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Centenario de Miguel León-Portilla

Febrero, 2026

Fue, es, sigue siendo, uno de los grandes nombres de la cultura mexicana y latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI. Miguel León-Portilla a través de un excepcional cuerpo de trabajo y una trayectoria que abarcó más de seis décadas nos iluminó con sus trabajos sobre el conocimiento del mundo náhuatl, convirtiéndose en uno de los más destacado estudioso de la historia prehispánica en México. Historiador, filósofo y académico además de maestro de maestros, experto divulgador y, sobre todo, un verdadero humanista, Miguel León-Portilla le dio voz a los vencidos y creo, por medio de sus estudios de la poesía, las lenguas y la historia indígenas es decir, a partir de lo que podría llamarse la visión indígena de su propia cultura, una nueva forma de literatura y una nueva visión de nuestro pasado. Como señalan desde el gobierno de México: el historiador devolvió legitimidad pública a las voces indígenas y colocó a Mesoamérica en el mapa mayor de la historia universal. (Y aún más preciso fue el historiador Javier Garciadiego, al decir, hace unos días, que Miguel León-Portilla “hizo de nuestra historia prehispánica un completo campo académico, pero también un tema de interés público, sin fronteras geográficas o niveles intelectuales”). Nacido el 22 de febrero de 1926 y fallecido el 1 de octubre de 2019—, Víctor Roura recuerda aquí al historiador mexicano en su centenario natal.

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El historiador Miguel León-Portilla falleció el 1 de octubre de 2019, a sus 93 años de edad, siendo absolutamente reconocido por su influencia en la materia de literatura indígena, además de haber sido un académico de larga trayectoria no sólo en la UNAM (donde impartiera clases en la Facultad de Filosofía y Letras) sino también fue miembro de otras instituciones como la Academia Mexicana de la Lengua, la Academia Mexicana de la Historia y dirigió el Instituto Indigenista Interamericano y El Colegio Nacional. Este año 2026, el 22 de febrero, se conmemora el centenario de su nacimiento.

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Con un capítulo agregado, el decimosexto, la entonces nueva edición, coincidentemente la decimosexta, del libro Visión de los vencidos (número 81 de la colección “Biblioteca del Estudiante Universitario”, UNAM, 2000) incluye testimonios, “originalmente en náhuatl”, apuntó Miguel LeónPortilla en el prefacio, de quienes, consumada la victoria de los hombres de Castilla, escriben y describen de variadas formas su triste situación.

Sin embargo, pese a la adversidad, no pudieron ser silenciadas sus voces. Los escribanos indígenas las transvasaron al papel desde tempranas fechas. Pero LeónPortilla no se quedó sólo con los registros inmediatamente posteriores a la denominada Conquista, sino que agregó documentos que son, de algún modo, su secuela aún 500 años después: “De los siglos XVI y XVII hay cartas de denuncia y petición al Rey; asimismo escritos de reafirmación en medio de la desgracia. De tiempos posteriores encontramos evocaciones como las que acompañaron a la ‘Danza de la gran Conquista’. Textos también de gran fuerza de expresión son los manifiestos en náhuatl de Emiliano Zapata, difundidos en 1918. Y de momentos más cercanos, la denuncia de Joel Martínez Hernández y un bello poema de Natalio Hernández Xocoyotzin, ambos maestros de estirpe náhuatl”.

Por lo mismo, el libro, cuya primera edición data de 1959 y ya es un clásico de lectura mexicana, volvía una y otra vez a tener importancia. No es que en alguna ocasión la haya dejado de tener, sino que el nuevo agregado, con el capítulo intitulado “Lo que siguió”, reubicaba en su real contexto editorial al volumen: “La visión de los hijos y nietos de quienes fueron vencidos, que hoy están decididos a no serlo más”, señalaba LeónPortilla, se muestra en este conjunto de testimonios que nos hablan de “lo que siguió” hasta llegar al presente. Su voz es de resuelta afirmación. No piden favor o limosna. Los pueblos originarios exigen ser escuchados y tomados en cuenta. Conocen sus derechos y por ellos luchan. La palabra, con la dulzura del náhuatl y de otras muchas lenguas vernáculas de México, comienza a resonar con fuerza.

En un mundo amenazado por una globalización rampante, es ella presagio de esperanza. Nos hace ver, entre otras muchas cosas, que las diferencias de lengua y cultura son fuente de creatividad perdurable.

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Las 26 páginas complementarias de las que se compone el nuevo capítulo, en realidad, conforman la corroboración de la herida. La Conquista, ¿quién lo duda?, fue elaborada de modo cruel, salvajemente injusto y torturador en manos de hombres ambiciosos que lo único que buscaban, contra el mínimo humanitarismo, eran riquezas para el usufructo propio: “Y cuando llegaron, cuando entraron a la estancia de los tesoros —refieren los informantes de Sahagún—, era como si hubieran llegado al extremo. Por todas partes se metían, todo codiciaban para sí, estaban dominados por la avidez”.

