Enero, 2026
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, afirma que ha “capturado” y “expulsado” a Nicolás Maduro, horas después de orquestar un ataque aéreo contra Caracas y otros puntos de Venezuela. Sin el aval de la ONU, la escalada militar de Washington en este país no sólo vulnera el derecho internacional, anticipa un modelo de relaciones internacionales basado en el unilateralismo, la coerción y la fuerza. Pero hay una cuestión aún más profunda: lo que ha ocurrido en Venezuela puede interpretarse como un laboratorio de una reconfiguración del orden mundial.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha confirmado el golpe de Estado en Venezuela. En su primera rueda de prensa tras la captura del ahora expresidente Nicolás Maduro, también ha amenazado con una segunda oleada de ataques si el chavismo opone resistencia. “Vamos a gobernar Venezuela hasta que haya una transición segura”, ha dicho desde su residencia de Mar-a-Lago (Florida). Durante las preguntas de la prensa, remarcó que iban a “dirigir el país bien, con juicio” y que “dirigir Venezuela llevará un tiempo”.
Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han sido muy claros en sus exposiciones. Por un lado, el presidente ha anunciado que “el petróleo va a fluir como debería. Lo vamos a gestionar bien”. Por otro, han advertido que Cuba y Colombia tienen razones para estar preocupadas.
Poco antes de su comparecencia, había difundido una imagen de Maduro, esposado y con los ojos y los oídos tapados, a bordo del buque militar Iwo Jima rumbo a Nueva York, donde será juzgado por cuatro delitos, entre ellos, por presunto “narcoterrorismo”.
El secuestro de Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores, se produjo la madrugada de este sábado (3 de enero) en el marco de una agresión militar aérea que Trump ha calificado repetidamente como “espectacular”.
Por su parte, la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez ha denunciado el “secuestro ilegal” de Nicolás Maduro y ha pedido su liberación inmediata. “Lo que hoy hicieron a Venezuela se lo pueden hacer a cualquiera”, añadió en su comparecencia, durante la cual también llamó a la calma.
Las declaraciones de Rodríguez chocan con las de Trump, quien había asegurado un par de horas antes que Rubio había hablado con la vicepresidenta venezolana, y que ésta se había mostrado “sorprendemente colaboradora”. Por el contrario, ha descartado que María Corina Machado —líder de la oposición, flamante Nobel de la paz y musa de la derecha latina—, pueda liderar Venezuela: “Es una señora muy agradable, pero no tiene ni el respeto ni el apoyo de su pueblo”, dijo Trump.

La gran importancia geoestratégica de controlar los yacimientos petroleros venezolanos
La intervención militar culmina semanas de intimidación en las que el ejército estadounidense mató a más de 100 personas disparando contra supuestas “narcolanchas” venezolanas, acusaciones que hasta la fecha no han sido debidamente verificadas. Trump ha acusado a Maduro, igualmente sin pruebas, de ser el líder del Cártel de los Soles, una banda a la que EE.UU. ha clasificado como organización terrorista internacional.
La cuestionable veracidad de estas acusaciones contrasta con el hecho incontrovertible de que Venezuela posee la mayor reserva mundial de petróleo y que desde Washington consideran de gran importancia geoestratégica controlar esos yacimientos.
Durante su intervención con la prensa, Trump ha sido claro, total y deliberadamente transparente: “No queremos involucrarnos en que alguien más llegue al poder y nos encontremos en la misma situación en la que hemos estado durante los últimos años. Queremos paz, libertad y justicia para el gran pueblo de Venezuela, y eso incluye a muchos venezolanos que ahora viven en Estados Unidos y quieren volver a su país. Es su patria. No podemos arriesgarnos a que alguien que no tenga en mente el bien del pueblo venezolano se haga con el control de Venezuela durante décadas. No vamos a permitir que eso suceda”.
¿Y cómo va a controlar el país? “Lo vamos a gestionar con un grupo y nos aseguraremos de que funcione correctamente. Vamos a reconstruir la infraestructura petrolera, lo que costará miles de millones de dólares. Lo pagarán directamente las compañías petroleras”.
