Los 40 años del sello independiente.

Las cuatro décadas de Modesto López en su Pentagrama

En el aniversario 75 del productor y videoasta…

Además de sus siete décadas y media de vida —que cumpliera el pasado 8 de enero—, Modesto López celebra en este 2020 otro importante aniversario en su vida: los 40 años de la casa discográfica Pentagrama, que fundara el 6 de octubre de 1980 en México incorporando a veintenas de artistas de indudable calidad musical que no tenían cabida, por increíble que parezca, en ningún otro estudio de grabación. A lo largo de estos 40 años, el catálogo del sello se ha ampliado hasta contar con más de una decena de documentales en formato de DVD y más de 700 títulos musicales, abarcando géneros como jazz, tango, bolero, rock mexicano, música afroantillana, folclore latinoamericano, nueva canción, música tradicional mexicana y música para niños. En efecto: hablamos de una proeza insuperable incluso para los sellos multinacionales preocupados, sólo, por alcanzar un determinado número de copias vendidas… “La diversidad minoritaria de Pentagrama, de manera paradójica, ha sido su grandeza”.


En sus siete décadas y media de vida, que cumpliera el pasado 8 de enero, Modesto López —nacido, durante una airada tormenta de nieve en una aldea llamada Uceira Branca en la provincia de Lugo, España— celebra en este 2020 otro importante aniversario en su vida: los 40 años de la casa discográfica Pentagrama, que fundara el 6 de octubre de 1980 en México incorporando a veintenas de artistas de indudable calidad musical que no tenían cabida, por increíble que parezca, en ningún otro estudio de grabación. En 40 años, Modesto López cuenta con 730 títulos diferentes reuniendo a artistas principalmente de Latinoamérica, mayoritariamente mexicanos, una proeza insuperable incluso para los sellos multinacionales preocupados, sólo, por alcanzar un determinado número de copias vendidas so pena de someterse, el artista, a la expulsión inmediata del medio. La diversidad minoritaria de Pentagrama, de manera paradójica, ha sido su grandeza.

Modesto López (en primer plano), acompañado del equipo de Pentagrama.

De gira con Siripo y con Capella

—¿Cuántos años tenía Modesto López antes de que en su cabeza girara la idea de crear una discográfica en México? ¿Por qué una productora de discos? En 1980 ciertamente a casi nadie le interesaba grabar música regional de no ser las instituciones culturales o los centros estudiantiles, ninguna compañía establecida formalmente corría riesgos de venta en su catálogo musical, por eso imponían la música de lo que sus ejecutivos consideraban era lo más audible comercialmente. En ese momento la televisión aprobaba o desaprobaba a los artistas presentándolos en sus programas o censurándolos. No había de otra. ¿Qué pensaba Modesto López de todo esto? ¿Cómo fue su cercanía con los músicos, qué lo estimuló a construir una disquera? ¿Por qué el nombre de Pentagrama?

—En 1976 realizamos una gira por 12 países del continente con el grupo Siripo (teatro, títeres y música), que duró un año. Cada uno de nosotros teníamos tareas para ir recopilando material de las distintas áreas artísticas, entre ellas la música. Allí comienza a surgir la idea de hacer algo para difundir toda esta riqueza de nuestra América.

“Cuando me voy a vivir a Ecuador en 1978 empiezo a pensar en crear un sello grabador. Luego viene la gira con el cantante y compositor uruguayo Manuel Capella con el espectáculo Cantopoemas, del amor, de la tierra y del hombre. En esa gira llegamos a México y me invitan a trabajar en el sello grabador Fotón.

“Por aquel entonces, años 1979/80, existían tres casas disqueras que eran Discos Pueblo, de Los Folkloristas; Nueva Cultura Latinoamericana, de Julio Solórzano; y Nueva Voz Latinoamericana, de José de Molina. Me di cuenta de que los tres juntos no podían cubrir todo lo que había para hacer en la música de México y América Latina.

“Para mí fue referente igualmente importante Iván René Cosentino, periodista y excelente músico, un visionario que a principios de los sesenta creó en Argentina el sello grabador Qualiton, que difundía a los mejores músicos y poetas populares y a la también llamada música culta. Y en un viaje que realicé a Francia hallé otra vital referencia: tuve la posibilidad de conocer el funcionamiento del sello grabador Le Chant du Monde. Cuando regreso de Francia vengo a México con la idea de crear Pentagrama. Para ello cuento con el apoyo fundamental de mi compañera Marta De Cea y de los amigos David Bascht y Adolfo de la Huerta.

