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La peste negra: nuevos estudios revelan dónde se originó y su impacto (desigual) de mortalidad

Hasta ahora una de las teorías más populares apuntaba hacia China como el foco inicial. Otra investigación muestra, además, que la mortalidad de la que se considera la mayor pandemia de la historia tuvo un impacto muy desigual.

Junio, 2022

Dos nuevos estudios echan luz sobre la mayor pandemia de nuestra historia. Un análisis de ADN antiguo extraído de personas que murieron por esta enfermedad, junto a los datos históricos y arqueológicos, ha revelado el origen preciso de la peste que asoló Europa en la Edad Media. Publicado en la revista Nature, el artículo sitúa los orígenes de la peste negra en el norte de Kirguistán, un país montañoso de Asia central. Por otra parte, la mortalidad de la peste negra no fue tan homogénea como han reflejado hasta ahora los libros de historia. Una nueva investigación, publicada en la revista Nature Ecology and Evolution, extrae esta conclusión del análisis de polen y esporas fosilizados recogidos en toda Europa.

La peste negra se originó en el corazón de Asia

Enrique Sacristán

La peste bubónica, causada por la bacteria Yersinia pestis, entró en 1347 por el Mediterráneo a través de barcos mercantes procedentes del Mar Negro. Enseguida la enfermedad se diseminó por Europa, Oriente Medio y el norte de África, acabando con la vida de millones de personas, hasta el 60 % de la población en algunas regiones. Este brote a gran escala duró entre los años 1346 y 1353 y fue bautizado como la peste negra.

Fue la primera gran ola de varias que vendrían después, ya menos devastadoras, hasta el siglo XIX, y que en conjunto se llaman la Segunda Pandemia de Peste. La Primera Pandemia de Peste o Plaga de Justiniano había ocurrido casi 800 años antes en el Imperio bizantino.

A pesar de las enormes repercusiones demográficas y sociales que tuvo la peste negra, sus orígenes y, por tanto, el de la Segunda Pandemia de Peste, han sido objeto de debate prácticamente desde que hizo su aparición: un misterio de 675 años de antigüedad que ahora parece haberse resuelto.

Un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y de la Universidad de Tubinga (ambos en Alemania), la Universidad de Stirling (Reino Unido) y otros centros europeos han obtenido y estudiado antiguos genomas de Yersinia pestis que sitúan los orígenes de la peste negra en el norte de Kirguistán, un país montañoso de Asia central. Los resultados se han publicado hace unos días en la revista Nature.

Hasta ahora una de las teorías más populares apuntaba hacia China como el foco inicial de la que se considera la mayor pandemia de la historia de la humanidad. Sin embargo, los únicos hallazgos arqueológicos disponibles procedían de necrópolis o cementerios cercanos al lago Issyk Kul, en Kirguistán.

Esos restos demuestran que una epidemia devastó una comunidad comercial local en los años 1338 y 1339. Excavaciones realizadas a finales de la década de 1880 sacaron a la luz lápidas que indican que numerosos individuos murieron en esos dos años a causa de una epidemia o ‘pestilencia’ desconocida, una pista que siguieron los autores del estudio.

Rastro de la peste en lápidas y dientes

El equipo revisó los datos históricos y arqueológicos de dos necrópolis (Kara-Djigach y Burana) donde había inscripciones sobre la ‘pestilencia’ y analizó el ADN antiguo de siete individuos enterrados allí. Así identificaron ADN de la bacteria de la peste en tres muestras dentales correspondientes a personas fallecidas en 1338 o 1339. “Por fin pudimos demostrar que la epidemia mencionada en las lápidas fue efectivamente causada por la peste”, subraya uno de los autores, Phil Slavin, de la Universidad de Stirling.

En busca del cuándo y la cepa original

¿Pero cómo saber si lo que se había encontrado era la cepa original? La comunidad científica ya había asociado el inicio de esta pandemia con un evento de diversificación masiva de sus variantes, el llamado ‘Big Bang’ de la diversidad de la peste, que ocurrió en algún momento indeterminado entre los siglos X y XIV.

