“Cada día tenemos que vencer las inercias de la burocracia”

Víctor Ronquillo, periodista y novelista…

Narrador y, sobre todo, periodista de mil batallas, Víctor Ronquillo ha conversado con su colega Víctor Roura. Han hablado aquí no sólo de lo que conforma al periodismo cultural escrito y televisivo actual —qué es, cómo entenderlo, cuáles son sus diferencias y dificultades—, también han charlado sobre la crisis en la que se halla hoy el periodismo en general, del turbio ambiente en el que ha entrado, y por qué es importante corregir el rumbo y seguir adelante: Para mí —dice en esta entrevista Víctor Ronquillo— el periodismo ha sido siempre un ejercicio de rigor intelectual y de compromiso con lo que creo justo”.


Periodista y escritor, Víctor Ronquillo (Ciudad de México, 1957) ha publicado varios libros en el género de lo que se considera la no ficción, como Las Muertas de Juárez (Planeta, 1999), Los niños de nadie / La trata de personas a ras de asfalto (Ediciones B, 2007) y Ruda de Corazón / El blues de la Mataviejitas (Ediciones B, 2006). Ha escrito un par de novelas para jóvenes, algún libro de cuentos y tiene un par de novelas inéditas… “más las que se acumulen —dice Ronquillo— en esta crisis editorial y del libro en México… y el mundo”. Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ha publicado en periódicos y revistas a lo largo de más de casi 40 años. También ha trabajado en televisión como guionista, reportero, conductor y analista político.

Correr con suerte

—El periodismo cultural no interesa al empresariado informativo, ya lo sabemos. Sin embargo, de él provienes. ¿Qué tan difícil fue haber irrumpido en esta área de la comunicación?, ¿y por qué no otra zona, digamos, más productiva?

—Lo cierto es que corrí con suerte. Con algunos textos, que había logrado publicar en el suplemento “México en la Cultura”, reseñas de libros y alguna crónica, busqué trabajo como reportero. Era profesor, a mucha honra lo sigo siendo, y quería ampliar horizontes. Toqué la puerta en El Nacional y me la abrieron dos periodistas a quienes siempre he admirado: Rafael Castilleja, jefe de Información del diario, y nuestro querido y recordado Manuel Blanco. Gracias a ambos aprendí el oficio. Era aprendiz de reportero y asistente de la redacción. Manuel fue un generoso maestro, decidió que tenía que ampliar mi perspectiva de intereses, ir más allá de entrevistar escritores. Fue así como empecé a escribir con toda libertad, intentando hacer un buen periodismo sobre los más diversos temas. Un verdadero posgrado de periodismo cultural en la redacción de la sección cultural de El Nacional. Lo pienso gracias a tu pregunta, pero en el fondo sigo teniendo dos ejes en mi trabajo: el más visible es el tema de los derechos humanos, el que me llevó por extraños senderos, y el de la cultura, constante en mi vida. Un recurso para sensibilizarme y mirar desde otra perspectiva la información y mi quehacer como periodista.

—Es cierto: curiosamente El Nacional, periódico del Estado, era uno de los más plurales en el sector cultural mientras lo dirigió Manuel Blanco. Ya en el salinato lo despidieron de artera forma para instalarse el contexto mafioso de la cultura, que domina ahora en todos los medios impresos y digitales. ¿Recuerdas algunas restricciones y autolimitaciones en tu comienzo periodístico?

—No te miento: practiqué el oficio con libertad y en un ambiente muy grato. Manuel Blanco [1943-1998] fue un excelente jefe y me permitió desarrollar mis habilidades y ampliar mis intereses. Muy pronto, aún trabajando en El Nacional, empecé a colaborar en otros medios, lo que no era bien visto, pero en lo que siempre me apoyó Manuel. También por ese entonces obtuve una beca del Centro Mexicano de Escritores y otra del INBA, lo que fortaleció mi vocación de escribir, de narrar lo que me sucedía. Fue a mediados de la década de los años ochenta, y buena parte de esa pasión por la literatura y el periodismo quedó registrado en las páginas de la sección cultural de El Universal, dirigida por Paco Ignacio Taibo I y cuyo editor era Benito Taibo. Inventamos una sección intitulada “Ángeles de la Calle”, donde publiqué por más de un año mis crónicas. Esa sección derivó en otra: “Cronista de Guardia”, donde colaboraron otros muchos colegas, algunos de ellos alcanzaron después éxito como escritores o periodistas. Por mi parte continué con la búsqueda de mi propio oficio y ello me llevó a colaborar en “Página Uno”, suplemento de información política que en ese entonces dirigía Jorge Fernández Menéndez con quien siempre mantuve una visión sobre un periodismo inteligente y crítico. Colaboré con Jorge en muchos de sus proyectos periodísticos por años hasta que terminó por separarnos la distinta visión que tuvimos sobre la llamada Guerra del Narco de Calderón. Después de El Nacional y de colaborar un tiempo en la sección de información general de ese diario trabajé en Argos, lo que me llevó a hacer tele.