La raza “superior” se imponía bestialmente a la “inferior”.

“Los templos y palacios, el gran mercado, las escuelas, las casas, todo quedó en ruinas”, apunta LeónPortilla en la introducción del capítulo agregado. No pocos sacerdotes, sabios, guerreros y otros muchos, los dioses mismos, perecieron o no se supo más de ellos. Los presagios funestos que Motecuhzoma y algunos otros dijeron haber contemplado —aquellos ocho terroríficos presagios que fueron avistados por los aztecas en 1517, dos años antes de la llegada de los españoles—, parecieron cumplirse. Podía pensarse que la nación mexicana estaba herida de muerte.

Pero, ¿es que acaso todo se perdió?

Decía LeónPortilla que algunos sacerdotes y sabios sobrevivientes “lograron rescatar el doloroso recuerdo, en imágenes y palabras, de la tragedia ocurrida y del heroísmo que había sostenido a su pueblo. Algunos, con la palabra evocadora, o en sus xiuhamoxtli, anales con pinturas y signos glíficos (sus códices), y otros, valiéndose ya del alfabeto adaptado por los frailes para representar los fonemas del náhuatl, preservaron la memoria de los aconteceres ominosos, los actos de valor y muerte, su tragedia en fin”.

Miguel León-Portilla. / Foto: archivo-internet.

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El sufrimiento de los primeros mexicanos es indescriptible. El 2 de mayo de 1556, apenas 35 años después de la caída de Tenochtitlan, varios nahuas de noble linaje y ya con la palabra Dios en su boca, entre ellos un hijo de Motecuhzoma, Pedro Motecuhzoma Tlacahuepantzin, le escriben al rey Felipe II para pedirle, en vano, su misericordia: le suplican a Vuestra Majestad que fray Bartolomé de las Casas, obispo de Chiapas, se ocupe de su protección y, “si acaso fuere que el dicho obispo estuviere impedido por muerte o enfermedad, suplicamos en tal caso nos señale a una de las principales personas de su real corte de toda cristiandad y bondad a la cual recurramos con las cosas que se nos ofrezcan. Porque muchas de ellas son de tal calidad que requieren sola vuestra real presencia, y de sola ella, después de Dios, esperamos el remedio; porque de otra manera nosotros padecemos cada día tantas necesidades y somos tan agraviados, que en breve tiempo nos acabaremos, según cada día nos vamos consumiendo y acabando, que nos echan de nuestras tierras y despojan de nuestras haciendas, allende de otros muchos trabajos y tributos personales que cada día se nos recrecen”.

También LeónPortilla seleccionó una carta (de agosto de 1595, de un Miguel Hernández, de Chiyauhtzinco en el actual estado de Guerrero) donde se denuncia el abuso de un clérigo (el cura Bartolomé López) que incitaba a la mujer del agraviado a que acudiera a dormir con él a cambio de dinero y ropa: “Nuestro sacerdote, cuando confesaba a mi mujer, no la confesaba, sino que allí la provocaba a pecar”, escribió Miguel Hernández. Le dijo: “Hija mía, habrás de dejar por la noche a tu marido”. En seguida le dijo mi mujer: “Padre, ¿cómo habré de dejarlo, porque es un hombre fiero?” Pero él luego le dijo: “Hija mía, no tengas miedo de que él te haga algo, de que él averigüe acerca de ti. En verdad, si acaso conmigo pecas, te daré tomines (dinero) y tu camisa y tus faldas. Y si él, tu marido, te maltrata, yo luego iré a dejarte en Cuetlachcoapan [la ciudad de Puebla], al lado de mis parientes. En verdad, allí tú estarás contenta al lado de ellos”. Pero luego mi mujer le dijo: “Padre, allí me buscará, porque es muy fiero mi marido”. [Él le respondió:] “Hija mía, no te aflijas, porque entonces yo habré de golpear a tu marido, no te aflijas”. Entonces, afligidísimo, Miguel Hernández le dice al sacerdote visitador Alonso Ruiz que, si él no vigila al sacerdote provocador, “¿cómo, aquí, junto a él, mantendré a mi mujer? Si tú no lo haces salir del pueblo, ¿cómo, junto a él, mantendré a mi mujer? Hace ya seis años que comenzó [el padre Bartolomé López] a incitarla a que pecara con él. Hace ya dos años que la hizo azotar a mi mujer, porque ella no consentía”.

Tuvieron que pasar, pesarosamente, casi 300 años para deshacernos del yugo español.


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Actividades conmemorativas

Reconocido como una de las figuras fundamentales en la revaloración de las culturas originarias de México, Miguel León-Portilla dedicó su vida al estudio y difusión del pensamiento náhuatl y del México antiguo. Su obra más influyente, Visión de los vencidos, marcó un parteaguas en la historiografía mexicana al recuperar testimonios indígenas sobre la (llamada) Conquista y propiciar una comprensión más incluyente y crítica del pasado mexicano.

