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Las rebeliones y revelaciones de Gioconda Belli: una conversación

La novelista y poeta nicaragüense, exiliada en España, ha sido galardonada hace unos días con el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

Junio, 2023

En febrero pasado, Gioconda Belli cumplió su primer año de exilio. No era la primera vez que debía abandonar su tierra natal, Nicaragua, donde había nacido en 1948. La escritora escapó a México y Costa Rica cuando tenía 25 años para luchar contra la dictadura de Anastasio Somoza. Formaba parte de la oposición sandinista junto a Daniel Ortega, actual presidente del país centroamericano y dirigente político del que ahora ha tenido que huir. Por sus posiciones críticas contra él y el gobierno que encabeza, Belli fue —junto con otros connacionales— despatriada, retirada su nacionalidad y confiscados sus bienes. Así, casi medio siglo después, con 74 años de edad, se encontró con que “no tenía donde vivir”, como plasmó en su poema ‘Despatriada’, y aterrizó en España. En esta entrevista con la periodista Laura García Higueras desde Madrid, donde actualmente radica tras su destierro y donde vive un segundo exilio, la recientemente galardonada con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana reflexiona sobre el papel del arte, repasa su obra, habla de su vida actual en el país ibérico, pero, también, da claves para entender el estado actual de su país, de las lecciones del pasado y de la necesidad de nuevos paradigmas.

“Llevar desde los años setenta celebrando ese territorio en discordia que es el cuerpo femenino ha sido un acto de desafío”. Y también uno de los motivos por los que la nicaragüense Gioconda Belli ha sido galardonada con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. El jurado ha elegido a la escritora —exiliada en España después de que el Gobierno de Daniel Ortega le retirara la nacionalidad— por “su expresividad creativa, libertad y su valentía poética”. La autora de títulos como La mujer habitada, El país de las mujeres y El pergamino de la seducción ha desarrollado una carrera literaria marcada por su fuerte compromiso político.

Ante el auge de la extrema derecha a nivel global, Belli defiende que la cultura sí tiene un poder que puede ejercer: “Incitar a la lectura de obras que analizan cuando esas mentalidades reaccionarias adquieren el poder y ejercen un autoritarismo dominante escudándose en temas populistas”. Además, ensalza cómo desde “el arte y la creatividad se puede ayudar a imaginar nuevos paradigmas a los que aspirar”.

La poeta y novelista defensora de los derechos humanos participó en la presentación de la plataforma política Sumar a principios de abril. “Me gustaría ser española para tener una líder como Yolanda Díaz”, proclamó entonces antes de dedicarle un poema que rezó: “Si eres una mujer fuerte prepárate para la batalla / Aprende a estar sola, a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo / A que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta, a nadar contra corriente”.

—El jurado del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana ha destacado su obra por su “valentía poética”, ¿qué opina al respecto?

—Entiendo su perspectiva porque mi poesía rompió y rompe muchos esquemas, sobre todo en lo que respecta a la expresión del ser femenino. En mi poesía yo he escrito de la mujer, de mí misma, no como objeto de la sensualidad masculina, sino como sujeto de mi propia sensualidad y de mi propio cuerpo. Yo celebro ese territorio en discordia que es el cuerpo femenino y le atribuyo no sólo el poder de dar vida, sino el poder de la intuición, de la empatía y de sentir el placer integralmente, es decir, no sólo como algo físico, sino como la conjunción de lo físico y lo emotivo. Haberlo hecho desde los años setenta ha sido un acto de desafío.

—¿Considera su obra valiente? ¿Por qué?

—A juzgar por el escándalo que causó que una mujer se atreviera a considerarse poderosa y sujeto de su propia sexualidad, creo que ha sido valiente. Ahora, habrá quienes piensen que se refiere a mi posición y a mi poesía política, pero quienes juzgan una poética desde el punto de vista literario no creo que se guíen por mis expresiones políticas. Ese es otro aspecto de mi trabajo, que está más desarrollado en mis ensayos y artículos. Sólo un menor porcentaje de mi poesía es político.

