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Las siete décadas y media de Gabino Palomares

Enero, 2026

Si le hacemos caso a su biografía, lleva en esto de la cantada un poco más de 50 años, desde los lejanos años de 1972, 1973, cuando participó (y triunfó) en los festivales de la canción universitaria. Desde entonces, sus composiciones, su voz y su guitarra no han dejado de sonar en las cuatro esquinas de México y más allá. Y con justa razón. Autor de temas como “La maldición de Malinche”, “¿Quién tiene la voz?” o “Si pudiera”, Gabino Palomares figura como uno de los máximos exponentes del movimiento de la Nueva Canción Internacional, y en nuestro país fue, es, uno de los fundadores del llamado Canto Nuevo. Con alrededor de 15 discos publicados, y con sus 75 años ya cumplidos (en mayo pasado), aun hoy Gabino Palomares anda ufano, alegre, en la cantada. Motivo suficiente para celebrarlo. El cronista musical Víctor Roura ha recuperado esta charla con él.

1

El guanajuatense, nacido en Comonfort, Gabino Palomares, desde el pasado 26 de mayo, se yergue, orgulloso, con sus 75 años a cuestas. Está a unos cuantos meses de descumplirlos.

Y no lo piensa dos veces.

—Ahora, cuando analizo mis primeras canciones, las siento tremendamente panfletarias —dijo Gabino Palomares—. Pero pienso que el panfleto es necesario en determinadas circunstancias, cuando voy a una huelga a cantar o me incorporo a una marcha o en una toma de tierras. Cuando participa en una situación crítica, el panfleto cumple su función. Hay que valorarlo en esa circunstancia.

(La plática, aunque realizada a finales del año 1983, retrata al compositor que no ha modificado, un ápice, sus principios culturales.)

Sin embargo, Gabino Palomares consideraba que los estados de ánimo del cantor comprometido también son iguales a los de la persona común.

—No siempre puedo tener el puño en alto —dijo.

Y añadía:

—Cuando vengo de una marcha y me retiro a mi habitación se me aproxima otro tipo de necesidades que, a veces, he menospreciado por las obligaciones políticas [es conocido, asimismo, por su inagotable activismo social, además de haber sido, de 1982 hasta 1988, secretario general del Comité Internacional de la Nueva Canción]. Pero, de repente, puedes ver a los dirigentes, que son los más revolucionarios en la marcha y en donde sea, llegar a su casa y resulta que ésta es un castillo feudal. Llega el señor feudal y se instala. Así de incoherente es el asunto. Por lo que creo que, de igual modo, también uno debe cuestionarse en el aspecto íntimo.

El compositor y músico Gabino Palomares. / Foto: Facebook Oficial.

2

Gabino Palomares no ha dejado de velar por el bienestar social de la colectividad, si bien asentaba que, de igual modo, era necesario revisarse, cómo no, uno mismo.

—Antes no lo hacía porque estaba como cercado por ese muro que la gente me puso. O yo mismo —confesaba—. Sin embargo, uno también tiene sus cosas intrascendentes, sus emociones locas. O que uno se acuesta con alguien. Y son sentimientos que callamos. Hasta que llegó un día en que mandé todo al carajo. Anteriormente sentía como que tenía que ser coherente con todo lo que iba diciendo. Tratar en mis canciones una sola temática. Hasta ese punto llegaban mis limitaciones. Y un día ya no pude más y me puse a escribir lo que se me ocurriera. Si era folclor, qué bueno, pero me daba igual también que saliera una balada o un bolero. Lo que fuera. No me importaba cómo saliera. Me dije a mí mismo que me iba a preocupar menos de lo que estaba haciendo con tal de mostrarme todo yo. Y plasmarlo en mis canciones. Deshacerme del muro que me construí.

Era tanta su concentración en su estricto quehacer musical que grabó su primer disco seis años después de haber comenzado, este ingeniero químico graduado en la Universidad de San Luis Potosí, denominado La maldición de Malinche (Discos Pueblo, 1978).

—¿Ir hacia una canción con fines artísticos y menos políticos?

—Lo que creo es que hay que estar abierto a todo —comentaba—. Por supuesto, no perder la perspectiva política. No dejar de ser consecuente con una ideología. Entender las cosas en su valor justo. Claro que me siguen preocupando las injusticias. Pero de ahí a encerrarme únicamente en eso hay un gran trecho. No. Yo también tengo vivencias amorosas y problemas emocionales. Soy un producto de mi tiempo. Me parece que se pueden decir otras cosas, sin por ello dejar de asistir a una marcha.

Gabino Palomares. / Foto: Ciudad Naucalpan | Gobierno Municipal (Facebook).

3

—El panfleto, por lo regular, no busca la cuestión estética.

—En todas las cosas hay sus partes buenas y malas —indicaba Palomares—. En el panfleto ocurre lo mismo. Yo considero que hay que hacerle un canto al momento político, pero de otra forma. No escribir una canción como si estuviésemos anotando un manuscrito. Se pueden buscar otras palabras. Lo que quiero es eso: escribir poesía en lo que llaman panfleto. Crear imágenes diferentes pero que me digan lo mismo.

—¿No será eso ya otra intención? ¿Poesía y panfleto no son cosas opuestas?

Gabino Palomares se cobijaba aún más. Hacía mucho frío en aquel octubre de 1983 y el catarro todavía lo molestaba.

—No podemos decir que Miguel Hernández no es un poeta político —expresaba—, lo mismo de Pablo Neruda. Pero los dos hicieron buenos panfletos. En ocasiones excelentes panfletos. Sin embargo, hicieron también unos pésimos, poéticamente hablando. Si apreciamos esto en dos grandes genios de la literatura, pues también un humilde cantor tiene ese tipo de contradicciones. Yo pienso que empecé a hacer panfletos malos y que ahora sigo haciendo eso, pero con la diferencia de que en la actualidad le introduzco un poco de poesía.

Entonces presentaba su tercer disco, aún elepé: Hace como un año (Discos Pueblo), con esta nueva posición musical. Y, a propósito de las producciones musicales, decía que el camino de los cantores, principalmente los identificados con el género de la nueva canción, “sigue siendo difícil en la medida en que no hay recursos. No creo que Discos Pueblo o la Nueva Cultura Latinoamericana o compañías grabadoras como éstas no quieran grabar a grupos nuevos, lo que sucede es que no tienen dinero. Hay una crisis seria. Se mantienen sólo de milagro. ¿Sabes cuánto sale ahorita grabar un disco como el mío, en Discos Pueblo? ¡En 600 mil pesos! [Hay que recordar que estamos en los ochenta.] Y eso, para una compañía independiente, significa la mitad de su capital. También las grandes disqueras están en crisis. Y con esas menos uno puede entrar. Si no eres una garantía vendible, nadie va a invertir en ti nada”.

—El panorama, entonces, es desolador.

—A veces siento que estas pequeñas compañías no han tenido la capacidad no solamente económica sino de imaginación para poder llegar a ser más importantes —refería Gabino Palomares—. Aunque, eso sí, se requiere de mucho trabajo. Y es cuando se asoma el eterno círculo vicioso: no se venden los discos porque no hay promoción y no hay promoción porque no se venden los discos. ¿Cómo romper esto? Sólo con mucho trabajo. Y al no tener dinero la disquera para la promoción, lamentablemente el artista de la nueva canción no toma esta responsabilidad con la misma vehemencia con que está viendo en este momento la cuestión de la calidad. Así estaremos jodidos siempre. La responsabilidad de esta difusión es absolutamente nuestra. Hay que darnos tiempo para todo eso.

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