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Detenido
Junio, 2026
Si esto fuera una narración de futbol, tendríamos que decir algo así como… “Manjarrez toma el balón y se lo pasa a Boligán; Boligán alza la mirada y se lo da a Luis Fernando; Luis Fernando lo pausa, mira a un lado, mira al otro, y lo filtra a Itzel; Iztel dribla y de taquito se lo da a Nani; ¡Nani mira y centra y…!” Sin embargo, esto no es una narración de futbol, y, sí, es el aviso de un nuevo libro sobre este deporte hecho de puros trazos: a propósito de la fiesta mundialista (que ya inicia este 11 de junio), la Asociación Mexicana de Caricaturistas ha puesto en circulación Un mundial de la patada / Futbol en su tinta. El libro reúne a una gran parte de lo mejor de los caricaturistas nacionales, y se suman a ellos colegas de otras latitudes. Con autorización, reproducimos un fragmento de la ‘presentación’, el prólogo completo firmado por el periodista y escritor Víctor Roura, y, sobre todo, algunos de los cartones de esta selección mundial de moneros.
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Presentación
Los motivos del mono (fragmento)
Con el presente volumen, la Asociación Mexicana de Caricaturistas suscribe el empeño editorial de no abandonar el impreso en papel en estos momentos donde rige lo digital, y darle además una “patada” a la inteligencia artificial (IA) que pretende hacer el trabajo que la inteligencia natural del monero (IN) siempre hará mejor.
En Un mundial de la patada / Futbol en su tinta reunimos más de ochenta cartones, en una estupenda serie de estampas creadas por la mirada inteligente —regularmente crítica y plural—, que provienen de honorables caricaturistas, ciudadanos y ciudadanas de la hermana República del Humor, participando artistas de Argentina, España, Estados Unidos, Canadá, Brasil, El Salvador, Colombia y México, los cuales entrelazan sus miradas en un catálogo único.
A través de homenajes y sátiras, de arte y periodismo, esta colección de cartones no sólo celebra el mundial, sino que denuncia la intolerancia que aún persiste en el planeta, demostrando, una vez más, que el humor gráfico es una herramienta poderosa, artística y periodística para reflexionar sobre nuestro tiempo. Y vaya que en México nos pintamos solos, pues no está de más presumir que este año mundialístico también conmemoramos el Bicentenario de la Caricatura en México. ![]()
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El futbol sin humor
Víctor Roura
Pelé afirmaba que el futbol ha sido siempre la parte más importante de su vida: “Siempre viví en su atmósfera, con todos mis sentidos, y todo aquello que se refiera al futbol me ha interesado naturalmente siempre. Tengo visto, a través de mi vida, todo lo que se ha creado en torno a este deporte, que es el más popular del mundo: libros, películas, álbumes fotográficos, etcétera. Y ahora me doy cuenta de que pocas veces he visto ser utilizado el futbol con tanta intensidad como material de humor. Tal vez el futbol contenga ya en sí mismo alegría suficiente como para que el humor se haya ocupado poco de él”.
Y, por lo mismo, el libro Football, que publicara en 1982 el argentino Guillermo Mordillo —fallecido a sus 86 años el 29 de junio de 2019, tres años antes que don Edson Arantes do Nascimento, quien partiera, octogenario como Mordillo, de esta vida el 29 de diciembre de 2022 a la edad de 82 años—, sigue siendo el clásico en este renglón. Porque razón tenía Pelé cuando afirmaba en el prólogo del libro de Mordillo que, a pesar de ser tan cotidiano, el futbol carecía de humor, aunque haya quienes lo jueguen con alegría (que son los menos, por cierto: “La verdad es que, viendo el libro de Mordillo —decía Pelé— he sentido una alegría parecida a la que se siente al meter un gol. Es muy bueno que uno de los mejores cartonistas del mundo utilice el futbol como tema de su humor”).
Si Pelé hubiera podido ver Un mundial de la patada seguramente habría cambiado de opinión.
Por eso es muy bueno que, de nuevo, haya otro libro sobre futbol realizado por magníficos dibujantes, que hubiera sido aplaudida, la salida de Un mundial de la patada, por este hombre que dominaba el soccer como pocos lo han logrado en este mundo. En el volumen, donde se recoge medio centenar de ilustraciones, cartones, historieta, deformaciones pictóricas —en realidad toda una suerte de laberintos en el entramado del dibujo artístico—, podemos apreciar que, en efecto, también en el futbol hay, cómo no, buen humor.

