La gran ola. Obra de Katsushika Hokusai - Art Institute of Chicago.

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“Vuelves y vuelves y te tengo que explicar que estás muerto”

Homenaje: poemas de Juan Gelman.

Juan Gelman nació en Argentina el 3 de mayo de 1930, y falleció en la Ciudad de México el 14 de enero de 2014). Escritor desde su niñez, se desempeñó también como periodista, traductor y militante en organizaciones de lucha social. Su vida no fue fácil: la convulsa situación política que arrastraba su país le inyectó, desde muy joven, la inquietud política. Y no era para menos: a los argentinos de aquellos años les tocó padecer y sufrir —en algunos casos de forma involuntaria— los seis golpes de Estado durante el siglo XX: en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Estos hechos marcarían por igual la vida y obra de Juan Gelman. A mediados de los setenta, por ejemplo, tuvo que exiliarse, ya que pendía en él una sentencia de muerte decretada por la dictadura; esa misma dictadura, de hecho, le arrebataría la vida de su hijo Marcelo y la de su nuera Claudia, embarazada en ese momento. Fue una página que no volteó hasta que dio primero con los restos de su hijo y su nuera, a comienzos de los noventa, y luego cuando logró hallar en 2000 a su nieta (Macarena) hasta entonces desconocida. Esa rabia y ese dolor Gelman los convirtió en poesía, una palabra alimentada por el sufrimiento, pero sin ira y sin rencor, y que se encuentra esparcida a través de todo su trabajo poético. Dejamos una selección de sus poemas a propósito de sus 90 años, que habría cumplido en este mes de mayo.


Oración de un desocupado
Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, ¿qué han hecho
de tu criatura, Padre?
¿Un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?

Oficio
Cuando al entrar al verso me disloco
o no cabe un adverbio y se me quiebra
toda la música, la forma mira
con su monstruoso rostro de abortado,
me duele el aire, sufro el sustantivo,
pienso qué bueno andar bajo los árboles
o ser picapedrero o ser gorrión
y preocuparse por el nido y la
gorriona y los pichones, sí, qué bueno,
quién me manda meterme, endecasílabo
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos,
el corazón con verbos, la camisa
a dos puntas y exprimirme,
quién me manda, te digo, siendo juan
un juan tan simple con sus pantalones,
sus amigotes, su trabajo y su
condenada costumbre de estar vivo,
quién me manda andar grávido de frases,
calzar sombrero imaginario, ir
a esperar una rima en esa esquina
como un novio puntual y desdichado,
quién me manda pelear con la gramática,
maldecirme de noche, rechinar
fieramente, negarme, renegar,
gemir, llorar, qué bueno está el gorrión
con su gorriona, sus pichones y
su nido, su capricho de ser gris,
o ser picapedrero, óigame amigo,
cambio sueños y música y versos
por una pica, pala y carretilla.
Con una condición:
déjeme un poco
de este maldito gozo de cantar.

Oración
Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre a mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñame tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.

Con esta sed quemándome.

La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

Arte poética
Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,

como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

Condecoraciones
Condecoraron al señor general,
condecoraron al señor almirante,
al brigadier, a mi vecino
el sargento de policía,

y alguna vez condecorarán al poeta
por usar palabras como fuego,
como sol, como esperanza,
entre tanta miseria humana,
tanto dolor
sin ir más lejos.

Mi Buenos Aires querido
Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.

Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.

Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.

toda poesía es hostil al capitalismo
toda poesía es hostil al capitalismo
puede volverse seca y dura pero no
porque sea pobre sino
para no contribuir a la riqueza oficial

puede ser su manera de protestar de
volverse flaca ya que hay hambre
amarilla de sed y penosa
de puro dolor que hay puede ser que

en cambio abra los callejones del delirio y las bestias
canten atropellándose vivas de
furia de calor sin destino puede
ser que se niegue a sí misma como otra

manera de vencer a la muerte
así como se llora en los velorios
poetas de hoy
poetas de este tiempo

nos separaron de la grey no sé que será de nosotros
conservadores comunistas apolíticos cuando
suceda lo que sucederá pero
toda poesía es hostil al capitalismo

Regresos
Así que has vuelto.
Como si hubiera pasado nada.
Como si el campo de concentración, no.
Como si hace 23 años
que no escucho tu voz ni te veo.
Han vuelto el oso verde, tu
sobre todo larguísimo y yo
padre de entonces.
Hemos vuelto a tu hijar incesante
en estos hierros que nunca terminan.
¿Ya nunca cesarán?
Ya nunca cesarás de cesar.
Vuelves y vuelves
y te tengo que explicar que estás muerto.

Tiempos
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀a Mara
Siempre te amo por primera vez.
Siempre te amo la primera vez.

Delitos
El cuello femenino tiene
una entrada sin salida
donde se mide la tierra.
Mueve el dónde, el cómo, el qué
de recuerdos que copia el aliento.
¿Está el cielo imperfecto ahí?
¿Estás ahí, amor cerca?
¿Y qué es lo real cuando
el significado del dolor
es un dolor más? Cuerpo ciego
del mundo, oh mundo, que
mezcla sueños
tirados en la calle donde
sentir es un delito cuando
pasa la noche sin
nosotros dos.

Noblezas
El poema es pálido y noble.
No cambia nada, no curva colinas, no
da una sola fruta roja, ni
hace el ruido de quien arranca
un pedazo de pan para dar
un pedazo de pan.
Se acuclilla en un rincón y
no se queja.
Vive de todo lo que se alza
al aire y de nacer.
Ni pide que lo visiten.
Le basta con lo que no sucedió.

¿Cómo es?
¿Se escriben palabras para encontrar el poema?
¿Se escriben poemas para alcanzar la palabra?
El poema decide que la palabra decida, ella,
la fugitiva.
Hay que atraerla con música y
corazón amoroso.
Las mujeres de su mujer
se ríen de las cosas que nombran,
tan otro pudo ser su derroche.
A veces tienen una chispa negra
de luna caída o furias
que no se ven.

Testimonio
En las arrugas del otoño la
muerte vuelve a vivir, eso cuesta
mucha alma y ganas de alma.
Documentos, las fotos,
lo que se dijo y no se dijo en
la estación terminal.
Se ignora qué pensaron los astros,
si es que piensan, la luz
de los juzgados es fría.
Dejar pedazos en
los treinta minutos que aprietan
años y años y
no cantan, no dan sombra, sangran
dentro de lo que fue.
La acusación está satisfecha.
Afuera vuelan pájaros, nubes,
88 por ciento de humedad
y a 10 grados, rocío.

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