“El nombre lo elegimos entre Adolfo de la Huerta y yo después de varios días de sugerir distintas propuestas”.

Trabajo y organización

—Hallamos en esta respuesta la primera desmitificación bárbara: ¿por qué entonces se relaciona a Modesto López con el tango como si fuera el creador de Pentagrama un ilustre sudamericano, una creencia acaso cosechada por el mismo productor y futuro videoasta? Porque desde el inicio la música argentina tuvo un peso trascendente en tu repertorio. Modesto, ¿cómo vas eligiendo el catálogo para tu sello grabador?, ¿qué se necesita para afinar el buen gusto musical y no caer en el mercantilismo oneroso que acompaña, por ejemplo, a las televisoras que se niegan a debatir sobre la buena música? Y una pregunta básica: ¿qué sucedió con Siripo?, ¿fue sencillo o complicado hacerte a un lado? ¿Cómo viviste el exilio en los primeros años en México?

—La verdad es que desde hace mucho pienso que uno no escoge el lugar donde nacer, pero sí se puede escoger el lugar donde estar y ser. En mi caminar por el mundo, que no es mucho pero sí lo suficiente para aprender que uno es lo que es gracias a la gente que uno va integrando y pasa a formar parte de lo que somos, uno es gracias a los demás que viven o vivieron dejando una huella en la historia… todo esto para decir que mi país es donde está mi gente con la que sufro, río, gozo y sueño por un mundo mejor.

“Fíjate que en el catálogo de Pentagrama, con 730 títulos editados, el 75 por ciento pertenece a México y el otro 25 por ciento a distintos países de Latinoamérica, y de éstos será un ocho por ciento de Argentina.

“Desde el principio nos propusimos grabar y difundir aquella música y poesía que contribuyera a enriquecer el pensamiento del ser humano, no buscar el éxito por el éxito mismo, tratar de ser coherentes con la realidad social y política que vivimos. Por lo general estas ideas nos acompañaron siempre y fueron una guía para formar nuestro catálogo. Siempre dijimos que nosotros no formamos parte de una industria, como se suele decir en este medio.

“Nosotros somos una Empresa Cultural que utiliza un medio industrial para difundir lo que pensamos. Creo que esto es válido no sólo para Pentagrama, sino también para los demás sellos grabadores independientes similares a nosotros.

“A los grandes medios de comunicación sólo les interesa la utilidad económica que puede redituarles. Por cuestiones ideológicas no les interesa difundir nuestra música, la otra música. Lo terrible es que estos medios de comunicación han influido en el gusto de políticos y mucha gente llamada de izquierda o progresista. Nosotros somos hormiguitas que trabajamos incesantemente, y como decía uno de mis escritores preferidos Roberto Arlt en la voz de uno de los protagonistas de su novela Los Siete Locos: ‘El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo’. Y yo agregaría: y de organización”.

Las hormiguitas

Modesto López, enseguida, nos comparte la letra de una canción de Daniel Viglietti:

Las hormiguitas blancas y azules
con su carguita cruzan la tierra,
cruzan los mares, cruzan los cielos
dejando atrás el temporal,
la casa rota, el pie asesino,
la vida herida por ese mal,
el temporal.
Pero los sueños y los caminos
las hormiguitas no dejarán:
los van cargando con la ilusión
de un circo en viaje hacia la función.
Si les preguntan dónde trabajan
contestan siempre: “En la construcción”.
La construcción.

Las hormiguitas carpintereando,
albañileando, pintarrajeando,
imaginando, desolvidando,
enamorando y hasta cantando.
Van caminando y acumulando
verde energía, mucha esperanza.
Mucha esperanza.
Siguen andando sobre la tierra,
sobre los cielos, sobre los mares,
multiplicando hojas y flores,
acumulando verde energía,
mucha esperanza, mucho buen día
para su viaje que es circular.
Es circular, va a terminarse
para empezar.

Las hormiguitas son muy tenaces,
las cicatrices van a cerrar,
con sus hojitas de yerba mate
las hormiguitas se sanarán.
Pocos comprenden su largo viaje,
¿por qué salieron si han de volver?
Han de volver.
Todas chuequitas, las hormiguitas.
Son solidarias como un panal.
Todas chuequitas, las hormiguitas.
Son solidarias como un panal,
pero si encuentran el pie asesino
Pica que pica, lo atacarán.
¡Lo atacarán!

