Odiosas distracciones


De pronto le pareció muy raro el silencio en su entorno, siempre escandaloso, con voces airadas de reclamo, cuchicheos altisonantes, reclamos histéricos. Por eso apartó por un momento la mirada de su celular. Lo que miró lo dejó perplejo: sus padres se daban un largo beso. “¡Qué poca, me desconcentran!”, gritó con verdadera furia: había ya perdido tres malditos segundos en su urgente comunicación virtual.


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