lo mismo. No festejaban el hallazgo de la elusiva partícula subatómica. Se reían, más bien, de un curioso aspecto de la presentación de Gianotti: para comunicar uno de los descubrimientos recientes más importantes de la física, la científica italiana había elegido la polémica tipografía Comic Sans, la fuente que todos adoran odiar.

“No puedo tomarme en serio la investigación si está en Comic Sans”, escribió un usuario. “Presentar su investigación sobre la ‘partícula de dios’ con esta tipografía es como tocar a Bach en un ukelele”, se indignó otro. Uno escribió: “Estimado @CERN: Cada vez que usas Comic Sans en un Powerpoint, Dios mata al gato del Schrödinger; por favor, piensa en el gato”.

Al día siguiente, los diarios y sitios de noticias abordaron el mismo tema. Un detalle al parecer nimio había desviado el foco de atención de tal manera que hasta el día de hoy se recuerda aquel ‘incidente’.

“Me asombraron las reacciones”, comentó tiempo después Gianotti, actual directora del CERN. “Causó un gran revuelo. A mí me gusta esa tipografía. Es bonita. La sigo usando. Me parece una fuente dulce y agradable. Me enteré de que una persona en el Reino Unido está llevando a cabo una campaña para cambiar el nombre de Comic Sans a Comic CERN”.

Si bien hubo quienes inmediatamente buscaron despegarse de la polémica (“Yo jamás uso Comic Sans, yo escribo con Arial”, le confesó Heuer a SINC en 2012), la física italiana no está sola. De hecho, la fuente más odiada del mundo es recomendada por la Asociación Británica de Dislexia y es la favorita de muchos científicos. El cosmólogo estadounidense Alan Guth, del MIT, suele presentar sus ideas sobre la expansión del universo tras el Big Bang y acerca del multiverso también con esta tipografía.

“De las fuentes predeterminadas disponibles en cualquier sistema Windows, Comic Sans es la única fuente de apariencia casual”, señala la ingeniera Alicia Anderson. “Por lo tanto, si los expositores no quieren que su presentación parezca demasiado seria y seca, Comic Sans es la única fuente predeterminada para elegir”.

En abril de 2014, Gianotti se rió del escándalo incitado por sus diapositivas. “Es un placer para mí anunciar que finalmente a partir de hoy las páginas web del CERN se escribirán en Comic Sans”, declaró en un vídeo. Se trataba de una broma del Día de los inocentes (o April Fools).

El padre de la inflación cósmica, Alan Guth, en la conferencia ICHEP celebrada en Valencia en 2014. / Antonio Calvo.

El nacimiento de una ‘plaga visual’

No importa dónde miremos, las tipografías están en todas partes. En las pantallas de nuestros ordenadores y celulares, en los subtítulos de las películas, en las camisetas de los jugadores de futbol. Están en las señales de tráfico, en las paredes, en las placas dejadas por lo astronautas en la Luna o en las sondas gemelas Voyager que se alejan del sistema solar. Están en los cuerpos, en los libros y en artículos periodísticos como este.

Desde la primera tipografía del mundo (la Textura, de Gutenberg), las fuentes ‘visten’ a las letras. Y aunque son omnipresentes, la mayor parte del tiempo pasan desapercibidas, no se las piensa ni se consideran los efectos que producen en quienes las leen.

“Las fuentes pueden contarnos más de lo que nos cuentan las palabras”, señala el escritor inglés Simon Garfield, autor del libro Es mi tipo / Un libro sobre fuentes tipográficas. “En el caso de la Comic Sans, nunca fue su intención la de provocar repulsión ni odio. Su meta era divertir”.

Parece eterna, pero en realidad esta tipografía tiene solo 27 años. En octubre de 1994, Vincent Connare de Microsoft se propuso crear para el sistema operativo Windows 3.1 una tipografía amigable a la vista, accesible para los neófitos, los recién llegados al mundo digital. Debía ser divertida de usar, en oposición a la más seria, rígida y aburrida Times New Roman. Para ello, este diseñador estadounidense se inspiró en las fuentes escritas a mano utilizadas en las viñetas de los cómics, en especial de The Dark Knight Returns y Watchmen.

Su creación —de letras redondeadas, suaves, sin bordes afilados y que transmitía informalidad, irreverencia e ingenuidad— debutó en el software Microsoft 3D Movie Maker. Aunque su despegue global se dio cuando fue incluida en el sistema operativo Windows 95.

