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“No mentir, no inventar: los dos mandamientos de una crónica periodística”

«Con olor a tinta», quinto libro de José Antonio Gurrea

Noviembre, 2023

Para celebrarse a sí mismo por sus cuatro décadas de estar imbuido en la vena periodística, José Antonio Gurrea acaba de publicar «Con olor a tinta», libro que será presentado el jueves 30 de noviembre, a partir de las 18 horas, en el Centro de las Artes de Querétaro. Producto de su paso por numerosas redacciones se puede leer en la contraportada, en este volumen su autor pasa revista, a través de un verídico anecdotario, a prácticas comunes en el medio periodístico. Algunas poco éticas; otras, tiránicas, injustas; unas más, absurdas o que lindan, incluso, con el surrealismo. Víctor Roura ha conversado con José Antonio Gurrea.

Para celebrarse a sí mismo por sus cuatro décadas de estar imbuido en la vena periodística, José Antonio Gurrea (Ciudad de México, 1960) acaba de publicar el libro Con olor a tinta (Trajín, 2023), mismo que será presentado el jueves 30 de noviembre, a partir de las 18 horas en el Centro de las Artes de Querétaro (Arteaga 89, Centro Histórico), por Dalia Larisa J. Otero, Édgar Pulido y Patricia López con la moderación de Meche Cortés.

José Antonio Gurrea C. es, hoy, director general de lalupa.mx, un portal de información y análisis periodístico desde la ciudad de Querétaro (México). Gurrea es ganador del primer lugar del Premio Alemán de Periodismo 2008 con una crónica sobre Berlín. Periodista y narrador desde hace 40 años, es autor, aparte de Con olor a tinta, de Atisbos (antología narrativa, 12 Editorial, 2012), Periplos (crónicas de viaje, 12 Editorial, 2012), El largo y sinuoso camino de la transparencia (reportajes, Cuadernos de El Financiero, 2009) y Otredad (crónicas y reportajes, Trajín, 2019).

Veracidades

—En 1994 el novelista Guillermo Arriaga publicó su libro Un dulce olor a muerte, tu cuarto volumen periodístico se intitula Con olor a tinta, tú, que también eres narrador (con un volumen de cuentos ya editado), ¿cómo diferencias el oficio periodístico del literario?, ¿qué diferencia metafóricamente a la muerte de la tinta?

—Sin duda, una interesante pregunta que te voy a responder citándote a ti, querido maestro. Hace 11 años, cuando generosamente escribiste el prólogo de Periplos, mi libro de crónicas de viaje, señalaste que si bien la crónica es el género periodístico más cercano a la literatura, un cronista debía tener “ese maravilloso don de la verídica credibilidad”. Ese, precisamente, es el quid de la respuesta: mientras el referente del oficio literario, de la ficción, es un mundo imaginario habitado por personajes también inventados (que es el caso de Atisbos, mi antología narrativa también aparecida en 2012), la crónica periodística es la exposición, descripción, narración o argumentación de un contenido verídico o basado en hechos reales. No mentir, no inventar, son, pues, los dos principales mandamientos a los que obliga la hechura de una crónica periodística.

El periodista y escritor José Antonio Gurrea.

“Ninguna nota periodística vale la vida del periodista”

—En estos tiempos tan complejos, o críticos, es decir en crisis, del asunto periodístico, ¿cómo trabajas la indagación informativa?

—Es cierto que a partir del inicio de la llamada guerra contra las drogas, comenzada por un gobierno panista por ahí de 2008, los tiempos se volvieron críticos. También, que la opacidad del régimen morenista y el golpeteo contra el INAI complican aún más las cosas (como sabes, todas las investigaciones que aparecen en El largo y sinuoso camino de la transparencia, libro que tú me publicaste, fueron realizadas con solicitudes de información hechas a través del INAI). Sin embargo, nunca ha sido fácil ejercer el oficio. Cuando comencé, hace 40 años, recuerdo muy bien las presiones de los gobiernos priistas, a través de llamadas a la redacción, para que tal o cual información se minimizara o, incluso, no se publicara. Y aunque en un número menor, también existían las agresiones y los asesinatos. Por citar dos casos: en 1984 asesinaron a Manuel Buendía y en Con olor a tinta rememoro la agresión que sufrió en Chiapas el fotógrafo Fabrizio León, en 1985. Es decir, desde siempre la violencia contra los compañeros ha estado presente. Un dato: de 2000 a la fecha, Artículo 19 ha documentado 162 asesinatos de periodistas en México. Y en 2022 fuimos el país que no está en guerra con la mayor cantidad de periodistas asesinados en el mundo, de acuerdo con Reporteros Sin Fronteras (RSF).

