Ídolo de las multitudes

Hoy es un ídolo de las multitudes… pero no sabe hilar con cordura cuatro frases.


Víctor Roura


En la escuela era odiado por toda su generación. Insultaba a los profesores, maltrataba a sus condiscípulos, pellizcaba en los glúteos a las niñas, escupía a los padres que se atravesaban en su camino.

Lo expulsaron sin remedio.

Abandonó los estudios. No ha leído un solo libro. En la mansión paterna aún lo continúan mimando.

Hoy es un ídolo de las multitudes. Actor de telenovelas, se acuesta con las más hermosas vedetes de la industria, es consumidor y repartidor de droga en su circuito farandulero, siempre es motivo de alharacas y polémicas entre los comentaristas de espectáculos, no sabe hilar con cordura cuatro frases.

Los diputados cavilan en rendirle homenaje en su próxima sesión por haber estado a un paso de obtener el Oscar por su participación secundaria en una película hollywoodense.

Está invitado a comer la próxima semana con el presidente de la República.

Tiene saturada su agenda de aquí a tres años. Y está pensando en grabar su primer disco de música grupera. Ahora, en este momento, un poco antes de ser entrevistado en el noticiario nocturno de mayor audiencia, está golpeando a una mujer por el mero placer de hacerlo.

Mientras tanto la vida, afuera —¡ay!—, transcurre insoportablemente violenta.

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