Desde entonces, la Comic Sans invadió el planeta. En una época en la que las fuentes disponibles en el mundo digital eran limitadas, esta alternativa amigable se volvió disponible para casi todo aquel que tuviera un ordenador.

De un día para el otro, empezó a decorar tarjetas de cumpleaños, invitaciones de bodas, correos electrónicos, menús de restaurantes, letreros de negocios. Aparecía en páginas webs personales, sitios pornográficos, en la camiseta de la selección portuguesa de baloncesto y hasta en carteles del hospitales y universidades que, paradójicamente, comunicaban información importante con esta tipografía infantil, cómica, juguetona.

Hasta que el frenesí se desvaneció y con el inicio del nuevo milenio la hasta entonces amada tipografía de repente cayó en desgracia: comenzó a ser odiada, en especial, por diseñadores gráficos que la ven como una abominación, la plaga visual de nuestra época que debe ser erradicada.

Connare abandonó su anonimato y pasó a ser identificado como el padre de la tipografía más ridiculizada y vilipendiada.

Las razones que esgrimen muchos para detestarla son diversas: ya sea porque Comic Sans intenta recrear imperfectamente la experiencia de la escritura a mano, lo cual la hace parecer poco auténtica. O porque se usa con demasiada frecuencia en situaciones incorrectas. “Usar Comic Sans es análogo a presentarse en un evento de gala con un disfraz de payaso”, señala el manifiesto del movimiento Ban Comic Sans, liderado por los diseñadores Dace y Holly Combs, cuyo objetivo es intentar combatir la ignorancia tipográfica y rebelarse contra el mal gusto.

Letras con personalidad

El anunció del bosón de Higgs realizado en Comic Sans en 2012 no hizo más que alimentar la ‘fontroversy, como se conoce en inglés a las controversias generadas por el mal uso de tipografías.

“Los comentaristas por internet reaccionaron negativamente a lo que identificaron como un desajuste entre las cualidades estereotipadas del discurso científico —eruditivo, serio y sobrio— y las características infantiles de la Comic Sans”, explica el antropólogo Keith M. Murphy. “Lo que se revela en este choque entre los científicos y sus oponentes en línea es que el tipo de letra, como el lenguaje, no es neutral”.

La elección de tal o cual tipografía puede alterar la percepción de lo que se comunica. Desde hace casi cien años, distintos investigadores han intentado comprender cómo la elección del tipo de letra afecta las respuestas emocionales del lector.

En 1923, los psicólogos Albert T. Poffenberger y R. B. Franken encontraron fuertes asociaciones culturales entre las tipografías elegidas y los productos que se buscaba vender con ellas: fuentes simples como Cheltenham Bold o Century Bold transmitían fuerza, por lo que eran adecuadas para productos como café y automóviles.

En cambio, fuentes más ornamentadas (por ejemplo, Caslon Old Style Italic) eran asociadas con las cualidades de “lujo” y “dignidad” y eran ideales para vender joyas y perfumes. Hoy varias investigaciones han mostrado que las formas curvilíneas de las tipografías generalmente se perciben como “amigables”. Las formas de poca variedad y bajo contraste en cambio se sienten “profesionales” pero también “confiables” o “aburridas”.

La especialista en comunicación Nicole Amare, de la Universidad de South Alabama, y Alan Manning, de la Universidad Brigham Young, estudiaron las respuestas emocionales de 102 participantes ante 36 tipografías distintas. “La variación tipográfica afecta mucho a la información emocional o, en otras palabras, al tono que acompaña a la información”, señalan en el artículo Seeing Typeface Personality: Emotional Responses to Form as Tone. “Cualquier tipo de letra legible transmitiría la misma información, pero algunas tipografías son más apropiadas que otras en contextos específicos que requieren un tipo de respuesta emocional más que otro”.

Esto fortalece la evidencia: las formas distintivas de las letras afectan la sensación general de un texto. Moldean la manera en que digerimos la información e incluso pueden influir en nuestras opiniones.

Un estudio conducido por el psicólogo japonés Tadasu Oyama encontró que las formas de palabras con líneas tipográficas redondeadas eran asociadas con “felicidad”, mientras que las líneas agudas y angulares tendían a sugerir “ira”.

