Febrero, 2026
Tenía lo suyo. Claro que tenía la suyo. En el escenario caminaba erguida, imponiendo su figura. En sus canciones, nadie como ella, dueña de una profunda voz, para darle vida a esas potentes baladas feministas en las que dejaba constancia del amor y sus dulzuras, pero, sobre todo, del fracaso amoroso y la revancha. (Canciones, paradójicamente, escritas casi todas ellas por hombres.) Ahora que se cumple un año del fallecimiento de Paquita la del Barrio —nació en abril de 1947 y se marchó de este mundo en febrero de 2025—, Víctor Roura recuerda a la cantante mexicana.
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Cuando la jalisciense Lucha Reyes, cuyo 120 aniversario natal se conmemora el 23 de mayo de 2026, cantaba ufana “La tequilera”, la gente se conmovía al escucharla: “Borrachita de tequila llevo siempre el alma mía para ver si se mejora de esta cruel melancolía. ¡Ay, por ese querer, pues qué le he de hacer si el destino me lo dio para siempre padecer! Como buena mexicana sufriré el dolor tranquila, al fin y al cabo mañana tendré un trago de tequila. ¡Ay, por ese querer pues qué le he de hacer, aunque me haya traicionado no lo puedo aborrecer! Me llaman la tequilera como si fuera de pila, porque a mí me bautizaron con un trago de tequila. ¡Ay, yo mejor me voy, pues qué hago yo aquí! Dizque por la borrachera, dicen, todo lo perdí”.
Por “tequilera”, y por haberse suicidado tan joven —partió de esta vida el 25 de junio de 1944, un mes después de su cumpleaños número 38—, Lucha Reyes con el tiempo se convirtió en un icono de la bebida (la contraparte de José Alfredo, dicen)… ¡pero la canción la compuso un hombre: Alfredo D’orsay, lo que pareciera una contradicción e incongruencia musicales!, asunto percibido con naturalidad en las atmósferas de la música, ¿o acaso uno se cree que, digamos, Lupita D’Alessio compuso las canciones feministas que la ensalzaron como mujer artista?
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Cuando la veracruzana Paquita la del Barrio (Francisca Viveros Barradas, fallecida en Xalapa el año pasado, el 17 de febrero de 2025, a sus 77 años de edad) cantaba “Rata de dos patas” asumía, como en todas las piezas de su repertorio, una ineludible postura feminista que la convertiría en un icono de la música ranchera en esta faceta de la contestación femenina que la hiciera vender alrededor de 30 millones de discos de las casi 40 grabaciones que realizara (en la historia son Los Beatles los que, se dice, han rebasado las más de mil millones de copias de todos sus álbumes, a diferencia de los más de 100 millones de una sola grabación: Thriller, de Michael Jackson).
Paquita la del Barrio cantaba enfadada: “Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho, infrahumano, espectro del infierno, maldita sabandija, cuánto daño me has hecho. Alimaña, culebra ponzoñosa, desecho de la vida, te odio y te desprecio. Rata de dos patas: te estoy hablando a ti, porque un bicho rastrero, aun siendo el más maldito, comparado contigo se queda muy chiquito. Maldita sanguijuela, maldita cucaracha que infectas donde picas, que hieres y que matas. ¿Me estás oyendo, inútil? Hiena del infierno, cuánto te odio y te desprecio. Maldita sanguijuela, maldita cucaracha que infectas donde picas, que hieres y que matas”.
No sólo eso.
También cantaba: “Gracias por acordarte de mi madre. Y es que hace bastante tiempo que no me la recordaban con un lenguaje florido. Gracias, te agradezco tu cumplido. Y, sin hacer tanta bulla, te suplico que también me saludes a la tuya. Y es que lo que tú me hiciste es peor que una mentada. Mira que jugar conmigo, yo que tanto te adoraba. Gracias, te agradezco tu cumplido y, sin hacer tanta bulla, te suplico que también me saludes a la tuya”.
¡Pero dichas canciones las compuso un hombre: Manuel Eduardo Toscano, quien compusiera casi un centenar de canciones para la intérprete feminista!

Dicen que Toscano (desde 2010 ciudadano radicado en Estados Unidos) la complacía musicalmente en lo que ella le pidiera, y no, no quiero imaginarme al hombre, compositor, muerto de la risa, escribiendo, por ejemplo, “Rata de dos patas” que uno ya no sabe si tal adjetivo proviene en verdad de la mujer alterada o, sencillamente, del hombre tratando de ajustarse a los requerimientos de la dama intérprete, pues no hay (como sí lo hay en Los Beatles, en cuyas cuatro antologías —la más nueva apenas exhibida en el mercado discográfico dos meses antes de que acabara 2025— se percata el melómano de las intenciones musicales o de las mofas en torno a las composiciones), ni habrá, registros de grabaciones donde se detallen los intercambios de pareceres entre Paquita la del Barrio y Manuel Eduardo Toscano, de manera que, aunque una feminista no lo quiera así, las canciones sin duda son vertidas por un hombre.
Me acucia el epíteto “Rata de dos patas”, porque dicho atributo, si procede de la entraña masculina, de antemano se corroe a sí mismo al desnutrirse sigilosamente pues evidentemente emanaría de un aluvión humorístico más que de una histeria ciertamente femenina, porque de golpe en efecto suena a una pasmosa agitación femenina, convertida —si obedeciese a un calificativo masculino— en un trastorno ingenuo o en inocentada pasajera o, de plano, en una gracejada complaciente, si bien el impacto primero obtiene, sí, el resultado deseado por la intérprete popular.
Y se dice que, finalmente, lo que importa es el fruto de la acepción emprendida.
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Sin embargo, así son las cosas en la música.
La madrileña Rocío Dúrcal, de quien este 25 de marzo de 2026 se conmemora su vigésimo aniversario mortuorio (murió a los 61 años de edad), me dicen, fue una “gran” intérprete que dio “vida” a numerosas canciones de distintos compositores, lo mismo que Marilyn Monroe hiciera al engrandecer a los compositores de las bandas sonoras de sus películas.
Si Paquita la del Barrio simbolizaba, y así lo hacía en cada presentación suya, a la mujer que se levantaba, decidida, luego de una desconcertante, o decepcionante, relación amorosa, lo hacía de modo creíble, vigorosamente asertiva: el realismo con que interpretaba las canciones, que no eran suyas, le daban cabal veracidad a sus interpretaciones, que eso es lo que cuenta en la música: ¿no Michael Jackson, por ejemplo, se apropiaba de la música de Quincy Jones al grado de que toda la gente cree que la música que acompañaba a Michael Jackson era completamente suya?
Así Paquita la del Barrio que cantaba canciones que no eran suyas apropiándose de ellas, convirtiéndolas en himnos feministas… ¡pese a provenir, éstos, de un hombre! ![]()