La escritora Gioconda Belli. / Foto: web oficial (giocondabelli.org).

—España vive una vorágine política con las recientes elecciones municipales y autonómicas, junto al adelanto de las generales. Teniendo en cuenta su perfil como artista, ¿cuánta capacidad cree que tiene la cultura de influir sobre sus resultados?

—Como decía un poeta amigo: “A poemazos limpios no se derrotan dictaduras, ni se elimina el crimen”. Pienso, sin embargo, que la cultura alude a los valores humanistas que crean una comunidad entre las personas. En ese sentido, la cultura provoca que salgan a la superficie esas aspiraciones que nos hacen anhelar un mundo que vaya más allá de nuestras necesidades materiales y nos induzca a buscar un sentido de la vida que satisfaga esa necesidad profunda de encontrarle un sentido trascendente a la existencia.

“La derecha carece de trascendencia; es dura y materialista, se ocupa del ‘yo’; la izquierda, con todo y sus defectos, propone un ‘nosotros’ que, a fin de cuentas, es más realista, porque en este mundo no hay ‘yo’ feliz si no se soluciona la felicidad del colectivo”.

—¿Es algo que ha tenido presente a la hora de decidir sobre qué temas escribir en su carrera?

—Sí. Yo encontré el sentido de mi vida cuando entendí que esa felicidad individual no podía hacerse realidad de forma aislada, y que sólo en sociedades que funcionaran para el ‘nosotros’ uno podía sentir pertenencia y no sufrir de esa terrible soledad de quien vive sólo para satisfacerse a sí mismo.

—En su caso, apoyó a Yolanda Díaz en la presentación de la plataforma política Sumar. ¿Cree que es importante que los artistas se impliquen directamente en política? ¿Qué cree que la diferencia del resto de propuestas?

—Conocí a Yolanda Díaz en Chile, en la inauguración del presidente Boric. Me cae bien. Admiro su elocuencia, su eficiencia como ministra, su fe en la empatía como clave de la función política. Yo sólo fui invitada al lanzamiento de Sumar y luego a decir unas palabras cuando ella se propuso participar en las elecciones. Expresé mi opinión sobre ella, como mujer y como alguien que conoce la política. Agradecí que, desde la izquierda, se reconociera la crítica a la deriva de Ortega hacia el totalitarismo, porque en la izquierda española todavía quedan quienes no se han enterado de que Ortega y Murillo dejaron atrás y han revertido lo que significó la revolución sandinista en Nicaragua.

—¿Cree que, como ocurría en su novela El país de las mujeres, en algún momento pasará que el que las mujeres tomen el mando no sea una excepción?

—Ya ha sucedido. En Latinoamérica, en los noventa, hubo siete mujeres jefas de Estado simultáneamente, pero mientras las mujeres sigan ejerciendo el poder sometidas a la organización masculina y a los valores de esa concepción del poder, no cambia mucho que el jefe de Estado sea varón o mujer. Mi novela plantea un cambio en la naturaleza y administración del poder. Ojalá eso se dé, pero aún no se ha dado.

—¿Qué se puede hacer desde el mundo de la cultura para frenar este auge de extrema derecha?

—Incitar a la lectura de las obras que analizan qué pasa cuando esas mentalidades reaccionarias adquieren el poder y ejercen un autoritarismo dominante escudándose en temas populistas; llevar esos ejemplos al teatro, a la literatura, pero también hacer uso de la responsabilidad de los intelectuales y artistas para advertir de los peligros. Pero más aún, creo que desde el arte y la creatividad se puede ayudar a imaginar nuevos paradigmas, nuevas visiones sociales a las que aspirar. Hay una crisis de imaginación para presentar alternativas posibles y humanistas. La izquierda no ha logrado sumar los valores humanistas a las soluciones economicistas. No ha logrado oponer la esperanza al miedo, que es lo que usa la derecha.

