Refranes falibles

No todo lo que sube, baja…


Lleno de inexplicables sentimientos encontrados se subió a la cima de la montaña, quién sabe en cuántos días, nada más para demostrarles a sus padres —aunque fuera la primera y la última dramática comprobación científica suya, axioma por desgracia carente de cualquier discusión posterior—, que creían a pie juntillas en la infalibilidad de todos los refranes, que todo lo que sube no necesariamente tiene que bajar. Sus funerales se llevaron a cabo en su pesarosa y drástica ausencia.

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