Nacido el 22 de febrero de 1926 —y fallecido el 1 de octubre de 2019—, en el centenario natal de don Miguel León-Portilla la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través de los institutos nacionales de Bellas Artes y Literatura (INBAL), y Antropología e Historia (INAH), Radio Educación y la Fonoteca Nacional, ha preparado diversas actividades para recordar al historiador, humanista y divulgador mexicano.

Una de las principales actividades es el homenaje que se llevará a cabo en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en el contexto del Día Internacional de la Lengua Materna. La ceremonia se realizará el domingo 22 de febrero, a las 12:00 horas; participarán el investigador Patrick Johansson, especialista en literatura náhuatl y en fuentes indígenas coloniales, reconocido por sus estudios sobre tradición oral mesoamericana; el poeta, ensayista y promotor cultural Natalio Hernández, una de las voces contemporáneas más relevantes en lengua náhuatl y defensor de los derechos lingüísticos de los pueblos originarios; y Ascensión Hernández Triviño, lingüista y filóloga, catedrática de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (además, viuda de don Miguel León-Portilla).

Soy mi memoria, un nuevo libro

A la par de las actividades conmemorativas que organiza el gobierno de México, el Colegio Nacional también se ha sumado a la celebración publicando el libro Soy mi memoria, en coedición con el Instituto de Investigaciones Históricas y la Coordinación de Humanidades (de la UNAM), la Universidad Iberoamericana, la Academia Mexicana de la Lengua y la Academia Mexicana de la Historia.

Apuntan los editores: “Tomando como punto de partida la reflexión sobre la memoria  y la reconstrucción de una vida, Miguel León-Portilla dedica esta obra a recorrer sus vivencias desde la primera infancia, hasta los meses previos a su muerte, ocurrida  el 1 de octubre de 2019. La autobiografía se detiene en diversos pasajes fundamentales de su forja como académico y defensor de los pueblos originarios de México, destacando los aprendizajes e intercambios que tuvo con grandes maestros como Manuel Gamio y Ángel María Garibay. Narra también sus años de formación en Ysleta College y en la Universidad Nacional, así como los debates internos que enfrentó en las escuelas jesuitas.  Ya como académico, se detiene en cada una de las instituciones en las que desarrolló su carrera, como el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, el Instituto Indigenista Interamericano, El Colegio Nacional, la Academia Mexicana de la Lengua o la Academia Mexicana de la Historia, entre otras. Además de todos estos pasajes, relata su vida familiar, el vínculo con sus amistades y los procesos que le permitieron escribir grandes obras como La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, Visión de los vencidos o Cantares mexicanos. A lo largo de este relato se hace palpable su formación intelectual como historiador, permitiendo que el lector se adentre en la intimidad de su experiencia personal, acercándolo  a distintos momentos históricos desde su propia mirada”.

La presentación oficial del volumen se llevó a cabo hace unos días, en la que participaron los investigadores Ascensión Hernández Triviño, Javier Garciadiego, Eduardo Matos Moctezuma y Elisa Speckman Guerra.

Con la publicación de Soy mi memoria, dijo Ascensión Hernández Triviño, la vida del historiador y filósofo deja de ser íntima, “pues desde hoy podemos saber mucho de la vida de Miguel León-Portilla, de su paso por el mundo académico y de su vida familiar, desde su nacimiento hasta su muerte”.

“En su memoria está su caminar por la vida, su quehacer, sus sentimientos. Sus memorias son el libro que cierra su vida, un libro que fue haciendo en sus últimos años cuando tenía casi 90”, dijo la lingüista, compañera de vida y andanzas del académico.

En su turno, la historiadora Elisa Speckman Guerra añadiría: Soy mi memoria “es una obra imprescindible para conocer a uno de los historiadores más destacados de nuestra época y para comprender su obra, pero también para reflexionar sobre los desafíos y los caminos en la reconstrucción de la historia personal y colectiva, en el papel de la historia en la actualidad y las responsabilidades del historiador ante las necesidades del país”.

Por su parte, el historiador Javier Garciadiego lo dijo muy claro: Miguel León-Portilla “hizo de nuestra historia prehispánica un completo campo académico, pero también un tema de interés público, sin fronteras geográficas o niveles intelectuales”. Por algo, agregó, “es el historiador más leído de toda la historia de México”.

Por cierto: Soy mi memoria, de Miguel León-Portilla, tendrá una segunda presentación en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, fiesta literaria que ya comenzó en estos días. La cita es el próximo 28 de febrero, a las 17:00 horas, en el Auditorio 4. (Palacio de Minería, Tacuba 5, Centro Histórico de la Ciudad de México). (Redacción SdE)

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