Eva Brumberger sostiene que hay que pensar la tipografía no como ornamentación, sino como algo que tiene su propia retórica visual, una que está intrínsecamente vinculada al proceso de lectura. “Los lectores vinculan las tipografías con diferentes personalidades”, indica esta investigadora de la Universidad del estado de Arizona.

Fabiola Gianotti utilizó la letra Comic Sans el 4 de julio de 2012 en el anuncio del Higgs y lo ha seguido haciendo en sus presentaciones, como esta en la Scuola Normale Superiore. / YouTube

La estética de la lectura

Después de 600 años de la invención de Gutenberg, existen en la actualidad más de cien mil tipografías con una inmensa variedad de formas, cada una con el potencial de darle una entonación distinta a un texto.

“En las calles del mundo las fuentes tipográficas son como el oxígeno. No tienes muchas más opciones que respirarlas”, sugiere el director Gary Hustwit en su documental de 2007 que se titula y gira alrededor de la reina de las fuentes: Helvetica.

La diseñadora gráfica argentina Julieta Ulanovsky sostiene que la elección de una tipografía es importante porque es la voz de una frase, de una palabra, de un texto. “Hay que saber aplicarlas. No son ni bonitas ni feas, sino que son oportunas o no, adecuadas o no, bien usadas o no”, nos explica la autora de la tipografía Montserrat, una de las más usadas en el mundo. “Los diseñadores seleccionamos una tipografía o varias para un determinado mensaje. Esto repercutirá directamente en la lectura. Más allá de lo que diga el texto, transmite ideas: claro, estridente, calmo, sobrio, solemne, amigable, oscuro, complejo”.

Por lo general, el uso condiciona a la fuente. “Las tipografías se usan de muchas maneras, pero principalmente de tres modos muy diferentes”, advierte el diseñador Pablo Cosgaya, profesor de Tipografía en la Carrera de Diseño Gráfico y en la Maestría en Tipografía de la Universidad de Buenos Aires. “Para componer textos de lectura inmersiva, como el texto de una novela; para componer títulos de impacto, por ejemplo los de los periódicos o de las revistas y para componer tablas y gráficos informativos. Hay tipografías que son para lecturas amables, en las que el texto fluye, desaparece y quien lee parece navegar directamente por el contenido. Y hay tipografías que son para que no te olvides de ellas, saltan para llamar tu atención”.

Más allá de la crispación que despierta la Comic Sans, la controversia provocada por la elección tipográfica de los investigadores del CERN expuso la indiferencia por parte de varios científicos respecto al diseño a la hora de presentar en público sus ideas e investigaciones: conferencias, seminarios y charlas abundan en diapositivas confusas, aburridas, hechas con desgana, en muchos casos infantiles, como si lo único que importase fuera el contenido y no la forma del mensaje.

“Los científicos y los ingenieros de software tienen habilidades y conocimientos, pero a menudo carecen de un buen sentido del diseño y de la vestimenta”, comenta el propio Connare.

Asesores de comunicación como Lisa B. Marshall recomiendan prestarle atención a los detalles visuales. “Si estás comunicando hallazgos científicos serios y significativos, entonces se debe elegir una fuente seria y neutral para que los lectores se concentren en el contenido en sí y no en el sentimiento que transmite la fuente”, indica la especialista. “Si alguien te pregunta sobre la fuente que estás usando y no sobre la ciencia, ¡algo salió mal!”.

La tipografía es el esqueleto de cualquier pieza de comunicación. En un paper titulado The Aesthetics of Reading (“La estética de la lectura”), los investigadores Kevin Larson de Microsoft y Rosalind Picard del MIT demuestran que una buena fuente parece inducir un estado de ánimo positivo, similar a ver un video humorístico.

La impresión de un mensaje también puede variar según la alineación y la organización del texto, el modo en que está compuesto lo que hay que leer. “Por ejemplo, debe tener un buen interlineado y el ancho de columna apropiado, de forma tal que el ritmo de lectura sea normal, tranquilo”, recomienda Cosgaya. “Las jerarquías han de estar bien definidas y se debe entender de inmediato qué es lo más importante, cuál es la estructura del escrito”.

Un buen diseño quizás no ayude a develar los misterios del universo por sí solo, pero es muy probable que mejore la comunicación de las ciencias y aliente el interés en ellas.

Fuente: agencia SINC.

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