Ciertamente, no proliferan los libros con este tema deportivo, si bien la razón de esta nubosidad editorial es, sí, un misterio insondable: ¿por qué será evitado, como tema humorístico, el futbol?
En las antologías de cuentos, asimismo, el futbol es una cosa seria. La literatura tampoco se ha permitido jugar jocosamente con el balón. Y viéndolo desde la perspectiva real, desde el mero campo de juego, el futbol tampoco es visto con humor. Ningún jugador bromea, ni es ocurrente, ni sonríe… a menos que se produzca un gol a favor de su equipo. Puro formalismo, solemnidad, seriedad en exceso. Los jugadores parecen salir a la cancha no a divertirse, toman al futbol demasiado en serio, se extravían en sus disquisiciones formales, se explican con severa cautela las razones por las cuales no pudo entrar ese maldito balón a la red contraria. Hasta el que pudo meter el gol no está divertido… a menos que con su anotación su equipo levante una copa o su victoria los encumbra como campeones, aunque, y Pelé lo sabía muy bien, no se puede ser un campeón, en el futbol, para toda la vida.
La mayoría de los jugadores carece de alegría acaso signado su destino para levantarse anímicamente ante una posible derrota. Sólo los niños se divierten cuando juegan futbol, porque los jóvenes se lo toman con harta solemnidad. ¿Quién ha visto sonreír a Ronaldo, por ejemplo, antes de tirar un penal?
Claro, no hablo de esa sonrisa lógica que produce el haber metido un gol o ganado un partido. Sería el colmo. Es el único momento en que el futbolista sonríe, pero es una sonrisa volátil, fugaz, superficial. ¿De qué puede sonreír un hombre que ha anotado un gol cuando su equipo va perdiendo por cinco goles en contra? Yo recuerdo haber visto jugar al Loco Aussín en el Veracruz de los años sesenta. Le decían Loco porque era un hombre que salía a divertirse a las canchas. En un momento dado, por ejemplo, se acostaba en el pasto a descansar y a silbar una melodía, mientras sus compañeros se mataban por el balón. Iba por todos lados de la cancha sin control alguno. De pronto, tomaba el esférico y se iba corriendo en sentido contrario, o sea contra su propia portería, y luego enviaba el balón hacia fuera del terreno de juego nomás porque sí. El Loco Aussín sabía divertirse en el futbol, como pocos. Por eso no es recordado, por eso ha pasado al olvido, por su locuacidad. Porque el futbol es un asunto serio.

Si Pelé hubiera podido ver Un mundial de la patada seguramente habría cambiado de opinión sobre la falta de humor en este deporte. “Tal vez el futbol contenga ya en sí mismo alegría suficiente como para que el humor se haya ocupado poco de él”, dijo Pelé… porque jamás pudo mirar a los ilustres ilustradores de este nuevo libro.
Por algo, el uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) en su libro El futbol / A sol y sombra, de 1995, habla de la “guerra danzada” para describir a este deporte: “En el futbol —dijo Galeano—, ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la nación. Estos guerreros sin armas ni corazas exorcizan los demonios de la multitud, y le confirman la fe: en cada enfrentamiento entre dos equipos, entran en combate viejos odios y amores heredados de padres a hijos. El estadio tiene torres y estandartes, como un castillo, y un foso hondo y ancho alrededor del campo. Al medio, una raya blanca señala los territorios en disputa. En cada extremo, aguardan los arcos, que serán bombardeados a pelotazos. Ante los arcos, el área se llama zona de peligro. En el círculo central, los capitanes intercambian banderines y se saludan como el rito manda. Suena el silbato del árbitro y la pelota, otro viento silbador, se pone en movimiento. La pelota va y viene y un jugador se la lleva y la pasea, hasta que le meten un trancazo y cae despatarrado. La víctima no se levanta. En la inmensidad de la hierba verde, el jugador yace. En la inmensidad de las tribunas, las voces truenan. La hinchada enemiga ruge amablemente:
“—¡Que se muera!
“—Devi morire!
“—Tuez-le!
“—Mach ihn nieder!
“—Let him die!
“—Kill kill kill!”
El futbol es una guerra.
¿Y alguien va a combatir con alegría?
Pero los hay, en efecto. Aparte de los espectadores, sobre todo si son caricaturistas, los hay, sí, de carne y hueso que saltan a la cancha con extremo buen sentido del humor… aunque sus respectivos equipos pierdan la partida: hay futbolistas que, contrariando las reglas solemnes, salen al campo a divertirse… seguramente después de haber leído o mirado Un mundial de la patada. ![]()