Las hormiguitas que yo les canto
son tan chiquitas que ni se ven,
pero los sueños que van cargando
tienen la altura que tiene el bien.
El bien de toda naturaleza
que en esta tierra pide un lugar.

Las hormiguitas nunca se pierden
porque su viaje es circular.
Es tan redondo como los ojos
de un ser humano al despertar.
Es tan redondo como el planeta
que vamos juntos a liberar.
¡A liberar!

En Pentagrama Óscar Chávez, Modesto López y Daniel Viglietti, en una imagen de 2004.

Hasta que llegue la larga noche de la muerte

Continúa Modesto López su historia:

—Lo de Siripo, Grupo de Teatro, Títeres y Música, fue un tiempo de vida muy intenso. En época de la dictadura trabajamos en la clandestinidad, organizamos peñas clandestinas, realizamos dos giras: la primera, de un año, por 12 países de este continente y la segunda, de seis meses, por cuatro países del sur del continente. Fueron cinco años de compartir amores y desamores, pero lo importante que a todos nos marcó, a todos, incluso a los que murieron, es que seguimos siendo amigos y cada uno lleva en la memoria y en el ejemplo lo que fue Siripo.

“Sí fue triste la desintegración del grupo, pero las circunstancias políticas obligaron a que escogiéramos distintos caminos.

“Quiero comentarte que el nombre de Siripo lo tomamos en homenaje a la primera obra teatral no religiosa y de contenido independentista del dramaturgo Manuel de Lavardén. Estrenada en 1789, insinúa el tema del conflicto entre el indio y el conquistador. La obra estaba en cartel en el Teatro de la Ranchería en 1792 cuando se produjo el incendio que terminó con la destrucción de la endeble construcción debido a unos fuegos artificiales provocados por una iglesia cercana.

“En cuanto al exilio, debo decirte que yo nunca me exilié: me tuve que ir, pero no asumí el rol de exiliado. Primero fui a Bolivia, luego viví un tiempo en Ecuador y por fin, el 2 de septiembre de 1979, llegué a México, donde tuve el apoyo de muchos amigos que nos conocíamos de mis viajes anteriores. Aquí encontré el amor, la amistad y pude concretar algunos de mis sueños. Siento que tuve la suerte de ser un sobreviviente. Muchas veces me pregunto por qué uno vive y otros compañeros que merecían estar aquí dieron la vida para que nosotros viviéramos. Y pienso que lo único que uno puede hacer es tratar de ser lo más honesto, humilde y coherente posible y saber que uno es gracias a ellos. Por ellos seguimos. Por eso tratamos de estar hasta llegar a la larga noche de la muerte, como supuestamente decía Sócrates”.

Depende de las épocas

—Sin duda, Modesto, el trabajo en Pentagrama es altamente honroso. Por ti, y por tu mujer Marta De Cea, el querido Óscar Chávez por fin pudo hallar un lugar para darle salida a su gran labor musical (a Óscar yo le decía que era el paleontólogo de la música mexicana). ¿Qué disco, o discos, han sido los más buscados en Pentagrama en estos 40 años de vida? ¿O, en caso de haberla, qué decepción musical ha sido la más profunda de entre todo tu repertorio?

—Depende de las épocas, pero te mencionaré algunos: distintos títulos de Óscar Chávez, o la banda Bostik, el grupo Yalba, Betsy Pecanins, Guillermo Velázquez y los Leones de la Sierra de Xichú, los Hermanos Rincón, Luis Pescetti, Rockdrigo González, Amparo Ochoa, Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, Atahualpa Yupanqui, Piporro, El Personal, la Banda de Tlayacapan, La Castañeda, Ñico Saquito, Mono Blanco y el disco de Armando Rosas con la Camerata Rupestre.

“La verdad que no tuve ninguna decepción y si la tuve no está en mi recuerdo”.

Documentalista autodidacta

—¿En qué momento decidiste crear documentales, además de temas impensables para las grandes productoras, como las vidas y los hechos de los poetas o de asuntos invisibilizados en el arte popular? ¿Esta resolución fílmica de dónde proviene: de un interés autodidacto o de un estudio preliminar? ¿Cuántos documentales van a la fecha, cuál ha sido el más complicado de realizar?

—Desde mi formación como actor tuve la fortuna de vincularme con los movimientos de las distintas áreas artísticas, entre ellas el cine. Me defino como un autodidacta que tuvo la posibilidad de compartir la amistad de muy buenos maestros documentalistas.

