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Los cien años del gran Gatsby

Abril 2025

Cuando vio la luz, las críticas fueron mixtas y su venta fue mala; de hecho, en su primer año, El gran Gatsby vendió sólo 20,000 copias. Su autor, Francis Scott Fitzgerald, murió en 1940, creyéndose un fracaso. Sin embargo, la novela experimentó un renacimiento durante la Segunda Guerra Mundial hasta convertirse, hoy en día, en un clásico de la literatura universal y un firme contendiente por el título de la gran novela estadounidense. Este 10 de abril se cumplen los primeros cien años de su publicación. La catedrática Eulalia Piñero Gil nos habla de ella. Por su parte, Juan Carlos Gauli Pérez escribe sobre Francis Cugat, el diseñador de la icónica portada de la primera edición.


El gran Gatsby: una de las novelas más caleidoscópicas e influyentes de la literatura

Eulalia Piñero Gil


El 10 de abril de 2025 se conmemoran los primeros cien años de la publicación de El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald (1896-1940), una de las novelas más caleidoscópicas e influyentes de la literatura norteamericana del siglo XX. Sin duda, es una obra que no ha dejado indiferentes a los lectores desde su publicación en la “era del jazz”, como la denominó Fitzgerald, o en los locos años veinte.

Las razones de su éxito arrollador son múltiples. Los críticos consideran que es “la gran novela norteamericana” y una de las cien obras literarias más populares e influyentes de los siglos XX y XXI.

La historia de Jay Gatsby

Fitzgerald situó su novela en la zona opulenta de Long Island, al lado de la vibrante, moderna e innovadora ciudad de Nueva York del año 1922.

La década de los años veinte fue un periodo pleno de contradicciones y paradojas. Muchos norteamericanos, al igual que los protagonistas Jay Gatsby, Nick Carraway, Daisy y Tom Buchanan, celebraban la vida de manera alegre y desenfrenada, como respuesta a la experiencia traumática de la Primera Guerra Mundial y de la pandemia de la mal llamada gripe española de 1918.

En este contexto de días de vino y rosas asistimos a un consumismo exacerbado en el que sus protagonistas son retratados en sus excesos, sueños e inmoralidades. El narrador, Nick Carraway, hombre culto y sensible, emigra a la metrópolis desde el medio oeste. Carraway representa los valores más idealistas del sueño americano que es, sin duda, el tema fundamental de la novela. El carácter reflexivo del narrador nos muestra esta quimera con sus luces y sombras al quedar expuestas con crudeza y crueldad por sus personajes.

De hecho, Fitzgerald aborda el fracaso del sueño americano. La evidencia palmaria es que Jay Gatsby, un personaje misterioso, evasivo y melancólico, también originario del medio oeste, se dedica, en realidad, al contrabando de alcohol con el fin de amasar una fortuna enorme en el contexto de la denominada Prohibición (1920-1933). La ley Volstead —conocida como la Ley seca— y la presión social ejercida por la Unión Cristiana de Mujeres por la Templanza hicieron que se prohibiesen la venta, importación y fabricación de bebidas alcohólicas en Estados Unidos. Esto provocó la proliferación de gánsteres y delincuentes violentos que vieron una oportunidad de oro para enriquecerse.

Las razones por las que Jay Gatsby se dedica a este negocio ilícito tienen su origen en la necesidad imperiosa de ser rico para merecer el amor de Daisy Buchanan. La joven flapper moderna y hedonista creyó que sólo casándose con un hombre rico podría satisfacer sus deseos materialistas y no esperó a su amado, que se encontraba luchando en la Gran Guerra. Desde su lujosa mansión, Gatsby desea, sobre todas las cosas, reconquistar a Daisy quien, en realidad, no ama a su marido y se esconde tras su dinero para ocultar su vacío existencial.

La pareja Buchanan representa el lado más oscuro del sueño materialista e inmoral, ya que Tom es un hombre despiadado que no tiene escrúpulos ni oculta su racismo y desprecio hacia aquellos que no han tenido la fortuna de heredar un patrimonio.

En este sentido, la novela abunda en las virtudes de los norteamericanos que perseguían el sueño de prosperar de manera honesta —como Nick Carraway o los trabajadores de la zona conocida como el Valle de las Cenizas, que separa Long Island de Nueva York— frente a los que lo conseguían por medios ilegales o que dilapidaban su fortuna de forma obscena, como los Buchanan.