Los derechos humanos

—Era lógica, me parece, la separación con Fernández Menéndez. ¿No hay algunas veces una ingenuidad hasta cierto punto perturbadora en los periodistas cuando trabajan bajo los intereses de gente identificada en ámbitos prestigiados del poder político? Ese sueño de la libertad expresiva suele confundir a las almas cándidas, ¿no crees?

—Sí, tienes razón. Debo decir, quizás en descargo de mi propia conciencia, que para mí todo espacio es una trinchera y que en la relación con Jorge logramos realizar distintos trabajos que me siguen pareciendo de valor periodístico y, si me permites, hasta histórico. En la emisión televisiva de “Punto de Partida”, programa de Multivisión, documentamos las dinámicas de la migración, contamos la historia de los maras y seguimos la ruta del tren llamado La Bestia antes que muchos otros medios. También realizamos un seguimiento de lo que ocurría con la irrupción del narcotráfico como un poder fáctico que retaba al Estado y ganaba territorios imponiendo la ley de la violencia. Me parece que realizamos un rico trabajo periodístico, yo como reportero en el campo de batalla, y Jorge aprovechando de la mejor manera la información que le daban sus contactos. Claro, llegó el momento en que teníamos distintas versiones sobre la realidad y cada uno siguió su camino. En mi caso definí claramente que mi ejercicio profesional y mi oficio están al servicio de lo que consideró justo. Si me preguntas cuál es mi “fuente” de información te puedo decir que hoy es la de los derechos humanos y siempre será la de la cultura, porque en la “fuente” cultural, de un modo o de otro, se gesta un nuevo pensamiento, una nueva visión, los artistas abren horizontes y senderos y a mí me gusta ir tras ellos.

“No elegí hacer tele…”

—De muchos modos también aquella inusual relación te condujo a tu verdadero campo periodístico: el de la televisión, el de la documentación electrónica, porque luego siguieron ejercicios en los cabales del Estado. ¿Cuál es la diferencia básica entre la prensa cultural escrita y la prensa cultural electrónica?

—No elegí hacer tele, fue algo circunstancial. Lo primero fue mi trabajo en Argos como jefe de información de una serie memorable: Expediente 13 22 30, donde abordamos temas de nota roja desde la perspectiva social y un moderno tratamiento televisivo. Por ese entonces también colaboré en el planteamiento de alguno de los guiones de la telenovela Nada personal, que tuvo como uno de sus temas centrales la descomposición social generada por los grupos del crimen organizado. Después de estas experiencias y ya en el sexenio de Calderón, cuando la trágica estrategia de la guerra contra las drogas, decidí trabajar en el periodismo televisivo en dos temas: el de la defensa de los derechos humanos y el del universo de lo social. Tuve oportunidad de colaborar en Canal 22 por años y realizar varias series como Nosotros los otros, Bios Naturaleza y sociedad, Palabra de libro

“Desde mi experiencia en el periodismo televisivo manejas recursos que tienen que ver con el entramado de lo que miras en la pantalla, con un elemento de entretenimiento, por supuesto, inteligente. Un ejercicio de periodismo que provoca en el posible espectador emociones y, en el mejor de los casos, ideas. En cuanto al periodismo escrito, me parece que la base está dada en el carácter reflexivo del lenguaje, en su fuerza ligada a su carga de pensamiento. Siempre he considerado que detrás de todo lo que pude hacer y hago en tele hay un montón de palabras, por lo tanto de ideas y reflexiones. Aprendí el oficio de maestros como Manuel Blanco y Paco Ignacio Taibo II. El oficio de escribir y publicar cada día con todo lo que significa.

