Granja de Duivendrecht (c. 1916). / Obra de Piet Mondrian - Art Institute of Chicago.

Cinco poemas

“Tu voz ausente y tus consejos ya no se escuchan…”


Sólo es eso
Una ráfaga irrumpe en el espacio.
La noche se detiene a beber
en el río de sus movimientos.
Llueve, y la bailarina está en el escenario.
Se desplaza de un punto a otro
y va dando forma a la coreografía.
No es el origen de la lluvia
ni un estanque donde brotan
manantiales de tristeza.
No, ella no tiene relación con eso.
Es sólo una mujer que encarna la belleza,
ofrece diferentes realidades
y en cada función vuelve a comenzar de nuevo.

En la oscuridad del silencio
            para Ernestina, mi madre
Son muchas las cosas
que me dan tristeza.
Es el desconcierto y el dolor.
Es la desesperanza.
Es ver las lágrimas que derramó
el cielo y mojan las calles.
Es ver cómo te marchas en silencio.

¡Ah, tus ademanes y tu sonrisa
que se enraízan en la tierra!
Rondas en el sueño de tus hijos.
Todo habla de ti…
nuestra piel, nuestra sangre.

Tu voz ausente y tus consejos
ya no se escuchan;
pero contigo empieza para nosotros
la plenitud de la vida.

Eres un dulce y tierno beso.
No sé si te oculta la sombra
o si te asomas en el horizonte,
lo único que sé es que eres
una verdad en el tiempo,
y este momento de la despedida
comenzó ayer y cada vez está más lejos.

Te introduces en la oscuridad
del silencio.
Me dices adiós y una lágrima resbala
por tu mejilla.
Vuelves a decirme adiós y te vas.
Y cada vez estás más lejos…

Tres poemas para Guadalupe González

1. Poema del dolor
En el vacío de las calles
las horas de la noche se deslizan
sobre mi corazón de hombre.

Este dolor de impotencia
me acosa y me acuchilla la sangre.

¡Ah, mujer mía!, 
no te vayas
que se me revientan las manos
y me queman estas palabras
que te llaman.

2. Dialogando con tu sombra
Hoy te amo con tristeza.
Los recuerdos caen sobre mí:
Aparece tu sonrisa
anudada a un árbol de ilusiones.
Vienes a la cita con la mirada llena.
Algo de ti es mío.

Estás conmigo en las noches,
de las siete a las nueve y media.
Bebemos café y un panecillo.
A veces escucho tu respiración agitada.
Tu emoción se mece
en la actitud de tus emociones

Compartíamos complicidades.
Mis labios se acostumbraron
al roce de los tuyos.
Nuestros cuerpos se unían
en el silencio de los sueños

3. Vencido
Hoy escuché a mi corazón
compartir espacios de tu vida.
Heridos por el desamparo,
a mis ojos los humedece
la distancia.

Me detuve en los recuerdos,
sostenido por el peso
de la soledad,
sin apagar mi tristeza.

De pronto, apareció
la sinuosidad inquieta
de tu cuerpo,
rodeada por una sombra
de silencio.

Publicado originalmente en la revista impresa La Digna Metáfora, diciembre de 2018.

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