“En este contexto, aunque en lo personal llegué a realizar para El Universal algunas coberturas con cierto riesgo, lo mismo en Guerrero que en Tamaulipas, Sonora o en Chihuahua, cuando se trata de mi equipo de colaboradores siempre he abordado la indagación periodística con una máxima por delante: ninguna nota periodística vale la vida del periodista. Dos botones de muestra: en El Universal di la orden al corresponsal y al fotógrafo para que desandaran su camino hacia Altar, Sonora, debido al alto riesgo que corrían. Y en Querétaro, ya en La Lupa, detuvimos una investigación que realizábamos en los Apaseos, Guanajuato, por los mismos motivos. Tienes razón: los tiempos son cada vez más complicados para el periodismo de investigación”.

La condición humana

—No todo el ejercicio periodístico es, o merece ser, recopilable, sin embargo tu trabajo va más allá del instante o del periodo en que escribes tus reportes, ¿cómo trabajas ya no digamos tus reportajes, sino cómo decides qué apunte periodístico seleccionar para tal o cual libro?

—Cada libro tiene sus propias características. En el caso de Con olor a tinta, publicado con motivo de mis 40 años como periodista, la materia prima se compone fundamentalmente con algunas de las anécdotas vividas en el periodo señalado, publicadas lo mismo en La Digna Metáfora que en La Lupa. Muchas anécdotas quedaron fuera, pero se trataba de textos más coyunturales, más temporales. Sin embargo, en el caso de las que se incluyeron no importa que hayan tenido lugar hace 40, 30, 10 años o ayer. Se trata de situaciones que se viven cotidianamente en el periodismo mexicano. Y seguramente se podrán leer dentro de 40 años y seguirán vigentes, pues las injusticias, las frivolidades, la mezquindad, la prepotencia, la ojetez, ahí estarán.

“Debo señalar que, guardadas las proporciones, Con olor a tinta tiene toda la impronta de Cultura, ética y prensa, tu libro de 2002, no sólo porque se trata de un anecdotario, sino también porque casi ningún relato lleva el nombre de los protagonistas (aunque para los conocedores ofrece inequívocas pistas para saber quiénes son), precisamente porque me interesa que el libro se lea en un futuro y no pierda actualidad, pues, insisto, en el periodismo persistirán actitudes similares. Así es la condición humana”.

“Los medios impresos mexicanos se comenzaron a parecer unos a otros”

—Con la venta del diario El Financiero, en noviembre de 2012, apuntas, en una crónica necesaria, que el periodismo entonces se hizo sobre todo para los ojos, ¿no la prensa en general ha entrado en una grave crisis desde entonces cuando los portales y las plataformas han venido a ocupar su lugar, de igual modo con altibajos o sin ellos?

—Como lo comento en la crónica que mencionas, en México ese periodismo descafeinado lo comenzó Reforma desde los años noventa. Se trata de un rotativo hecho a imagen y semejanza de los tabloides gringos. Y a este mal ejemplo luego se sumaron, entre otros, Excélsior, El Heraldo, El Sol de México y, por supuesto, El Financiero, proceso que padecimos tú y yo. De esta forma, los medios impresos mexicanos se comenzaron a parecer unos a otros (porque, además, contrataron a los mismos despachos españoles): grandes fotos, textos cortos, notitas del día, declaracionitis, amplias secciones de sociales y espectáculos, cero cultura, cero historias, cero periodismo de investigación. No incluyo a Milenio y El Universal en esta lista, pues aunque también cambiaron su diseño aún conservan sus suplementos culturales y hay todavía cabida, así sea mínima, para el periodismo de investigación y las historias. Es decir, en su desesperación por que regresaran los lectores que se habían ido a las redes y a los medios digitales, los medios tradicionales se convirtieron en malos sucedáneos de la TV y de esos portales y plataformas.