Para resolver la cuestión, los autores usaron genomas completos antiguos de Y. pestis procedentes de los yacimientos de Kirguistán e investigaron su relación con lo que ya se sabía de este particular Big Bang. “Así descubrimos que las cepas antiguas de Kirguistán se sitúan exactamente en el nudo de este evento de diversificación masiva. En otras palabras, hemos encontrado la cepa origen de la peste negra e incluso conocemos su fecha exacta [1338]”, afirma la primera autora, Maria Spyrou, de la Universidad de Tubinga.

Mapa del montañoso Kirguistán, con el lago Issyk Kul a la derecha. Abajo, excavación del yacimiento de Kara-Djigach realizada entre 1885 y 1892 en el valle del río Chu de Kirguistán, en las estribaciones de los montes Tian Shan; y lápida de Sanmaq, una de las víctimas de la peste. / Imagen: Sadalmelik/Hardscarf/A.S. Leybin (agosto de 1886).

Confirmar dónde apareció por primera vez

Pero entonces surgió otra pregunta: ¿de dónde procede esta cepa?, ¿evolucionó localmente o se extendió en esta región desde otro lugar? En principio la peste no es una enfermedad de los humanos. La bacteria sobrevive en poblaciones de roedores salvajes de todo el mundo, que actúan como sus reservorios. La cepa de Asia central que causó la epidemia de 1338-1339 cerca del lago Issyk Kul debía proceder de uno de esos reservorios.

“Descubrimos que las variantes modernas más estrechamente relacionadas con la antigua cepa se encuentran hoy en día en los reservorios de peste alrededor de las montañas Tian Shan, muy cerca de donde se encontró esa antigua cepa. Esto apunta a un origen del ancestro de la peste negra en Asia central”, recalca otro de los autores principales, Johannes Krause, director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.

“Al igual que la covid, la peste negra fue una enfermedad emergente, y el inicio de una enorme pandemia que se prolongó durante unos 500 años. Es muy importante entender realmente en qué circunstancias surgió”, apunta Krause, quien junto al resto del equipo plantea que los intercambios comerciales desde la región donde surgió contribuyeron a su expansión.

En cualquier caso, “este estudio pone fin a uno de los mayores y más fascinantes interrogantes de la historia, y determina cuándo y dónde comenzó el más infame asesino de seres humanos”, concluye Slavin. Según los investigadores, su trabajo demuestra cómo la estrecha colaboración entre historiadores, arqueólogos y genetistas puede resolver grandes misterios de nuestro pasado, como el origen de la peste negra, con una precisión sin precedentes.

Un experto en ADN antiguo, el investigador Carles Lalueza Fox del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF), que no ha participado en este artículo aunque sí en otros sobre cepas de peste que asolaron Europa en el Neolítico y la Edad de Bronce, valora este nuevo trabajo de sus colegas europeos: “Las cepas que han recuperado en necrópolis de Kirguistán son basales a todas las actuales y a las del siglo XIV de diversos yacimientos europeos, lo que las sitúa en el origen de la pandemia”.

Catapultar cadáveres con la peste

“Quizá lo más interesante —añade— es que son apenas ocho años antes de la llegada, en 1346, de la plaga al puerto genovés de Caffa [en la península de Crimea], que fue sitiado por los mongoles y que catapultaron dentro de sus murallas los cuerpos de personas muertas por la pandemia, causando que esta se extendiera primero por la ciudad y después por varios puertos italianos como Mesina. Existía la hipótesis de que la peste negra podría llevar décadas circulando por Asia central antes de entrar en Europa, pero este estudio confirmaría que su surgimiento tuvo lugar muy poco antes de asolar el continente”.

[Referencia: Maria A. Spyrou et al. “The source of the Black Death in 14th-century central Eurasia”. Nature, 2022. Fuente: agencia SINC.]

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Un análisis del polen fósil muestra que la mortalidad de la peste negra tuvo un impacto muy desigual

Redacción SdE

La mortalidad de la peste negra no fue tan homogénea como han reflejado hasta ahora los libros de historia. Una investigación, publicada en la revista Nature Ecology and Evolution, extrae esta conclusión del análisis de polen y esporas fosilizados recogidos en toda Europa.

“Hemos descubierto que la considerada peor pandemia de la historia tuvo un impacto devastador en algunas regiones, como Escandinavia o Francia, mientras que en otras, como en Irlanda o la Península Ibérica, el impacto fue mucho más discreto”, expone Reyes Luelmo, investigadora en el grupo de arqueología medioambiental del Instituto de Historia del CSIC (España).