Seres de carne y hueso

La novela, por su carácter visual, ha sido objeto de numerosas adaptaciones al cine a lo largo de estos cien años. La última versión es la del cineasta Baz Luhrmann, de 2013. La cinta capta los excesos, el desenfreno, las paradojas y contradicciones de los locos años veinte. Lo hace a través de un seductor y soñador Leonardo DiCaprio como Gatsby y una bellísima Cary Mulligan como Daisy, consciente de los errores cometidos y entregada al amor idealizado.

Tobey Maguire y Carey Mulligan en primer plano, que interpretan a Nick Carraway y Daisy Buchanan, mientras de fondo Leonardo DiCaprio y Joel Edgerton dan vida a Gatsby y Tom Buchanan, en la película de Baz Luhrmann. / Warner Bros.

No cabe duda de que los personajes están bien construidos, resultan verosímiles y no son seres etéreos o idealizados por la pluma de la prosa lírica y brillante de Fitzgerald. Al contrario, el escritor los imagina como seres humanos de carne y hueso que conviven de manera natural con sus ideales y comportamientos inmorales y temerarios.

El final de la novela es un canto reivindicativo, pero a la vez escéptico, al sueño americano en su versión más pura e idealista, representada por su protagonista: “Gatsby creía en la luz verde, en el futuro orgásmico que con el paso de los años retrocede ante nosotros”.

En suma, Gatsby se presenta a través de la conciencia narrativa de Nick Carraway y un tono poético en el que la esperanza en el sueño americano nos retrotrae al pasado. A aquel momento histórico en el que los primeros emigrantes europeos visualizaron el asombroso verdor de las interminables extensiones de bosques vírgenes en todo su esplendor y belleza, como símbolo de esperanza y de un futuro prometedor.

Para Gatsby, la redención está en su sueño romántico e idealista de ser digno merecedor de su amada Daisy Fay. De este modo, Fitzgerald convierte a un traficante de alcohol, profundamente enamorado de una mujer idealizada, en el héroe norteamericano por antonomasia. Un héroe que, finalmente, muere de manera injusta. Así, un contrabandista soñador se transforma en un personaje literario inmortal, atractivo y fascinante: “el gran Gatsby”.


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Francis Cugat: el artista detrás de la legendaria portada de El gran Gatsby

Juan Carlos Gauli Pérez


Hay libros memorables y libros con portadas igualmente memorables. El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald es uno de ellos. Su primera edición apareció con una sobrecubierta creada con la técnica del gouache por Francis Coradal-Cugat, un artista notable y exitoso de su época. Cugat fue un destacado diseñador, director artístico cinematográfico y responsable del color en algunas de las películas más icónicas del cine.

La vida de Francis Cugat, hermano mayor del célebre músico y director de orquesta Xavier Cugat, es apasionante. Nació en Girona en 1893, en un hogar antimonárquico. Su padre, tras haber estado en prisión por sus ideas, se trasladó con su familia a Cuba en busca de una vida mejor. En casa se incentivaron las inclinaciones artísticas de los hijos y eso llevó a Francis Cugat a estudiar en la Academia de Arte de Rheims y, más tarde, en la de Bellas Artes de París. A lo largo de su vida, viviría en La Habana, Nueva York, Chicago y Los Ángeles, entre otros destinos.

Portada de la primera edición de El gran Gatsby, diseñada por Francis Cugat. / Wikimedia Commons

De Cuba a Gatsby

No se sabe muy bien cómo Cugat entró en contacto con el editor de Fitzgerald, Charles Scribner. Quizás fue a través de Max von Gerlach, un buscavidas que hacía negocios en Cuba y Estados Unidos, y que, según Zelda, la esposa de Fitzgerald, sirvió de inspiración para el personaje de Gatsby.

Lo cierto es que Cugat, hasta entonces considerado un excelente retratista y creador de carteles para la compañía del famoso cantante de ópera Enrico Caruso —donde lo había introducido su hermano Xavier, primer violín de la orquesta—, conoció al famoso editor, y éste le propuso realizar en 1924 la sobrecubierta del libro todavía no terminado de El gran Gatsby. Fitzgerald era uno de los escritores más prometedores de su época, quien había triunfado unos años atrás con A este lado del paraíso, publicada en 1920.

Cuando el escritor norteamericano vio los bocetos de la cubierta de su libro aún no finalizado, escribió a Scribner: “Por el amor de Dios, no le des a nadie esa sobrecubierta que estás guardando para mí. La he incorporado al libro”.

