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Agustín Granados, dos décadas después

Enero, 2026

Se podría decir que, a su manera, fue una rara avis del periodismo cultural de los años noventa. Sobre todo, porque ejerció este oficio desde Televisa, siendo él, además, un hombre de izquierda surgido del Movimiento Estudiantil de 1968. De hecho, a diferencia de la mayoría de la gente que labora en la televisión, Agustín Granados destacaba por su humildad y sus múltiples conocimientos. Periodista, corresponsal de guerra y entrevistador de televisión, hace dos décadas —el 3 de enero de 2006— Agustín partía de este mundo. Hoy, Víctor Roura aquí lo recuerda.

Originario de la Ciudad de México, Agustín Granados falleció, a los 60 años de edad, el 3 de enero de 2006 a causa de un paro respiratorio, 15 días después de habérsele detectado cáncer en la garganta.

A diferencia de la mayoría de la gente que labora en la televisión, Agustín Granados destacaba por su humildad y sus múltiples conocimientos. Militante de la izquierda mexicana, participó en el Movimiento Estudiantil de 1968, aparte de ser integrante, desde muy joven, del Partido Comunista y fundador del entonces legítimo PRD.

Estudió la carrera de derecho y filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, colaboró en distintos medios impresos, y en radio y televisión. Durante cinco años condujo el programa Noche a noche en el Canal 9, luego de lo cual fue cofundador del Canal 40 desempeñándose como subdirector de noticias hasta 1996. En La Jornada escribía la columna periodística ‘Metro Balderas’.

En 1990 recibió el Premio Nacional de Periodismo en el rubro de divulgación cultural, ocasión que aprovechamos para conversar, misma entrevista que ahora aireo nuevamente con este admirado hombre de los medios.

“El primer empleado que tuvo la televisión mexicana fue Salvador Novo”

¿Qué tan difícil es trabajar el periodismo cultural en la televisión?

Agustín Granados, quien entrevistó aproximadamente a 800 escritores y artistas cuando conducía el programa nocturno Noche a Noche en Canal 9, respondió:

—Creo que es un fenómeno nuevo, pero parte de un prejuicio. Siempre se ha creído que la cultura es sólo la letra impresa, tal vez porque es mucho más fácil guardar el testimonio. Sin embargo, pienso que desde que se inició el Canal 9 hay un esfuerzo serio [aunque comenzara a operar como cadena nacional en 1990, sus orígenes datan de 1969 si bien su señal se mudó al Canal 9 en 1985 con las siglas XEQ-TV para finalmente ser relanzado con su nuevo formato en noviembre de 1990 ya dentro de la estructura de Televisa, que iniciara como tal a partir de 1973]. Que la selección no sea la debida, quizás; pero supongo que es difícil por la falta de costumbre. Creo que hay un grupo de intelectuales, amplio, que duda que este medio pueda ser un vehículo para difundir la cultura. Es importante reiterar que el primer empleado que tuvo la televisión mexicana fue Salvador Novo. Es curioso. En el régimen del presidente Alemán se comisionó a Novo para ir a estudiar a Europa las posibilidades de la televisión. Dio su informe. Esto es, antes de que hubiera un switcher, ya había un hombre de la cultura trabajando para el nuevo medio electrónico. Luego esto se perdió y la televisión se convirtió en eso que algunos intelectuales llamaron, injustamente, la caja idiota.

—¿Por qué se perdió?

—Creo que por una gran formalidad. Mira, los intelectuales jóvenes tenían una gran formalidad y solemnidad para difundir la cultura. Entonces se empezó a creer que ver a Eduardo Charpenel de esmoquin anunciando a la Sinfónica Nacional era la única posibilidad que tenía la tele de hacer cultura. Pero esto ya sucedía en los suplementos. Antes de la generación de los sesenta, los suplementos eran eso: solemnidad. Era gente muy valiosa, como el maestro Francisco Zendejas [1917-1985], pero absolutamente solemne. Y en la televisión, creo, pasaba lo mismo. Empezó la idea de que dicho medio era sólo un vehículo de divertimento. Al difundir cultura se hacía de manera tan solemne que al público le resultaba repelente. Al igual como se van abriendo los suplementos de prensa escrita, se van abriendo también los canales. Ahora veo a Alejandro Aura [1944-2008] en el Canal 13 y francamente me entusiasma lo que hace. O en el 11, su noticiero cultural. De igual modo es estimulante. Yo diría que Televisa hace un esfuerzo de 10 horas diarias en el Canal 9 y si hay fallas en la difusión cultural pienso que es responsabilidad de los conductores.

