Escena de la obra Con-Templar. / Foto de Alex Torres.

Se detuvieron los escenarios, la creatividad no: 15 años de Teatro en Espiral

Entrevista con Michelle Guerra Adame, directoria de la compañía.

Michelle Guerra Adame es pionera del teatro para bebés y niños en Baja California. Tiene su propio espacio, pero a raíz de la pandemia no pudo seguir utilizándolo. En enero de este año estrenó una obra: la cara del público fue grata, pero la de los impuestos no. En el siguiente texto, Guerra Adame —directora de teatro y docente en la materia—  sostiene que a pesar de que no ha podido hacer una oferta continua o una temporada con su compañía, no tiene duda de que el arte teatral sigue siendo necesario.


ENSENADA, B.C.


Parece que el teatro para bebés o infantes está olvidado. A pesar de la calidad y el esfuerzo de muchas compañías mexicanas o internacionales, incluyendo el Colectivo de Teatro en Espiral, que dirige, en Ensenada, Michelle Guerra Adame, no se logra en el país que la dinámica de las familias incluya este arte.

—Implica varios temas —explica Michelle en entrevista—. Los niños son personas con derechos desde que nacen, pero siguen siendo seres dependientes de otros. No se trata sólo de darles besos, amor y alimentación, la persona de la que el niño depende también elegirá cómo verá el mundo, cómo acercarlo a la lectura y a la cultura. Si alguien que respeta la vida se preocupa por nutrirlo de diferentes formas, una de ellas es ir al teatro, a los museos y a conciertos. El adulto debe informarse y nutrir su espíritu para elegir lo que quiere que su hijo consuma. Ello implica ver una obra o leer un libro donde no aparezca un personaje de televisión. Sé que hay pocas ofertas y que a la gente todavía no se le ocurre pensar en teatro porque, en general, no lo hay.

Hacer hábitos nuevos que impacten de manera divertida, creativa y auténtica es, pues, el reto. No es ponerse a buscar culpables, es coadyuvar, hacer equipo: padres y teatreros e incluso las personas que no tienen hijos pueden poner su granito de arena y apoyar asistiendo a estas puestas en escena.

—Cada quien tiene responsabilidad —comenta Guerra Adame—. La del padre es procurar experiencias positivas, que sean por todos lados la mejor opción. De los grupos de teatro, la responsabilidad es brindar un espacio respetuoso con tiempo para ofrecer a los niños, darles una experiencia que sea grata, artística, que involucre a los padres en todos los sentidos; que el padre se sienta cómodo, que vea que su hijo está atendido, con un lugar para sentarse, que su niño pueda comportarse como se comporta un infante, que tengan un lugar dónde cambiarse. Todas esas atenciones son primordiales. Lo demás es el momento y depende de cada quien vivir la experiencia.

Michelle Guerra Adame. / Foto: Facebook.

Adaptarse en tiempo de pandemia

En estos momentos, la nueva aula de clases se distribuyó entre la sala, la cocina y el pasillo. El pizarrón se redujo a una pantalla, ya sea de computadora o de celular. ¿Qué decir de los sitios para enseñar hace meses? Los gimnasios, las academias y los museos quedaron en anuncios de revista. Habrá que volver a ellos, disfrutarlos, agradecerlos, pero todavía no es el momento, al menos no para Ensenada. Para los teatreros de la Ciudad de México, el escenario es distinto, más alentador: hace unos días reanudaron sus actividades con ciertas restricciones: 30 por ciento de aforo para los espacios cerrados y 40 por ciento de aforo para los abiertos.

—¿Qué significa hacer teatro en época de pandemia? —le pregunto a Michelle.

—Pienso que seremos los últimos en regresar, no sé cuándo ni cómo. Mucha gente decide o no si es teatro el ver a actores en una pantalla; creo que el fenómeno es mucho más profundo —responde la directora.

Michelle Guerra revoluciona temáticas comunes y, con aparente sencillez, las transforma en arte. Tiene títulos académicos, claro, aunque su fuerte es aprovechar lo que la vida le ofrece y adecuarlo a los escenarios.

Estudió la licenciatura en Educación Preescolar en su natal Ensenada, Baja California, por presiones familiares, bajo el argumento de que el teatro no deja nada. Después de graduarse, se mostró subversiva a las ideas de casa y se mudó a Tijuana, donde su crecimiento personal y profesional dio un giro. Obtuvo el Diplomado en Teatro. Hace días charlamos por teléfono. Hablamos de lo que sucede en su interior en esta época de pandemia, confinamiento e incertidumbre.

