Enero, 2026
Dos investigaciones publicadas en revistas del grupo The Lancet coinciden en que modificaciones mínimas en el estilo de vida pueden tener un impacto significativo en la salud y la longevidad. Una analiza el efecto de aumentar ligeramente la actividad física y reducir el tiempo sedentario; la otra, cómo pequeñas mejoras combinadas en sueño, dieta y ejercicio se traducen en más años de vida.
No necesitas un nuevo plan de dieta ni una suscripción al gimnasio para mejorar tu salud en 2026. Los resultados de dos nuevos trabajos apuntan a que no hacen falta cambios drásticos para mejorar la salud: incluso ajustes mínimos en la rutina diaria pueden reducir el riesgo de muerte y aumentar los años de vida saludable.
Caminar unos minutos más, dormir un poco mejor o añadir medio plato de verduras son ejemplos de hábitos sencillos con efectos significativos, de acuerdo a las dos nuevas investigaciones.
Aunque ambos estudios son observacionales y no establecen causalidad, sus conclusiones señalan estrategias más realistas para mejorar la salud pública.
El primer estudio, publicado en The Lancet, analizó datos de más de 135 000 adultos en Noruega, Suecia, Estados Unidos y Reino Unido durante ocho años. Los investigadores calcularon el impacto poblacional de pequeños incrementos en la actividad física moderada —como caminar a 5 km/h— y reducciones en el tiempo sedentario.
Los resultados son llamativos: añadir solo cinco minutos diarios de actividad moderada podría reducir un 10 % las muertes en la mayoría de adultos y un 6 % en los menos activos. Si el aumento fuera de diez minutos, la reducción alcanzaría el 15 %. En paralelo, disminuir media hora de sedentarismo al día se asocia con un 7 % menos de mortalidad, y una hora completa, con un 13 %.
El beneficio es mayor en las personas menos activas, lo que refuerza la idea de que cualquier movimiento cuenta.
Los autores señalan que no hace falta cumplir estrictamente las recomendaciones de la OMS para obtener ventajas, y piden más estudios con dispositivos de medición en países de ingresos bajos y medios.
“Este trabajo consolida la evidencia científica existente con una muestra poblacional muy amplia”, señala Luis Cereijo, investigador en Salud Pública de la Universidad de Alcalá de Henares, quien destaca que estos resultados son especialmente relevantes “en un contexto en el que las soluciones farmacológicas reciben más atención que la mejora de las condiciones de vida”, ha comentado el investigador a Science Media Centre.

El poder de combinar hábitos
El segundo trabajo, publicado en eClinicalMedicine (revista del grupo The Lancet Discovery Science), se centró en casi 60 000 participantes del UK Biobank y evaluó cómo interactúan tres factores clave: sueño, dieta y ejercicio. El modelo estadístico sugiere que, para quienes tienen los peores hábitos, mejoras mínimas en los tres —por ejemplo, cinco minutos más de sueño, dos minutos extra de actividad vigorosa y medio plato adicional de verduras— podrían añadir un año de vida.
La combinación óptima (dormir entre siete y ocho horas, más de 40 minutos de actividad moderada y una dieta saludable) se asocia con nueve años extra de vida y salud.
Los investigadores destacan que el efecto conjunto es mayor que la suma de cada comportamiento por separado, lo que ofrece una estrategia más factible para promover cambios sostenibles.
“Todos estos pequeños comportamientos que cambiamos pueden tener un impacto muy significativo, y con el tiempo se suman para marcar una gran diferencia en nuestra longevidad”, ha comentado Nicholas Koemel, uno de los autores del estudio, a NBC News. “El mensaje aquí no debería ser necesariamente que hacer estos pequeños ajustes es una solución mágica. Se trata más de dónde damos ese primer paso y de intentar ver cómo podemos crear oportunidades sostenibles que sean más alcanzables para algunas personas”. ![]()