“A esta crisis de contenidos, como lo has apuntado acertadamente en ‘Oficio Bonito’, la columna que escribes en La Lupa, hay que agregar un factor político: la crisis económica derivada del cierre de la llave publicitaria gubernamental a partir de este sexenio (que, ojo, la discrecionalidad no terminó, sólo cambiaron los nombres de los beneficiarios y los proscritos), lo que ha provocado despidos, reducción de páginas, caídas de tiraje, y todavía menos calidad periodística. En resumen, se trata de la crisis de un modelo de negocio cuyas causas son múltiples y variadas”.

Portada del nuevo libro de José Antonio Gurrea.

“La mayor parte sigue dependiendo de los dineros públicos”

—Tú mismo has fundado una prensa digital a falta de una pluralidad accesible de los medios tradicionales, ¿es el camino contemporáneo para el oficio periodístico?

—A finales de 2013 renunciamos a El Financiero porque en ese medio se acabó la oportunidad de hacer periodismo. Luego, mientras tú encabezaste tres magníficos proyectos impresos (De Largo Aliento, La Digna Metáfora y Transgresiones) que murieron, esencialmente, por falta de apoyo publicitario, yo llegué a El Universal desde donde, durante algunos años, pude seguir realizando el periodismo que me gusta. Luego vino mi injustificado despido provocado por las grillas y la crisis del modelo de negocio (de esto hablo largamente en Con olor a tinta). Al quedarme sin empleo, no hallé, como bien lo dices, ningún medio tradicional donde pudiera ejercer periodismo de largo aliento, así que me subí a la ola de las plataformas digitales, por supuesto siempre tratando de ofrecer una información que vaya más allá de la superficialidad que aqueja actualmente tanto a medios tradicionales (en estado terminal, en lo que atañe a sus versiones impresas) como digitales.

“Porque si bien hay numerosas plataformas digitales que están haciendo buen periodismo (pienso de botepronto en El Faro, en Pie de Página, en Connectas, en Gatopardo, en Animal Político) y muchos medios tradicionales están haciendo grandes trabajos digitales (NYT o El País, por mencionar sólo dos), lo cierto es que el hecho de que se pudiera difundir información más rápido y de forma ubicua (una supuesta ventaja que trajeron consigo los medios digitales) no necesariamente derivó en mejor información (abunda la falta de rigor), o llegar a más públicos tampoco generó mayores ingresos a las empresas periodísticas, que en la mayor parte de los casos sigue dependiendo de los dineros públicos”.

“En el campo político también hay un objetivo muy claro, que es ensuciar a los adversarios”

—La falsa noticia se ha acrecentado con esta instantaneidad informativa, ¿cómo destruir esta calamidad cada vez más asediada en los tianguis informativos?

—Cierto, como lo comenté anteriormente, abunda la falta de rigor, y en esa frenética carrera por los likes los medios digitales o aun tradicionales (en sus plataformas) publican falsas noticias sin rubor alguno.

“¿Cómo combatir esa calamidad? Esta cruzada debe comenzar en las escuelas de comunicación y continuar en las redacciones en todos los medios, tradicionales o digitales. En teoría no debería ser tan complicado verificar la fuente, la autoría y el origen de la información que vamos a compartir, ya sea texto, foto o video (de hecho, ya existen varias páginas que se dedican a revisar que la información sea verdadera), pero esa premura por ganar la nota provoca que ello no ocurra, y se difundan las noticias falsas.

“Pero, ojo, en la promoción de estos bulos no sólo tiene que ver la irresponsable y frenética carrera de los medios por captar seguidores. En el campo político, también hay un objetivo muy claro, que es ensuciar a los adversarios. Trátese de izquierdas, derechas o centros, las granjas de bots juegan un papel esencial en este estercolero de falsas noticias.

“Imagínate, si quienes son presuntamente profesionales de la comunicación a veces no contrastan la información, mucho menos lo hará un ciudadano de a pie, y menos si esa falsa noticia le llega por Whatsapp de un contacto para él creíble. Las granjas de bots no van a desaparecer mañana, por eso creo que mientras en los medios no existan códigos éticos ni sanciones a quienes incurren en la divulgación de bulos se trata de una batalla perdida.

