Tradición y modernidad

El high life, nos dice aquí Constanza Ordaz, se originó en los años veinte del siglo XX en los puertos de África occidental cuando los marineros extranjeros introdujeron nuevos instrumentos, sin que esto significara una amenaza de desplazamiento de los usos instrumentales sagrados.


La aparición del high life

Cualquier que haya tenido el privilegio de escuchar discos de música africana de diversas épocas habrá observado, seguramente, una evolución notable en las distintas composiciones con la incorporación de instrumentos modernos y eléctricos sobre la base tradicional sonora autóctona.

En ellos, los griots han destacado por su carácter abierto, capaz de involucrar los sonidos eléctricos y electrónicos sin el prurito de que éstos, por sí mismos, sean una amenaza para el desplazamiento de los usos instrumentales sagrados, cuyo origen se pierde en el tiempo.

Al menos los siguientes dos fragmentos del libro La música es el arma del futuro (Fifty Years of African Popular Music, de Frank Tenaille, Editorial Lawrence Hill Books, Chicago, 2002) son claros en la explicación de la diversidad de estilos, ritmos y “movidas” culturales que aparecieron en África, básicamente a partir de la llegada del ritmo candoroso del high life.

La buena vida

El high life se originó en los años veinte del siglo XX en los puertos de África occidental cuando los marineros extranjeros introdujeron instrumentos como la concertina, la armónica y, principalmente, la guitarra.

Algunos músicos locales, como Kwance Asore, Sam, solían tocar la guitarra en bares de vino de Palma, adaptando las técnicas tradicionales de pulsación con dos dedos, pero pronto sus melodías empezaron a oírse en ambientes más saludables.

Las grandes orquestas que tocaban valses, polcas, foxtrots y ragtime para la élite negra de Accra insertaron nuevas melodías indígenas en sus repertorios. La gente que no tenía dinero para entrar en esos locales y se quedaba en la calle escuchando los nuevos sones y veía a los entacuchados de dentro como representantes de la high life —la buena vida—, término que dio nombre a esa forma musical.

Después de la Segunda Guerra Mundial el saxofonista y trompetista E. T. Mensah introdujo cambios importantes en el high life; redujo la gran orquesta a un grupo de siete músicos —los tempos—, dominado por instrumentos de viento e incorporó arreglos de swing y calipso junto a ritmos y percusión cubanos.

Tiempo después de la introducción de la guitarra eléctrica, en los años cincuenta, grupos como los African Brothers infiltraron elementos de reggae y funk dando a este estilo un aire más rápido y bailable, aunque recurriendo frecuentemente a las canciones de pioneros como Sam, y en particular, a su “Yaa Amponsah”, tema que llegó a inspirar concursos nacionales en la interpretación de su ritmo.

Sin embargo, las buenas perspectivas musicales se frustraron momentáneamente con el golpe de Estado que derrocó a NKrumah en 1966, presidente de Ghana, mas también golpeó a la industria musical ghanesa aunque los esfuerzos de su primer presidente por fomentar la “personalidad africana” ya habían inspirado a otros líderes progresistas de la región.

La autenticidad

Sékou Touré, al llegar al poder en Guinea en 1958, estableció una red de orquestas regionales que competían en un concurso bienal por convertirse en orquestas nacionales, a las que se les concedía equipos de sonido de 700 vatios, asistencia médica gratuita, viviendas modestas y sueldos de funcionarios igualmente modestos.

Fueron estos grupos, como Bembeya Jazz, los que revitalizaron el arte de los griots mandingos con su inyección de arreglos modernos, duplicando en las guitarras eléctricas las partes de la kora —arpa— y el balafón —xilófono de madera—, que tradicionalmente habían sido utilizados para crear una base de ritmos cíclicos sobre los cuáles el griot recitaba e improvisaba largas y fluidas líneas de alguna melodía.

Además, como contrapeso del canto se incluyeron instrumentos de viento, impregnados de música cubana.

Feliz encuentro

Con el hilo conductor de los griots, la música africana se construye y reconstruye a partir de su propia riqueza y diversidad.

El carácter tribal y étnico de algunos de sus instrumentos no le impide su interés de convivir con la modernidad.

Acaso los griots, entre otras cosas, son agentes que hacen coincidir la tradición con la modernidad. Y cuando estos ingredientes tienen un feliz encuentro, surge con fuerza el espíritu musical del gran continente africano.

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