“Muchos intelectuales han hecho radio en la televisión”

Agustín Granados, con 20 años en la televisión mexicana cuando conversé con él, recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural que entregaba anualmente el gobierno de la República.

—En efecto, sólo hay cultura en el Canal 9 [entonces ciertamente sólo se transmitían asuntos relacionados con la cultura], ¿por qué no hay esta apertura en los otros canales?, ¿qué tan difícil es extenderlo a los otros?, ¿acaso ya no es necesario hacerlo?

—No, pienso que siempre es necesario. En la actualidad [estamos en 1990, recuérdese] se habla de que la cultura no es prioritaria porque estamos un poco en una crisis, pero si de esa crisis reprimimos la cultura la salida va a estar más lejos. Creo que siempre ha habido intentos. Tal vez aislados, tienes razón. Yo me inicié en la tele en un programa que no es precisamente cultural. Se llama[ba] Siempre en Domingo. Fui secretario de Raúl Velasco [1933-2006, Raúl Velasco se inició como periodista en la sección de deportes para pasar con prontitud a los espectáculos, incluso dirigió un suplemento especializado en el periódico El Heraldo de México] y me acuerdo que ahí había intentos serios de acercar al público, que sólo ve espectáculos, con la cultura. Me acuerdo que Héctor Anaya [1941-2025] era el coordinador cultural del programa. Hacía concursos de comentarios de libros. Reseñas simples de cualquier libro universitario. El premio eran mil pesos (que para entonces era casi una fortuna) canjeables en libros. El concurso duró dos o tres años. Después hicimos una serie, También en Sábado, en donde se propiciaba que los muchachos mandaran las cosas que escribían o pintaran. Claro, eran programas un poco aislados. Insisto: siento que la televisión es un medio nuevo [cuando hablé con Agustín Granados la televisión no tenía ni medio siglo en la escena mexicana, pues su invención data de mediados del siglo XX] que en muchas cosas debe ir tomando el tono. Y siento que, por un lado, efectivamente, ha habido desinterés de algunos funcionarios del medio y, por otro, mucha incomprensión de los intelectuales. Algunos de ellos han incursionado en el medio y, con todo respeto, no han podido con el paquete. Es decir, no han aprendido a manejar imágenes. Y les sucede lo que al mal cine mexicano, que está hecho antes de la imagen; es decir, muchos intelectuales han hecho radio en la televisión y la gente no les ha respondido. Pero supongo que el esfuerzo es un poco deshilachado, deshilvanado, porque, repito, el medio es muy nuevo. No tenemos la gran tradición literaria que tienen, por ejemplo, los suplementos. De la cultura escrita, vamos.

“Al mal periodista le dan el asesinato de Kennedy y lo deja en incidente en Dallas”

—¿Existe, pues, el periodismo cultural en la televisión?

—Creo que sí. Hablo concretamente del Canal 9. Creo que la labor cultural consiste en acercar a la sala de cualquier hogar el espectáculo que por alguna razón el televidente no va a ver o el libro que no va a poder leer, hablarle de la obra de los pintores que no conoce, porque mucho de ese público no se puede trasladar a las exposiciones. De hecho, yo diría que mucha gente ha aprendido a ir a salas de arte a partir de la difusión que Televisa le da a algunas muestras pictóricas…

—Serán las del Centro Cultural Arte Contemporáneo, nada más…

Agustín Granados lo piensa.

—Yo quisiera dejarte claro, antes que nada, que no hago, de ninguna manera, una defensa de Televisa. Sería más bien como defensa de un medio muy incomprendido que es la televisión. Es decir, cuando en una reunión dices que trabajas en la televisión piensan que eres un animador o piensan que puedes ser hasta un periodista (ya concediendo mucho), pero jamás piensan que puedes seriamente entrevistar a un pintor, a un escritor, a un hacedor de cultura. Si un diario tiene secciones, lo mismo sucede en la televisión. Aunque, sí, en el medio electrónico este apartado es más tajante. Pero creo que obedece a la misma división que tienen los periódicos. ¿Qué puede hacer un periodista en este asunto? Hacer las cosas con mucha seriedad. Creo que te pueden dar una orden de entrevistar a Mary Poppins y a la Poppins sólo puedes entrevistarla de dos maneras: bien o mal. Un buen periodista va a tratar de hacerlo bien. Va a tratar un poco de contextualizar, de ir un poco más allá, de poner la cara y los oídos tan curiosos como los tendría el señor que está sentado en la sala. Eso debe hacer. Portarse como un periodista serio. Yo creo en la perfección a la antigüita. Que es no hacer las cosas lo mejor que se puede, sino lo mejor que uno las puede hacer. Metiéndole todas las ganas Yo creo que al mal periodista le dan el asesinato de Kennedy y lo deja en incidente en Dallas.