“Sólo para concluir. El 5 de enero de 2017, aquí en Querétaro, un reportero de una cadena radiofónica realizó una transmisión en vivo donde afirmaba que los dos principales mercados de la capital estaban siendo saqueados. Al aire, ese sujeto aseguraba que había balazos y muchos heridos. El conductor, preocupado, le decía que tuviera cuidado, y elogiaba su valentía. De inmediato yo envié gente de mi equipo a esos mercados. Al llegar nos dimos cuenta de que todo era falso. Si yo hubiera sido jefe de ese desaseado individuo lo hubiera despedido de inmediato, sin embargo no sólo no hubo sanciones sino que, meses después, ese fulano fue ascendido y ya despachaba como jefe de información”.

“La Ley de Medios la esperábamos con esperanza”

—Humberto Musacchio dice que La Jornada en este año recibirá, por cuotas publicitarias del gobierno, una cantidad económica emparejada a los mil millones de pesos, un monto que no es comparable a los casi diez mil millones que antes recibían sexenalmente medios como El Universal, Excélsior o Reforma (no se diga las televisoras TV Azteca y Televisa) como compensaciones a sus servicios de acomodamiento y respaldo a los sucesivos poderes políticos, cifras de las que nadie hablaba porque eran visualizadas con naturalidad, como una obligación del Estado a tanto servilismo promovido por los medios, sin embargo esta cantidad financiera concedida a La Jornada encierra, ciertamente, la misma política discrecional favorecedora que se acusaba en periodos priistas y panistas sólo que en otro sentido. López Obrador habló, inútilmente, de una Ley de Medios que regularía la calidad mediática. No sucedió tal propósito, perjudicando, en efecto, a veintenas de honorables medios, no digo miles porque éstos en la red se han subido en el carrusel de la oportunidad periodística para jugar a la ruleta rusa informativa.

—Sin duda, el monto económico a los medios vía la publicidad gubernamental se ha reducido considerablemente, pero como lo comenté líneas atrás (y ha sido un asunto recurrente en tu columna ‘Oficio Bonito’), la discrecionalidad persiste: ahora ya no es El Universal el impreso más beneficiado, sino La Jornada (un periódico, desde sus inicios, tan apegado a la publicidad gubernamental, como lo narro en “La edad de la inocencia”, una de las crónicas de Con olor a tinta, y a quien, con un jugoso contrato, Peña Nieto le salvó la vida cuando se encontraba a punto de cerrar), mientras que Televisa y TV Azteca, hoy como ayer, continúan como los medios consentidos. A éstos se ha sumado, entre otros, el impresentable Óscar Cantón Zetina, editor de pasquines, diputado federal por Morena y gran amigo del presidente López Obrador, quien también recibe [Cantón Zetina] un monto considerable de recursos (56 millones de pesos, únicamente en 2022). Un solo dato: de acuerdo con Fundar, el año pasado, Azteca, Televisa y La Jornada concentraron más del 28 por ciento del total del presupuesto (más de 680 millones de pesos).

“Sobre la referida Ley de Medios, ¿qué te puedo decir? La esperábamos con esperanza. Se trataba de una iniciativa que, precisamente, terminaría con la discrecionalidad, esa que premia a los amigos y castiga a los presuntos enemigos, y generaría equidad: el gobierno federal daría recursos, vía publicidad, sólo a los medios que elaboraran trabajos de investigación propios, que tuvieran lectores reales y que generaran empleo. Lamentablemente no se concretó, y en lugar de eso, a finales de 2022, tuvimos una ley de comunicación social que pretendía establecer un tope en el gasto publicitario de 0.1 por ciento del presupuesto de estados y municipios, lo que hubiera significado la muerte de La Lupa, y de miles de medios en todo el país. A todas luces inviable, pues contravenía la Constitución, la referida legislación, que estuvo en vigor casi medio año, afectó las finanzas del portal y nos obligó a recurrir a un préstamo bancario para poder pagar la nómina”.

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