Ramón Alva de la Canal. Grabado en madera.

Sobre la próxima publicación de «Actual nº 3»

Centenario del estridentismo…

El estridentismo irrumpió en el ambiente cultural mexicano a fines de diciembre de 1921 con la aparición de la hoja volante Actual Nº 1, el cual podría considerarse la primera revista de la vanguardia hispanoamericana. La preparación por parte de la Universidad de Guanajuato y Ediciones La Rana de una edición facsimilar del tercer número de Actual  —la última revista mural de Manuel Maples Arce que en julio de 2022 cumplirá 100 años de haber aparecido y que hasta hace muy poco era prácticamente desconocida— busca traer al público un producto editorial que al mismo tiempo era un objeto de vanguardia y una revista, en el cual se expresaba, de manera muy temprana, el carácter cosmopolita, iconoclasta y juvenil que caracterizaría al estridentismo y su tiempo. Al facsimil lo acompañarán textos de Elissa J. Rashkin, Salvador Gallardo Cabrera y Anuar Jalife Jacobo. A continuación se presentan fragmentos de las colaboraciones de los dos últimos autores, como adelanto de un acontecimiento editorial que actualiza la reflexión en torno a nuestra vanguardia.


Neobjeto estridentista Actual número 3 (fragmento)

Salvador Gallardo Cabrera

[…] De las cosas desfondadas y los objetos sin gravitación a los neobjetos recompuestos, se teje una de las mutaciones más alargadas, quebradas, poliédricas en los saberes. Las vanguardias históricas trabajaron justo en el tránsito de marea de los objetos auráticos a la aparición de los neobjetos u objetos recompuestos. En torno a los objetos, ensayaron varias operaciones: profundizaron la despresentificación de las cosas “naturales” o “dadas” buscando, en algunos casos, la desmaterialización, la simultaneidad de planos, el quiebre de los enlaces lógicos, y, en otros, la primacía del concepto. Crearon neobjetos multidimensionales atravesados por los acontecimientos, en escalas de espacios, yuxtapuestas o dislocadas, lo contiguo simultáneo a lo disperso y lo próximo a lo lejano. Realizaron una crítica de los objetos y materiales burgueses, auráticos, ligados a tradiciones y técnicas antiguas. Crearon nuevas velocidades sintácticas por medio de las cuales interdigitaron los objetos técnicos de nuevo cuño con la sensibilidad humana. En un movimiento paradójico, al quebrar la frontera liminar de lo artístico, se alcanzó una comprensión ya no sólo etnológica, folclórica o cultural, sino artística, de los objetos (máscaras, esculturas o pinturas) de África, Oceanía o América. Crearon sus poemas, cuadros, grabados y piezas musicales, desde la captura y conducción de fuerzas en un espacio acontecimental, y ya no como delimitación de formas.

Entre los neobjetos creados por las vanguardias, sus manifiestos, revistas y hojas volantes-anuncios, pensadas más para la acción inmediata y la transmisión de mensajes, se convirtieron con el paso de los años en documentos y objetos de museo. Los manifiestos que pedían acabar con la cultura burguesa e incendiar los museos terminaron formando parte de sus colecciones. Las revistas que impulsaban las nuevas velocidades sintácticas y que quebraron el canon del diseño editorial, se convirtieron en objetos de culto y en modelos. En los museos desbordados por la avalancha de las cosas desfondadas aparecieron nuevas secciones para albergar a los objetos de nuevo cuño. […]

En México, la valoración del estridentismo fue muy tardía. El libro seminal de Luis Mario Schneider,  El estridentismo o una literatura de la estrategia, fue publicado por el Instituto Nacional de Bellas Artes en 1970. En los años ochenta, en la nota a la edición de El Estridentismo (1921-1927), preparada por el mismo Schneider para el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, se da cuenta de la “imposibilidad de encontrar los textos de los estridentistas”, de las dificultades casi inabordables para hallar las primeras ediciones de sus libros y de localizar sus revistas y manifiestos. Entre los dos anillos de la marea que desfondó a las cosas e hizo circular a los neobjetos, muchos libros, revistas, manifiestos, invitaciones en hojas volantes y grabados estridentistas se perdieron. Serge Fauchereau ha contado los mil lances que tuvo que atravesar para dar con las obras de Germán Cueto. Del Manifiesto número 3, que lanzó Salvador Gallardo en julio de 1925, apenas se conservó un ejemplar en mal estado; el resto del tiraje se disolvió en las calles rabiosas de Zacatecas. La máscara de Maples Arce que hizo Cueto se perdió. ¿Cuántas placas de los grabados de Fermín Revueltas o de Ramón Alva de la Canal no alcanzaron la orilla? La existencia del tercer número de Irradiador, la revista estridentista que apareció en 1923, era apenas una bella conjetura, como dice Evodio Escalante, hasta el año 2011. El Actual número 2 no ha podido ser hallado…