“Lo más importante de regresar a hacer teatro tradicional es estar conscientes de cómo exponerlo”, me cuenta Guerra Adame. Asevera que a partir de que los “semáforos de salud” cambien de rojo a verde los profesionales del teatro deberán acatar las reglas oficiales y/o reinventarse.

—No podemos cuestionar ni negar los nuevos protocolos y formatos que nos piden para que el público, nuestro staff y nosotros como intérpretes estemos seguros. Será muy diferente a lo que conocíamos. Debemos replantearnos qué espectáculos presentar y qué espacios podemos utilizar. Pienso que debemos aprovechar los que son al aire libre, generar estructuras donde podamos convivir sin ponernos en riesgo y ofrecer puestas dignas —expresa.

Para la reapertura de teatros en la Ciudad de México, el gobierno sugiere el uso de “cubrebocas y caretas obligatorios para personas que atienden al público; distancia de 1.5 metros, desinfección de superficies”, etcétera.

Las reglas oficiales son drásticas y deben acatarse sin excepción, pero ¿cómo motivarán al público para que asista y se sienta seguro, sin pensar en contagios?

Lo mejor, menciona Michelle, “es ponernos a pensar qué es lo que podemos hacer en esta nueva etapa para ofrecer calidad, para transformar”.

Es por medio de su colectivo que Michelle no ve fronteras: los escenarios los tiene en todo el mundo; en los sitios más coloridos del país: Xalapa, Puebla, Ciudad de México; o en el extranjero: Italia, Francia, India… Aunque por ahora sólo se pueden “palpar” de forma virtual.

El inicio del confinamiento en Italia (en febrero de 2020) detuvo uno de los proyectos de Michelle y su equipo: dos de sus actores viajarían al país europeo a participar en el Festival Visioni di Futuro, Visioni di Teatro.

No es lo único de lo que tuvieron que desprenderse: en nuestro país pospusieron el Maratón de Teatro para Niñas, Niños y Jóvenes, festival que se desarrollaría en el Centro Cultural del Bosque de la capital mexicana, así como la Muestra Nacional de Teatro de Península a Península, organizado por la Compañía Teatral del Norte, como parte de las fiestas del Pitic en Hermosillo, Sonora.

De igual forma, el colectivo y otras compañías del mundo estarían presentes en el Encuentro Internacional de Vincular por la Red Latinoaméricana de Creación Escénica para los Primeros Años, en Brasil, que ahora se realizará vía digital del 27 al 30 de agosto; y en el Primer Infancia, Territorio de Paz: Encuentro Internacional de Teatro para los Primeros Años, en el Centro Cultural Tijuana.

—A pesar de que no he retomado mis obras, porque en estos días no le veo mucho sentido, estamos haciendo muchas cosas diferentes —cuenta Michelle con entusiasmo (e ilusión)—. Nos pidieron un video para contar una historia de nuestro país y transmitirla en Europa. Decidí hacerlo de La Bufadora, que es un géiser marino en Ensenada, pero contando la leyenda sobre la ballena que visitó las aguas del puerto y se quedó varada en esa zona fusionándose con las piedras. Por eso el alcance de los chorros de agua, de más de 30 metros de altura.

Grandes muestras están en pausa o anuladas de los mapas. Por el momento, Michelle no ha querido mover las piezas de su rompecabezas creativo, puesto que considera importante no apresurarse. Quizás el ánimo tampoco esté presente. En ocasiones le toca ponerse la máscara de teatro triste, pero se le ve más con la alegre, con la propositiva. Con ese ánimo celebró, el mes pasado, de forma virtual, el 15 aniversario de su compañía. Durante julio transmitió en vivo charlas enfocadas en el teatro, con los integrantes del colectivo e invitados; también publicó cápsulas con las temáticas que suele incluir en sus trabajos y rindió honor a las obras en las que se involucra como directora.

Imagen de la obra Agua. / Foto de Alex Torres.

Para continuar, nos debemos adaptar

En el transcurso de las clases en línea, en diferentes momentos de sus días, Guerra Adame tuvo que hacer de la tecnología y los dispositivos sus mejores aliados: no es válido el desencanto por las redes. Para poder brindar clases de dirección y de teatro para niños, utilizó programas novedosos que facilitaron la comunicación con los aprendices.