¿El hecho de que Estados Unidos dirija el país significa que habrá tropas estadounidenses sobre el terreno? “Siempre hablan de tropas sobre el terreno, no nos da miedo. Y tenemos que tenerlas. Anoche tuvimos tropas sobre el terreno a un nivel muy alto. En realidad, no nos da miedo. Vamos a asegurarnos de que ese país se gobierne adecuadamente. Ahora estamos allí. Estamos listos para volver si es necesario. Vamos a gobernar el país correctamente. Se va a gobernar con mucho criterio, se va a ganar mucho dinero. No podíamos dejar que se salieran con la suya, nos robaron nuestro petróleo”.
En su comparecencia ante la prensa, una de las más delirantes que se recuerdan, Trump ha sido increíblemente honesto: “Vamos a quedarnos hasta que se produzca la transición adecuada. Como todo el mundo sabe, el negocio del petróleo en Venezuela ha sido un fracaso, un fracaso total, durante mucho tiempo. No estaban bombeando casi nada, en comparación con lo que podrían haber bombeado y lo que podría haber ocurrido”.
Y ha añadido: “Vamos a hacer que nuestras grandes empresas petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura gravemente dañada y empiecen a generar ingresos para el país. Estamos preparados para lanzar un segundo ataque mucho mayor si es necesario, asumimos que sería necesaria una segunda oleada, pero ahora probablemente no sea la primera oleada, si se quiere llamar así, ya que el primer ataque fue tan exitoso que probablemente no tengamos que hacer un segundo, pero estamos preparados para hacer una segunda oleada, una oleada mucho mayor”.

Una vez más contra el derecho internacional
Como señala una editorial (de último momento) de la revista Contexto: “Todos esperaban una invasión o una campaña larga contra el gobierno bolivariano de Venezuela, pero dar un golpe de Estado exprés enviando a más de 150 aviones militares para secuestrar al presidente de un país soberano inaugura una nueva era de la doctrina Monroe. Estados Unidos, una vez más, ha actuado sin tapujos contra el derecho internacional y la Carta de la ONU. Desde luego, no es la primera vez. La diferencia es que antes lo hacía en nombre de la democracia y la libertad, y ahora esas palabras han desaparecido del vocabulario de sus líderes”.
Recordemos: la democracia fue la coartada para invadir Afganistán en 2001, Irak en 2003, Libia en 2011.
“La excusa para robar las riquezas de esos países —recuerda la editorial de la revista de izquierda española— es que había que acabar con el terrorismo islamista mediante la instauración de regímenes democráticos en Oriente Medio. Una vez que la democracia enraizara, los regímenes autoritarios irían cayendo como las piezas de un dominó, florecerían las libertades y se acabaría el terrorismo.
“Hoy podemos calibrar las consecuencias de la ‘guerra contra el terrorismo’ puesta en práctica por Estados Unidos tras los atentados del 11-S: más de 400.000 personas asesinadas a manos del ejército norteamericano; más de cuatro millones de muertes en la zona como resultado de las guerras civiles que devoraron los países intervenidos; y de la democracia en Irak, Afganistán, Libia o Siria, mejor olvidarse. Un desastre sin paliativos.
“Con su ataque a Venezuela y la ‘extracción’ de su presidente, Nicolás Maduro, y de su mujer en su residencia de Caracas, Donald Trump ha dado un paso adicional”.
Quejas y más quejas (incluida la de la ONU)
Maduro y otros dirigentes venezolanos fueron acusados en 2020 por conspiración para cometer “narcoterrorismo”. En ese sentido, el Departamento de Justicia estadounidense ha publicado este sábado una nueva acusación contra Maduro y su esposa por su presunta participación “en una (nueva) conspiración para cometer narcoterrorismo”.
La acusación formal señala a Maduro de liderar “un gobierno corrupto e ilegítimo que, durante décadas, ha aprovechado el poder gubernamental para proteger y promover actividades ilegales, incluido el tráfico de drogas”, y alega que estas actividades “enriquecieron y afianzaron a la élite política y militar de Venezuela”.
Las autoridades estadounidenses alegan que Maduro se asoció con “algunos de los narcotraficantes y narcoterroristas más violentos y prolíficos del mundo” para introducir toneladas de cocaína en Estados Unidos, según el escrito.