“A la vuelta de los años, no puedo negar que sobre todo he encontrado espacios para desarrollar proyectos propios en la televisión pública. Proyectos que estoy convencido refieren a una posición progresista, de izquierda, lo mismo he abierto espacios para el pensamiento universitario, que suman a favor de una cultura de tolerancia: he trabajado temas medioambientales y realizado periodismo de investigación con los recursos de la televisión.

“Me parece que es urgente reflexionar en torno a los medios y las televisoras públicas y universitarias en este momento donde algunos de nosotros aspiramos a una auténtica transformación del país”.

“Cada día apuesto por una televisión pública…”

—Dices, y dices bien, que has trabajado en la televisión de acuerdo a los recursos que te han asignado, lo que me hace recordar que el buen Armando Ramírez decía que en México era inexistente el periodismo televisivo. Se hacen cosas, sí, como él las pudo hacer, pero sin la independencia que uno podría encontrar, por ejemplo, en la prensa escrita. El objetivo de Argos, y se sabe en el medio, era el económico, y no podía ser de otra manera proviniendo esa empresa de Carlos Payán. Entiendo que has trabajado en las condiciones como has podido, lo que no deja de ser admirable, ¿pero hay ya en el país un periodismo televisivo en toda la extensión de la palabra, Víctor?

—Es difícil pensar si hay un periodismo televisivo en toda la extensión de la palabra… porque resulta que el mismo periodismo, como todo lo que corresponde al quehacer humano, es algo que se construye y se transforma, día con día, en una espiral más que en una línea ascendente. Aunque quizá tengas razón al sugerir que no hemos logrado aprovechar todos los recursos que nos permite el medio para construir discursos televisivos con eficacia y valores periodísticos. Por mi parte lo he intentado y sigo intentándolo todos los días… ahora lo hago en Capital 21 con un ejercicio de análisis político que busca ser crítico y didáctico.

“Por la índole del canal, cada día apuesto por una televisión pública. Lamentablemente enfrentamos limitaciones de recursos financieros para una mejor producción y en ocasiones tenemos que vencer las inercias de la burocracia, pero siempre hay que dar la batalla y seguir adelante. El reto ahora es doble, o aun triple: construir una verdadera televisión pública, hacer periodismo de carácter social, comprometido con lo que me parece justo, y lograr que sea un ejemplo de buena televisión… un (si me permites la audacia del concepto) espectáculo inteligente. Además de ello, hay que contar con dos elementos determinantes: abrir espacios a las más diversas voces y entender que el trabajo de un moderno periodismo televisivo ahora debe comprenderse como un trabajo destinado a múltiples plataformas, por lo que hay que trabajar en diversos lenguajes y contenidos. Complejo, pero muy interesante. Me siento contento al colaborar en Capital 21 ya que comparto con algunos de mis colegas de la División de Noticias estas preocupaciones. Lo que nos lleva a realizar un ejercicio del periodismo televisivo que me parece es inteligente, crítico y abre espacios de reflexión distintos a los de la otra tele. Te invito a ver los informativos de las 13 horas y las 21 horas. Con toda modestia, me parece que lo que trato de hacer es ir hacía la construcción de ese periodismo televisivo, con todos los elementos que he mencionado, y muchos más que tenemos que poner sobre la mesa”.

“Hay que seguir nadando como los salmones a contracorriente”

—Entiendo, Víctor, los numerosos esfuerzos. Las conversaciones con el profesorado de las academias, por ejemplo, en efecto no se miran en ninguna otra parte. Entiendo el trabajo incansable. Sin embargo, hablo justamente de ese loable esfuerzo que no es reconocido en el país ni por el mismo gremio periodístico. Tú mismo lo cuestionas al decir que tienen que lidiar con las inercias de la burocracia. ¡Para hacer bien tu trabajo tienes que luchar contra tu misma empresa! Ese es el problema. Ese es el dilema. Y no hay porvenir más dilecto, ¿verdad?