—Son clases de teoría y práctica —comenta Michelle—. El taller de dirección es personalizado, me debo tomar un tiempo con cada uno de ellos; me mandan videos, textos y estamos en contacto por la cámara; hablamos de sus procesos, lo que necesitan y lo que deben hacer para mejorar.

Sin embargo, sigue siendo un proceso frío, hasta impersonal. A pesar de que las clases en línea no son nuevas, sí son poco exploradas; es un vaivén de emociones y sentimientos, un proceso largo de adaptación.

—Imagínate, es un trabajo de dirección escénica y les falta el escenario, lo hacen en un espacio reducido, muchos con sus familias. Creo que las clases en línea deberían de ser mucho más comunes a partir de ahora, muchas personas deberían aceptarlas; incluso en los trabajos. Se puede hacer mucho a la distancia; le resolvería las cosas a muchas personas, por los traslados. Pero definitivamente las clases que ofrezco este semestre sí cambian bastante, porque es una práctica: ellos deben trabajar con las herramientas de un escenario, iluminación, espacio escénico, el diseño del entorno, trazo y otros elementos con los que no cuentan físicamente. Es complicado autodirigirse. Al principio había mucha resistencia, no en cuestión negativa, simplemente no se adaptaban, no lo aceptaban, se tomaron mucho tiempo para lamentarse —comenta la directora.

A esta nueva forma se le debe encontrar el gusto, pues, como expresa Michelle, “ahora los días son más agotadores que en la ‘otra realidad’; pues hay que hacer videos y cuestionarios y todo lo que implican las clases digitales”.

—Muchas compañías del mundo —le digo a Michelle— han estado explorando su creatividad. Por ejemplo, usando el teléfono o realizando transmisiones en vivo comparten el teatro y es fascinante, pero ¿es algo que debe quedarse?

—Definitivamente desearía que este tipo de teatro no siga. Pienso que fue excesivo, se saturó la oferta, enseñaron de más —exclama entre risas—. Hay una enorme cantidad de videos todos los días, piensan que la gente está pegada a la computadora todo el tiempo o que es el momento para generar una dinámica que quizá no hay en casa.

Añade que “con el afán de ayudar, los grupos independientes reaccionaron muy bien, ofrecieron todo lo que se puede hacer, tutoriales diversos, mucha exposición. Eso se convierte en una multipresencia. Pienso que es una reacción normal, pero llegará la resaca. Sacamos todo, pero no nos hemos puesto a enfrentar el problema real, porque todo cambiará. No veo que las instituciones gubernamentales resuelvan las cosas de fondo”.

No es la misma “normalidad” para todos

Durante el aislamiento, Michelle sólo ha salido de casa cuatro veces, casi obligada, para realizar trámites impostergables. Esas ocasiones había pensado que transitaría por una ciudad vacía, pero no, su sorpresa es que mucha gente, incluso familias enteras, parece estar “ocupada” en negocios o quizás ignorando las sugerencias de confinamiento.

—Cuando he salido es impresionante la cantidad de gente fuera. Si no podemos acatar esto por salud y pensamos en salir un día porque no habíamos salido antes, no es sano. Es muy desesperante, porque por toda esa gente fuera yo no puedo volver a trabajar —explica la directora.

Es extraño hablar de un nuevo estilo de vida, de aprender a convivir con este nuevo “visitante” que invisible ataca, de respetar nuevas reglas. En sí, parece el surgimiento de un nuevo mundo en el que también las personas mostramos lo que guardamos en el interior y en nuestra mente.

—Mucha gente podrá decir que no usó cubrebocas y no se enfermó o que no quiso quedarse en casa y no le pasó algo, pero creo que hay otras enfermedades que se revelan y todos tenemos dentro: no sabemos administrarnos, no sabemos encausar nuestra energía o nos ponemos a la defensiva —asegura.  

Ha sido y continuará siendo un proceso arduo estar confinados. Comenta Michelle:

—Tanto tiempo en casa es estar abrazado del miedo, la angustia y la incertidumbre, pero también de la alegría, de la relajación y de más cosas positivas.

En julio de este año, ya se dijo, el Colectivo de Teatro en Espiral cumplió su 15 aniversario. El mejor momento para que Michelle y su equipo evidenciaran sin límite su creatividad… virtual. Porque, por hoy, el teatro presencial en Ensenada está detenido.

Redes sociales del Colectivo de Teatro en Espiral: Instagram / Facebook

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