Marzo, 2026
El pasado 25 de marzo se marchó de este mundo —sorpresiva y prematuramente— Rael Salvador: poeta narrador, ensayista, periodista cultural, docente y editor. Tenía 63 años. Nacido en enero de 1963 en Ensenada, Baja California, Rael publicó varios libros en diversos y diferentes géneros. Siempre crítico, controversial, polemista —era ya una de las figuras del medio cultural más reconocidas del noroeste del país—, su partida deja un hueco en el área cultural ensenadense. El poeta y escritor Lauro Acevedo aquí lo recuerda.
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Como reza la frase popular: “A boca de jarro”, a través de las redes sociales, así llegó a mí el mensaje enviado por su más querido hermano, su amigo del alma, el destacado fotógrafo ensenadense Enrique Botello:
“A la comunidad artística y periodística: les comparto la noticia del fallecimiento de mi hermano Rael Salvador Vargas Sánchez. La historia de nosotros inició desde la infancia, compartimos y vivimos infinitas aventuras, por lo que el dolor es muy grande por su partida. Gracias a la vida por ponerlo en mi camino. Que en paz descanse el ‘poeta maldito’”.
Corre el miércoles 25, del mes de marzo 2026, mes de los idus y de las premoniciones de la floración, en los albores de un día con el anuncio de un pleno sol que hará madurar los principios del color en los abundantes pétalos de la primavera.
El corazón, ese que tiene razones que la razón no conoce, como dijera el gran Pascal, se contrae y se entristece por dentro; en sus torrentes de vida hay un gran dolor; dentro del cauce, la sangre siente la herida; un hermano poeta deja su estamento físico para remontar su alma hacia los confines remotos del universo.
Bien clara es la memoria y bien claro el legado maravilloso que, de las letras ensenadenses para el mundo, deja este caballero andante en las batallas, cuya voz de remolino retumbó en sus escritos en pro de rescatar la justicia en el mundo ante esa convulsión de la violencia y el atraco a las libertades del ser humano, en todos los ámbitos. Jamás guardó silencio ante lo que él, en su limpia consciencia del bien y el mal, consideraba pleno de verdad y bondad.

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Rael Salvador, quien se inició muy joven en la escritura de sus versos, deja en este puerto una nave que recorrerá muchas latitudes del espíritu en sus libros. En sus datos biográficos podemos rescatar: que nació en Ensenada, Baja California, en 1963. Entre sus libros de poesía destacan: Te metes, tiras y sales (ilustrado por Mati Ransenberg) y Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar (ilustrado por el grabador Leonel Flores). En su obra narrativa sobresalen: La resaca del Sol de las anémonas (ensayos), Obituarios intempestivos / Vida y muerte de Albert Camus, Facundo Cabral y Anna Politkóvskaya (ensayo biográfico), Claridad y Cortesía / La creación de una belleza nueva (artículos periodísticos), Kata Ton Daimona Eaytoy / Recuerdo del héroe llevado por su demonio (ensayo biográfico sobre Jim Morrison) y Nietzsche, el príncipe sublime del intelecto (La Jornada BC, 2023).
También están Ciudad abierta (fotocrónica de Héctor García Mejía), Estatuaria, en el perfil de la visibilidad (microesculturas de José Efrén Zavala) y Si yo puedo matar a Bush, ¿por qué alguien que lo odia más no puede hacerlo?, que son libros de máximas y aforismos.
Rael fue también coordinador de la editorial Estirpe baja y director de la revista Baja estirpe, así como de XYZ Documentos en resistencia, El hombre rebelde y el periódico cultural ‘El muro’ (del semanario Regeneración). Infrecuente colaborador de los medios de prensa más conocidos, entre los que destaca ‘La Jornada Semanal’, La Jornada Baja California (con su columna ‘El último lector’) y A los 4 vientos (con ‘Los perros guardianes’). Columnista del diario El Vigía (‘Crítica de la razón cínica’), en la actualidad, tras su excursión en el Programa Nacional de Lectura (Sistema Educativo), se dedicó a la docencia y el activismo cultural. Coordinador de la editorial Aula Sin muros, editó hasta la fecha de su fallecimiento ‘Palabra’ (revista cultural del diario El Vigía).
