Víctor Benítez. / Autorretrato.

Las microficciones fotográficas de Víctor Benítez

Como muchos otros lectores, alguna vez Víctor Benítez quiso ser escritor. Así que se inscribió a una carrera de letras que terminó abandonando cuando iba casi a la mitad. En aquel momento no sabía que esa decisión le permitiría descubrir, meses más tarde, la que hoy es su manera de relacionarse con la literatura: la fotografía. Desde hace unos días, la Galería 526 del Seminario de Cultura Mexicana presenta la exposición Habitaciones / Cartografía íntima, en la que se exhiben más 55 imágenes de escritores y artistas retratados por Víctor Benítez, como Alberto Ruy-Sánchez, Alejandro Magallanes, Ana García Bergua, Ángeles Mastretta, BEF, Brenda Lozano, Elena Poniatowska, Gabriel Orozco, Manuel Felguérez, Margo Glantz, Rosa Montero, Silvia Molina y Triana Parera. En esta entrevista, el joven fotógrafo jalapeño reflexiona —para Salida de Emergencia sobre su Cartografía íntima, una idea que echó a andar hace tres años y que considera, ya, su “proyecto de vida”.


La fotografía y la literatura tienen siempre algo en común: sirven para contar historias. Es su vínculo inseparable. Mientras la literatura posee el poder de crear imágenes, la fotografía contiene narraciones que a veces se despliegan en direcciones impensadas. Esto lo sabe muy bien —y ahora más que nunca— el veracruzano Víctor Benítez, quien lleva alrededor de tres años elaborando un mapa fotográfico de la literatura contemporánea, labor que, desde luego, no puede tener fin: así que se la ha tomado como proyecto de vida.

A la fecha, van más de 150 autores (se han colado también artistas de otras disciplinas) retratados en algunos de sus espacios más íntimos como la sala de su casa, su estudio, su sillón favorito, su recámara, su mesa de café, su patio, su jardín, su sofá, su biblioteca, su silla más apreciada, su cocina, aquel restaurante en el que departen con amigos o gozan de su soledad, esa ventana de su departamento por la que miran el mundo… bueno, hay hasta quienes posaron descansando sobre sus libretas de apuntes, soñando con un libros sobre su cara o, de plano, leyendo plácidamente en su tina de baño.

Al reflexionar sobre las imágenes que hace, Víctor Benítez dice que sus fotografías son también microficciones que orillan al espectador a imaginarse una historia: ¿por qué hay un fotógrafo tomando una imagen mientras Rosa Montero mira por la ventana de su apartamento, mientras Beatriz Rivas se abanica frente a su computadora, mientras David Aguilar abraza y mira con cariño a su gato, mientras Carlos García Gual agita su taza de café en lo que parece ser la cocina de su hogar o mientras Claudia Posadas cierra los ojos y junta su cabeza con la de Jorge Fernández Granados al tiempo que lo rodea amorosamente con sus mano? ¿Qué hace un fotógrafo al lado de Julieta García mientras ella lee tranquilamente un libro metida en la bañera en lo que sus tacones la esperan, expectantes, al pie de la tina?

—Hay un vínculo directo entre la literatura y la fotografía —dice a Salida de Emergencia el fotógrafo Víctor Benítez—. Toda literatura, a través de la palabra, crea imágenes. Y las fotografías, por su parte, son narraciones. Podría afirmar entonces que mis imágenes son microficciones en las que logro encontrar la intimidad que busco. Son imágenes tan íntimas que yo mismo me cuestiono: “¿Por qué hay un fotógrafo tomando una imagen precisamente en ese momento que parece no estar construido?”. Porque intenta no estar construido.

Según Víctor Benítez, cuando alguien mira las imágenes de su proyecto (al que ha llamado Cartografía íntima) recrea una historia. Por ejemplo, dice que cuando el espectador ve a Julieta García leyendo dentro de una tina se pregunta, entre otras cosas, ¿qué hace leyendo ahí? O cuando ve al afamado (y polémico) artista visual Gabriel Orozco en la sala de su casa, sin duda se pregunta ¿qué hace un fotógrafo en la sala de este artista que suele ser tan reservado?

No quemar balas

Cuando era joven (bueno, más joven de lo que es hoy a sus 29 años), Víctor Benítez (Xalapa, Veracruz) quiso usar la palabra como medio de expresión, así que se inscribió en la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Veracruzana. Pero la abandonó a la mitad para vivir en la Ciudad de México. La gran urbe lo llamaba. Y se lanzó para experimentarla.