She travels around the country, obra de Theodor Kittelsen (1857-1914).

El análisis de polen permite una reconstrucción muy fidedigna de la historia de la vegetación y del desarrollo de las actividades económicas relacionadas con la agricultura y la ganadería. El polen permite reconstruir la señal que indica cómo interaccionan los humanos con el entorno.

Según la actividad humana desarrollada en una zona, cambia la cantidad de algunas especies y la presencia o ausencia de otras, y, por tanto, del polen que desprenden y que queda almacenado en los suelos.

“Gracias a estas reconstrucciones, podemos saber cómo era la relación de nuestros antepasados con el paisaje que habitaban, si se dedicaban a la agricultura y a la ganadería o si estas dinámicas cambiaban por alguna razón”, explica Luelmo.

La peste negra fue una enfermedad que tuvo un gran impacto en la población, así que implicó cambios en la forma en la que las comunidades podían relacionarse con el medio.

“Supuestamente, una epidemia con tal caída demográfica habría provocado por entonces que los bosques se recuperaran ante un menor impacto humano sobre ellos y, en paralelo, que tanto la agricultura como la ganadería sufrieran una notable deceleración o incluso cese absoluto”, señala José Antonio López, investigador del Instituto de Historia del CSIC.

De este modo, el retroceso de las actividades agropecuarias habría provocado un avance de los bosques, que desprenderían mayor cantidad de polen. Este se depositó en los suelos y quedó fosilizado.

La paleoecología, y en concreto el estudio del polen fósil, es una herramienta muy versátil que puede aportar información fiable, y que, según palabras de Reyes Luelmo, “llega allí donde a veces los documentos históricos no alcanzan”.

Historias locales para pandemias mundiales

La peste negra asoló Europa, Asia occidental y el norte de África entre 1347 y 1352. Los historiadores han estimado que hasta el 50% de la población europea murió debido a ella. Esta despoblación masiva provocó cambios en las estructuras religiosas y políticas e influenció cambios culturales y económicos trascendentales, como fue la llegada del Renacimiento.

“El problema”, indica Reyes Luelmo, “es que estas conclusiones se basaban en datos cuantitativos, que normalmente sólo reflejan la realidad de las grandes urbes, donde las condiciones sanitarias y sociales ayudaban a la expansión de las enfermedades”. Sin embargo, este nuevo estudio aporta la información desde las zonas rurales, donde residía el 75 % de la población en época medieval.

El estudio, liderado por el Instituto Max Planck, ha confirmado las altas tasas de mortalidad en Escandinavia, Francia, el suroeste de Alemania, Grecia y el centro de Italia, gracias a la constatación de una fuerte disminución de actividad agrícola en estas zonas y la reforestación de los campos abandonados. Mientras, muchas regiones de Europa central y oriental y partes de Europa occidental, incluidas Irlanda y la península ibérica, muestran evidencia de continuidad o crecimiento agrícola ininterrumpido.

Estas novedosas conclusiones han sido posibles gracias a la participación de investigadores de diecinueve países, que han recopilado toda la información paleoambiental disponible en Europa, y han mostrado la necesidad de reconstrucción histórica a partir de fuentes locales.

“No existe un modelo único de pandemia que se pueda aplicar a cualquier lugar en cualquier momento sin importar el contexto”, dice Adam Izdebski, del Instituto Max Planck. “Las pandemias son fenómenos complejos que tienen historias regionales y locales. Hemos visto esto con el covid-19, ahora lo hemos demostrado para la peste negra”.

Las diferencias en la mortalidad demuestran que era una enfermedad dinámica, con factores culturales, ecológicos, económicos y climáticos que mediaban en su expansión e impacto.

En el futuro, los investigadores esperan que más estudios utilicen datos paleoecológicos para comprender cómo interactúan estas variables para dar forma a pandemias pasadas y presentes.

[Referencia: Izdebski, A., Guzowski, P., Poniat, R. et al. “Palaeoecological data indicates land-use changes across Europe linked to spatial heterogeneity in mortality during the Black Death pandemic”. Nature Ecololgy and Evolution. Fuente: CSIC / SINC / Redacción SdE]

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