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Podemos considerar su inicio como poeta en 1990 con su libro Pandemonium, que le valió el mote de Poeta Maldito. Esta obra fue considerada como un tema contracultural.
Rael Salvador, a quien hoy nomino como El Caballero de las Letras, vivió una especie de enclaustramiento en su gran biblioteca, de donde brotaron una enorme cantidad de ensayos literarios que ojalá un día veamos antologados en una obra de gran paginado.
Caronte, el hijo de las oscuridades más profundas, colocó un gran festón de rosas negras en su nave y partió hacia el inframundo, llevando, sí, a un gran poeta. Pero dentro de la hosquedad de ese anciano, esta vez no exigió el dinero de coste por el transporte, pues también se incluyó en el homenaje al gran personaje que transportaría. Así salvo a Rael de vagar por la orilla del río Estigia por muchos años.
A Rael Salvador, este gran escritor ensenadense, el Seminario de las Artes de Baja California lo consideró el poeta homenajeado dentro del Encuentro de Escritores Horas de Otoño, “Gloria Ortiz Ramírez”, edición 2025, desarrollado en el aula magna del Centro Estatal de las Artes (Ensenada), donde dio lectura a una parte muy importante de su obra poética.
Durante ese evento, Rael compartió el siguiente escrito que es todo un manifiesto de personalidad: “No soy Ernesto Sabato, héroe y tumba, donde el escritor y su fantasma son algo más que un tango. No soy Pablo Neruda, un pétalo de nieve. No soy José, haciéndole al ensaramago. No soy Pedro Lemebel, haciendo de su variación una diferencia. No soy un profesor disfrazado de escritor. No soy un maestro, soy lo que queda de un poeta dentro de la educación. No vivo de acuerdo con mis ingresos sino de acuerdo con mis medios emocionales y esa intensidad me la brinda la pulsión del arte. Y del arte y sus múltiples disciplinas escojo la que más me asienta: la literatura, y de ella prefiero su etapa inicial o primigenia: la lectura, y sin más esa es mi riqueza, mi activo personal, mi solvencia en la vida, lo demás herramientas y garfios para el hundimiento de la humanidad simuladora”.
Este manifiesto personal, me remite un tanto a Schopenhauer, y le adjudico la misma autoridad literaria de ese gran personaje de las letras universales.

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Alrededor de 1527 —que pequeño es el tiempo—, Francisco Delicado puso en uno de sus famosos prólogos a los libros de caballería, “que los Pintores & Poetas y estoriadores” como él, “tienen licencia de Pintar y dezir lo que ellos mejor les pareciere, para fazer sus obras en todo & a todos hermosas”. Este fragmento que nos llega a través de tantos siglos encaja muy bien en la descripción de Rael Salvador: Poeta y Pintor de imágenes literarias, así con mayúsculas , como lo puso Delicado.
La obra de Rael es el punto y coma después de una larga oración de vida, en ella la emocionalidad nos brinda sus sabores y sinsabores, sus visiones de la luz y de sombras, su imaginería literaria amalgamado con un deseo intenso de justicia.
Dedico este fragmento de mi poema “La última desnudez” al compañero poeta Rael Salvador. “(…) Nos desmoronamos así, como las hojas,/ crecemos así, después de ser retoño tierno, grácil figura, sobre el horizonte./ indulgente escarcha, nos recorre por dentro, dejando los suaves aposentos del templo, en la más absoluta soledad,/ en un frío intenso,/ la más íntima soledad; la última desnudez./ somos fragmentos que alguna vez crecieron en tormentas,/ somos la distancia y el camino, (…)”.
Este mar, este puerto se queda sin una de las voces más destacadas en la literatura ensenadense, bajacaliforniana y nacional. ![]()