Eso sí, recuerda que desde muy pequeño la fotografía estuvo presente en su vida: a los siete años ya andaba fabricando sus propias cámaras fotográficas de cartón; a los nueve años su mamá le regaló su primera cámara fotográfica en forma; a los 15 años entró a colaborar en un estudio fotográfico; pero fue hasta que tuvo 20 años cuando tomó la decisión de hacerse acompañar por una cámara fotográfica. En aquel momento le gustaba mucho el retrato así que empezó a juntarlo con la literatura, sobre todo asistiendo a festivales literarios. Pero un día llegó la epifanía: su deseo de capturar a quienes escriben la literatura de nuestro tiempo. Pero no quería simplemente quemar balas. No quería retratar a los autores nada más porque estaba cerca de ellos. Buscaba un discurso. Algo que decir.

—¿Qué es, entonces, lo que busca ahora? —le preguntamos a Benítez—.

—En un primer momento fui muy honesto conmigo y me di cuenta de que no quería hacer la típica foto de contraportada de libro: esas que engrandecen la genialidad de los autores —responde—. No es que no se lo merezcan, es que creo que la foto no debería ya de hacer eso. En todos los escritores y artistas que he retratado veo personas antes que ver escritores o artistas. Me interesa, por lo tanto, hacer una fotografía más íntima. Sé perfectamente que estos escritores si bien son personas consagradas dentro de la literatura, siguen siendo eso: personas; y personas accesibles, además, que tienen una vida como la de cualquier otro: se preparan el café en las mañanas, tienen gatos o perros, ven Netflix… Eso es lo que yo quería documentar.

—¿Cómo se puede mantener viva la originalidad frente a un tema que tantos otros fotógrafos han seguido?

—Más que pensar en la originalidad de las imágenes, lo que este proyecto se cuestiona es qué está sucediendo en la literatura contemporánea. Ésta es una pregunta que no pierde nunca vigencia. Cuando empecé a hacerme esta pregunta me di cuenta de que no es sencillo responderla. Por ejemplo: ¿quiénes son los escritores rusos contemporáneos? Son pocas las personas que conozco que podrían responderme. O acaso una pregunta más general: ¿qué está pasando más allá de nuestro país en la literatura contemporánea? Así que el proyecto avanza tratando de responder esta última pregunta. ¿Cómo? Viendo quiénes son los autores que están escribiendo en este momento, viajando a otras partes del mundo para conocerlos, abordando a las nuevas generaciones para saber quiénes las conforman, documentando a artistas y escritores, haciéndolos parte de este trabajo. Pero volviendo a tu pregunta, más que la originalidad, lo que busco es la permanencia de la contemporaneidad. Así es como el proyecto se mantiene vigente una y otra voz desde su propia génesis.

El escritor Gorán Tocilovac. / Foto de Víctor Benítez.

Vivir en la incertidumbre

Cerca de tres años han pasado desde que Víctor Benítez inició los primeros trazos de su Cartografía íntima. En este tiempo se ha encontrado ya varias sorpresas. Una de las más significativas le sucedió en un viaje a Europa cuando en París conoció y retrató a un autor de origen serbio, pero que escribe en español peruano. Su nombre es Gorán Tocilovac. Él mismo, Tocilovac, ha dicho que su literatura no tiene lugar de pertenencia. Es una literatura que, como él, vive en la incertidumbre. Su obra, sencillamente, no puede ser catalogada. Y para ver esto con más claridad, basta con decir que Gorán Tocilovac, aunque serbio, en realidad nació en Belgrado en 1955 cuando esta ciudad era territorio de la antigua Yugoslavia y no la capital de Serbia, como lo es ahora. Dada su condición líquida, este escritor no encaja en los festivales de literatura serbia porque no escribe en serbio ni habla de Serbia en sus historias. Tampoco cabe en los festivales de literatura francesa porque no escribe en francés a pesar de que vive en París desde hace muchos años. Pero su obra tampoco es considerada como parte de la literatura latinoamericana porque el hombre no escribe sobre Latinoamérica, sino que sólo escribe en español.

—Lo que me sorprende de Tocilovac —dice Víctor Benítez— es que vive en la incertidumbre; sin embargo, crea y sigue creando. Es él quien aparece en la portada de mi exposición en el Seminario de Cultura Mexicana. Su imagen es un retrato en el que el rostro aparece difuminado: es, precisamente, un cuestionamiento sobre la identidad: ¿qué nos hace ser autores? Otro descubrimiento que he hecho es el darme cuenta de que un retrato no tiene que ver necesariamente con el rostro, sino más bien con otros elementos mucho más profundos. Por ejemplo, el espacio: el espectador puede ver una foto de espaldas y saber que la escritora retratada es Rosa Montero o ver un libro sobre la cara de otra escritora y decir “esta es Marta Sanz”.