De ahí que la presente edición del Actual numero 3 sea una buena nueva para los amigos de la literatura y de las artes. El ejemplar que ha servido de base a la edición facsimilar fue encontrado por Salvador Gallardo Topete, mi padre, en el mismo cajón oceánico de Salvador Gallardo en el que halló los tres números de Irradiador que permitieron realizar la edición facsimilar de 2012 (Universidad Autónoma Metropolitana, colección Espejos de la memoria). El estridentismo mantuvo siempre una adhesión luminosa al presente, y no es como anticuarios que nos interesa acercarnos a sus obras […]

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Actual no. 3 y las revistas literarias de los jóvenes hacia 1920 (fragmento)

Anuar Jalife Jacobo

[…] En materia revisteril los años veinte comenzarían con dos monumentales empresas no vistas desde los tiempos de la Revista Azul o la Revista Moderna, conducidas, además, por las figuras intelectuales más reconocidas del momento: México Moderno (1920-1923), de Enrique González Martínez, el prestigiado poeta que había signado toda la década anterior, y El Maestro (1921-1923), de José Vasconcelos, el antiguo ateneísta y militante maderista que regresaba como hijo pródigo a liderar una revolución cultural.

En lo que toca a los jóvenes, la tercera década despuntaría, de forma significativa, con dos publicaciones profundamente modernas, presididas por un par de nóveles poetas que, también significativamente, habían permanecido al margen de los círculos literarios que se congregaron en torno a las revistas de las que hemos hablado hasta ahora: Prisma, de Rafael Lozano, y Actual, de Manuel Maples Arce.

Prisma / Revista Internacional de Poesía, publicada entre enero y agosto de 1922 con un total de 8 números, ocupa un lugar difícil de delimitar en la historia de la prensa mexicana, pues poseyó un carácter más bien internacional, como anuncia su subtítulo; era dirigida desde París, se editaba e imprimía en Barcelona por la casa editorial Cervantes y circulaba en México; en su realización, además, participaban de forma muy cercana dos españoles: el poeta, editor y traductor Fernando Maristany y el líder del vanguardismo hispánico Guillermo de Torre. Rafael Lozano, que durante 1921 había traído a México noticias de primera mano de la actualidad artística europea en sus columnas de El Universal Ilustrado, construyó desde Prisma un escaparate moderno consagrado a lo más actual de la poesía de su tiempo. La revista fue un foco de proyección para diversas manifestaciones literarias, unidas por su espíritu de novedad, como el expresionismo alemán, la poesía de los jóvenes españoles y la nueva poesía norteamericana; una plataforma cosmopolita donde destacaban las traducciones —llegando a representar más de un tercio de las colaboraciones— de lenguas como el inglés y el francés, principalmente, pero también del portugués, el ruso, el chino, el árabe y el catalán[1]; y un espacio de difusión internacional para los representantes de la joven poesía mexicana. […]

En diciembre de 1921, mientras en París, Lozano revisaba las últimas pruebas del número inicial de Prisma; en la Ciudad de México, Maples Arce despertaba una madrugada, decidido a publicar un manifiesto que precipitara una “renovación literaria de manera inmediata”[2]; ese mismo día por la noche fijaría “junto a los carteles de toros, en los primeros cuadros de la ciudad y, principalmente, por el barrio de las facultades”[3] el Actual Nº1 —Hoja de Vanguardia. […] La hoja volante pasaría a la historia de nuestra literatura no tanto como el primer número de una revista sino como el manifiesto de un movimiento de vanguardia que nacía precisamente con ese gesto.