Una cubierta icónica

La imagen diseñada por Cugat representa una escena nocturna de clara inspiración surrealista. En la imagen se puede ver en una línea del horizonte muy baja las luces del parque de atracciones de Coney Island. Sobre un cielo nocturno de azul Prusia aparecen unos grandes ojos de mujer que reflejan en sus pupilas un cuerpo desnudo. También podemos ver unos labios rojos y lo que parece ser una lágrima convertida en el reflejo de la luna. Unas líneas, como estrellas fugaces, abocetan lo que podría ser un rostro fantasmagórico que sobrevuela y observa la ciudad de Nueva York.

Para el artista, esos ojos reflejaban los de Daisy Buchanan, personaje inspirado en un antiguo amor del escritor, Ginevra King. Sin embargo, Fitzgerald vio ahí una mirada que transciende la realidad y observa desde las páginas al resto: los ojos del doctor T.J. Eckleburg, presentes en una valla publicitaria situada en la frontera entre la isla de Manhattan y Queens. Y eso fue lo que incorporó al texto. Estos ojos aparecerán en diferentes escenas a lo largo de la novela. Ojos que observan, pero también juzgan el comportamiento humano.

El gran Gatsby se ha convertido en uno de los libros más importantes del siglo XX, y su primera edición es uno de los ejemplares más anhelados por los coleccionistas. La portada ha recibido críticas furibundas, como la de Ernest Hemingway, quien la consideraba más propia de una novela barata de ciencia ficción que de una gran obra literaria.

En 1979, Charles Scribner III realizó una reedición que volvió a incluir la cubierta de Cugat, convirtiendo la edición original en un objeto de deseo. Se cree que hay menos de 1 000 ejemplares con la sobrecubierta original, lo que ha multiplicado su valor.

Una portada presurrealista

A ojos de hoy, la cubierta de Coradal-Cugat es una obra que podríamos encuadrar en el movimiento surrealista. Sin embargo, el manifiesto realizado por André Breton se publicó por primera vez el 15 de octubre de 1924.

Al observar la cubierta, en la que, como decíamos, se puede ver el cuerpo de una mujer desnuda dentro de las pupilas, no puedo dejar de pensar en la obra In Voluptas Mors de Dalí y Philippe Halsman, donde se ve una calavera construida con el cuerpo de varias mujeres desnudas.

Hay un paralelismo interesante entre esta portada y las obras de Dalí. Algunas de las obras más importantes del pintor surrealista sitúan el horizonte en la parte inferior del cuadro, al igual que hace Cugat: El Gran Masturbador (1929), Jirafa ardiendo (1937) o Los elefantes (1948). Situar el horizonte abajo es una propuesta muy cinematográfica e innovadora, heredera de los carteles de teatro y ópera de principios de siglo que hacían esa composición para dejar espacio para los textos arriba y abajo.

Si analizamos las cubiertas realizadas en 1924 y 1925, podemos ver que la mayoría están vinculadas con movimientos artísticos anteriores como el art nouveau, excepto las realizadas en la URSS y países próximos, que tienen una clara influencia constructivista. La obra de Cugat es un rara avis que se adelantó a su tiempo y que sirvió de inspiración a otras cubiertas realizadas posteriormente.

En 1924, el célebre actor y director del cine mudo Douglas Fairbanks convenció a Francis Cugat para que se mudase a California para convertirse en director artístico. El 18 de febrero de 1925, el Diario de Gerona publicó: “Por la prensa neoyorquina nos enteramos que don Francisco Cugat, hermano del renombrado violinista ampurdanés del mismo apellido, ha sido nombrado director artístico de la marca filmática Artistas Asociados, en la cual actúa la celebrada pareja Fairbanks-Pickford”.

La célebre cubierta de Francis Coradal-Cugat ha sobrepasado con creces a su creador, convirtiéndose en una referencia obligada de aprendizaje en cualquier universidad de diseño gráfico del mundo.

[Eulalia Piñero Gil: catedrática de Literatura Norteamericana y Estudios de Género de la Universidad Autónoma de Madrid. / Juan Carlos Gauli Pérez: director del Departamento de Audiovisual y Creación Gráfica, Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología. // Fuente: The Conversation. Textos reproducidos bajo la licencia Creative Commons — CC BY-ND 4.0]

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