Enero, 2026
El luto ha marcado el inicio de 2026 en la literatura en el estado de Oaxaca debido al deceso del escritor Eduardo Ismael Salud el pasado 2 de enero, a los 39 años de edad. Nacido en 1986, y originario de Magdalena Tequisistlán, Eduardo ejercitó con soltura la poesía y la narrativa (ésta, sobre todo, en forma de relatos). Su obra poética se encuentra en la Cartografía de escritores oaxaqueños II (2012). Fue autor de Trashumante (2017), Godzilla milénico (2018) y Cuentos (2019). Bajo el seudónimo de Zagreo Yaco, escribió también colaboraciones para medios locales, entre ellos el periódico Sucedió en Oaxaca. Hombre jovial, inquieto, y sobre todo un excelente ser humano, amigos y colegas han querido rendirle un homenaje.
Boxear y escribir
Zagreo Y*
Llevé a Hemingway contra las cuerdas. No podía caerse.
Cada vez que empezaba a caerse, yo lo enderezaba
con un nuevo golpe. Era un asesinato. Muerte en la tarde
Bukowski
Tengo algunas cosas en común con mi abuela Antonia, entre ellas se encuentra el gusto por el box. La mujer que me hizo adorar a Julio César Chávez, el gran campeón mexicano, también prefiere ver peleas de box antiguas que películas. Esa misma afición me condujo a una suerte de burla en la carrera de literatura: “No le gusta el cine”, decían de mí con aires de menosprecio.
Por supuesto que hay una lista larga de escritores relacionados al boxeo, es suficiente una ligera búsqueda en google para encontrar nombres famosos. Pondré únicamente el ejemplo de Luis Spota, escritor y periodista de la Ciudad de México, quien fue el primer presidente del Consejo Mundial de Boxeo.
Pareciera desde una primera impresión que los boxeadores y las escritoras tienen poco en común. Que el oficio de escribir no es comparable con el desgaste físico de una boxeadora que destroza el gimnasio. En verdad que si comenzamos por ahí son dos mundos distintos. Los puntos de contacto se encuentran en la técnica y en las manos. Los boxeadores se distinguen por su particular estilo, lo mismo que los escritores. Los púgiles imaginan un plan que deben ejecutar arriba del ring a través de sus manos. Mientras que el escritor debe imaginar y plasmar con sus manos sobre una hoja.
Hoja y ring son dos espacios donde boxeador y escritor se encuentran con el pasado.
Apenas hace un par de semanas “El Vaquero” Navarrete retuvo su campeonato de peso Ligero. El resumen de los comentarios generales sobre el boxeo del Vaquero es que es horrible. Se lo han dicho a la cara todas las leyendas del pugilismo mexicano. “Boxea horrible, pero pega como la chingada”, dijo el “Terrible” Morales. El boxeo es caprichoso. Permite a sus protagonistas carecer de técnica si tienen la fuerza, “la onza” se le llama en el mundo de los encordados.
El mundo literario es menos concreto y objetivo que una pelea que se gana por nocaut. El gusto de los lectores determina toda la verdad. Nunca he escuchado decir de un escritor que es malísimo pero gana por nocaut. En ese caso la literatura se encuentra esclavizada por la técnica. Los escritores que han conseguido romper la técnica antes de ser reconocidos no son pocos, pero su obra es menos conocida. El ejemplo de Ulises Carrión lo demuestra.
¿Se puede ser malo y ganar por nocaut en la literatura?, ¿habrá un “Vaquero” Navarrete de las letras mexicanas? Les invito a responder mi pregunta.
Dejo también aquí la pieza más sublime de poesía y boxeo, se la debo a Cristina Peri Rossi, una poeta que me dejó tendido por nocaut:
Distancia justa
En el amor y en el boxeo
todo es cuestión de distancia
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo digo tonterías
me echo a temblar
pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.