—Tienes razón, hay que luchar contra la misma empresa. Esto responde a distintos factores. De manera general puedo hablar de una creciente degradación social. En los hechos existe una clara ignorancia del papel social del periodismo, de su carácter humanista. Es cada día más difícil enfrentar a un monstruo de miles de cabezas, pero no hay de otra. Hay que ser persistente y ganar las pocas batallas posibles, defender los espacios y seguir adelante, como siempre nadando como los salmones a contracorriente. Quiero pensar que alguna vez las gigantescas aletas que cargo se volverán alas.

“Hay otro capítulo de esta historia en la que me encuentro: la de la falta de estrategia para el aprovechamiento de los medios públicos como un espacio de reflexión y construcción de una realidad distinta. Sobra la mediocridad, la inercia de conservar la chamba y falta el talento, la creatividad, el entender la dimensión que pueden cobrar los medios públicos en un país donde hay que exigir auténticas transformaciones”.

“Amplié el espectro de la discusión”

—Sobra la mediocridad, ciertamente, en la industria mediática. Dice López Obrador que estamos viviendo tiempos oscuros en el periodismo mexicano. No lo creo, porque desde hace décadas estamos en la oscuridad periodística. Lo que sucede es que, por vez primera, los medios y los periodistas han dejado de recibir, con AMLO, millones de pesos de la fuente gubernamental que los ha hecho contrariar demasiado al punto de hacernos querer ver que vivíamos felices en los tiempos priistas y panistas. Las transmisiones que haces en Capital 21 incluso se deja ver esta molestia entre los invitados. ¿Cómo debe asumir estas discusiones un periodista imparcial libre de estas descargas monetarias que han afectado la vida social en México, Víctor?

—Con honestidad. Para mí es importante ofrecer una versión distinta de la realidad, de los hechos, que generan los distintos poderes, ir más allá de lo que conviene al poder económico, al poder político o a los poderes mediáticos. Esta versión es una lectura de la suma de elementos que conforman eso que podemos considerar la realidad. Se trata de ampliar la perspectiva, de que el posible público, las audiencias y lectores miren más allá, que se amplié el espectro de discusión. Cada vez resulta más difícil, insisto en ello, pero hay que desarrollar estrategias y alianzas para seguir adelante. En fin, vengo de una generación que comprendió que cada espacio periodístico, agrego también académico, es una trinchera y que la lucha es por un mundo más justo para todos.

Los tiempos están cambiando

—Tú has estado en la prensa escrita y en los medios electrónicos, ¿cuáles son las diferencias apenas acaso perceptibles para el jornalero común o son abismales las diferencias entre un trabajo u otro?

—Lo cierto es que la formación y el oficio de quien realizó labores de periodismo escrito para los medios impresos es una gran escuela. En el caso de los medios electrónicos se tiene que ser preciso, contundente, además de tener claro que hay un ingrediente de entretenimiento inteligente, pero al fin entretenimiento que es determinante. De cualquier manera yo escribo y me planto ante el micrófono y las cámaras con la dignidad que implica nuestra función. Para mí el periodismo ha sido siempre un ejercicio de rigor intelectual y de compromiso con lo que creo justo.

“Los tiempos han cambiado y me parece que ahora tenemos que ser polivalentes… pero siempre reivindicaré las enseñanzas de mis maestros en el hacer del periodismo, como Manuel Blanco, Paco Ignacio Taibo I, David Martín del Campo y Andrés Ruiz… y de colegas como tú mismo a quien debo enseñanzas fundamentales”.

“Esa pretendida ira oculta un vacío de verdadera información y contenidos”

—Por último, Víctor, ¿por qué la prensa ahora se muestra iracunda, a qué atribuyes esta insolvencia periodística contemporánea, por qué esta majadería nunca antes visibilizada de los medios ante cualquier instancia política?

—Bueno, se trata de varias cosas. Lo primero es que esa pretendida ira oculta un vacío de verdadera información y contenidos. Lo otro es que responde a respuestas viscerales ante la posición que se guarda frente a un proyecto político distinto al que privó durante casi cuatro décadas y generó una prensa dependiente del poder, acomodaticia y deshonesta. La ira y lo que llamas majadería, con toda razón, procede de estos personajes. Añadiría también la sin razón de su discurso y su falaz crítica. Me parece que ante estas posiciones hay que proponer un ejercicio de periodismo inteligente, reflexivo y crítico. Un ejercicio de nuestro oficio imaginativo y definido por una práctica humanista.

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