—Se suele decir que la derecha no hace autocrítica pero, ¿diría que la izquierda sí lo hace?

—¡Qué va! La izquierda tiene el potencial de hacerlo, pero es muy defensiva; no ha logrado desarrollar un lenguaje que ilusione, que se apoye en el nosotros y oponga a la derecha no solamente sus logros económicos, sino una nueva manera de vivir que ilusione a la gente.

—¿Qué peligro representa que un país cuente con un sector cultural oprimido?

—Es un asunto crucial el que actualmente se pida a los artistas y al sector cultural que dé mucho cuando no se valora su trabajo adecuadamente. Es una labor muy absorbente que, sin embargo, se espera que se entregue por amor al arte cuando los artistas, para crear, necesitamos tiempo y condiciones de vida que nos permitan dedicarnos a estos oficios, cuyo valor de mercado no es tangible.

La escritora Gioconda Belli. / Foto: web oficial.

—¿Es optimista? ¿Cree que es necesario que la literatura lo sea o es más relevante que sea crítica?

—No son incompatibles cuando no van en detrimento la una de la otra.

—¿Cuánta responsabilidad siente que deba alzar su voz por los que no la tienen?

—La literatura puede movilizar la conciencia del otro en cada uno. Eso es lo que hace la buena literatura: permitirnos imaginar y sentir empatía por el otro, pero esto es más sutil que el discurso político; más bien fracasa cuando se convierte en discurso político. La literatura establece relaciones a partir de lo que compartimos de la condición humana. Es el vernos reflejados en el espejo de otros personajes lo que genera la iluminación que nos hace tomar conciencia de nuestra situación. Allí es donde la literatura puede ser voz de quienes no la tienen.

—¿Qué opina sobre la cultura que parece tener la misión de evadir, generalmente más ligada con el entretenimiento?

—Creo que nos estamos inclinando demasiado al entretenimiento superficial de las redes, del inmediatismo y de referentes culturales que son performáticos. Estamos desarrollando un masivo déficit de atención y eso es muy negativo para el pensamiento crítico. Somos la era del ya, de la impaciencia, del placer inmediato. Es peligroso no pensar, ni profundizar. Corremos el riesgo de idiotizarnos y de perder la imaginación.

—En los setenta se consideró que su poesía sobre el cuerpo y la sensualidad era motivo de escándalo. ¿Qué lo es ahora?

—Curiosamente, aunque hay menos escándalo, creo que aún priman las antiguas miradas. Hay confusión e incomprensión acerca de la sexualidad fluida. Hay un debate muy agresivo sobre la identidad de género que, al conducir a un replanteamiento integral de la identidad, requiere un tiempo de desarrollo que no se quiere conceder, sino que se trata de imponer. Creo que hay que tener paciencia. Son cambios muy profundos, que vendrán sin duda, pero querer que se den sin debate ni un convencimiento interiorizado es correr el riesgo de generar rechazo o una falsa aceptación.

—¿Cómo lleva vivir en el exilio? ¿Cree que volverá en algún momento a su país? ¿Cómo ve la situación allí?

—Opto por creer que volveré, pero no quiero que ese horizonte determine mi vida. Me siento árbol, no enredadera. Yo sé de qué color es la tierra donde estoy enraizada y soy fiel a ese origen, no importa donde esté. Eso no quita que no pueda sentirme parte de esta comunidad donde habito y con la que comparto esa patria, en la que pienso y escribo, que es el idioma, la patria más allá de la geografía.

“Nicaragua está muy mal, famélica y asfixiada, pero un país que sabe derrotar dictaduras, tarde o temprano recordará lo que le enseñó su historia”.

[Texto publicado originalmente en elDiario.es; es reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons — CC BY-NC 4.0.]

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