Nicki Minaj y Karol G.

La tusa, la infidelidad y los embrujos psicológicos de Karol G y Nicki Minaj

En 2020 “Tusa” fue la canción más escuchada en la plataforma de streaming Spotify en México. Tras su lanzamiento, a finales de 2019, en menos de un par de meses alcanzó cifras extraordinarias de reproducción en línea con más de un millón de streams diarios en Spotify. En YouTube la situación no ha sido distinta: el video de esta canción que interpretan Karol G y Nicki Minaj suma, a la fecha, más de mil 300 millones de reproducciones. La infidelidad, tema en torno al cual gira la letra de esta pieza, es, siempre, un tópico atractivo. Lo interesante es que “Tusa” nos muestra la forma en que responde al engaño, en nuestros días, una parte del bando femenino, una narrativa que va de la chica mala a la libertad sexual, pasando por el inevitable dolor que causa el amor perdido.


La infidelidad en la pareja es un fenómeno mucho más común de lo que suele admitirse. No obstante, es un tema del que no se habla abiertamente, que se trata en voz baja, que se aborda con discreción o que, incluso, permanece en el armario, oculto por años. Por eso las canciones sobre infidelidad, engaño o traición resultan tan atractivas. Son acompañantes —consejeras discretas— en momentos de dolor, de desesperación, de tristeza. Quizás es por eso que cuando Karol G y Nicki Minaj lanzaron “Tusa”, una canción en la que hablan de sus estrategias para librar el colombiano sacudimiento por la repentina pérdida amorosa, tuvieron tanto éxito.

En el libro Anatomía del amor. Historia natural de la monogamia, el adulterio y el divorcio (Anagrama, 1994), la antropóloga estadounidense Helen Fischer apunta que, según varias encuestas, cerca del 70 por ciento de todos los estadounidenses (hombres y mujeres) manifestó haber tenido una aventura en algún momento de su vida de casados. Es muy posible que suceda algo similar en nuestra sociedad. Es decir, que la mayoría de las personas que se comprometen oficialmente a ser monógamas, a tener relaciones sexuales sólo con quien deciden unirse en matrimonio, sean incapaces de cumplir con lo acordado. Claro que no es necesario que una pareja esté casada para que exista una infidelidad, un engaño, una traición. El engaño puede darse, desde luego, en otro tipo de relaciones: noviazgo, concubinato, amigos con derechos, etcétera. Basta con que ambos hayan asumido tácita o explícitamente el acuerdo de sostener relaciones sexuales sólo con su contraparte.

La traición, según el diccionario Espasa-Calpe, es una “violación de la fidelidad o lealtad que se debe”; es una falta alevosa a la lealtad. Esta violación a la lealtad, esta falta alevosa a espaldas del otro, esta infidelidad puede llevar al rompimiento de la pareja. Y de ahí al dolor, al sufrimiento, a discusiones interminables, al drama, a la violencia, a la depresión, al asesinato o al suicidio. Pero también, como proponen Karol G y Nicki Minaj en su “Tusa”, a la fiesta, a la celebración infinita, a la libertad del cuerpo y al autoengaño. La infidelidad es un suceso que sólo cobra su verdadera fuerza y su intensidad, a veces desbordada, hasta que queda al descubierto. Es en ese instante, cuando se le ha retirado el velo que la mantenía oculta, que la infidelidad se convierte en traición. Tal como lo cantan Karol G y Nicki Minaj:

Ya no tiene excusa
Hoy salió con su amiga disque pa’ matar la tusa
Que porque un hombre le pagó mal
Está dura y abusa
Se cansó de ser buena
Ahora es ella quien los usa
Que porque un hombre le pagó mal
Ya no se le ve sentimental
Dice que por otro man no llora, no.