—¿Qué otros elementos, además del espacio, tienen que ver con el retrato?

—En algunos casos puede ser el mostrar la intimidad de los escritores y artistas desde otra perspectiva. Recuerdo, por ejemplo, que el escritor español Carlos García Gual me mostró una pluma árabe que se coloca en el cinturón. Ese acto me permitió observar un objeto muy íntimo para él, algo que no exhibe habitualmente, pero que quiso compartir conmigo para retratarlo. Este objeto es una especie de espadín que en realidad es una pluma acompañada de un compartimento donde está la tinta china. Ahí aparece, entonces, otro elemento que tiene que ver con el retrato: los objetos personales.

Con Sansón a las patadas

Víctor Benítez ha dicho que su misión es elaborar un mapa fotográfico de la literatura contemporánea. Ha afirmado, incluso, que se trata no sólo de un proyecto, sino de su proyecto de vida. Asegura también que desde que inició, hasta el día de hoy, el proyecto “ha madurado muchísimo”:

—La exhibición de mi obra en el Seminario de Cultura Mexicana me permite no sólo sentirme orgulloso de ser, hasta el momento, el autor más joven que ha expuesto en la Galería 526, sino, sobre todo, me permite notar más claramente cómo ha cambiado y se ha consolidado el proyecto. Veo resultados reales y una madurez. Así que no quiero dejar de hacerlo. Es, en efecto, un proyecto de vida. Porque además hoy puedo decir que me considero más cercano a los artistas y escritores. Más allá de todo lo que pudiera aportar, Cartografía íntima me permite comprender el mundo a través de lo que creo. Eso mismo es lo que hacen los artistas. Cuando empecé, no me sentía en absoluto como un artista, pero hoy me siento más próximo a eso. Esta posición se me hace más noble, más genuina y me permite seguir explorando, seguir documentando a artistas y escritores porque ésa es, precisamente, mi manera de comprender el mundo del arte y la literatura. Ésta es mi forma de relacionarme con el arte y la literatura. En un principio pensé que era la académica, pero ya veo ahora que no: me relaciono con el arte y la literatura a través de la fotografía.

—En alguna ocasión usted expresó que ya es momento de derrumbar idolatrías con relación a los escritores, pues, aseguró, esa idolatría a veces se convierte en una especie de miedo de las personas a no ser como ellos.

—A muchos lectores nos ha pasado alguna vez por la cabeza el deseo de dedicarnos a escribir. Y puede ser apabullante conocer la manera en que se desarrollan los escritores; por ejemplo, los que yo he retratado. Apabullante por la manera en que parecen saberlo todo, apabullante porque aparentemente lo han leído todo. El costo más alto que tiene que pagar el novato es el de salir de su zona de confort y enfrentarse en la vida real a eso que quiere. La única manera de que logre salir adelante, es trabajando mucho. Cuando nos ponemos al lado o enfrente de uno de estos escritores (a mí me pasó) dices: “Yo nunca voy a leer todos los libros que ha leído Juan Villoro”. Pero en este caso sólo hay de dos: o se resigna uno a aceptar que nunca leerá tanto o empieza ya mismo a leer mucho. Así que el asunto no tiene que ver realmente con Villoro, sino con cuánto tiempo y trabajo está dispuesto uno a dedicarles a un proyecto. Si yo, cuando empecé a hacer foto, me hubiera cuestionado si algún día iba a montar una exposición o si algún día me iban a reconocer o si algún día aportaría un gran legado, seguro que me hubiera echado para atrás porque hubiera creído que era ponerme con Sansón a las patadas. Así que lo mejor es no tratar de compararse con el mundo, sino tratar de ir haciendo su aportación poco a poco. Al final, ya vendrán las comparaciones.

Datos:

Exposición: Habitaciones / Cartografía íntima.
Autor: Víctor Benítez.
Lugar: Galería 526 de Seminario de Cultura Mexicana (Masaryk 526, Polanco, Ciudad de México).
¿Cuándo?: Desde el 5 de septiembre y hasta el 4 de noviembre de 2020.
¿Qué veré?: 55 fotografías de escritores y artistas tomadas en espacios íntimos con la intención de mostrar el pequeño universo de sus realidades cotidianas.

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