«Bugonia»: salvando el planeta Tierra al estilo Lanthimos
Enero, 2026
No sólo es un cineasta adorado por la crítica, al paso que va Yorgos Lanthimos está en vía de convertirse en un género en sí mismo. Su más reciente película estrenada, Bugonia, así lo demuestra. Con ese nihilismo marca de la casa, el director griego retrata este presente dominado por la desconfianza hacia las corporaciones, la paranoia digital, la pérdida de fe en las instituciones y la postverdad. Como escribe Alberto Lima en esta nueva entrega de ‘La Mirada Invisible’: es una reflexión acerba sobre la destemplada condición humana contemporánea.
Bugonia
película de Yorgos Lanthimos;
coproducción: Irlanda, Reino Unido,
Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos;
con Emma Stone, Jesse Plemons, Aidan Delbis,
Stavros Halkias, Alicia Silverstone. (2025, 118 min).
El director griego Yorgos Lanthimos (Atenas, 1973) —fiel a su estirpe helénica— no se rinde, no cede, tampoco se doblega, ni mucho menos claudica. Luego de estrenar en 2023 Pobres criaturas y un año más tarde Tipos de gentileza, se mantiene incontenible. Y, ahora, presenta un nuevo filme titulado Bugonia, el cual de inmediato se integra como una pieza discordante más a ese universo inquietante y mórbido ya plenamente delimitado y definido por el cineasta.

En el condado de Fayette, Georgia, época contemporánea, el dúo de primos apicultores y fanáticos de teorías conspirativas alienígenas compuesto por el astroso Teddy (Jesse Plemons) y el neurodivergente Don (Aidan Delbis), quienes luego de una ardua planeación —la cual incluye autocastrarse químicamente—, secuestran a la empoderada, exitosa y bella directora general de la farmacéutica Auxolith, Michelle Fuller (Emma Stone), porque la consideran una extraterrestre que proviene de la galaxia de Andrómeda, cuya misión en el planeta es destruir a la humanidad. Por ello, al tenerla cautiva, intentarán obligarla a confesar su verdadera naturaleza y planear entonces viajar al espacio exterior junto con ella e introducirse en la nave espacial de ésta —a partir de una réplica a escala hecha previamente por el propio Teddy—, y negociar allí con la raza amenazante para evitar el posible exterminio. Sin embargo, luego de raparla para evitar que a través del cabello pueda contactarse con los suyos, y también darle potentes electrochoques con música happy punk de Green Day de fondo, otras subtramas aparecerán como que el tal Teddy en realidad trabaja en el almacén de la farmacéutica como empaquetador, y que la madre de éste (Alicia Silverstone) permanece en coma en el hospital a causa de unos medicamentos suministrados también por la farmacéutica, creando así un ambiente turbio que estallará en cuanto ocurra el esperado y climático día del Eclipse Lunar.

Basado en la desopilante y demencial cinta coreana Save The Green Planet! (Joon-hwan, 2003), el noveno largometraje del cineasta griego Yorgos Lanthimos es una desenfadada comedia negra, multigenérica pero más que nada una desventurada aventura doméstica de ciencia ficción, nada ambiciosa en comparación a sus dos películas previas (Pobres criaturas, 2023, y Tipos de gentileza, 2024), aunque visualmente emparentada de manera directa con la última, porque la fotografía de Robbie Ryan se mantiene sobria y vivaz para describir ese suburbio estadounidense por momentos desabrido o incoloro con sus casitas inofensivas y mustios comercios, y en otros macabro y sórdido como el horrendo sótano donde la bella Michelle sufrirá todo tipo de torturas físicas y emocionales. Y para reiterar que Bugonia incluso podría ser un episodio más de esos sardónicos tipos de gentileza, está de nuevo la música reseca, crispante y minimalista de Jerskin Fendrix para continuar presionando ad nauseam el absceso mental en que se convierte ese cautiverio descabellado.

Respecto a la película coreana a partir de la cual se basa Bugonia, si bien Lanthimos retoma las principales líneas argumentales de aquélla (el secuestro de una figura pública monetariamente poderosa; el cabello como canal de transmisión extraterrestre; la amenaza alienígena proveniente de Andrómeda; la madre en estado vegetativo a quien intentarán revivir sin éxito con un antídoto oculto en un frasco de anticongelante), también descarta el humor desenfadado y la estética gore presentes en el filme de Joon-hwan, para crear así una cinta más propia del estilo ya impuesto por el cineasta griego, tratando distintos géneros como los filmes sobre secuestros tipo Miseria (Reiner, 1990), Niña mala (Slade, 2005) o Juegos divertidos (Haneke, 1997), en donde priva ese clima claustrofóbico de violencia más mental que física, además de los experimentos con seres del espacio exterior como suceden en La cosa del otro mundo (Carpenter, 1982), y dosificando un humor negro y sobrio más cercano a su filmografía previa ya expuesto en La langosta (2015), El sacrificio del ciervo sagrado (2017) o La favorita (2018), para elaborar en Bugonia una reflexión acerba sobre la destemplada condición humana contemporánea.
La palabra “bugonia” se refiere a una creencia de los antiguos griegos acerca de que las abejas provenían de los cadáveres bovinos. De ahí que la cinta arranque precisamente mostrando a los primos haciendo apicultura, porque Lanthimos entiende el simbolismo de la abeja como concepto regenerador a partir de la carne podrida: es decir, el ser humano actual es un cuerpo en descomposición que requiere transformarse y elevarse hacia una entidad mejor, o quedar condenado a la extinción. Los primos-abejas apicultores, paranoicos y fanatizados, intentan de algún modo salvar a la especie creyendo que la perdición de ésta proviene del espacio sideral, cuando en realidad, tal y como lo plasman y confirman esas espléndidas secuencias finales en planos fijos que testimonian la caída del hombre, el enemigo de la humanidad es la humanidad misma, o mejor dicho, de acuerdo a la frase acuñada por el filósofo inglés Thomas Hobbes “el hombre es el lobo del hombre”. ![]()