Despecho por razones amorosas

En 2020 “Tusa” fue la canción más escuchada en la plataforma de streaming Spotify en México, un país que, según dio a conocer en 2019 la Federación Internacional de la Industria Fonográfica, es el que más música consume en todo el mundo: 25.6 horas de música a la semana, muy por encima del promedio mundial estipulado en 18 horas a la semana, es decir, más de 2.5 horas al día. En menos de un par de meses “Tusa” alcanzó cifras extraordinarias. Si hacemos caso a un tuit publicado por Universal Music México el 23 de diciembre de 2019 (apenas un par de meses después de que Karol G y Nicki Minaj lanzaran esta canción), “Tusa” ya contaba con más de un millón de streams diarios en Spotify. Al momento de escribir este texto (10 de marzo de 2022), “Tusa” suma más de mil 300 millones de reproducciones en YouTube.

Hablamos de una canción, pues, que le abre la posibilidad a la gente de experimentar emociones y actitudes desde el sonido y la imagen, pero, sobre todo, de experimentar una reacción y una postura desde las palabras y la seguridad que exhiben dos bellas mujeres famosas. Muy pocas son las personas que algún día podrán interactuar cara a cara con la colombiana Carolina Giraldo Navarro, mejor conocida como Karol G, o con Onika Tanya Maraj-Pettyla, nacida en Trinidad y Tobago y cuyo nombre artístico es Nicki Minaj; no obstante, son millones las personas que pueden sentirse cercanas a ellas mientras cantan, bailan y padecen la “Tusa”.

Porque “Tusa” es una canción que propone, a quienes la escuchan, en especial a las chicas, un camino que permitiría salir de esa tristeza o desazón provocada por el fracaso amoroso o, al menos, a creer que se ha superado. “Tusa” es un término empleado en Colombia. En su segunda acepción, el Breve Diccionario de Colombianismos nos dice que “tusa” significa “despecho por razones amorosas”. La propia Karol G, citada por el suplemento digital “Verne” del diario El País, de España, ha dicho que cuando se siente la tusa con ese vacío en el corazón se “intenta llenarlo con gente, bebiendo y pasándolo bien”. Pero enseguida se apunta que la “tusa” obliga a ciertos rituales: “Para mí, lo mejor para pasar la ‘tusa’ es salir con mis amigas y comer hamburguesa”, explicaba a “Verne” Ana María Tafur, una publicista de 26 años que había cortado con su novio después de seis años de relación.

Fotograma del video “Tusa”, canción de Nicki Minaj y Karol G.

Esta situación va incluso más allá de los rituales que tiene aparejados: también tiene una base psicológica. Según la psicóloga clínica de la Pontificia Universidad Javeriana, Tatiana Colón, la ‘tusa’ es una reacción emocional frente a la pérdida que supone la ruptura de pareja. “Como con cualquier pérdida, la persona experimenta una sensación de duelo, de tristeza y hasta de autorreproche —decía Tatiana Colón a la periodista Lucía Franco en febrero de 2020—. Como en todo duelo la persona entusada intenta, por momentos, negar la situación dolorosa emocionalmente y para eso acude a mecanismos sociales como la rumba, el consumo de alcohol, la música de despecho, la reunión con amigos y la conversación alrededor de experiencias similares, buscando, así, aminorar el dolor que se siente”.

Ante la experiencia de la “tusa”, ante la tristeza o el despecho provocado por el fracaso o desengaño amoroso, Karol G y Nicki Minaj tienen esta canción, que de preferencia debe escucharse, cantarse y bailarse en compañía de algunas cómplices divertidas:

Un shot pa’ la pena profunda
Y seguimos gastando la funda
Otro shot pa la mente
Pa’ que el recuerdo no la atormente
Ya no le copia nada
Su ex ya no vale nada
Sale pa’ la disco y sólo quiere perrear
Pero se confunde cuando empieza a tomar
Ella se cura con rumba
Y el amor pa’ la tumba
Todos los hombres le zumban

“Pero si le ponen la canción…”