En este sentido, la fiscal general del país norteamericano, Pam Bondi, ha afirmado que Maduro y su esposa se enfrentarían a cargos tras la acusación formal en Nueva York. Bondi ha prometido en una publicación en redes sociales que la pareja “pronto se enfrentaría al peso de la justicia estadounidense, en suelo estadounidense y en los tribunales estadounidenses”.
Pero recordemos: este mismo tribunal estadounidense es el que condenó al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, por tráfico de drogas, y que recientemente ha sido indultado por Trump con el alegato de haber sido víctima de un montaje.
En una conversación con Fox, Donald Trump ha sugerido y ha vuelto a repetir que su Administración seguiría apuntando a los funcionarios del Gobierno venezolano si se ponen del lado de Maduro o si toman su testigo: “Si siguen siendo leales, el futuro es realmente malo, realmente malo para ellos”.
Durante la entrevista, ha ninguneado las críticas demócratas, que consideran el ataque ilegal, entre otras cosas por no haber solicitado permiso al Congreso antes de declarar una acción de guerra contra Venezuela. Así, el presidente de EE.UU. ha acusado a los demócratas de “gente débil y estúpida”.
“Lo único que hacen es quejarse”, ha dicho Trump: “Deberían decir: ‘Buen trabajo’. No deberían decir: ‘Vaya, quizá no sea constitucional’. Ya sabes, lo mismo que llevamos oyendo durante años y años”.
Sin embargo, las críticas no han llegado sólo de la oposición demócrata en EE.UU.. Naciones Unidas afirmó que estaba “profundamente alarmada” por los ataques estadounidenses y la supuesta detención del presidente Nicolás Maduro en Venezuela. “Estos acontecimientos constituyen un peligroso precedente”, ha afirmado Stéphane Dujarric, portavoz del secretario general de la ONU, en un comunicado. Dujarric señaló que la ONU estaba preocupada por las implicaciones para América Latina y el Caribe, y pidió a “todos los actores en Venezuela” que respeten los derechos humanos y el Estado de Derecho.

Una nota final en clave interna estadounidense
Estados Unidos no ha llevado a cabo una intervención militar directa en América Latina como esta desde su invasión de Panamá en 1989 para derrocar al entonces gobernante militar, Manuel Noriega. En aquel entonces, al igual que ahora, Washington lo presentó como parte de una campaña más amplia contra el tráfico de drogas y la criminalidad.
La decisión de Trump de derrocar a Maduro está llena de riesgos: lo que sucederá ahora es incierto no sólo para Venezuela y América Latina, también para los propios Estados Unidos.
Como recuerda en un artículo de urgencia Juan Luis Manfredi, catedrático de Periodismo en la Universidad de Castilla-La Mancha (España), para The Conversation: 2026 es año electoral. “Desde marzo a noviembre, habrá 39 elecciones a gobernador y renovación de las cámaras. El trumpismo debate en Venezuela su modelo sucesorio. El capitaneado por J. D. Vance no quiere problemas en el exterior y quiere renovar el modelo económico industrial, mientras que el secretario de Estado Marco Rubio apuesta por la recomposición del orden internacional con unos EE. UU. fuertes y dominadores. El resultado de la operación venezolana puede ayudar a decantar la balanza y definir al favorito para suceder a Trump en las presidenciales de 2028”.
En síntesis, concluye Juan Luis Manfredi, “el ataque a Venezuela no es sólo una intervención en la región: también representa el cambio de era en el que vivimos. La narrativa trumpista, antes dislocada en lemas y eslóganes vacíos, parece haber encontrado el primer paso de su estrategia. Atrás quedan el poder blando, las relaciones transatlánticas o la zona de paz de la comunidad iberoamericana. Comienza el nuevo orden”.
(Con información de agencias)
Nota bene: el avión que transportaba al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, ya ha aterrizado en la Base Aérea Nacional Stewart de Nueva York, según la cadena CBS. La noche ha caído en la ciudad de EE.UU., por lo que es difícil distinguir a alguien en particular en los videos que ya comenzaron a circular.