En el momento de la aparición del primer Actual, Maples Arce era una figura completamente periférica de las letras mexicanas, incluso entre los jóvenes. Alejado de los radares críticos de los mecenas del momento, el veracruzano, llegado a la capital del país a principios de 1920, había hecho su entrada al mundo cultural de comienzos de los veinte por la puerta del periodismo de actualidad, al convertirse en colaborador de publicaciones como Revista de Revistas y Zig-Zag, magazines de gran éxito que, junto con El Universal Ilustrado, traían a México las noticias de los ismos europeos. Asimismo, pese a haber trabado relación con algunos de los escritores y artistas que colaboraban en estas publicaciones, su círculo intelectual más cercano parece haber sido el de los jóvenes pintores la Academia de San Carlos y de la Escuela de Pintura al Aire Libre de Coyoacán […]. Seguramente fue esta posición al margen de los grupos, figuras y espacios centrales y tradicionales de la literatura mexicana, sumada a su cercanía con el mundo de la plástica y su conocimiento cada vez más profundo de la vanguardia, la que permitió que emergiera en el joven Maples Arce el espíritu radicalmente moderno, crítico e iconoclasta, incrédulo del medio literario mexicano, que retumbaba en el “Comprimido estridentista” […]

Pese a la escasa repercusión que el Actual tuvo en la prensa, Maples Arce continuó con su agitación y en febrero de 1922 publicó una segunda entrega de Actual. Según la escueta descripción que él mismo hace, el Actual Nº 2 —hasta la fecha perdido— incluía una colección de poemas del joven Pedro Echeverría “escritos sólo con mayúsculas y una sintaxis telegráfica, es decir, suprimiendo preposiciones, artículos, relativos, etc., y que por su contenido y espíritu sugería algo nuevo, aunque pueril”[4].

El Actual Nº 3 aparecería en julio de 1922 con un formato similar al de las entregas anteriores, aunque con un carácter más revisteril. […] incluyó diez poemas, un texto en prosa y una sección de “Notas, libros y revistas” donde se reseñaban las publicaciones vanguardistas de la última hora y se daban noticias sobre el incipiente movimiento estridentista. […]

Como señala Carla Zurián, Actual Nº 3 “a pesar de conservar su formato de hoja de vanguardia, pierde su carácter de cartel para ganar un terreno editorial más homogéneo y estructurado como revista de avanzada”[5]. No se trata ya de un manifiesto ni de la colección de poemas de un único autor sino de una publicación modesta que se sumaba al coro de revistas literarias que se editaron con profusión a comienzos de los años veinte. La selección de autores internacionales (cuatro españoles, un alemán y un francés) apuntaba al carácter cosmopolita que el veracruzano quería imprimir a la revista y al movimiento que estaba encabezando, a la convicción de que la verdadera patria del poeta moderno radica en su capacidad para experimentar lo nuevo, para sentir el presente; por otra parte, la presencia de jóvenes mexicanos, más bien debutantes, señalaba el descrédito que Maples Arce daba al establishment literario de su tiempo y su apuesta por una juventud literaria que, libre del lastre de la tradición, pudiera dar cauce a una sensibilidad ajustada a una nueva modernidad y emprender la renovación radical de las letras mexicanas; finalmente, el propio formato de la hoja mural —aunque seguramente condicionado por la falta de recursos económicos— terminó por enfatizar lo que Rafael Osuna llama la vocación presentista de las revistas, su pretensión de “ofrecer el testimonio de un instante”[6], una aspiración que coincidía con la poética actualista del naciente estridentismo […]

Notas al pie

[1] Luis Alberto Arellano, Rafael Lozano, mensajero de vanguardias, (San Luis Potosí: El Colegio de San Luis / El viajero inmóvil, 2018), 147.

[2] Manuel Maples Arce, Soberana juventud (Xalapa: Universidad Veracruzana, 2010), 84.

[3] Maples Arce, Soberana juventud, 84.

[4] Maples Arce, Soberana juventud, 84.

[5] Carla Zurián, “Actual: la solitaria estridencia” en Laboratorios de lo nuevo. Revistas literarias y culturales de México, España y el Río de la Plata en la década de 1920, eds. Rose Corral, Anthony Stanton y James Valender (México: El Colegio de México, 2018).

[6] Rafael Osuna, Las revistas literarias. Un estudio introductorio (Cádiz: Universidad de Cádiz, 2004), 22.

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