Karol G y Nicki Minaj narran las circunstancias de aquella mujer despechada que sale con su amiga “disque pa matar la tusa” porque un hombre le pagó mal. Una mujer que bebe y bebe para que el recuerdo no la atormente, que gasta la funda, que quema su garganta con alcohol, un trago tras otro, para calmar la mente y que el recuerdo deje de ser ese tormento, esa pena profunda por la traición del hombre que ama. Su venganza es ir a la disco a perrear, curarse con rumba y darse cuenta de que ahí todos los hombres la buscan, al contrario del traidor, quien anda tras otra. Por eso pretende cobrarse con la misma moneda, volviéndose una chica mala: ella es la dura, ella es ahora quien usa a los hombres, ya no se le ve sentimental. Sin embargo, el estribillo la arroja a esa realidad de la que pretende alejarse:

Pero si le ponen la canción
Le da una depresión tonta
Llorando lo comienza a llamar
Pero él la dejó en buzón
Será porque con otra está
Fingiendo que a otra se puede amar
Pero dices todo este llanto por nada
Ahora soy una chica mala

O sea que el recuerdo y el dolor perviven. Pero se disfrazan con una canción. Se superponen con baile. Se crea una ilusión pasajera. La letra le ayuda, a quien la canta, a construirse una realidad en la que la intérprete es la “peor perra del mundo”, como dice una traducción simple de la letra en inglés que recita Nicki Minaj [I know I’m the baddest bitch you ever really met]. Una letra, la interpretada por Nicki Minaj, por cierto, llena de violencia, sexo y venganza que vuelve a la mujer capaz de mirar orgullosa, y con indiferencia, la forma en la que el traidor llora y patalea como niño. Ese hombre que la engañó hizo de ella una mujer que “vive un nuevo día, en un nuevo lugar”, con nuevas aventuras sexuales [Cause it’s a new day, / I’m in a new place / Gettin some new D, / sittin on a new face]. Una chica, en fin, que no será más aquella a quien el traidor busca “sólo para acostarse”, así que, a partir de ahora, “él tendrá que masturbarse” [Aint no more booty calls, / you gotta jack off].

“Tusa”, la canción, es, para concluir, una pieza que impulsada por las nuevas tecnologías de la comunicación y las redes sociales ha podido alcanzar los oídos y la mirada de muchas mujeres en el mundo, rompiendo las barreras del idioma, las culturas y los países. Mientras Karol G manda en español un mensaje que va de la dureza a la suavidad de extrañar y buscar por teléfono la voz del hombre que la ha traicionado (quien se da el lujo de no contestarle), Nicki Minaj muestra en inglés a una mujer sexualmente libre, sin miedo a expresar lo que siente y que puede ser incluso agresiva: “Yo y Karol G dejamos que los traidores hablen / No intentes pasarte de listo con nosotras porque podríamos usar la ametralladora [It’s me an Karol G we let them rats talk / Don’t run up on us cause they letting them Makks off ].

Un fenómeno, en fin, en el que podemos observar con claridad lo que expresa la investigadora catalana Mercé Martínez en su Psicología de la comunicación: “Para que un acto de habla sea efectivo depende de varios factores: lo que dice el emisor, el contexto en que lo dice, la manera cómo se dice (que incluye no sólo la estructura lingüística sino también los aspectos prosódicos, gestuales, etc.) y, por último, las diversas características del receptor”. La consistencia del mensaje a largo plazo y la posibilidad de que esté presente en muchos lugares al mismo tiempo hacen crecer sus efectos, lo que permite una mayor tendencia a que las personas consideren ese mensaje como realidad. Aquel sentimiento que la chica no sabe dónde ubicar, cómo localizárselo, de qué forma extraerlo de sí misma, es materializado por la “Tusa” en su ritmo, su letra, su baile, su música. Porque en la “Tusa” hay todo eso: un mensaje, una música repetitiva y contagiosa, mucha alegría y coraje, coreografía, mujeres, muchas mujeres, voces “vibrosas” en Auto Tune, gestos que buscan empoderar a las cantantes, quienes, como queda claro al final de “Tusa”, se miran como reinas: “Karol G / Nicki Minaj / The queen / With de queen”.

El mundo entero cayó, en su momento, bajo el embrujo de la “Tusa”. Y ya sabemos que esos embrujos suelen ser cosa del espíritu.

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