“Desde hacía tiempo observaba que eran muchos los poetas y músicos a los que teníamos que conocer más a fondo. Si bien el disco es bueno para escuchar la música o la poesía de un autor, el lenguaje cinematográfico nos permite introducirnos a su hábitat, dimensionar el contexto social y político en que se desarrolla ese creador, así que en cuanto pude comencé a trabajar en documentales.

“El más complicado de realizar fue el de José Carlos Becerra, pues como ya había muerto en 1970 no tenía la posibilidad de hablar con él, así que tuve que ir descubriéndolo a través de los amigos, familiares y caminos que transitó en vida. Después de encontrarlo, lamento mucho no haber conocido personalmente a este extraordinario ser humano”.

Como productor, Modesto López ha participado en cuatro documentales, uno de ellas acreditado con el Ariel en 1982: El tango es una historia, de Humberto Ríos. Compartiendo guión y dirección, en otros cuatro. Y ha dirigido dos: Ernesto Cardenal / Solentiname y Alí Chumacero; palabras en reposo. Y como guionista al frente de la misma dirección, seis documentales más: Antonio Preciado: entre cantos y marimbas, Grandes de Tlacotalpan: entre décimas y sones, José Carlos Becerra: Poeta, Coro Quiero Retruco: Todavía cantamos, El caído del cielo y Amparo Ochoa: se me reventó el barzón (a estrenarse entre abril y junio de 2021). Y como actor ha intervenido en cuatro películas. En total, una veintena de filmes, nomás por no dejar. Una cada dos años. Nada mal para un autodidacta de la cinematografía.

Óscar Chávez, cantante comunista en Sears

—Y, para finalizar, ¿por qué no nos cuentas dos anécdotas de las mil que hay en tu vida, tanto musicales como escriturales? Una vez me decías que Juan Gelman le pedía a Óscar Chávez que escribiera más poesía, por ejemplo. Los Beatles y Queen fueron rechazados en algunas disqueras antes de ser las bandas colosales que dignificaron al medio musical. Salvando las proporciones, ¿no es duro para un empresario discográfico la elección de los artistas? ¿Te has visto en esos aprietos alguna vez?

—Cuando editamos el disco de Navidad Mexicana con Óscar Chávez, nuestro vendedor llegó a un acuerdo con el departamento de compras de las tiendas Sears que nos obligaba a entregar para todas sus sucursales una cantidad (unos 45 días antes de las fechas decembrinas). Tuvimos que hacer 5,000 ejemplares; para nosotros era una inversión muy fuerte, pero lo hicimos. Cuando los entregamos a los pocos días nos informan que debíamos retirarlos, pues por órdenes de la gerencia general ese producto de un cantante comunista no podía venderse en su empresa.

“Otra anécdota: Librerías de Cristal tenía varias sucursales, vendían muy bien nuestros discos elepés y casetes. Cuando editamos los discos de Rockdrigo Gomzález fueron solicitados por los compradores, pero al poco tiempo recibimos una dotación indicándonos que por orden de arriba teníamos que retirar todos los discos de Rockdrigo pues un individuo que decía leperadas no podía estar en esta cadena de tiendas, lo que nos llevó a varías gestiones pues no podíamos admitir esta decisión. Meses después nos autorizaron a vender los discos del buen Rockdrigo.

“En una de las reuniones que solíamos hacer en la cocina de Pentagrama, recuerdo que estábamos Juan Gelman, Rodolfo Mederos, Marcial Alejandro y otros amigos. Tenía poco que le había regalado a Juan el libro de poesías de Óscar Chávez: Sin fin de llantos. Lo habíamos editado con el apoyo de la Editorial Práxis, de Carlos López. De pronto Óscar dice que se tiene que ir a hacer un trámite y regresa, y Gelman le comenta:

“—Antes de que te vayas quiero decirte que leí tu libro. Me pareció muy bueno. Quiero decirte que eres un muy buen poeta. Deberías publicar más.

“Y a propósito de lo que dices de los Beatles y de Queen, un conocido me propuso lanzar a un cantante y compositor extranjero, que por dinero no me hiciera problema, que Pentagrama tendría el respaldo necesario como para que pasara a ser una disquera de las más importantes de Latinoamérica. Como yo ya sabía a quién se refería, lo dejé hablar hasta que le dije que no, de ninguna manera, que a eso se entraba pero no se salía dignamente”.

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