[*Este texto, firmado por Zagreo Y. —que no es sino un seudónimo del escritor Eduardo Salud, quien el pasado 2 de enero partiera de este mundo— fue publicado el 23 de agosto de 2023 en el periódico Sucedió en Oaxaca, donde el narrador aireaba sus letras.]
Se fue sin avisar
Melissa Roura
Escuché de un buen poeta que Eduardo Salud es uno de los mejores narradores de Oaxaca.
Escuché de un buen amigo, que extrañará a Salud y que extrañará su risa.
Escuché de una escritora oaxaqueña que extrañará sus cuentos, poesías y sus opiniones y críticas.
Escuché también el río de su tierra cuando sonaba en primavera y no dudo que el río comentara que extrañará que Lalo no lo visite y se siente en la orilla a verlo.
Escuché el aire de su pueblo, de Tequisistlán, y era cálido cuando él lo habitaba, cuando su abuela también lo habitaba, y cuando su abuelo lo habitaba.
Los tres seguramente ya están tomando una cerveza juntos.

Vi las canas de su abuela y de su padre, vi sus miradas y si estuvieran aquí, ahora, extrañarían a Lalo.
¿Por qué no extrañar a alguien que daba color al pasto más seco?
Lo extrañarán su madre, su hermano, lo extrañarán las letras, los cantos.
Y el alba, la que nos encontraba a veces, y se nos quedaba viendo intensamente hasta quemarnos… también el alba sentirá su ausencia.
Escrito para un poeta que partió sin pedirnos permiso. Que nació en 1986 y en 2026 partió, después de escribir los últimos versos que dicen: “Morir es volar sin que nadie se dé cuenta”.
Y seguramente ahora está volando y nosotros no lo sabemos.
Letras por la muerte de Lalo Salud
César Rito Salinas
para Meli Roura
Uno
El cartel de letras grandes recibe a quien camina por la calle: Favor de no amarrar los caballos al farol. Atte. el H. Ayuntamiento Constitucional. El viento que baja de Portillo Nejapa gime, crucificado entre postes del telégrafo.
Dos
Hay pueblos que vagan junto al camino, habitados por mujeres que visten de negro.
Tres
Lalo, en Tequis la gente anda con nombre desde los tiempos de Juárez; pero, antes de Juárez, las personas tenían por nombre una seña.
Cuatro
La llovizna cae terca, necia insiste en trocarse piedra mármol, pero se detiene ante la falta de fuerza en su mano izquierda.
Cinco
El agua de un río sonso lame las piedras, se arrastra, canta. Lalo, ¿por qué los moradores de la tierra donde naciste pintan de amarillo el barandal del puente? El amarillo despierta, entre los enamorados, el gusto por las despedidas.
Seis
Lalo, por las calles de Tequis se te podrá ver, llevarás en las manos libros, revistas, en alguna esquina se detendrá tu sombra a remarcar entre páginas del aire la palabra que te hace perder el juicio.
Siete
Al río sin gracia llevaste a tu enamorada, ¿lo recuerdas? Aquella tarde se te pudo ver por el camio del río con el pecho henchido de orgullo: en la mano derecha el oloroso mango de sazón, en la izquierda la grácil mano de tu amada.
De qué mueren los poetas
Fernando Amaya
El escritor y cantautor oaxaqueño Fernando Amaya, al saber del deceso del poeta Eduardo Salud, escribió estos versos en las redes sociales, de los cuales extraemos unas líneas.
Los poetas mueren de olvido

Los poetas mueren de olvido,
de niebla, de rasquiña.
Involucionan a mar, a sopa, a calenda.
Bien que pudiera uno estar triste
por la muerte de un poeta equis,
de burdel, de sonaja, de antología.
Pero la perra tristeza
no arriba como debiera,
con alas blancas, con sombras de draga oculta pero evidente.
(…)
Por eso, hoy convoco
a quienes sí lo hicieron,
para que le lleven mis exequias
consistentes en un plato de frijoles,
una barcina de cantos
y un hato de totopos de cuarenta agujeros.
Salud por Salud, por sus sueños postergados y sus rebeldías… ![]()



