Mi danza en la pandemia

Desde el interior…

En estos meses, no son pocos los docentes que han claudicado frente a un proceso de enseñanza-aprendizaje virtual, a distancia, en línea, que impide el contacto directo con la mirada y las voces de aquellos alumnos a veces inquietos, vivarachos, curiosos, risueños, pero también a veces distraídos, indiferentes, aburridos o de plano extraviados. En este texto, la bailarina, coreógrafa y docente Cynthia Paris nos relata con atinada sencillez la transformación de su cotidianidad dancística alterada por la pandemia y su modo de resistir el confinamiento haciendo lo que más le gusta: bailar, aprender, crear y compartir su amor por la danza, en especial con sus alumnos. Por eso no duda en señalar: “El arte libera, desahoga, inspira. Ahora más que nunca hay que seguir revisando y motivando las actividades académicas de mi bella danza”.


Cynthia Paris


Como bailarina, docente y coreógrafa el confinamiento me ha dado oportunidades y posibilidades de adaptación para habitar los espacios de creación y difusión de la danza desde otras perspectivas virtuales. La danza es, para mí, una forma de vida diaria (siempre lo ha sido), pero ahora en pantalla; para seguir creando, enseñando y teniendo logros con el alumnado, con las compañías de danza y con los equipos creativos con los que trabajo.

Además de mi danza de cada día y de mis clases virtuales, en el hogar estoy explorando mucha creatividad. Luego de muchas clases online, queda poco tiempo: las clases en línea absorben gran parte del día, casi como si la clase durara todo el día. Aun así, entre clases, reuniones escolares, revisión y calificación de trabajos, edición de videos, etcétera, también estoy cocinando, acomodando, diseñando, dibujando, haciendo alebrijes, estudiando, escribiendo (como ahora), trabajando a distancia, leyendo, escuchando música…

Es decir, reflexiono y aprendo de esta situación, me adapto y descubro mucho con la nueva normalidad, aunque a veces también quisiera más tiempo para dedicarlo a mi familia, a comer y dormir mejor; sin embargo, por ahora, con tanta actividad, me siento productiva, aunque también siento que es uno de los momentos más pesados en toda mi carrera. Afrontar las situaciones ha sido determinante para poder seguir y valorar la salud, para poder ser paciente, vivir las circunstancias y vivir solidariamente, para agradecer la posibilidad de estar sana, de tener un hogar, de tener qué comer. Tener a mi familia y a mis seres queridos con salud es lo más valioso. Por otro lado, ver la gran desigualdad que existe y la falta de conciencia también es preocupante y triste.

Mientras tanto, poder hacer lo que me entusiasma, contribuir para no propagar lo negativo y hacer aportaciones desde mis posibilidades a mejorar mi entorno me mantiene motivada, así nos mantenemos saludables en todos sentidos para cuando esto acabe y podamos continuar con las acciones que nos conduzcan a ser mejores seres humanos, cuidar a nuestro mundo y ser más sensibles. La adaptación es esencial, pues soy testiga de muchos cambios y retos que da la vida, ojalá cada día podamos trabajar más la empatía y los caminos del bien guíen nuestros pasos.

Así es mi informe de los últimos meses: trabajar entre la preparación del desayuno, la comida y la cena; trabajar entre el lavado de los platos después de cada comida y de dejar limpio; trabajar entre el lavado de la ropa y la desinfección de todo lo posible. Trabajar equivale a revisar las tareas enviadas por mis alumnos, a asegurarme que cumplan con los ejercicios que les envié, a tomarle fotos a todo en WhatsApp y en el correo electrónico para guardar las evidencias de trabajo solicitadas, a revisar los pendientes virtuales, a atender las juntas, a leer y responder mails, a las sesiones en el Classroom, a los enlaces de Zoom y Meet; pero también a estar al tanto de familias y amigos, a contestar mensajes y a escribir, a hablar por amor y convicción propia. La comunicación es tan esencial.

La autora del texto, ejercitando.

Trabajar es asimismo regar las plantas, quitar el polvo, tirar la basura, revisar los papeles, pagar los servicios, ir por víveres con la máxima protección cada 15 días o cuando se acaben, desinfectar todo por todos lados, limpiar los zapatos y los tapetes, no pisar más allá del límite señalado de la entrada a la puerta, el refrescante baño diario (que a veces es doble por las mismas condiciones), ordenar la habitación, barrer y trapear.

Lo creativo y lo artístico son esenciales: los estiramientos diarios, las clases técnicas y las de Experimentación Creativa, Producción Escénica, Ballet, Contemporáneo, Barra al Piso, Técnica Horton; a veces charlas, algunas entrevistas y juntas virtuales que nunca faltan. También clases en vivo, algo de pintura y cartonería, hasta hacer pan para no salir tanto a la panadería. Las sesiones de lectura son indiscutiblemente necesarias; como lo es la selección de la música de las clases o el tener cargadas siempre las baterías del celular, de la computadora y de las bocinas, el tener listo el piso para clases, la barra, el tapete… en fin, tantas cosas. Lo importante, ahora, es seguir creativos y productivos. Lo agradezco infinitamente.

El arte libera, desahoga, inspira. Ahora más que nunca hay que seguir revisando y motivando las actividades académicas de mi bella danza, seguir sumando y adaptarnos a estos momentos de la vida y por el bien de todos. Insisto: agradezco estar en casa, tener comida y dedicarme al arte. Han sido meses difíciles, de mucha actividad, pero también muy satisfactorios en el sentido de poder seguir sin dejar el ánimo de continuar creciendo y aportando al mundo de la danza y de la creación.

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