Pensar anticientíficamente
Enero, 2026
El ‘mewing’ es el ejercicio de moda en las redes sociales, pero detrás de esta técnica viral no hay ningún fundamento científico. No es nuevo. Ni es lo único. Como escribe Juan Soto en esta nueva entrega de su ‘Modus Vivendi’: el reiki, el feng shui, la numerología, la quiromancia, la homeopatía, el yoga, la astrología, etcétera-etcétera, “son términos no sólo muy utilizados hoy sino que definen formas de pensamiento y acción en el mundo contemporáneo. Pero son, sobre todo, magníficos ejemplos de la forma en cómo piensa la gente de nuestra época”.
Reiki, feng shui, numerología, quiromancia, homeopatía, masoterapia, yoga, astrología, parapsicología, grafología, veganismo, psicoanálisis, equinoterapia, psicodanza, chamanismo, delfinoterapia, iridología, vegetarianismo, coaching, santería, budismo, etcétera, son términos no sólo muy utilizados hoy en día sino que definen formas de pensamiento y acción en el mundo contemporáneo. Pero son, sobre todo, magníficos ejemplos de la forma en cómo piensa la gente de nuestra época.
Algunas de estas formas de pensamiento están ya en desuso. Están “pasando de moda” (tal es el caso de la astrología). No obstante, aunque las personas ya no crean en los astros como en otras épocas, muchas podrían responder con rapidez a la pregunta: “¿Qué signo eres?” Y atinarían a señalar su signo sin confundirse de tradición astrológica. Inclusive, si se tratase de un metafísico culto, seguro conocería su signo chino.
Otras de estas formas de pensamiento han ido ganando adeptos de una manera sorprendente, como el caso del yoga, pues es una suerte de tradición de pensamiento proveniente de Oriente Medio (es decir, un emblemático ejemplo de la “orientalización” de Occidente). En torno al yoga, al reiki, al feng shui, etcétera, hay clubes, talleres, seminarios, grupos de amigos… que han ido conformado comunidad (en Internet es extremadamente sencillo ubicar algún sitio para comprar un tapete para yoga, situación que nos va ilustrando la forma en cómo este tipo de “espiritualismos” van adquiriendo un matiz bastante capitalista).
Algunas de estas formas de pensamiento se han ido consolidando como excelentes y sencillas maneras de estafar a las personas, es decir, de hacer un gran negocio con el moldeable pensamiento de muchos alrededor del mundo. El coaching, el psicoanálisis y todas las variantes de terapias (con animales o sin ellos pero que aseguren una forma de sanación), han devenido en negocios altamente lucrativos. Todo esto pone en evidencia que, como sociedad, no pensamos científicamente. Más bien pensamos metafísicamente (entendiendo por la palabra metafísica aquello que tiene un significado “oscuro y difícil de comprender”).
Después de tanto evolucionismo y tanta física, la gente suele no pensar científicamente. Más bien, por el contrario, la gente suele pensar y adoptar actitudes anticientíficas con enorme facilidad. Y es pertinente señalar que los mismos científicos suelen pensar anticientíficamente. Hoy en día (es menos extraño de lo que se piensa), es común encontrar a un profesor o a un estudiante universitario lo mismo en las aulas de clase, en un congreso o en un seminario, que en una iglesia o en un sitio para hacer yoga. Y esto querría decir que en el mundo contemporáneo (muy distinto a otras épocas en donde los métodos de corroboración experimental no existían), se puede pensar científicamente para algunas cosas, pero no para otras. Es decir, se puede ser científicamente metafísico —o viceversa— (es sorprendente que hoy en las universidades de más alto prestigio de nuestro país y de diversas partes del mundo, muchos estudiantes se escandalicen cuando sus profesores les dicen que evolucionismo y creacionismo son incompatibles). No deja de asombrar que al interior de las universidades exista tanto conservadurismo medioeval.

Con la ahora célebre frase de Karol Wojtyła sobre el evolucionismo que “reza”: “Es ya más que una sola hipótesis”, sucedieron varias cosas aquel 24 de octubre de 1996 (año en que muchos estudiantes universitarios de hoy estaban naciendo): 1) Darwin obtuvo un perdón que seguramente lo sacó del infierno; 2) la iglesia ganó terreno (simbólicamente hablando) e hizo gala de su “espíritu progresista”; y 3) logró seguir confundiendo a millones de personas alrededor del mundo en torno a la compatibilidad entre el pensamiento científico y las creencias religiosas.
Hace algunos años, el ya fallecido dirigente de la iglesia católica, Jorge Mario Bergoglio, dijo que cuando leemos sobre la creación en el Génesis, “corremos el riesgo de imaginarnos a Dios como un mago, con una varita mágica que le permite hacer todo. Pero no es así”. Entonces, ¿cómo debemos imaginarlo? ¿Como un magnífico bromista que ha dejado restos óseos de dinosaurio por todo el planeta? ¿Como un progresista fundador de PETA que prefirió salvar animales que seres humanos durante una inundación global? A lo largo de la historia, el “pensamiento religioso” se ha visto en la necesidad de dar explicación a sus exóticas ideas, pues resultan incompatibles con las del “pensamiento científico”, y, gracias a esto, lo que ha promovido aún más es la confusión. Confusión que lleva a pensar a millones de personas en el mundo (dentro y fuera de las universidades) que creacionismo y evolucionismo son compatibles, como ya se dijo.
En 1910, el gran filósofo, matemático y lógico británico Bertrand Russell (a quien por cierto le dieron un Premio Nobel de Literatura porque los premios Nobel de filosofía no existen), afirmó que “la creencia en Dios es verdadera, es decir, útil, mientras que lo que la religión desea es la conclusión de que Dios existe, conclusión a la que el pragmatismo ni siquiera se aproxima”. De donde podemos obtener una idea fundamental para la reflexión: la existencia de las creencias no garantiza, en absoluto, la existencia de aquello en lo que se cree.
La supervivencia del pensamiento medioeval en realidad no es lo que nos debería preocupar. Lo que nos debería preocupar es que los estudiantes, por ejemplo, no piensen científicamente y que, en el seno de las mismas universidades, se siga cosechando aquel tipo de pensamiento. Pero mientras los profesores sigan yendo al yoga, al psicoanalista, al reiki y “hagan” feng shui, poco puede esperarse de sus estudiantes. No se puede ganar coherencia desvinculando el pensamiento de la acción; es decir, pensando de una forma y haciendo otra que vaya en contrasentido de lo que se piensa. La combinación del pensamiento científico con el pensamiento metafísico (religioso, por ejemplo), puede ser uno de los rasgos distintivos (novedoso no) de nuestra época. Y si no lo cree, solo observe la forma en cómo las personas acuden al médico y se encomiendan a Dios para curarse. Detectar actitudes anticientíficas nunca fue tan fácil, pues viajan en frases como: “La verdad no está en los libros”. Nada más anticientífico que eso. ![]()