“En el futuro el mejor periodista será no el que tiene la nota más pronto, sino el que la tiene mejor ubicada”

Cuando hablé con Agustín Granados había ya dejado de conducir el programa cultural nocturno: se dedicaba a reportear asuntos de política nacional. A propósito de los géneros, de los cuales Granados dominaba con habilidad la entrevista, le pregunté acerca de la posible existencia del nuevo periodismo en la televisión.

—Desgraciadamente, no. Creo que en México los casos de nuevo periodismo sólo se dan en algunos diarios muy localizados. El nuevo periodismo entendido como ése que no va a procurar la nota ni la exclusiva, que no va a dar el campanazo inicial al que nos tiene acostumbrados la prensa, sino aquel que a partir de una nota va a tratar de llenar los huecos que alrededor se producen, que va a meter la nota en su contexto, aunque no la tenga primero que nadie. En el futuro el mejor periodista será no el que tiene la nota más pronto, sino el que la tiene mejor ubicada. Creo que aún no hay nuevo periodismo en la tele porque apenas surge, en ese medio, la prensa cultural. Pero ahí están Héctor Anaya, Ricardo Rocha [1950-2023], Alejandro Aura o Cristina Pacheco [1941-2023], que sería la precursora en esto…

—¿Por causas de la propia televisión o por las limitaciones del nuevo periodismo en ese medio?

—Por ambas cosas. Porque la televisión no acaba de tomar el tono y un poco porque nosotros no acabamos de saber manejar el medio. Hay un gran riesgo en esto. Si no nos ponemos listos, nos puede suceder lo que con el radio. Que entramos a las radiodifusoras sin saberlo manejar completamente.

Imagen: archivo-SdE

“Trabajar para acortar esa frontera entre el especialista y el que no lo es”

El periodista decía que en la televisión funcionaba, pese a la creencia generalizada, “más la autocensura que una previa censura de las autoridades. Funciona un poco más la selección personal. En mí no se da la autocensura porque no soy hombre de rencores fijos. La verdad es que yo trataba de entrevistar a todas las personas que pudieran tener algo de interés. Seguramente hubo huecos y se me pasaron muchas personas, pero algunas, y a ellas les consta, las busqué y no pudieron. Y otras francamente se me pasaron”.

—Las diferencias entre los periodistas del medio escrito y el medio electrónico…

—El primero tiene una ventaja sobre el segundo, porque se dirige a un público más localizado. El número de periódicos que se edita en México [era 1990, claro, una situación muy diferente a la de ahora, me refiero sólo a los diarios, porque la televisión siempre ha dominado en una casa] es muy menor del número de televisores que hay. De alguna manera esta selección, que con la crisis puede volverse casi clasista, determina quién es tu interlocutor. Es decir, atando tú escribes de contracultura, de Kerouac, digamos, sabes que te va a leer una gente que tiene claves similares a ti. Sabes que te va a leer la gente interesada, un poco los enterados. Cuando yo hablo de Kerouac en la televisión, o si lo hiciera, tendría que retratarlo antes porque de otra forma la gente que está viéndome en la sala de su casa tal vez no se ubique. Y no quiero decir que la televisión la vean los ignorantes, sino que el número de lectores de periódicos en nuestro país es muy reducido. Y son mucho menos los que leen los suplementos. Creo que el periodista cultural de un medio escrito está hablando ante iniciados. Y creo que el intento por hacer periodismo cultural en la televisión es hablar ante cualquier persona…

—¿Crear, entonces, una televisión para especialistas?

—No. No es la idea. Al contrario. Tener una tele cultural que trabajara tanto para acortar esa frontera que existe entre el especialista y el que no lo es. Esto es, el periodista cultural de alguna manera sabe para quién está escribiendo…

—¿El de la televisión no lo sabe?

—Exactamente, no. Si invito, por ejemplo, a Alejandro Lora [1952, líder del grupo roquero El Tri] a una entrevista y si tengo la fortuna de que tú me estás viendo, no tengo que explicarte a ti quién es mi entrevistado, pero a mis cuates de la colonia, que les interesa la salsa desde chiquitos, tendría que detallarles quién es Lora.

—El periodista cultural de la televisión, por lo tanto, tiene doble trabajo…

Agustín Granados lo volvía a pensar. Y comentaba:

—Digamos que tiene un destinatario menos claro. Así de sencillo.

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